may 31 2011

Sin Identidad: Mil veces contada aunque parece nueva

Esta historia ya está contada. Más de una vez. Y no aporta nada nuevo salvo una habilidad narrativa muy interesante. Sin identidad parece que se fuera a vaciar de sentido en tres o cuatro momentos del metraje (la justificación de lo que sucede parece frágil en exceso), pero el guionista logra dar un giro que salva los muebles y lanza el relato un poco más allá. Quizás esto pudiera parecer una chapuza narrativa aunque no lo es. Cada registro utilizado es el adecuado y el uso que se hace de ellos es preciso. Otra cosa es que todo siga siendo previsible porque ya es conocido. Incluso los tópicos son repetidos. Pero eso es harina de otro costal.
Jaume Collet-Serra llamó la atención con sus cortos y se ha fabricado un hueco en el mundo del cine gracias a su buen hacer. No le han regalado nada a este realizador. Su cine rebosa conocimiento por los cuatro costados. No es que Sin identidad sea un peliculón, pero Collet-Serra saca petróleo de un pozo casi agotado. Con un guión de primera este hombre logrará dar la campanada. No le faltan cualidades para conseguirlo.
Sin identidad cuenta la historia de un hombre que llega a Berlín con su esposa para participar en un congreso científico. Su maletín se extravía en el aeropuerto y debe regresar desde su hotel. Por el camino sufre un accidente de tráfico y pierde la memoria. A partir de ese momento todo se complica de una forma casi delirante. El ritmo narrativo eleva su intensidad y no hay un solo minuto de tregua para los personajes. Por supuesto, los espectadores corren la misma suerte. Ese es uno de los grandes logros de la película puesto que se trata se una historia más que narrada. Pero el director mezcla unos efectos especiales y visuales notables, con una dosificación de la información muy correcta (no hace trampas en ningún momento y eso es de agradecer), apoyado en una dirección de actores correcta y una banda sonora que, sin ser nada del otro mundo, matiza mucho y bien cada secuencia.
Los actores defienden sus papeles con dignidad. Liam Neeson en su línea. O sea, bien. January Jones en la suya. O sea, más sosa imposible. Diane Kruger con sus limitaciones. Y Bruno Ganz estupendo como siempre. Ese actor es una garantía para cualquier director. El resto interpretan papeles menores.
Sin identidad es una película que aguantará más que bien los formatos caseros. Y será una opción estupenda para pasar la tarde de un domingo cualquiera frente al televisor. Es divertida y puede verse en familia. En las salas de cine tendrá una vida más corta que larga.
Cine enfocado al entretenimiento, sin grandes profundidades y bien hecho. Habrá que seguir la pista del director para saber de lo que es realmente capaz cuando pueda hacer lo que tenga en la cabeza.
© Del Texto: Nirek Sabal

