ago 30 2012

Manolete: Carencias y fotografía

Doce personas en una sala de cine inmensa no son demasiadas personas, pero ese, y no otro, era el número de individuos que, sentados al fresco del aire acondicionado, esperábamos el inicio de Manolete, la película que Menno Menjes dirigió en el año 2006, y que no ha conseguido ver la luz en España hasta hace unos pocos días.
Las críticas la ponen fatal, a caer de un burro, hablan de malas interpretaciones, de tópicos hasta la bandera, de parodia sin par; sin embargo Manolete no es una mala película; creo, con honestidad, que es una película que cumple bien su función de entretener, de contarnos una historia y mostrarnos, mediante una fotografía preciosa, que mezcla metrajes de los años 40 con la filmación actual, el momento puntual de la vida de un torero. Pero, contrariamente a lo que pudiera parecer, no estamos frente a una película de toros y toreros, pese a que el atrezzo de la misma sea precisamente ese, sino ante una película que habla de la pasión de un hombre por una mujer y que, por mor de la misma, termina muriendo.
El apasionado romance entre el torero Manolete y la actriz/cantante Lupe Sino centra el argumento de la película, siendo completamente secundarias las ocupaciones de uno y otra. Sin embargo, omitir la existencia del mundo del toro tras esta historia , como nexo causal en esta película, sería demasiado simple.
Ignoro, cuales son los motivos por los que la crítica ha sido tan feroz con esta película. La que escribe, a la que el mundo de los toros siempre le ha producido una enorme curiosidad y cuya estética (a pesar de los antitaurinos) le parece de una plástica y belleza feroz, esta película no le disgusta en absoluto, ha pasado un buen rato y ha disfrutado, mucho, con algunas escenas de la misma.
Puede que reciba críticas por parte de los antitaurinos y puede que las reciba también por parte de los taurinos, pero como les digo, si no perdemos de vista que el argumento de la película no se centra en el mundo del toro, sino en el de dos seres humanos absorbidos por una pasión desmedida, hay que quedarse con las bellas estampas de algunos momentos en los que hombre y toro se encuentran frente a frente.
La ambientación y recreación de la época de posguerra española, donde convive la miseria y la opulencia de algunos, a través de un vestuario ajustadísimo, de unos decorados que reproducen casi fielmente el estado de las enfermerías de las plazas de toros en los años 40, del mismo Chicote en Madrid, de las corralas, de la miseria en la que algunos vivían y de los personajes que conviven a la sombra de los toreros (lo cual podrán comprobar si se hacen con algunas fotografías de la época), es estupenda, lo mismo que la música de que se acompaña a lo largo de toda la película (sólo suprimiría la inicial canción que abre la filmación A las cinco de la tarde) y corregiría el gazapo musical de colocar el pasodoble Las campanas de Linares abriendo una corrida de Manolete precisamente en Linares, cuando la pieza se escribió con posterioridad a la muerte del torero, precisamente, en la Plaza de Toros de Linares.
Por último, referirnos a las interpretaciones de Adrien Brody en el papel de Manolete que, pese a lo que se diga, es superior, no sólo por el gran parecido físico que en algunas escenas da, sino porque es capaz de transmitir la sensación de desamparo y miedo de una manera absolutamente perfecta. En cuando a Penélope Cruz, en su papel de Lupe Sino, se encuentra el pero, y es que por mucho que lo intenta, nunca se consigue ver a otra que no sea la propia Sra. Cruz y aquí, en ese papel entre mujer apasionada, entregada y perdida, sigue sin conseguir ser creíble. Por la película también aparecen como mozo de estoques Santiago Segura, en una interpretación anodina, sin más; y Juan Echanove en su papel Pepe Camará, como apoderado de Manolete está creíble, pasable. Y lamentable, muy lamentable, la interpretación de Nacho Aldeguer en su papel del joven Dominguín.
Como ya he dicho, que nadie busque una película sobre el toreo, sobre Manolete en sí mismo, ni sobre Lupe Sino, porque estos tres elementos sólo son un excusa para narrar, como he dicho, una historia de amor que no puede tener más que un trágico final.
Olviden los prejuicios y no se pierdan una película que pese a sus grandes carencias, que las tienes, nos ofrece fotografía estupenda, unas imágenes del toro en el campo, del cara a cara del animal frente al hombre, del atronador clamor del toro escarbando a punto de embestir y en definitiva, un mundo en imágenes enormemente desconocido.
Se la recomiendo, sin pretensiones.
© Del texto: Anita Noire


