may 31 2011

Sin Identidad: Mil veces contada aunque parece nueva

Esta historia ya está contada. Más de una vez. Y no aporta nada nuevo salvo una habilidad narrativa muy interesante. Sin identidad parece que se fuera a vaciar de sentido en tres o cuatro momentos del metraje (la justificación de lo que sucede parece frágil en exceso), pero el guionista logra dar un giro que salva los muebles y lanza el relato un poco más allá. Quizás esto pudiera parecer una chapuza narrativa aunque no lo es. Cada registro utilizado es el adecuado y el uso que se hace de ellos es preciso. Otra cosa es que todo siga siendo previsible porque ya es conocido. Incluso los tópicos son repetidos. Pero eso es harina de otro costal.
Jaume Collet-Serra llamó la atención con sus cortos y se ha fabricado un hueco en el mundo del cine gracias a su buen hacer. No le han regalado nada a este realizador. Su cine rebosa conocimiento por los cuatro costados. No es que Sin identidad sea un peliculón, pero Collet-Serra saca petróleo de un pozo casi agotado. Con un guión de primera este hombre logrará dar la campanada. No le faltan cualidades para conseguirlo.
Sin identidad cuenta la historia de un hombre que llega a Berlín con su esposa para participar en un congreso científico. Su maletín se extravía en el aeropuerto y debe regresar desde su hotel. Por el camino sufre un accidente de tráfico y pierde la memoria. A partir de ese momento todo se complica de una forma casi delirante. El ritmo narrativo eleva su intensidad y no hay un solo minuto de tregua para los personajes. Por supuesto, los espectadores corren la misma suerte. Ese es uno de los grandes logros de la película puesto que se trata se una historia más que narrada. Pero el director mezcla unos efectos especiales y visuales notables, con una dosificación de la información muy correcta (no hace trampas en ningún momento y eso es de agradecer), apoyado en una dirección de actores correcta y una banda sonora que, sin ser nada del otro mundo, matiza mucho y bien cada secuencia.
Los actores defienden sus papeles con dignidad. Liam Neeson en su línea. O sea, bien. January Jones en la suya. O sea, más sosa imposible. Diane Kruger con sus limitaciones. Y Bruno Ganz estupendo como siempre. Ese actor es una garantía para cualquier director. El resto interpretan papeles menores.
Sin identidad es una película que aguantará más que bien los formatos caseros. Y será una opción estupenda para pasar la tarde de un domingo cualquiera frente al televisor. Es divertida y puede verse en familia. En las salas de cine tendrá una vida más corta que larga.
Cine enfocado al entretenimiento, sin grandes profundidades y bien hecho. Habrá que seguir la pista del director para saber de lo que es realmente capaz cuando pueda hacer lo que tenga en la cabeza.
© Del Texto: Nirek Sabal

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may 29 2011

El año pasado en Marienbad: La sensatez de todos

Hace ya más de un año, prácticamente desde que existe este blog, que tenía ganas de dejar alguna huella de El año pasado en Marienbad por aquí, pero, con miles de excusas inexcusables he ido postergándolo hasta un año más tarde en que me he sentado frente a un documento en blanco y un ventilador sin saber muy bien qué decir, cómo difundir esta  película-emblema de la modernidad con sus obsesiones, sus siluetas inmóviles, losas de piedra, galerías de otro siglo, estucos, plumas, mármoles y espejos negros en ese balneario inmenso dónde la voz de Él retumba a cada rato repitiendo obsesivamente la súplica a Ella, la mujer a la que conoció en el mismo sitio hace exactamente un año y que prometió abandonar a su marido y marcharse con Él el próximo verano, suceso que ahora Ella no recuerda.
De esta película-bucle de Alain Resnais no pienso mencionar más que mi impresión y reflexiones sobre ella, saltándome todos los aspectos técnicos, omitiendo un montaje maravilloso, una soberbia dirección artística y una música que escucho compulsivamente y que me traslada sin remedio a Marienbad, un espacio sin tiempo, interminable. En los Cahiers du cinéma tienen ustedes toda la información técnica sobre la película, y, si no, también les recomiendo el libro El cine francés, 1.958-1.998 (Esteve Riambau).
Con toda la importancia que le doy a las formas y a la estética, y considerando el valor artístico tan evidente de esta película, he optado por escribir esta tarde una diminuta reflexión en medio de tanta inmensidad y sofisticación.
Por ejemplo, me llama la atención la forma en que Resnais nos cuenta las consecuencias del paso del tiempo. Cómo Él vive durante todo un año de un recuerdo, de la promesa que Ella le hace de reencontrase en Marienbad, abandonar a su marido y marcharse con él el próximo verano. Y como Ella, impasible y despreocupada durante todo ese año, se olvida fácilmente de su promesa, de Él, del verano pasado y de todos los veranos pasados. En las dos conductas encuentro, sin embargo, la misma sensatez. La del obsesivo monomaníaco si remedio que se puede pasar un año, y hasta la vida entera, viviendo de unas palabras, carcomido por rencores irrisorios o frustraciones sexuales-sentimentales, da igual la razón, y la del amnésico que avanza junto al calendario, dejando atrás los días tachados con cruces, impasible a un pasado ya inexistente y caduco.
En muchas de estas situaciones, como nos cuenta tan bien Resnais, el obseso aparece de repente, impecable y fosilizado durante un año, reproduciendo exactamente las mismas palabras que, en esta ocasión, la amnésica dijo el pasado verano. El tiempo no ha pasado para él, porque lo ha estado perdiendo en recordarla a ella. Y ella, que se ha dedicado a tachar en rojo los días en el calendario, no recuerda ya absolutamente nada.
Pero olviden ustedes este diminuto discurso mío, táchenlo del color que más les guste y aprovechen su tiempo viendo la película. No se olviden.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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may 25 2011

