jul 31 2013

El lado bueno de las cosas: Sin profundidad y sin casi nada

La propuesta que ofrece David O. Russell en El lado bueno de las cosas podría ser estupenda si no fuera porque él mismo (también es el guionista) termina por colocarse en la zona facilona, olvidando lo importante del planteamiento. Cuenta con un reparto de altura que, si bien no desaprovecha, no puede hacer mucho más con la materia prima de la que dispone. A mitad de película todo se hace prescindible y, casi, estúpido. Una pena, una verdadera pena, porque, sobre todo, Jennifer Lawrence es una mina de oro interpretativo.
Asume cierto riesgo (sobre todo aparente) David O. Russell eligiendo un asunto delicado para soportar la trama. El guión es la adaptación de la novela de Matthew Quick. Y ese libro habla del amor y la locura, es decir, del amor entre personas con algún tipo de desequilibrio. Estas cosas hay que tratarlas con todo el cuidado del mundo, con gran prudencia. Eso lo hace bien el realizador, pero pone tanto cuidado que convierte la película en algo más cercano a un circo amoroso que a otra cosa.
Comienza bien. Nos presenta un personaje que puede dar juego y de posible largo recorrido. Van incorporándose, poco a poco, otros que no interesan en absoluto (la gracia está en que, en realidad, todos están igual de locos aunque el sistema social no lo considera del mismo modo, pero, aunque esa sea la gracia, el resultado es mediocre). Y aparece ella (esto va de parejas) que tiene rasgos interesantes aunque sirve de poco tal y como se desarrolla la acción. Entre diálogos que no aportan lo más mínimo, todo avanza hacía el lugar que ocupan los pastelazos azucarados en exceso.
Bradley Cooper; sí, ese actor que está en todas las películas actuales; no lo hace mal aunque defiende un papel que no permite mucho más de lo que da. Jennifer Lawrence, también con un personaje del montón, logra un resultado muy por encima de lo que cabría esperar. Se defiende con uñas y dientes y logra escapar de un perfil muy gastado. Lo mismo pasa con Robert DeNiro que, con un papel secundario y flojito, llena la pantalla él solito. Para ser justos, el trabajo con los actores del realizador es muy bueno.
La banda sonora, firmada por Danny Elfman, es especialmente agradable y encaja muy bien en el desarrollo de la película. Merece la pena hacerse con ella.
¿Qué tratan de contarnos con esta película? Pues, francamente, poca cosa. Si ese lado de la integración de un enfermo mental en la sociedad, si la injusticia de tratar como verdaderos locos a personas que son parecidas a la mayor parte de los demás (a unos se nos va la cabeza un poco más extravagantemente que a otros aunque todos andamos por la misma senda), si el valor terapéutico del baile y del amor; si esto era el objetivo (no parece que exista otro) queda agarrado con alfileres, se visita como de puntillas. No se profundiza lo más mínimo en el problema y eso hace que los personajes se dibujen con trazo grueso en exceso. El guión busca más el divertimento y la ligereza que el compromiso con el problema planteado. Y eso no funciona ni en cine, ni en literatura, ni en familia.
El lado bueno de las cosas es una película entretenida que no soporta un análisis de cierta profundidad (poca). Si usted busca detrás de lo que se ve en pantalla, si necesita encontrar un sentido a lo que le cuentan, mejor vea otra cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 30 2013

