Cine para esta Semana Santa

by - marzo 25, 2024



La figura de Jesús de Nazaret ha dado mucho de sí en la historia del cine. Grandes realizadores se han acercado a él buscando soluciones diversas, tanto técnicas como espirituales. Cuatro ejemplos pueden servirnos para tener una idea que va de un extremo a otro dentro del abanico de posibilidades que ofrece una historia y un personaje difícil de igualar.

‘Jesucristo Superstar’ (‘Jesus Christ Superstar’, 1973)

Comenzó siendo una ópera rock y, afortunadamente para el cine, terminó siendo una película. Es, casi con toda seguridad, la película que, teniendo a Jesús de Nazaret como protagonista, más seguidores ha tenido y más pasiones ha despertado entre los espectadores. En las salas de cine, al estrenarse, se produjeron altercados dada la indignación de algunos. Pero alguien en el Vaticano llegó a decir que se debería canonizar a ‘ese chico que hace de Jesús’. Opiniones para todos los gustos.

Una escena de 'Jesucristo Superstar'.

El trabajo de Norman Jewison es apabullante, arrasador. Pero lo es desde el respeto, desde la delicadeza. La escena en la que Jesús de Nazaret recibe los treinta y nueve latigazos, o la final en la que vemos cómo los cantantes y bailarines que han intervenido en el rodaje se suben en el autobús en el que llegaron, son estremecedoras. El único que no regresa es el actor que ha encarnado a Cristo. Él queda crucificado y le despide el atardecer. Como anécdota, hay que decir que durante el rodaje de la escena de la crucifixión comenzó una tormenta. En el desierto de Neguev (se filmó íntegramente allí) no llovía nunca y ese día hubo que rescatar al actor que ya estaba atado a la cruz. Ted Neeley siempre dijo que fue el momento más emocionante y mágico de su vida artística.

Además de una dirección de Jewison maravillosa, la película cuenta con algo fuera de lo común: una partitura excelente de Andrew Lloyd Webber y un libreto inteligente y atrevido de Tim Rice. Los que pudimos asistir al estreno de la película o a los musicales que hacían de espejo del original, difícilmente podremos olvidar aquello. Temas como ‘I don´t Know How to Love Him’ interpretado por Ivonne Elliman (nunca nadie logró tanta dulzura ni tanta verdad con este tema; la escena se rodó una noche en exteriores naturales, con algún problema de viento, acompañada de una iluminación preciosa, y es la escena más bonita y agradable de la película) o ‘Getsemaní’ interpretado por un prodigioso Ted Neeley fueron conocidísimos en su momento y fácilmente reconocibles hoy en día.

‘Jesus Christ Superstar’ está contada desde el punto de vista de Judas (un magnífico Carl Anderson que no solo canta bien sino que actúa de forma magistral). De ahí le viene el nombre a la película. Judas acusa a Jesús de estar olvidando lo que predica y fijarse en su propio éxito. La elección de Anderson fue un asunto delicado. El realizador temía que la película pudiera tener una lectura racial por parte de algunos, pero, finalmente, decidió apostar por el talento como alguna vez recordó.

La película es muy teatral. Jewison buscó no perder ese toque operístico. Para ello no utilizó gran número de extras y aprovechó las ruinas que tuvo a su alcance para rodar. Es famosísimo ese andamio en el que siempre encontramos sacerdotes formando parte del escenario principal. Una de las escenas más extraordinarias comienza con los buitres volando en grupo. Negro sobre el azul del cielo. La cámara se centra, entonces, en ese andamio lleno de sacerdotes. Negro sobre el azul del cielo.

La puesta en escena trata de ser una mezcla entre lo más moderno y lo propio de la época. La escena en la que Judas corre, arrastrado por una fuerza arrasadora, a denunciar a Jesús, lo hace delante de cinco carros de combate que habían intervenido en la Guerra de los Seis Días. Una vez consumada la traición, dos aviones de guerra sirven de metáfora para lo que Judas acaba de hacer.

El único momento frívolo de la película lo protagoniza Joshua Mostel (Herodes). La escena está rodada a modo de vodevil y es el momento en que más licencias se toma Jewison para narrar. Desde luego, resulta divertidísima.

Mel Gibson junto a Jim Caviezel.

‘La pasión de Cristo’ (‘The Passion of the Christ’, 2004)

Tan aclamada como repudiada, la película de Mel Gibson logró arrasar en taquilla y dio mucho que hablar. Algunos, aún hoy, defienden que eso es lo que ocurrió en la realidad y que refleja una verdad casi absoluta; otros acusan a Gibson de fanático, antisemita y perturbado, dada la violencia de las imágenes.

Gibson se centra en los últimos días de Cristo. Desde su detención hasta su muerte. La película está bien dirigida y contiene escenas muy meritorias. Pero la cantidad de sangre y de escenas violentas es escalofriante. Tanto es así que parece imposible que el personaje pueda soportar semejante brutalidad. El Cristo interpretado por James Caviezel termina siendo un despojo ensangrentado. Y, entre tanta escena que roza el gore, la figura del demonio llega a parecerse a un villano más propio de ‘La guerra de las galaxias’. Gibson no deja nada a la imaginación del espectador, se afana en que se vea y se sufra hasta el límite.