Father and daughter: Poesía visual verdadera

Este es el bonito cortometraje que le regalé hace ya años a mi amigo W, un misterioso chico del que no supe su nombre hasta años después de conocerle y con el que mantuve una extraordinaria amistad, más espiritual que física, el otoño de 2.006 en que nos encontramos en estado lost in translation por las avenidas de una gran ciudad.
La indescifrable trama existencial que mi amigo W me trataba de dar a entender cada tarde mientras yo lo escuchaba en pijama y reclinada en la pared, la guardé en secreto durante todos estos años. Esta es la forma más discreta y metafórica que encontré para revelarlo:
Father and daugther es la historia de un padre que se marcha y una hija que lo espera toda su vida. A lo ancho del río, el padre navega hacia una orilla dejando a su hija a la espera en la otra. Cuando anochece, la hija, cansada de esperar, recoge su bicicleta y se marcha camino a casa.
Al amanecer, la niña vuelve con su bicicleta a la orilla, pero al no encontrar rastro del padre, vuelve de nuevo a casa.
Todos los amaneceres de todos los días, semanas, meses, estaciones y años, la niña, adolescente, mujer, y anciana al fin, acude en una bicicleta cada vez más gastada a la orilla del río dónde espera reencontrarse con el padre. Incansable, contra tempestades en invierno, tórridos veranos y pendientes insufribles, el esqueleto de la anciana hija arrastra la bicicleta hasta la orilla, la estaciona a un lado del camino y, decide, como un último intento y sin nada ya que perder, cruzar ella misma el río. Un río ahora seco y arenoso en dónde encuentra la embarcación del padre hundida en arena. La hija se recuesta, abatida, sobre la barca, hasta abrir los ojos y divisar al padre a lo lejos. Los dos se abrazan por fin, juntos, al otro lado del río.
Junto al merecidísimo oscar a Michael Dudok de Wit y los acordeones de The Danuve Waves, yo destacaría, y agradezco de verdad, la falta de efectos 3D, la verdadera estética de poesía visual de la que pocos realizadores logran convencerme y el esperanzador mensaje de alivio que dejan sus imágenes finales. Imágenes que yo regalé a W para que recordase justo unos segundos antes de rendirse, para que ni pendientes ni tempestades fueran obstáculo en su camino hacia la orilla. Porque, al fin y al cabo, vivimos sosteniéndonos en vilo a nosotros mismos, llevando el peso de un número limitado de huracanes, tifones y tramas indescifrables por entre las esquinas del mundo. Y de nada sirve preguntarse si es triste o feliz nuestra existencia. Sea lo uno o lo otro, todo se basa en el incesante empeño de llegar hasta el final, cuando la precisa búsqueda se calma con el preciso hallazgo.
© Del Texto: Sonia Hirsch
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may 19 2011