The Purge (La noche de las bestias): Un presupuesto para un mediocre

Será difícil que una idea tan prometedora como esta se desaproveche de forma tan triste. The Purge: La noche de las bestias presenta, en su arranque, todos los ingredientes precisos para que se pueda narrar algo importante. Pero James DeMonaco decide que no, que es mejor no arriesgar quedándose en esa zona en la que el gran público traga con cualquier cosa entretenida y compra después el producto en formato casero.
Del mismo modo que la idea es estupenda, el guión es nefasto, facilón y previsible. Ni uno de los personajes, ni uno solo de ellos, muestra cierta profundidad para que crezca por poco que sea. Y sin personaje no hay nada que hacer. Todo se reduce a intentar provocar la tensión en el espectador a base de apariciones sorpresivas o, lo que es peor, desapariciones absurdas. Todo se reduce a eso y a un buen número de escenas violentas. Lo que podría haberse planteado como una verdadera crítica social y del sistema capitalista, se queda en una caricatura sin pizca de gracia en la que los actores y actrices corren delante de la cámara, lloriquean, ponen cara de seres crueles y poco más.
Si tuviéramos que valorar la dirección actoral de DeMonaco teniendo en cuenta el trabajo de Max Burkholder podríamos jubilar al realizador hoy mismo. Es verdad que Max es joven, tan verdad como que debería pensar en otra cosa que no sea esto del cine. Horrendo el muchacho y horrendo el trabajo del director incapaz de sacar un poquito de semejante marmolillo. Ethan Hawke justito y Lena Headey lo mismo. Ambos algo atacados y tendentes al hitrionismo. Es decir, que el señor DeMonaco hace un trabajo muy flojo con los actores. Igual se tiene que pensar lo de la jubilación
Es triste que presupuestos tan elevados caigan en manos de mediocres. Si DeMonaco se dedicase a mover la cámara o a decir a los actores lo que tienen que hacer (acudiendo a un curso previamente, claro), tal vez se ganase algo. Por ejemplo, dejaría que un buen guionista desarrollase sus ideas sin desgraciarlas como él mismo hace. No es lo mismo escribir un guión que planificar una escena. Y son muy pocos los que hacen esas dos cosas bien y para el mismo trabajo. No hace falta decir que este hombre no está en la lista.
La ciencia ficción es un género en el que no todo cabe. Hay quien cree que la fantasía o la ciencia ficción es esa zona narrativa en la que uno tiene una idea, la inserta y puede jugar con ella a las casitas porque, total, esto pasa en el futuro, en un sitio extraño y puede hacer lo que me dé la gana. Sin embargo, la credibilidad es un factor intrínseco a todo tipo de relato. Otra cosa es que lo que se cuenta esté, más o menos, pegado a la realidad, a eso que llamamos verdad. Lo que sucede en The Purge: La noche de las bestias es creíble en su comienzo. Completamente. Ahora bien, a medida que la trama avanza, a medida que suceden cosas a los personajes, todo cruza la frontera de lo creíble. La película pasa a ser estúpidamente real. Y se produce una paradoja. Como estamos viendo ciencia ficción, convertir el trabajo en algo cercano a lo más estúpido de la realidad causa un efecto devastador. Una pena de dinero lo que ha tirado por la ventana este DeMonaco. Y los espectadores al pagar la entrada. Con lo que cuesta ganarlo.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 29 2013