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may 29 2011

El año pasado en Marienbad: La sensatez de todos

Hace ya más de un año, prácticamente desde que existe este blog, que tenía ganas de dejar alguna huella de El año pasado en Marienbad por aquí, pero, con miles de excusas inexcusables he ido postergándolo hasta un año más tarde en que me he sentado frente a un documento en blanco y un ventilador sin saber muy bien qué decir, cómo difundir esta  película-emblema de la modernidad con sus obsesiones, sus siluetas inmóviles, losas de piedra, galerías de otro siglo, estucos, plumas, mármoles y espejos negros en ese balneario inmenso dónde la voz de Él retumba a cada rato repitiendo obsesivamente la súplica a Ella, la mujer a la que conoció en el mismo sitio hace exactamente un año y que prometió abandonar a su marido y marcharse con Él el próximo verano, suceso que ahora Ella no recuerda.
De esta película-bucle de Alain Resnais no pienso mencionar más que mi impresión y reflexiones sobre ella, saltándome todos los aspectos técnicos, omitiendo un montaje maravilloso, una soberbia dirección artística y una música que escucho compulsivamente y que me traslada sin remedio a Marienbad, un espacio sin tiempo, interminable. En los Cahiers du cinéma tienen ustedes toda la información técnica sobre la película, y, si no, también les recomiendo el libro El cine francés, 1.958-1.998 (Esteve Riambau).
Con toda la importancia que le doy a las formas y a la estética, y considerando el valor artístico tan evidente de esta película, he optado por escribir esta tarde una diminuta reflexión en medio de tanta inmensidad y sofisticación.
Por ejemplo, me llama la atención la forma en que Resnais nos cuenta las consecuencias del paso del tiempo. Cómo Él vive durante todo un año de un recuerdo, de la promesa que Ella le hace de reencontrase en Marienbad, abandonar a su marido y marcharse con él el próximo verano. Y como Ella, impasible y despreocupada durante todo ese año, se olvida fácilmente de su promesa, de Él, del verano pasado y de todos los veranos pasados. En las dos conductas encuentro, sin embargo, la misma sensatez. La del obsesivo monomaníaco si remedio que se puede pasar un año, y hasta la vida entera, viviendo de unas palabras, carcomido por rencores irrisorios o frustraciones sexuales-sentimentales, da igual la razón, y la del amnésico que avanza junto al calendario, dejando atrás los días tachados con cruces, impasible a un pasado ya inexistente y caduco.
En muchas de estas situaciones, como nos cuenta tan bien Resnais, el obseso aparece de repente, impecable y fosilizado durante un año, reproduciendo exactamente las mismas palabras que, en esta ocasión, la amnésica dijo el pasado verano. El tiempo no ha pasado para él, porque lo ha estado perdiendo en recordarla a ella. Y ella, que se ha dedicado a tachar en rojo los días en el calendario, no recuerda ya absolutamente nada.
Pero olviden ustedes este diminuto discurso mío, táchenlo del color que más les guste y aprovechen su tiempo viendo la película. No se olviden.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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may 25 2011

Father and daughter: Poesía visual verdadera

Este es el bonito cortometraje que le regalé hace ya años a mi amigo W, un misterioso chico del que no supe su nombre hasta años después de conocerle y con el que mantuve una extraordinaria amistad, más espiritual que física, el otoño de 2.006 en que nos encontramos en estado lost in translation por las avenidas de una gran ciudad.
La indescifrable trama existencial que mi amigo W me trataba de dar a entender cada tarde mientras yo lo escuchaba en pijama y reclinada en la pared, la guardé en secreto durante todos estos años. Esta es la forma más discreta y metafórica que encontré para revelarlo:
Father and daugther es la historia de un padre que se marcha y una hija que lo espera toda su vida. A lo ancho del río, el padre navega hacia una orilla dejando a su hija a la espera en la otra. Cuando anochece, la hija, cansada de esperar, recoge su bicicleta y se marcha camino a casa.
Al amanecer, la niña vuelve con su bicicleta a la orilla, pero al no encontrar rastro del padre, vuelve de nuevo a casa.
Todos los amaneceres de todos los días, semanas, meses, estaciones y años, la niña, adolescente, mujer, y anciana al fin, acude en una bicicleta cada vez más gastada a la orilla del río dónde espera reencontrarse con el padre. Incansable, contra tempestades en invierno, tórridos veranos y pendientes insufribles, el esqueleto de la anciana hija arrastra la bicicleta hasta la orilla, la estaciona a un lado del camino y, decide, como un último intento y sin nada ya que perder, cruzar ella misma el río. Un río ahora seco y arenoso en dónde encuentra la embarcación del padre hundida en arena. La hija se recuesta, abatida, sobre la barca, hasta abrir los ojos y divisar al padre a lo lejos. Los dos se abrazan por fin, juntos, al otro lado del río.
Junto al merecidísimo oscar a Michael Dudok de Wit y los acordeones de The Danuve Waves, yo destacaría, y agradezco de verdad, la falta de efectos 3D, la verdadera estética de poesía visual de la que pocos realizadores logran convencerme y el esperanzador mensaje de alivio que dejan sus imágenes finales. Imágenes que yo regalé a W para que recordase justo unos segundos antes de rendirse, para que ni pendientes ni tempestades fueran obstáculo en su camino hacia la orilla. Porque, al fin y al cabo, vivimos sosteniéndonos en vilo a nosotros mismos, llevando el peso de un número limitado de huracanes, tifones y tramas indescifrables por entre las esquinas del mundo. Y de nada sirve preguntarse si es triste o feliz nuestra existencia. Sea lo uno o lo otro, todo se basa en el incesante empeño de llegar hasta el final, cuando la precisa búsqueda se calma con el preciso hallazgo.
© Del Texto: Sonia Hirsch
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may 24 2011