Historia de O: Inundación erótico-velada

Material inadecuado para algunos usuarios, dice youtube de esta película cuando intento buscar algún pedazo de ella. Parece que la violencia y el mal gusto están mejor vistos que la naturalidad sexual en 1.975. Yo confieso que Internet no me interesa especialmente, y que, por suerte, cuento con una videoteca y biblioteca que me basta hasta, algunas noches, desbordarme.
Historia de O es una de esas noches de inundación erótico-velada, explosivo-fija, mágico-circunstancial. Un cataclismo sentimental que recomiendo en todos los casos y todas las tendencias sexuales sean las circunstancias que sean.
O no es más que la inicial de una mujer que decide adiestrarse en las prácticas sadomasoquistas guiada por su amante René, aparentemente por amor, pero que a mí me suenan a excusas del 75. Sometida a todos los caprichos y mandatos de su amante, O experimenta todos los ejercicios del Marqués de Sade, desde ser amordazada, golpeada violentamente y denigrada dentro de un alo de misterio y depravación que va in crescendo cuando, por órdenes de su amante, comienza una relación de dominación-sumisión con Sir Stephen, que la instruye en el lesbianismo y el sometimiento a otras mujeres, intercambiándose los roles entre ellas mismas.
O, que acaba rindiéndose definitivamente al BDSM, y despreciando a su primer amante, René, acaba seduciendo a su propietario, Sir Stephen, hasta conseguir someterlo apagando su cigarrillo en la mano de éste.
En este tipo de relaciones sexuales, eliminadas del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, dónde el estar arriba o abajo no tiene importancia porque, durante un buen rato, no se sabe muy bien dónde se está, es importante, desde mi punto de vista, delimitar muy bien la línea de lo personalmente nocivo. Con personalmente nocivo, que marco claramente en cursiva, quiero decir que cada uno de nosotros tiene una frontera personal, sentimental, y, en este caso, sexual, que no debería de violar nunca.
Seguramente, mi vecina C, con sólo la mitad de las prácticas sexuales de O hubiese acabado de enferma crónica en cualquier pabellón psiquiátrico. Pero si mi vecina C se inyecta una noche una buena ración de alucinógenos y disfruta practicando el BDSM durante esa madrugada, puede que lo que a mi vecina C le ocurra es que esté infectada de ese microbio fastidioso vulgarmente llamado Prejuicio que brota siempre al amanecer, a la hora de la ducha, cuando ya es tarde para flagelaciones y sólo queda un listín telefónico para buscar el psicoanalista más cercano.
Todo es saludable y conveniente cuando uno disfruta de ello sin alucinógenos, freudismos ni entaponamientos.
En lo aberrante encontramos deleite y placer en lo más detestable. Cada día descendemos un paso al infierno, sin horror, entre tinieblas que apestan (Charles Baudelaire).
© Del Texto: Sonia Hirsch


may 16 2011

Star Wars: El imperio contraataca

Tras la destrucción de la Estrella de la Muerte, Luke y sus amigos se ven obligados a huir incansablemente de la persecución por parte de las hordas imperiales; en su periplo se encontrará con muchísimos problemas; empezará su entrenamiento Jedi a manos de Yoda; y será testigo de una gran verdad que se le tenía oculta hasta ahora. No hace falta decir que todo lo que diga aquí, ya estará escrito en miles de sitios web, libros, conferencias y más, hasta la saciedad.
Lo más importante es saber por qué es la más importante de toda la saga. Dicho de otro modo, el viaje iniciático de Luke que tanto éxito tuvo en su principio empieza a naufragar en esta secuela, una época oscura de la que muchos podríamos hablar y haber vivido, esa época en la que todo es pura inestabilidad. Por eso, no es de extrañar que se usen elementos para enfatizar esa inconsistencia, ese vacío que todos los personajes del film viven. Un planeta que es un desierto helado (Hoth), un campo de meteoritos que va y viene, un planeta (Dagobah) que es una ciénaga gigantesca con una espesa niebla y con monstruos de variada índole, una ciudad en las nubes sustentada por una columna fínisima, el Halcón Milenario falla, los personajes están irascibles, todo se estropea y sale mal, y así un largo etcétera de elementos fríos, un vaivén de claros-oscuros donde Luke y el resto de personajes se encontrarán a sí mismos.