Lo peor de todo es que no se aprecia un objetivo claro. Gibson, por un lado, se lía a mamporros dando por hecho que todo el mundo conoce la historia y, por otro, no aporta nada a lo que ya sabíamos.

Escuchamos a los personajes hablar en arameo o en latín. Se quiere llegar a un punto de exactitud extremo. Pero a Gibson le pierde su afán por contarlo todo e incidir en algunos aspectos. Por ejemplo, coloca a los sacerdotes judíos en el palacio de Poncio Pilato la víspera del Sabbath, algo del todo impensable. Por cierto, a Poncio Pilato se le representa con bastante amabilidad. El espectador casi siente cierta simpatía por él. Y ya les digo yo que los tiros no iban por ahí.

La sátira es esencial en 'La vida de Brian'.

‘La vida de Brian’ (‘Monty Python’s The Life of Brian’, 1979)

Brian nace junto a Jesús de Nazaret, en el pesebre vecino. Y sus vidas tendrán un paralelismo inimaginable. La película de los Monty Python, dirigida por Terry Jones, es una sátira sobre la religión y la política que a unos les resulta insultante y a otros una maravillosa locura de lo más divertida. En realidad, la película habla de la necedad humana, del engaño que supone la salvación de almas que propone la religión y la salvación de personas que supone la política. Creo yo que la intención del realizador no era la de ser blasfemo o insultante. Se percibe más una crítica a estamentos poderosísimos desde la ironía y el sarcasmo sin un fondo que vaya más allá de lo cómico. De hecho, aparece, brevemente, el propio Jesús de Nazaret durante el sermón de la montaña y no se hace un solo chiste de ello.

‘La vida de Brian’ se llena de escenas inolvidables. Y son escenas que no se pueden contar sin descargarlas de todo el humor que contienen. Es mejor echar un vistazo a la película y colocarse en ese lado en el que están millones de fans o en ese otro en el que se encuentran millones de detractores.

En cualquier caso, no pierdan detalle del final mientras escuchen el tema ‘Always Look on the Bright Side of Life’. No se olvidarán de esta escena. Ni de un nombre que habrán escuchado durante el desarrollo de la película: Pijus Magníficus.

El enfoque social de 'Rey de Reyes' es más que interesante.

‘Rey de Reyes’ (King of Kings, 1961)

Si una película resulta ser admirable por el uso del scope esa es ‘Rey de Reyes’. Nicholas Ray consigue encuadres maravillosos con los que el formato se convierte en una herramienta estupenda. Muchos huyeron del scope por parecerles una especie de cajón en el que solo pudieran entrar imágenes alargadas y paticortas. Ray se arrimó al formato para dar una lección tras otra de cómo podía utilizarse sacando el mayor partido. La fotografía es espléndida. Toda la película parece una sucesión de cuadros en los que los rojos intensos y los dorados imponentes soportan el desarrollo de la trama. Si a esto le sumamos una partitura honda firmada por Miklós Rózsa que nos traslada a una época histórica tan difícil de entender, tenemos el armazón perfecto para que un director de la talla de Ray pudiera entregar su película.

Ray aporta a la historia ya conocida de Jesús de Nazaret un enfoque social más que interesante. Los primeros minutos de la cinta los dedica a mostrarnos lo que supuso la invasión romana para los judíos, la humillación que representó la llegada de nuevos ídolos con las legiones, la incomprensión del ser humano frente a las creencias más íntimas que le resultan ajenas. Ray va detallando los conflictos de una fricción de culturas. El centurión romano rasgando la seda para encontrarse con el gran tesoro judío, que es su literatura religiosa, es un prodigio narrativo. Es posible que, además, fuera el primer intento serio de no pintar a los judíos como un pueblo que escupía a los dioses extraños sin ton ni son. Estas son las grandes aportaciones de la película.

Porque la interpretaciones son algo frías, algo distantes. Salvo la escena en que Salomé pide la cabeza de Juan el Bautista o el calvario, el resto deja algo frío al espectador que no entiende como el personaje de Jesucristo, por ejemplo, no desprende una magia que muchos le otorgan de antemano. Jeffrey Hunter parece transitar otro mundo (digo él y no su personaje porque ese ya sabemos que andaba a lo suyo), parece ajeno a la película. Los secundarios no aportan gran cosa al principal y los diálogos parecen forzados en exceso para encontrar una profundidad que no tienen. Son las cosas de las superproducciones de la época. Espectáculo visual para un público que buscaba el entretenimiento. Es lo que vendía.

Este es una de las películas en las que Ray deja a medio camino su interés por lo que siempre quiso contar. Desaparecen los temas recurrentes de su obra para realizar una película de encargo. No deja de tener un toque muy personal de Ray, pero el trabajo no es de Ray. Aquí prima la forma y menos el fondo. Como el anunciado Reino de Dios por Cristo cuando decía que no era de este mundo; ‘Rey de Reyes’ no es de Ray. Al menos del todo.

G. Ramírez

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