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ago 6 2012

Pollo con ciruelas: Pequeña afrenta al cine francés

En la historia del cine existen cientos de películas que cuentan amores imposibles y altamente trágicos. Pollo con ciruelas (Poulet aux prunes) es una de esas historias posibles, una más, que pasará sin pena ni gloria por las pantallas de cine. Sin embargo, lo que la diferencia entre el grandísimo abanico que tenemos en cuanto a películas que hablan de desamor, es el modo poco convencional de ofrecérsela al espectador: un cuento para adultos. A priori, la historia reunía elementos preciosos. Teherán, años 50 (antes de la revolución islamista), un violinista, una historia de amor imposible y la voluntad de dejarse morir ante el sin sentido de la vida.
Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, guionistas y directores, basándose en el cómic de idéntico nombre (como ya hicieron con Persépolis), nos presentan esta historia, nos la muestran (y lo de mostrar no es un modo cualquiera de hablar en este caso) de una manera absolutamente distinta, con una fotografía extraordinariamente bella y una estética que la hace increíblemente atrayente.
Pero hay un sin embargo. Y es que, pese a lo anterior, no estamos ante nada distinto a lo ya contado en cuanto al desamor y sus terribles consecuencia, aunque las imágenes utilizadas para ello estén cuidadas hasta el último detalle. En lo visual estamos ante una película preciosa, encantadora, pero, en su desarrollo falta garra y puede que el pero de la película esté en la poca acertada elección de su protagonista Nasser-Ali Khan (Matieu Almaric) que en los veinte años que nos muestra la película, en flashbacks continuos, su aspecto de ser anodino, que ni siente ni padece (pese a intentar mostrarnos que siente y padece mucho), y trasmite bastante poco, arruina esta película que arranca con una salida estupenda y va perdiendo gas hasta llegar al final.

Sin embargo, criticada la elección del protagonista no puedo por menos decir que los personajes femeninos de la película, empezando por Isabella Rosellini (como absoluta fan que soy ), en su secundario papel de Parvine, madre del violinista; seguido por Maria de Medeiros como Faringuisse, esposa denostada por el desolado Nasser-Alí, y continuando por Golshifeh Farahini, en el papel de Irâne, el amor imposible, están superiores y la elección no ha podido ser más acertada cuando, como es el caso, hablamos de una película que se badea con ese aspecto un tanto irreal que tienen las fábulas.
Conviene explicar que la elección del título de la película Poulet aux prunes es un acierto absoluto, pues ese plato, elaborado desde el amor del que es despreciado por el ser amado, que a su vez ama sin poder amar, no es un detalle cualquiera, es la esencia misma de esa rueda de tristeza infinita en el desamor; es la esencia de la película en sí misma.
Y, llegados a este punto, cabe preguntarse si puede un amor desgarrado condicionar una vida entera, la propia y la de los que la rodean. La respuesta es sí. Y, aquí, en esta película que mezcla los golpes de humor con cierto melodrama, el violín es sólo el instrumento que permite sobrevivir. La historia del violinista vitalmente derrotado, abocado a una vida que carece de sentido, recluida en las melodías que exhala un violín tocado por el suspiro de una vida de amor interrumpido.
Debo decir que la película, que repito, es profundamente bella en cuanto a la imagen, no llega a emocionar en su historia y eso para mí, que adoro el cine francés, es inaceptable.
© Del texto: Anita Noire