Nuestro aprendiz de Jedi, como cualquier otro joven será instruido en el arte de la espada y el poder de la Fuerza por un nuevo maestro, Yoda. Allí descubrirá en compañía de este nuevo amigo que no todo es lo que parece ni cómo se lo han contado, empezará a ver el mundo de otra forma, a sembrar una cierta madurez, a entender qué es lo importante: si él y su egoísmo, o su amistad con Han, Leia, RD-D2, C-3PO y Chewbacca. Y también descubrirá, que todo hijo no es más que un reflejo de su padre, como se detalla en la magnífica e importante paradoja que es la escena donde Luke se enfrenta al espejismo de Vader, el chico le corta la cabeza y descubre que es él mismo. Todo para sembrarnos esa gran verdad que traspasó las pantallas de medio mundo allá por el año 1980, donde Darth Vader le revelaba a Luke: Yo soy tu padre.
Es una historia donde lo que prima es esa desilusión y desencanto cuando te enfrentas con la realidad, cuando descubres que la verdad que a uno le habían contado no era la verdad, o era la verdad, pero a medias. ¿Quién no puede haberse sentido traicionado cuando lo que uno tenía idealizado descubre que no es tal?
En otro orden de cosas, el equipo técnico del film es totalmente modificado y George Lucas queda relegado a labores producción y supervisión, eso sí, a día de hoy, y sin que me tiemble el pulso, voy a decir que gracias a la dirección de Irvin Keshner, y el guión del buen Lawrence Kasdan se llevó a buen puerto esta space ópera. Solo hay que ver las películas que ha dirigido/escrito en solitario el tio Lucas para darse cuenta de ello (sí, las últimas tres de esta saga, donde su ego masturbatorio ha llegado a cotas altísimas, y poco más). Técnicamente, ahora para muchos no será gran cosa, pero un servidor se sigue maravillando con todos los elementos en pantalla; sabes que los personajes están ahí, que hay decorados reales y construidos por expertos en escenografía, y no todo se reduce a meterlos en un chroma a hacer piruetas. Hay una historia, y los efectos se ponen a su disposición (no al contrario, como pasa mucho ahora), la música de John Williams es una jodida maravilla de principio a fin.
En definitiva, hay muchísimo por hablar de esta película, pero siempre nos quedarán grandes escenas como la de Yoda levantando con su poder el X-Wing hundido de Luke; la pelea final entre Darth Vader y Luke al borde del abismo; los sarcasmos de Han y Leia; la congelación en carbonita de Han Solo; el gusano del meteorito; los AT-AT invadiendo Hoth…
Es un maldito clásico (muchos de esos que van de intelectuales ya quisieran haber hecho lo mismo), guste o no, las aventuras, como la ciencia ficción o el terror, siempre hablan de nuestra realidad, no todo se reduce a un mero pasillo de esperpentos y situaciones variadas sin ton ni son. Es un prejuicio tan estúpido y tan tópico como que los Western son solo películas de indios y vaqueros o que la animación es tan sólo cosas de niños. Todo depende de nuestra capacidad de percepción para ver más allá de lo que se nos pone en una pantalla plana.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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may 15 2011

The Omega Man: Estereotipos sociales desfasados

Un hombre viejo y solitario recorre las calles de la ciudad Los Ángeles, una urbe aparentemente muerta, desierta cuando, de repente, detiene su bólido rojo, saca una ametralladora del asiento del copiloto y dispara a lo que vislumbra como una sombra huidiza entre las ventanas de un edificio. El hombre es el coronel y científico Robert Neville, un tipo que vive sus últimos días intentando sintetizar una vacuna que él mismo creó tiempo atrás, pero que, tras el azote de la plaga que convertía a los seres humanos en otra cosa, no ha podido volver a crearla por falta de recursos y medios. Un día, por casualidad, se encuentra con una mujer llamada Lisa; a partir de entonces Neville descubrirá que no está solo y que hay más como él en un mundo en el que apenas quedan esperanzas.

Interesante propuesta y primer remake de El último hombre sobre la Tierra de Vincent Price, que se basa en la novela Soy Leyenda de Richard Matheson (de la cual se hizo una versión hace un par de años, con Will Smith, y que podríamos definir como el segundo remake), el director Boris Segal en trabajo conjunto con los hermanos Corrington al guión, consiguen un estrafalario y delirante film que surge como una burla a todo el movimiento alternativo, que no contracultural,  que surgió, vivió y murió en la década de los 60: los hippies. Y entiéndase estrictamente contracultural como al acto de aislamiento de todo tipo de civilización y sistema, una utopía en sí mismo, pues el hombre generalmente tiende a socializarse, y por ese proceso de socialización, el hombre adquiere cultura. Por lo tanto, utilizaremos el término alternativo para denominar a los hippies, y entiéndase como alternativo a un movimiento contra el sistema, pero que vive bajo el sistema. Porque eso ha sido el movimiento hippie, y se ha visto con el paso de los años, no era más que una forma más de llamar la atención, promulgar unos valores (¿hedonismo? Ja, ¿paz? Ja, ¿amor y libertad? Ja), generar un movimiento, y en consecuencia, como todo, ganar dinero. Muchos de esos hippies, hoy, son grandes empresarios que dominan el mercado y hacen lo mismo que las personas contra las que luchaban en esos años. Hipocresía barata y de manual. Y luego están los supuestos iconos rebeldes, pero que mueven masas ingentes de dólares, sea Pink Floyd, sea John Lennon, sea Jefferson Airplane. Hoy, los podemos llamar pseudo-rebeldes. ¿Qué rebeldía hay cuando se establece todo un mercado de merchandising, esto es, tener tu banderita de Bob Marley, una camiseta con el Che Guevara, tu taza con la imagen de Jimi Hendrix, o tu chapa de Bob Dylan?
De hecho, una de las primeras paradas de Neville es un cine donde se proyecta el archiconocido festival de Woodstock, donde un hippie sale en pantalla y dice Vaya, esto es realmente hermoso, pues, ¿sabe?, tiene que darse cuenta del cambio experimentado en los últimos tres días, sólo hay que ver, hay que comprender, hay que comprender lo que es realmente importante, la imagen que vemos es la de un Neville solitario en el cine, viendo masificaciones de gente bebiendo, drogándose, divirtiéndose de una forma hedonista mientras repite las últimas frases en un tono de sarcasmo, por lo pueril y banal de todo aquel movimiento alternativo.