Stoker: Un envoltorio precioso para un regalo modesto

Alguna vez, todos hemos recibido un regalo dentro de un fantástico envoltorio. Una caja estupenda, un papel envolviendo el obsequio que da pena estropear. El que no haya tenido una experiencia así ya la tendrá. Es cuestión de tiempo. El problema se presenta cuando el regalo es poca cosa o no gusta o es de mal gusto o es algo que ya fue usado y se sabe. Eso de que lo importante es tener un detalle pierde todo su valor. Entre otras cosas porque cuando se generan expectativas hay que satisfacerlas.
Stoker, del realizador Park Chan-wook, es eso, un magnífico envoltorio que esconde un disparate descomunal. Tanto es así que en el arranque de la película, hasta que lo fundamental de la trama se va descubriendo, lo que se ve perturba, inquieta, interesa enormemente. Pero el guión es tan flojo, llegado el momento importante, que todo se derrumba. Lo que inquietaba se ve ridículo, lo perturbador se hace estafa y el interés por lo que sucede en pantalla se evapora sin solución. El cine es lo que es y, desde luego, no creo que nadie pueda afirmar que sea una sucesión de fotogramas bonitos, una música envolvente y nada más. En una película, sea cual sea, lo fundamental, lo que hace de la experiencia algo único, es el sentido y lo que se quiere contar, eso que desde la ficción podemos integrar a nuestra vida como propio.
Stoker presenta una factura impecable,. La cámara de Park Chan-wook se mueve con elegancia, la fotografía es refinada y detallista, la música matiza lo que se ve, pero el guión de Wentworth Miller toma importancia y todo se acabó. Las preguntas asaltan y las respuestas se hacen imposibles. Es entonces cuando nada funciona. Ante estas cosas nadie se deja engañar.
Mia Wasikowska hace un papel que comienza resultando estupendo por lo misterioso del personaje y lo bien que la actriz transmite, aunque termina siendo aburrido y repetitivo porque ese personaje se desinfla. El de Matthew Goode no; ese resulta excesivo desde el principio. El actor hace lo que puede (mirar fijamente y tratar de poner cara de enfermo mental) aunque no es capaz de sacar adelante semejante despropósito. Un buen actor tampoco lo hubiera logrado. Y Nicole Kidman hace lo que puede con un personaje soso al que se le ve venir desde un millón de kilómetros.
La película no es original aunque trata de serlo. Este tipo de historias han sido contadas de forma similar miles de veces. Por ello, todo es previsible. Eso sí, estéticamente perfecto.
Una película está vacía aunque se introduzcan en la acción elementos que puedan causar cierto impacto. La violencia o el sadismo en sí mismos no son nada, necesitan de personajes que los pongan a funcionar, personajes que evolucionen. Y el espectador necesita comprender, entender el mundo que le presentan, saber qué está pasando sin que tenga que preguntarse cómo es posible eso o aquello sin posibilidad de dar con la solución.
Stoker es una película fallida, un trabajo dedicado al más puro onanismo en busca del aplauso fácil. Eso y poco más.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 26 2013

Llévame a la luna: Aburrimiento cósmico

Hoy, tal y como está el mundo del cine, calificar una película como comedia ligera, es casi lo mismo que decir esta película es un paquete. Eso de comedia ligera es un eufemismo con el que decimos que la película es graciosilla, bastante estúpida y vacía de cabo a rabo. Pues bien, Llévame a la luna del director Pascal Chaumeil es eso, una comedia ligera de las de ahora. Con lazo rosa.
El guión de Laurent Zeitoun y Yoann Gromb está cerca del ridículo. El sistema narrativo intenta ser original y, en realidad, está más visto que el TBO. Intentan estos señores ser simpáticos y crueles al mismo tiempo, pero logran un desbarajuste insultante que se encuentra entre lo grotesco y lo humillante.
Por si era poco, el actor principal es Dany Boon. Quizás uno de los actores más histriónicos que anda suelto por los estudios de rodaje. Recuerda mucho a nuestro Fernando Estero y tiene la misma gracia con sus cosas. Es decir, ninguna. Le acompaña como protagonista Diane Kruger. No estoy seguro de que la comedia sea lo suyo.
Llévame a la luna es aburrida. No sabría decir si los personajes dicen una sola frase con sentido, con cierta profundidad. Aunque me extraña que sea así porque se les dibuja toscamente, sin buscar mínimamente su verdadera sicología.
Técnicamente, la película es muy simplona. La fotografía parece acartonada en algunas secuencias, los planos son muy corrientes y no se busca nada nuevo (hace bien el director porque para presentar esta castaña mejor no hacer esfuerzo alguno).
Y dicho esto, creo que lo mejor es no continuar. Es un gasto de tiempo y esfuerzo inútil.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 25 2013