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ago 5 2012

Elefante Blanco: Una tarde de verano en el cine

Esta misma semana fui al cine, a última hora de la tarde de un modo inesperado porque me temía que pasara lo que ha pasado. Me explico, hace apenas unos diez días, en una sala de cine cercana a casa proyectaron como estreno Elefante blanco. El reclamo por el plantel de actores, Ricardo Darín y Jérémie Renier, vaticinaban un medio lleno de sala (medio, porque estamos en agosto y, como todo el mundo sabe, en verano son pocos los que escogen pasar la tarde metidos en un sitio cerrado y a oscuras). Nada más comenzar la película, de la que había leído muy poco (prefería ir completamente virgen a verla) supe que ese medio lleno de esa minúscula sala, no soportaría, lamentablemente, mantener en cartel aquella película. La historia que relata marginación; enfrentamiento a los propios miedos, al cansancio y la desesperación, en una época de calor, de terracitas y despreocupación veraniega (pese a la crisis); no iba a aguantar más de quince días. Y efectivamente, ayer, volviendo a casa pude comprobar cómo mis presagios no fueron equivocados, en cartelera reza una comedia ligera que alegrará a todo el mundo durante todo lo que resta del mes de agosto.
La película de Pablo Trapero nos pone frente al drama social de los barrios marginales de Buenos Aires, las Villas, en los que convive con la miseria, la droga, la más exacerbada de las violencias, la sin razón y la desesperanza, junto con la labor de los que desde el convencimiento personal trabajan, aún a costa de lo propio, del enfrentamiento personal, contra un sistema demoledor que tiende a olvidar a lo más denostado de la sociedad, apartándolo y arrinconándolos donde no molesten, tras la maquinaria de un Estado que los abandona.
El elefante blanco, un edificio faraónico, que ninguno de los sucesivos gobiernos argentinos terminaron, convirtiendo el proyecto de lo que tenía que ser el hospital más grande de toda Sudamérica, en una mole abandonada a medio construir, donde viven, entre la mugre y la miseria, los que no tienen nada, es una auténtica metáfora del sistema.
La película, pese a ser a una narrativa brillante, una puesta en escena brutal, una música excepcional de Michael Nyman, no va a tener el éxito cinematográfico que merece. Una verdadera pena. Puede que la falta de éxito radique en que la gente está saturada de miseria, de problemas y damas, puede que algunos no comprendan que lo de menos sea que sus protagonistas sean dos sacerdotes católicos Nicolás (Jeremie Renier) y Julián (Ricardo Darín) y una trabajadora social (Martina Gusman), pero existe mucho sectarismo aún y todo lo que huele a iglesia, en estos tiempos que corren, repele, en ocasiones, como ésta, injustamente. Porque lo que realmente importa de los personajes que nos muestra Trapero, su acierto, es la manera en que los coloca a ambos frente al gran drama social; unos personajes que arrastran sus propios demonios, con sus culpas y desvelos personales (como los que puede arrastrar cualquier ser humano), que batallan como David contra Goliat, chocando constantemente contra una pared, contra un sistema que oprime y abandona a los más desfavorecidos.
Una película dura en extremo, en la que la desolación no abandona ni un segundo al espectador. La desesperanza, la inutilidad del esfuerzo, el riesgo de la propia vida. El contrasentido de vivir en el puro lodazal de la inmundicia humana en busca de una brizna de esperanza que cuando empieza a crecer muere aplastada todo eso transmitido a través de desgarradoras imágenes que necesitan de muy pocas palabras.
Una película fantástica de las de verdad, arriesgada, pero buena. Por eso no triunfará, seguro.
© Del Texto: Anita Noire


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ago 4 2012

Madagascar 3 (De marcha por Europa): ¿Otra vez lo mismo?