Por eso no es de extrañar, que los infectados, en sus más que múltiples diálogos terrenales y primitivos, condenen aquel hombre estudioso, ilustrado, con juicio crítico propio. Pues, como todo movimiento, hablamos de masas, y las masas promulgan discursos, valores y luego se hace todo lo contrario, porque todo movimiento lo que quiere es hacerse con el poder, de una forma u otra. Como dice el líder de los infectados en un momento dado del film, donde atrapan a Neville: Apesta a combustible, está envuelto en el olor de los cables eléctricos, es un inútil, aquí ya no hay sitio para él. A lo que todos los súbditos responden al unísono con un . La ironía de todo ello, es que los infectados se denominan a sí mismos como La familia, y el hecho de condenar a Neville a la hoguera con un capirote, dice mucho de la visión que ya se tenía en el 71 de lo que era el movimiento hippie: una forma más de negar la individualidad y el conocimiento, el pensamiento propio a favor de un pensamiento homogéneo y colectivo. Sin embargo, a medida que transcurre el film, se nos demuestra que un nuevo futuro es posible para las nuevas generaciones, que no todo está condenado a ser una masa hipócrita sin cerebro, ya que Neville cuando es conducido por Lisa hasta un refugio, sólo encuentra niños y niñas a la espera de una esperanza que les ayude a seguir adelante en un mundo loco, incomprendido, salvaje, un mundo que ha sucumbido por sus errores. A destacar también ese temor de la época entre el bloque soviético y el occidental, estamos hablando de la Guerra Fría en todo su apogeo (y del que se alude en momentos del film).

A pesar de lo estrambótico y desquiciante del asunto, la película hace estragos en el desarrollo de personajes y situaciones, y es una montaña rusa con sus bajadas y subidas que no acaba de cuajar del todo, ni siquiera en ese final ultra-religioso con un Neville con alardes de Jesucristo que salva a la humanidad gracias a su sangre, aunque inevitable. Siguiendo con el guión, está lleno de frases lapidarias cojonudas aunque desternillantes, con unos infectados que son los que son, hippies chutados de LSD hasta las trancas, y un Charlton Heston como protagonista que llena la pantalla con su sola presencia y mala leche. Técnicamente normalita, levantando las expectativas en sus primeros minutos, no así en el resto del film donde decae hasta límites insospechados, con una fotografía que no llama nada la atención, salvo por el tono gris constante, no llegan a terminar una historia que en manos de un guión más cuidado y una mejor dirección hubiera sido una película más grande que la serie b que tenemos entre manos.

En conclusión, Robert Neville (o Charlton Heston, como prefieran) descubre que estaba tan solo como también lo pensó Robinson Crusoe. Y cuando vio lo que le rodeaba, prefirió morir. No me extraña nada, yo también lo haría a estas alturas con tanto snob, gafapasta, pseudo-rebelde que va de rebelde, pseudo-intelectuales que van de dioses sobre la Tierra, perro-flautas y demás entes sin personalidad que van de una cosa, piensan otra diferente, y hacen todo lo contrario. El movimiento hippie no es más que una farsa, lo mismo que los góticos, punks, metaleros y muchos más; todos están en el sistema, no contra el sistema. Hoy más que nunca, vemos sus efectos, sus incomprensiones, sus contradicciones. Así nos fue, y así nos va. Solo hay que ver, y comprender.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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may 15 2011