Expediente Warren: The Conjuring. Terror de siempre

Expediente Warren: The Conjuring es una película de terror armada sobre un guión clásico del género, unos efectos sonoros clásicos del género, una partitura clásica del género, un maquillaje y una peluquería clásicas del género. Todo es clásico. Incluso algunos movimientos de la cámara. Esto hace que sepamos, más o menos, qué es lo que va a suceder desde el principio hasta el final. Pero, a decir verdad, James Wan consigue entregar un trabajo muy meritorio. Porque, si bien es cierto que la película es muy previsible, lo que cuenta (ya sabido) lo cuenta muy bien. El ritmo y la tensión no dan respiro al espectador, hay algún plano secuencia con la cámara al hombro muy bien planificado, el resto de planos son diferentes y llamativos (sobre todo los picados y contrapicados) y el miedo, nervioso primero y potente más tarde, hace acto de presencia rápidamente.
Los guionistas, Chad Hayes y Carey Hayes, no escriben nada del otro mundo (expresión poco apropiada al hablar de esta película) aunque esa etiqueta de estar basada la trama en un hecho real ayuda mucho a limar defectos, a que no se les dé importancia. Lo que cuentan, por cierto, es una adaptación muy libre de los sucesos ocurridos en la casa de la familia Perron (Rhode Island).
De entre los cuatro personajes principales, destaca el que encarna Vera Farmiga. El personaje y ella. Lili Taylor, Patrick Wilson y Ron Livingston, están bien aunque no hacen nada que merezca la pena resaltar.
Al igual que en El Exorcista, Los Pájaros o Al final de la escalera (en Expediente Warren se las homenajea claramente) los niños tienen gran importancia. Este es un ingrediente que no falla cuando hablamos de demonios, espíritus o cosas parecidas. Los Perron son padres de cuatro jovencitas que se mueven por la pantalla para acrecentar la tensión. Con demonios pegados a la espalda, hablando con espíritus, volando y eso.
Además de una partitura muy efectiva, la fotografía también lo es. John R. Leonetti hace un excelente trabajo. Esto tiene especial importancia al crear un clima excelente para que el relato fluya sin complicaciones en el género de terror. No vale cualquier cosa.
Este relato es conocido. No el mismo aunque los hay muy parecidos. El matrimonio Perron (Lili Taylor y Ron Livingston) compra una casa. Se mudan y se encuentran con un enorme abanico de asuntos sobrenaturales, terroríficos y espeluznantes. Los guionistas se toman la molestia de justificar el porqué no salen pitando de allí y lo hacen de forma simple aunque convincente (en este sentido los guionistas son cuidadosos y huyen de las chapuzas). Acuden al matrimonio Warren (Ed Warren-Patrick Wilson; Lorraine Warren-Vera Farmiga), expertos en esos asuntos. Y lo demás ya lo saben ustedes.
Hay momentos de gran tensión y el desenlace no es una idiotez como ya ha ocurrido en otras películas. Expediente Warren: The Conjuring es una buena película de terror que roza los tópicos aunque James Wan logra no caer en ellos sin la astucia suficiente como para que el espectador crea estar viendo algo alejado de esos territorios.
Una excelente opción para los que quieran pasar un mal rato. Nadie saldrá defraudado del cine. Es más, muchos dormirán con los pies bajo las sábanas por si las moscas.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 23 2013