Midnight In Paris: El encanto de algunos tópicos

Y empezamos con el habitual recurso de Woody Allen de la voz en off en boca del protagonista de este bohemio cuento de hadas, Gil (Owen Wilson), evocando nostálgicamente al París de los años 20. Y con la prometida pija poniéndole los pies en la tierra, porque ni loca se mudaría de California a París. Y como colofón a la introducción de la película, una serie de postales de París en su mayor esplendor.
Cuando se empezó a comentar que Midnight In Paris, la nueva de Allen, era la mejor película desde Match Point, apenas esperé dos días para ir al cine a verla, expectante y con muchas ganas de comprobar que el director por fin había superado esa racha de medias tintas que últimamente le venía caracterizando; pero, eso sí, sin saber absolutamente nada del argumento, y de casualidad que había visto el póster en algunas marquesinas.
Con esta expectación e incertidumbre no me pareció que la película comenzara muy bien, pero poco a poco, y porque los tópicos Woodyalienses enganchan, va cogiendo ritmo: Nunca nos aburriremos de ver la historia de la familia adinerada obsesionada por las compras, cenas y demás eventos y actividades de la clase alta, cuya hija está prometida con el antagónico novio, exitoso guionista de Hollywood, pero a la vez bohemio y resignado a vivir en el siglo XXI, que ve París como posible inspiración para su primera novela, cuyo protagonista trabaja, curiosamente, en una tienda de nostalgias. El contraste es obvio, y no huele nada bien; la situación es cómica y se acentúa cuando la pareja se encuentra con un matrimonio amigo de Inez, también californiano, dispuestos a acelerar el ritmo de viaje propio de la alta sociedad, en la que Gil se convierte en el cuarto en discordia. Por eso, la noche en que su prometida Inez y la otra pareja se van a bailar, Gil decide regresar caminando al hotel para reflexionar sobre su libro y acaba perdido en las escaleras de una iglesia en la que las campanas comienzan a tocar la medianoche.
Es entonces cuando comienza el cuento de hadas para Gil, que es invitado a subir a un coche antiguo y transportado hasta sus añorados años 20. En su primera noche, y para su asombro conocerá al mismísimo Scott Fitzgerald y su mujer Zelda, y a Hemmingway entre otros, porque a esa mágica noche le seguirán otras varias donde conocerá a los diversos personajes que convertían en esa época a París en la capital mundial de la cultura. Y por las mañanas despertará en su hotel de cinco estrellas del siglo XXI tan desconcertado y sorprendido como el propio espectador, cuestionándose el presente, el pasado y el futuro, reafirmando su amor por la capital francesa del siglo pasado, deseando que vuelvan a tocar las campanadas. Y es que ésta no es una historia de príncipes y princesas: es una fábula en toda regla, con los enredos propios de cualquier época, en la que el arte y la literatura, el charlestone y las cortinas de humo, no son más que adornos (bien conseguidos) del eterno inconformismo que vive el hombre en el día de hoy, de la melancolía por el pasado, de cuestionarse la identidad de uno mismo en los momentos que le ha tocado vivir.
Esta vez, Allen se mantiene constante en el desarrollo, incluso acelerado, según transcurre la película – como la vida misma – y consigue conectar con el espectador a través de un Owen que inspira ternura y mucha mucha empatía, que se ve atrapado en dos mundos, en cada uno de los cuales una mujer ocupa su corazón. En los años 20, una espléndida Marion Cotillard en el papel de Adriana (amante de pintores y escritores), tampoco se conforma con su época, y tras un par de encuentros con Gil, acaban una noche en la Belle Époque, de donde Adriana decide no regresar. Es entonces cuando nos damos cuenta de que ni siquiera nosotros estamos cómodos sentados en la butaca del cine, sonriendo como si nada ante esta nueva obra de Woody Allen, disfrutándola, pero llenos de insatisfacción cuando el cuento acaba y se encienden las luces.
Bien podría ser este un cursi relato, pero es el reflejo de todos aquellos que sentimos estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, de los que nos gustaría que los aires que corrieran fueran diferentes, pero al final no queda más que la resignación y la lucha personal e individual por alcanzar metas, lejos de los llamados sueños, y por encima de todo, de tomar decisiones propias cuyas consecuencias pueden ser determinantes y, quién sabe, si tener un alcance a largo plazo gratificante y sorprendente.
© Del Texto: Coletas