Atmósfera Cero: Solo ante el peligro en Io

La luna de Júpiter Io es una colonia. Allí un buen número de hombres y mujeres trabajan en la extracción de mineral. Allí pasan las mismas cosas que podrían pasar en la tierra. Hay mineros, médicos, policías, jefes, malos, buenos, putas, maltratadores, drogadictos y camellos.
Un nuevo jefe de policía, O’Neil (interpretado por un excelente Sean Connery) llega a la colonia minera Con-Am 27. Han sucedido cosas de las que nadie quiere saber nada. Él sí. Comienza a investigar con el único apoyo de la doctora Lazarus (Kika Markham). Y se ve inmerso en un lío morrocotudo en el que tendrá que jugarse la vida cada minuto.
Atmósfera Cero es la versión espacial de Sólo ante el peligro. Es una película de buenos y malos, de sensatez frente a locura, de tranquilidad frente a violencia, de inteligencia y maldad. Es una película muy entretenida en la que se nos muestra una sociedad carente de valores, de la humanidad que debería estar por encima de cualquier otra cosa. Una película de policías que atrapan a cacos, drogadictos y delicuentes de guante blanco.
La puesta en escena es, francamente, buena. Los escenarios; repletos de jaulas en las que viven tumbados los habitantes del centro minero, los lugares oscuros y peligrosos, rodeados de un espacio exterior mortal; están diseñados con acierto y muestran la idea del director Peter Hyams (guionista también) sobre el futuro de una sociedad desestructurada y vacía. Los efectos especiales y visuales tienen una importancia extraordinaria. Están muy bien logrados (ahora se quedarían cortos como casi todo en el mundo).
Desde un punto de vista narrativo, la película se estructura alrededor de la trama que avanza sin estruendos aunque con ligereza. Tal vez, el personaje de O’Neil queda algo apagado si le alejamos de la acción. Eso no debería ser así puesto que todo podría vaciarse de sentido, pero cuela entre persecuciones y disparos (la falta de construcción de los personajes se sitúan en la frontera de lo permitido). El ritmo es ágil y la resolución de la trama, aunque predecible, cierra bien el relato.
La ciencia ficción sirve para explicar, no lo que sucede en las estrellas, sino para lo que sucede aquí. Atmósfera Cero lleva a cabo esa misión más que bien. Aunque algo exagerada en algún momento, merece la pena verla.
Buen viaje hasta Io.No tomen nada que les ofrezcan allí si no saben lo que es con exactitud.
© Del Texto: Nirek Sabal.


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may 15 2011

La piel suave: Un recorte de periódico

En la página de sucesos de un periódico francés se anunciaba un crimen pasional ocurrido en una cafetería céntrica de París. Por lo visto, el conocido novelista Pierre Lachenay fue sorprendido cuando se disponía a tomar su aperitivo y asesinado por su propia esposa con un rifle que ésta llevaba envuelto bajo la gabardina.
Según fuentes secretas, los hechos se remontan a unos meses atrás cuando el famoso escritor volaba a Lisboa a dar una conferencia sobre Balzac y conocía a Nicole, una joven azafata de vuelo que le acompañaría en todo su viaje.
El famoso escritor, de carácter fantasioso y sensible, se dejó llevar por las bonitas medias de Nicole, sin darle mucha importancia a esta relación tan tierna e inmadura de fondo literario e idílico que poco tiempo después le llevaría a un fin catastrófico y desgraciado sin remedio.
A su vuelta de Lisboa, Pierre y Nicole continuaron su relación a escondidas de Franca, esposa de Pierre.
La Señorita, niñera de la pequeña Sabine, hija de Pierre y Franca, ha confesado que notó cierto nerviosismo en Franca los días previos al crimen, pero que se lo achacaba al reciente divorcio del matrimonio, cuando Pierre decidió largarse definitivamente con Nicole a un bonito apartamento.
La Señorita dijo no saber absolutamente nada de este idilio porque ella y Sabine se mantenían muy distantes del matrimonio, centrándose en las tareas escolares de la niña y en probar los modelos de trenza que copiaban de Vogue.
Cuando Pierre llamó a Nicole para darle la sorpresa de su inminente divorcio, quedó con ésta en el bonito apartamento que había elegido para residir juntos. Según los ancianos vecinos del 2ª Izquierda, que, aglutinados en la pared, escucharon toda la conversación, Pierre propuso ilusionado a Nicole la nueva vida que les esperaba juntos y la libertad de que disfrutarían en adelante sin más nadie que ellos mismos. Pero, sorprendentemente, Nicole rechazó la oferta porque se sentía mucho más atraída por la vida del frenesí y la aventura más que por una monotonía matrimonial demasiado comprometida para su corta edad.
Pierre, defraudado y patidifuso por la reacción de Nicole, abandonó enseguida el apartamento y buscó una cabina telefónica para llamar a Franca. Pero la Señorita le informó de que la señora Franca acababa de salir a la tintorería, así que Pierre dejó el recado de que esperaría a Franca en un café. Era un asunto urgente.
Según la Señorita, el señor Lachenay habló en un tono muy exaltado, atreviéndose, incluso, a confesar que le pareció que el señor Lachenay buscaba, urgentemente, una reconciliación con Franca.
Cuando Franca descubrió en la tintorería el resguardo de revelado de fotos que Pierre tenía en el bolsillo de su americana, se dirigió inquieta a la misma tienda de fotografía a recogerlas.
Mientras Pierre esperaba impaciente en el café, convencido de volver con Franca a la seguridad matrimonial olvidándose de más amoríos desenfrenados, Franca ojeó por las avenidas las cientos de fotos apasionadas de Pierre y Nicole durante los últimos meses, se dirigió perturbada a casa y cogió un rifle del armario que envolvió en periódico y escondió bajo su gabardina.
Los numerosos testigos que merendaban en el café dónde esperaba Pierre, coincidieron en la misma versión:
Una mujer con gabardina beige entró repentinamente en el café, inexpresiva y decidida se acercó al hombre que merendaba en la mesa del fondo, y, sin dejarle pronunciar una sola palabra, arrojó un puñado de fotografías sobre la mesa, disparándole inmediatamente al hombre con un rifle que sacó de su gabardina. El cuerpo muerto de Pierre cayó sobre las bucólicas fotografías y la mujer se dejó caer serena y sonriente a la espera de la policía.
La piel suave fue un recorte de periódico escrito y dirigido por el más maravilloso cronista de sucesos y el hombre con el que me hubiese casado solo para hablar de El lirio en el valle y otras maravillas de BalzacFrançois Truffaut.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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may 14 2011