Antes del anochecer: Incluso el tiempo perdona

Si en la primera de las películas de esta serie firmada por Richard Linklater comprobábamos cómo el azar y la ilusión pueden hacer estallar el mundo de dos personas; si en la segunda nos enseñaban lo cierto de lo inevitable cuando alguien escucha una canción; con el tercer trabajo todo queda envuelto en rutina, en una realidad terca que funciona como una trituradora de personas, pero en la que la esencia de la pareja prevalece porque no puede ser de otra forma, en la que el paso del tiempo enseña a vivir el momento sabiendo que el pasado nunca vuelve y el futuro no significa nada sin el recuerdo. La vida es como es. La gracia está en encontrar las herramientas para que la maquinaria no deje de funcionar.
Jesse y Celine viven juntos sus problemas, su día a día escondiéndolos. Y parece que han olvidado recordar. Veranean en Grecia, tierra de mitos y tragedia. Son padres de unas gemelas que apenas les dejan espacio o un minuto para disfrutar de sus vidas. Después de una comida con sus anfitriones son invitados a pasar la tarde y la noche en un hotel. Ese es todo el argumento. Ya está. Lo que sucede es que Linklater, utilizando planos fijos eternos como ya hizo anteriormente, nos permite disfrutar de unos diálogos estupendos. Unos mejores que otros, pero de un nivel general notable. La relación de Jesse y Celine podría ser la de cualquier pareja viviendo circunstancias parecidas, una relación llena de esas cosas que pueden parecer nimias y son lo fundamental.
El escenario vuelve a ser protagonista. Pero, esta vez, aparecen personajes que inciden directamente en lo que sucede. Son la muestra de las interferencias inevitables en la vida de las personas. Y el tiempo. Su paso, su pérdida, lo que queda de él. Por eso Grecia. Allí todo perdura. Allí vemos ruinas, edificios antiguos que siguen estando. Todo queda, todo puede conservarse  aun siendo un trabajo duro, penoso e inacabable.
Ethan Hawke y Julie Delpy están estupendos. Nunca lograrán trabajos tan convincentes, tan auténticos. Interpretan sin problema alguno. Desde luego, los años se dejan notar aunque (los que conocen las tres películas lo saben) seguirán siendo una pareja de adolescentes que se conocieron en un tren. Richard Linklater los dirige de maravilla.
Buena fotografía que aprovecha el brillo del sol y el contraste con las sombras para presentar unos escenarios de lujo. Dependiendo de lo que sienten los personajes el contraste es mayor.
Y, como ya es habitual, un puñado de diálogos en los que se trata el sexo, el recuerdo, la literatura, lo incierto del futuro y la pérdida de la vida entre los adultos cuando se deben entregar a otros. Se hace un uso más que convincente de la ironía, del discurso inteligente, de la ambigüedad del carácter de los personajes. Todo hace que Jesse y Celine crezcan como no lo habían hecho antes. La potencia del desarrollo de ambos es arrolladora.
De nuevo, el espectador corre el riesgo de quedar pegado en el asiento. No pensando en los personajes, no. Quedamos abandonados a nuestra suerte para pensar en nuestras cosas; en el mundo que, al fin y al cabo, es lo que nos cuentan.
Una delicia poder disfrutar de Jesse y Celine, de sus cosas, de las nuestras. No dejen de ir al cine les encantará.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 9 2013

Star Trek (En la oscuridad): A oscuras

Será difícil que alguien consiga rodar una película, con un presupuesto tan elevado, en la que ocurran tantas cosas sin que una sola de ellas sea relevante. Además, será más difícil, todavía, encontrar una película en la que todas esas cosas resulten inverosímiles. Star Trek es pura ciencia ficción y, de momento, lo que narran este tipo de películas son asuntos imposibles. Vale, eso forma parte del género y el espectador lo asume como una regla del juego. Lo imposible se puede asumir por unos y manejar por otros. Pero lo inverosímil no tiene hueco alguno. Esta entrega de Star Trek rebosa por los cuatro costado esa inverosimilitud. No se me ocurre algo que pueda explicar lo que narra J. J. Abrams cuando la fuerza de la gravedad es lo que es o para encadenar siete millones de casualidades improbables, sin que la película se convierta en una declaración de guerra al espectador.
Star Trek En la oscuridad es un alarde técnico impresionante. Muy bien. Los escenarios están perfectamente diseñados resultando originales al máximo, únicos. Muy bien, también. Y ya. Porque los actores superan con creces lo histriónico (no se salva ni uno solo de ellos), la música aturde, la cámara sufre un ataque de histeria permanente y el guión es más de lo mismo (el riesgo asumido por los guionistas es nulo; apuestan al caballo ganador sin intuir que han convertido la carrera en un baile de animales viejos).
J. J. Abrams decidió filmar una película para fans dejando fuera a todo aquel que no lo fuera. Yo diría que deja fuera incluso a los que lo son. No puede nadie suponer que alguien aguante sentado en una butaca más de dos horas, que le cuenten una tontería y que salga mínimamente satisfecho de la sala de proyección. Si esta es la idea, si el único plan es soltar mucho ingenio intergaláctico, lo mínimo es armar un elenco de lujo para enmascarar el vacío del trabajo. Obviamente, este no es el caso. El reparto es desastroso.
Todo parece indicar que la saga continuará. Y todo parece indicar que la cosa irá a peor. Esto de dejar en manos de la informática las películas de cine no puede funcionar en la vida. Habrá alguna excepción, pero nada más. El cine es otra cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 8 2013