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may 22 2011

Sacrificio: Aceptar sociedades es imposible

La nostalgia, podría calificarse como la enfermedad anímica que nos produce la ausencia, sea de momentos, lugares o amantes, da igual. Es un sentimiento que aparece en brotes ocasionales en unos y como un estado anímico y persistente en otros. Pero en todas las ocasiones resulta una emoción triste y desalentadora sin antídoto.
Esta fue mi impresión de Sacrificio, la película que hizo Andrei Tarkovski con una infinidad de referencias a Ingmar Bergman, una exquisita imagen en un color casi blanco y negro, unos travellings casi imperceptibles, y, como argumento, una fe filosófica que yo comparto, mucho más, descrita con las formas suaves y delicadas de Tarkovski.
La película va al grano desde el principio cuando Alexander, un filósofo y autor teatral, le explica a su hijo pequeño, afónico y aquejado de amigdalitis, como cuidar un árbol nuevo para que florezca. El discurso existencialista de Alexander con su hijo regando el árbol, es una escena clave que va dando paso, con una suavidad extraordinaria, y con el cumpleaños de Alexander como fondo, a toda una historia dónde el tema primordial es, sin duda, la fe y el existencialismo y que termina en una catarsis absoluta.
Por la noche, en la celebración de cumpleaños, cuando los invitados están reunidos alrededor de la mesa, se comunica por televisión la noticia del comienzo de una tercera guerra mundial. La reacción de Alexander ante el suceso consiste en el sacrificio de ofrecerle a Dios todas sus propiedades materiales y sentimentales a cambio de auxiliar a un mundo insalvable y catastrófico del que reniega y deserta incendiando su hogar mientras su familia y amigos dan un paseo por el campo.
La escena final de incendio purificador con Alexander corriendo en pijama y sin zapatos alrededor de su casa en llamas, termina con los camilleros de la unidad psiquiátrica llevándose a Alexander en una vieja ambulancia y con un bonito plano de su hijo regando el árbol y hablando por fin.
Cuando veo esta película o cualquier otra de Tarkovski, o leo las ensoñaciones de Walter Benjamin, las meditaciones de Descartes o las del Quijote que en estos tiempos modernos de nuevas tecnologías y profundos trastornos mentales resultan tan anacrónicas, siempre, en cada línea, escena o ensayo, entiendo la misma premisa:
El hombre rinde al máximo de su capacidad cuando adquiere plena consciencia de sus circunstancias. Creo que en estos años de circunstancias tan modernas y maravillosas, la sociedad no hace más que agotar sus energías en vender una forma de administrarse, fortalecerse, pensar en general…, en una cultura colectiva, digital, humanitaria…, porque resulta algo muy frívolo y egoísta dedicar una gran parte de su energía  al enriquecimiento  de una vida y de un mundo mucho más íntimo e individual que exigiría procedimientos superiores, prohibitivos.
Las personas como Alexander o como yo, que no logramos aceptar nunca esta sociedad porque pensamos que todas las maravillas, innovaciones y prodigios de esta época tuvieron que estrecharse y encogerse algún día para pasar por el corazón de un hombre, un individuo, tenemos varias opciones: pegarnos un tiro en la sien, tirarnos por la terraza de un piso muy alto, inyectarnos una tonelada de benzodiacepinas o, por último, adaptarnos a un mundo en el que no hay un afuera dónde desertar.
Como uno no cuenta fácilmente con una pistola, vive en un piso muy bajo y sabe que para escapar a base de benzodiacepinas tendría que caerle a uno encima un camión farmacológico, pues uno acaba viviendo inadaptado, incendiando bonitas casas campestres y corriendo en pijama por los charcos. Con, eso sí, la completa seguridad de que este mundo tampoco logra adaptarse a nosotros, pero eso, a Alexander y a mí, nos importa un bledo.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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may 19 2011