El ascensor: Antiguo terror, terror de siempre

En 1.983, Dick Maas escribió un guión, compuso música para acompañarlo y rodó una película con todo el material.
Es una película que no ha envejecido bien del todo. La estética se quedó anticuada hace ya algunos años; la música (mezclas electrónicas a base de sintetizadores) lo mismo;  la idea se vio superada a los diez minutos gracias a los formidables avances informáticos; el vestuario y la peluquería quedan muy lejos de cualquier tiempo conocido; y la puesta en escena se ha quedado reducida a lo que prodíamos llamar cine de serie k.
Sin embargo, el espectador está obligado a entender que estas cosas ocurren con mucha frecuencia y que, dependiendo de lo que se ve, ha de cambiar la forma de entender las cosas. Dicho de otra forma, todo lo que apuntaba antes es relativamente importante. Sólo relativamente.
La idea de Dick Maas es aterradora, agotadora y preocupante. El ascensor es un lugar que causa cierto temor a muchos. Pero, además, todo lo que sucede dentro de uno de ellos huele a tragedia si algo va mal. Si añadimos accidentes horribles e inexplicables que tienen que ver con la cabina y misterio alrededor de los objetos y los personajes, el asunto se pone más que interesante. Una vuelta de tuerca más la podemos dar al introducir niños y personas ciegas o a un personaje que enloqueció por algo relacionado con el ascensor. Y eso lo sabía bien el señor Maas.
No se trata de un gran guión. Alguien que entienda mínimamente de esto verá los trucos narrativos con facilidad. Tampoco cuenta nada del otro mundo. Todo es, más bien, superficial. La fotografía es mediocre. Las interpretaciones de Huub Stapel, Willeke Van Ammelrooy y Josine Van Dalsum, rozan lo histriónico. Pero, sin embargo, la película se deja ver. Parece mentira, pero es así. Resulta intrigante, entretenida y el rato que dura la proyección pasa con rapidez.
Muertes violentas, situaciones cómicas, momentos completamente ridículos, una pizca de sexo, conflictos internos y externos de los personajes (que unas veces cuelan y otras no). En fin, una película más. Una película que se deja ver y poco más. Eso sí, los amantes del cine de terror encontrarán en ella una mina. Porque se pueden criticar muchas cosas, pero la vocación del director es clara y hace lo que quiere hacer.
Intenten pasar el rato con ella. Excepto los que tengan problemas con los ascensores, claro. No volverían a subir o bajar en uno de ellos.
Niños no. Se ven escenas duras y poco apropiadas.
Ya me contarán.
© Del Texto: Nirek Sabal


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may 13 2011

Hellraiser: Relaciones sadomasoquistas

No hace falta decir que Hellraiser de Clive Barker fue una de esas obras que, tras casi 25 años, ha seguido cosechando éxito, ya sea por su estética única, su argumento más que paradójico, o por todo el merchandising generado a raíz de ello.
La historia se inicia en un café donde un hombre le vende a otro, un tipo llamado Frank, una misteriosa y enigmática caja. En cuanto Frank llega a su piso, empieza a manejar dicho objeto, rotarla como si de un cubo de Rubik se tratara, desencadenando la apertura a un mundo subyacente, a otra dimensión, a un lugar que dominan los Cenobitas, unos seres de ultratumba y completamente deformes, engendros con estética y valores sadomasoquistas. Estos, en su afán por poseer toda alma que abre su mundo, se llevan el cuerpo de Frank de la manera más sangrienta posible, mediante unos ganchos que salen del infinito y traspasan su carne hasta convertirlo en simple carnaza. Tiempo después, a la casa abandonada que dejó Frank, llega su hermano Larry (Andrew Robinson, muchos lo reconoceréis como el Sr. Scorpio del film Harry el sucio) con su pareja Julia y su inocente hija Kirsty. En plena mudanza, Larry se hace daño en la mano con un clavo, provocando un derramamiento de sangre en la misma habitación donde su hermano fue absorbido por los entes del más allá, lo que hará traer de vuelta a Frank desde el inframundo, eludiendo la justicia divina de los Cenobitas. Obviamente, faltan detalles como que en un principio Larry, Julia y Kirsty son la aparente y típica familia feliz que pretenden tener un nuevo futuro. Pero con el desencadenante que provoca Larry y su sangre, Julia se verá arrastrada a revivir fantasmas de su pasado, esto es (y por casualidades del destino), sus deslices con Frank. Todo ello hará que los Cenobitas vayan detrás de Frank, que Julia se someta a éste y se deje manipular como ya hacía en sus encuentros con él, y que Kirsty acabe harta de todo y de todos.