La mejor oferta: Peligroso aroma a conocido

La mejor oferta, nueva entrega de Giuseppe Tornatore, recuerda a otras cosas. Y esto la convierte en previsible desde el principio, esto hace que el guión apeste a lo ya contado anteriormente. Incluso la música de Ennio Morricone recuerda peligrosamente a la que se escuchó en la magnífica Once Upon A Time In America.
Que la excelente factura de la película convierta los 124 minutos de proyección en un espectacular despliegue técnico, no libra al trabajo del señor Tornatore de un aprobado y poco más.
La mejor oferta es una lectura moderna y ajustada del Don Pasquale de Donizetti y su libretista Ruffini (no son los primeros aunque, seguramente, los más famosos que enfrentaron este asunto). La vejez como debilidad ante la belleza de todo tipo; la juventud insolente y lejana a la compasión; la burla del joven ante el viejo. Ya estaba contado y es asombroso lo poco que el relato de Tornatore se aparta de lo que ya es sabido. Desde el primer momento, se intuye cada paso que se va a dar. Además, en el desarrollo dramático aparecen demasiadas cosas que vacían de credibilidad el argumento. Por ejemplo, la cena a la que el protagonista invita a su amigo para que permanezca oculto (a pesar de la resolución se hace increíble). Hay algún intento de crear imágenes metafóricas que se quedan a medio camino. Por no ser potentes o por explicitar inútilmente algún asunto que ya está desarrollado. Sirve de ejmplo, también, un autómata que va creciendo al mismo tiempo que el personaje femenino y la relación con el principal masculino (las piezas que se van encontrando, se van ensamblando) y, de paso, sirve para decir al espectador que el aspecto más egoísta y falto de escrúpulos del personaje siempre estuvo (carga de moralina endeble). Metáforas fallidas, innecesarias y estériles.
Todo está muy bien fotografiado por Fabio Zamarion; eso es verdad. Los encuadres son estupendos o necesarios. También es cierto. Las interpretaciones están a muy buen nivel. Sobresale la de Geoffrey Rush que se encarga de soportar el peso del relato. Donald Sutherland defiende bien un papel muy menor. Jim Sturgess y Sylvia Hoeks algo desaprovechados. Pero, aunque todo está en su sitio, el guión hace aguas por conocido, por ser algo pretencioso en fases concretas, por sensiblón, por mirar el mundo del arte desde una superficialidad casi insultante, por excesivo en su medida al intentar contar todo buscando atar todos los cabos. Y todo esto en cine no funciona y es muy peligroso.
En cualquier caso, no hay que dejar de ver La mejor oferta. Las tramas (una romántica y otra buscando un suspense inexistente aunque resultona) pueden entretener durante un par de horas. Tal y como están las cosas, puede llegar a ser suficiente. Ahora bien, están ustedes avisados. Luego no digan que no fueron advertidos.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 4 2013

No: La emoción de todos

Del mismo modo que miramos un álbum de fotografías para recordar y emocionarnos, el cine debería servir para recordar, imaginar y emocionar. El espectáculo es eso, emoción. El espectáculo es eso: algo que se integra en nuestra experiencia y podemos hacer nuestro. El cine es eso y no debe perder la esencia para poder seguir siéndolo.
No, la película realizada por Pablo Larrain en 2012, es un excelente retrato de un momento histórico lleno de complejidades, de peligros y de posibilidades para el pueblo chileno. Larrain opta por narrar las cosas intentando no posicionarse, tomando distancia para dejar un hueco al espectador que tendrá que decidir por sí mismo ante una doble moral repugnante, ante la división social de un país, ante lo que supone el poder de los medios de comunicación y la duda que genera el saber que bien podría ser una cosa u otra dependiendo de técnicas de marketing estando todo alejado de las ideologías. Larrain intenta engarzar, y lo consigue con gran éxito, la ficción con la realidad grabada y archivada; utiliza en la ficción personajes que en la realidad tuvieron gran protagonismo (con más canas les coloca ante una situación ya vivida y moviendo la cámara nos lleva hasta un monitor en el que ya se ve la imagen de archivo con el mismo personaje, más joven); inserta mucho del material que se utilizó en las campañas pidiendo el voto en aquel plebiscito; también de las situaciones más interesantes que se vivieron. Pero, además, soporta el trabajo sobre un guión bien trabajado, cuidado y salpicado de ironía. Pedro Peirano, el guionista, consigue un trabajo muy compensado, brillante en los momentos de mayor tensión.
Larrain, por su parte, mueve la cámara con ímpetu y no duda en probar todo tipo de encuadres y recursos dependiendo de lo que sus personajes y la acción demandan. A la vez, coloca a sus actores y los mueve con acierto. Muy bien dirigidos, Gael García Bernal está impecable y Alfredo Castro, defendiendo un papel algo menor, lo mismo.
Destaca la fotografía de Sergio Armtrong tendente al mate, muy filtrada. El clima que consigue es inquietante, sobrio y alejado de una belleza innecesaria.
Las películas en las que se tratan asuntos tan delicados pueden convertirse en un panfleto infumable. No es el caso. Todo va fluyendo en No de forma natural y el espectador encuentra justificación a todo lo que va viendo.
Pero una característica hace enorme la película por encima de interpretaciones o cuestiones técnicas. La emoción se respira, la esperanza flota en cada escena y nos lo llevamos puesto a casa después de ver los créditos (muy divertidos y originales, por cierto). Conocemos qué es lo que pasó, pero nos conmociona y nos emociona.
Buen trabajo. Muy buen trabajo.
©Del Texto: Nirek Sabal