Las secuelas de las películas de animación se parecen tanto unas a otras que se vacían a sí mismas y a la primera entrega. Esto comienza a ser como un chiste contado más de dos veces. La primera puedes reír. La segunda todo parece ridículo.
Los animalitos de otras entregas están en África. Esperan el regreso de los pingüinos para volver a Nueva York. Así comienza la cosa. Salvo un par de golpes francamente divertidos el resto ya se lo saben (no hace falta que se lo cuente ni que acudan a la sala de proyección; ni siquiera es necesario haber visto las dos partes anteriores). Y la cosa es aburrida. Mucho alboroto para que los pequeños no se enteren de mucho. Eso es lo que encierra esta tercera entrega de Madagascar. Por supuesto, los diálogos son demasiado irónicos para los niños pequeños y demasiado previsibles para los papás de esos niños. El villano (en este caso villana) excesivamente idiota. Ella y todo su equipo. Los personajes son los estereotipos a los que nos tienen acostumbrados en esta serie y muchas más. El sensato, el chivato, el gracioso, el loco de atar, etc. El guión es un despropósito monumental. Debe ser que han decidido que el cine de niños puede serlo (un despropósito) y tratan de colar algunas cosas que no se tragan ni los bebés. Son pequeños. No son tontos.
Pues bien, esto es Madagascar 3 (De marcha por Europa). Por cierto, casi todo ocurre lejos del viejo continente.
Una película prescindible que es mejor ver en vídeo cuando llegue el momento. Si no hay otra cosa mejor que hacer, claro. Y, ahora, voy a hacer cualquier cosa que no sea perder más tiempo con este paquete.
© Del Texto: Nirek Sabal


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ago 2 2012

Confucio: Erre que erre

Más difícil todavía. Una película que se centra en el personaje, desde el principio hasta el final, y en la que no se logra dibujar a ese personaje. Creo yo que si se hace queriendo no se logra.
Es la misma canción de siempre. Erre que erre. Como el espectador tiene una ligera idea de quién fue Confucio no hace falta esforzarse. Se da por hecho lo fundamental y se dedica el esfuerzo a montar un espectáculo formado por imágenes impresionantes (en este caso se queda en mal intento) y a meter en los diálogos frases maravillosas (las dijo Confucio y son magistrales. Lo que pasa es que se dicen sin ton ni son; porque hay que decirlas y punto), muertes y amores de vez en cuando (a mí los chinos muriendo siempre me han parecido reflejos de los dibujos animados y no me terminan de llenar. Y besándose como que no y menos sin venir a cuento) y alguna escena buscando la lágrima fácil.
El ritmo narrativo de la película es un desastre. Va de malo a horrible. Se apoya no sólo en la imagen y en la trama. Recurre el director, Hu Mei, a cartelitos (escritos en chino y en inglés) para que nos podamos enterar de algo. De poco para ser más exactos. Y si no lees ni chino ni inglés, de nada. Porque el personaje central no está definido, pero, además, los secundarios son desastrosos. Las elipsis son muy numerosas y consiguen destrozar cualquier esfuerzo del espectador. En fin, no hay por donde agarrar algo así.
Chow Yun Fat defiende el papel principal. Es un buen actor. Lo hace razonablemente bien. Pero es tan corto ese papel que no llena a nadie. El resto de actores y actrices se mueven por la pantalla porque sí. Como casi todo en esta película.
Lo único que se puede destacar es la ambientación que se logra desde el vestuario y la peluquería y maquillaje. Es lo mejor de todo. Sin duda.
Si la propuesta del director es demostrar y que nos traguemos eso de que la espada es débil frente a la sabiduría, el fracaso es absoluto. Ya nos lo sabíamos, ya nos lo habían contado y no aporta nada de nada este trabajo. Si la propuesta es otra, alguien debería explicarla. No se me ocurre cuál podría ser.
Desde luego, después de ver la película, un espectador corriente no sentirá ningún deseo de lanzarse a leer lo que dijo Confucio. Es más, le hace un flaco favor a este personaje.
Si pueden evitar la película mejor que mejor. Queda dicho.
© Del Texto: Nirek Sabal


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