Es interesante ver cómo a través de una propuesta tan, aparentemente, estrafalaria, se puede hacer apología del feminismo más puro y duro. Datos a tener en cuenta antes de llegar a tal conclusión: Tenemos una mujer casada (Julia) con un panoli de poca personalidad aunque inofensivo (Larry), que vivió mucho antes deslices con el hermano de éste, Frank, un tipo violento, manipulador, machista, mentiroso y todo tipo de apelativos insultantes que se me puedan ocurrir, un hijoputa como dirían muchos. Y en medio de todos, esta Kirsty, una niña a punto de convertirse en toda una mujer que tendrá que dejar todo eso atrás. Es curioso comprobar que la historia siempre se repite, ya sea hace 20 años o ahora, Clive Barker nos muestra a unos personajes faltos de futuro, traumatizados por su pasado, acomplejados, donde las relaciones sentimentales no dejan de pasar factura a cada paso que se da. Critica, a través de una sátira que podríamos calificar como gore, lo que llegan a ser ciertas relaciones de pareja, es decir, como un acto sadomasoquista. Esto es, mujer conoce a un tipo decidido, dominante y violento, ella se somete a sus deseos, convirtiéndose en una mera muñeca sin alma, en un momento dado ella llega a tener voluntad para terminar todo aquello. Lo peor viene después, que es donde se genera ese síndrome de dependencia que la mayoría conocemos, que es cuando uno puede escuchar frases tan absurdas y esquizoides como cuando estoy sola lo echo de menos, y cuando está acompañada de su hombre (nótese mi sarcasmo a este prototipo de tíos), es un cabrón sin sentimientos. Y así se sucede un ir y venir, donde se sufre, se llora, se cree ser feliz, se cree ser lo peor, pero en realidad lo que sé, y lo que sabe Clive Barker, es que es un acto de completo y estúpido sadomasoquismo. El personaje de Julia son todas estas ataduras psicológicas y sádicas. El personaje de Kirsty es todo lo contrario, buscará su propio yo en el mundo, la libertad y su lucha por derrumbar toda esa ambigüedad.

Para llegar a tal apología del feminismo, Clive Barker utiliza el personaje de Kirsty como el eje principal de su narración, donde dicho personaje pasará de depender de sus padres, a desvincularse de todo aquel mal que éstos han generado. En resumidas cuentas, lo que se dice en el film es que para romper con todo el círculo vicioso que nos joderá de por vida, ya sea físicamente y lo más importante, psicológicamente, hay que hacerlo de manera agresiva, radical, cortante. Empezar desde cero, sin vinculaciones de ningún tipo, sin nada de lo que depender, NADA. Sólo así, y de manera utópica, las siguientes generaciones podrían tener su propio futuro, sin ataduras ni vínculos familiares, porque la familia es el origen de lo que nos hace como somos. Y el hecho de que sea una mujer el que lo haga, ya dice mucho de los tiempos que vivimos, aunque no se quieran ver, y el realizador nos lo muestra desde una visión tan personal como también lo podría ser Bertolucci con El último tango en París.
En otro orden de cosas, el apartado técnico es discreto, una película relativamente barata y modesta que costó un millón de dólares de la época y ha generado más de 20, gracias a su ambientación, bastante conseguida, y sobretodo por la estética medio punk, medio sado que tanto se valoraba y estaba de moda en la década de los 80. Un uso de la música bastante adecuado a cada momento y lo suficientemente destacable por parte del  compositor Christopher Young, un autor acostumbrado a este tipo de productos y a peliculas de serie b, así como una realización notable a pesar de ser la primera película de este polifacético director, Clive Barker (también escritor, filósofo y dibujante, con mundo propio y toque característico; incluso videojuegos llevan su sello), logran completar un film que se convirtió en todo un icono de los 80.
Asi que, dejad de ser masoquistas, y desvincularos de aquello que os hace mucho mal. Que ya es hora de un nuevo principio.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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