jul 2 2013

El gangster: La historia de papá

La vida de un padre de familia no parece que sea excesivamente atractiva. Si papá agarra un revólver y atraca bancos, la cosa cambia. Entre otras cosas porque la vida de papá se convierte en acción, tragedia, locura, violencia y amores de todo tipo. Ya sé que la acción, la tragedia, la locura, la violencia y los amores de todo tipo, forman parte de la vida de cualquier padre de familia, pero con una pistola en la mano todo se pone mucho más interesante. Y, además, se puede rodar una película sobre el asunto. Una película sobre la vida de papá sin armas en ristre no tiene pinta de ser viable salvo que las enamoradas sean de la jet, la locura motivo de envenenamientos diversos, la tragedia una cosa muy descomunal o algo así. Una película sobre el gangster que todos tenemos dentro sí lo es. Los guionistas saben que el éxito de sus trabajos radica en que nos descubramos en el personaje, que entendamos sus motivaciones y que seamos capaces de vestirnos con su piel sin grandes problemas.
Nathan Morlando firma un trabajo más que notable con lo justito. Nada de alharacas, nada de efectos visuales o especiales deslumbrantes, nada de repartos extraordinarios. La cámara en su sitio buscando encuadres nada originales aunque efectivos a más no poder para lograr el objetivo; una dirección actoral muy cuidada y detallista; una fotografía apagada en su gris que va como anillo al dedo para desarrollar un guión bien construido. Todo bien, todo funcionando a las mil maravillas. Excepto la distribución y el marketing.
El gangster cuenta la historia de Edwin Boyd. Regresa de la guerra y no encuentra alternativa. La escasez no le permite sacar adelante a su familia y la desesperación le lleva a cometer atracos en las sucursales bancarias de la ciudad. Se maquilla con cuidado y, derrochando amabilidad, da unos primeros golpes que le hacen famoso.
El personaje principal, Edwin Boyd, lo encarna un excelente Scott Speedman, un actor capaz de desarrollar varios registros en la misma película sin despeinarse. Esto hace que la evolución de personaje sea natural y creíble. Le acompañan Kelly Reilly (maravillosa) y Kevin Durand, entre otros. El reparto en su conjunto sabe lo que tiene que hacer y disfruta haciéndolo. Presupuesto no tendrían, pero entusiasmo no faltó.
La película no esconde grandes pretensiones y el espectador tampoco las echa en falta. Es una película correctamente filmada con el único objetivo de narrar la vida de un personaje. No se desarrolla un asunto de forma profunda. Nada de eso. Todo se centra en la desesperación de un tipo normal y en cómo las cosas se convierten en algo inesperado sin que apenas el mundo cambie alrededor. El gangster es una película muy agradable, contiene una dosis de dramatismo justo y el desarrollo lineal hace que la comprensión de la acción sea fácil para el espectador. Una película simple aunque muy completa, muy bien contada y realizada con mimo.
© Del Texto: Nirek Sabal