Historia de O: Inundación erótico-velada

Material inadecuado para algunos usuarios, dice youtube de esta película cuando intento buscar algún pedazo de ella. Parece que la violencia y el mal gusto están mejor vistos que la naturalidad sexual en 1.975. Yo confieso que Internet no me interesa especialmente, y que, por suerte, cuento con una videoteca y biblioteca que me basta hasta, algunas noches, desbordarme.
Historia de O es una de esas noches de inundación erótico-velada, explosivo-fija, mágico-circunstancial. Un cataclismo sentimental que recomiendo en todos los casos y todas las tendencias sexuales sean las circunstancias que sean.
O no es más que la inicial de una mujer que decide adiestrarse en las prácticas sadomasoquistas guiada por su amante René, aparentemente por amor, pero que a mí me suenan a excusas del 75. Sometida a todos los caprichos y mandatos de su amante, O experimenta todos los ejercicios del Marqués de Sade, desde ser amordazada, golpeada violentamente y denigrada dentro de un alo de misterio y depravación que va in crescendo cuando, por órdenes de su amante, comienza una relación de dominación-sumisión con Sir Stephen, que la instruye en el lesbianismo y el sometimiento a otras mujeres, intercambiándose los roles entre ellas mismas.
O, que acaba rindiéndose definitivamente al BDSM, y despreciando a su primer amante, René, acaba seduciendo a su propietario, Sir Stephen, hasta conseguir someterlo apagando su cigarrillo en la mano de éste.
En este tipo de relaciones sexuales, eliminadas del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, dónde el estar arriba o abajo no tiene importancia porque, durante un buen rato, no se sabe muy bien dónde se está, es importante, desde mi punto de vista, delimitar muy bien la línea de lo personalmente nocivo. Con personalmente nocivo, que marco claramente en cursiva, quiero decir que cada uno de nosotros tiene una frontera personal, sentimental, y, en este caso, sexual, que no debería de violar nunca.
Seguramente, mi vecina C, con sólo la mitad de las prácticas sexuales de O hubiese acabado de enferma crónica en cualquier pabellón psiquiátrico. Pero si mi vecina C se inyecta una noche una buena ración de alucinógenos y disfruta practicando el BDSM durante esa madrugada, puede que lo que a mi vecina C le ocurra es que esté infectada de ese microbio fastidioso vulgarmente llamado Prejuicio que brota siempre al amanecer, a la hora de la ducha, cuando ya es tarde para flagelaciones y sólo queda un listín telefónico para buscar el psicoanalista más cercano.
Todo es saludable y conveniente cuando uno disfruta de ello sin alucinógenos, freudismos ni entaponamientos.
En lo aberrante encontramos deleite y placer en lo más detestable. Cada día descendemos un paso al infierno, sin horror, entre tinieblas que apestan (Charles Baudelaire).
© Del Texto: Sonia Hirsch


may 16 2011

Star Wars: El imperio contraataca

Tras la destrucción de la Estrella de la Muerte, Luke y sus amigos se ven obligados a huir incansablemente de la persecución por parte de las hordas imperiales; en su periplo se encontrará con muchísimos problemas; empezará su entrenamiento Jedi a manos de Yoda; y será testigo de una gran verdad que se le tenía oculta hasta ahora. No hace falta decir que todo lo que diga aquí, ya estará escrito en miles de sitios web, libros, conferencias y más, hasta la saciedad.
Lo más importante es saber por qué es la más importante de toda la saga. Dicho de otro modo, el viaje iniciático de Luke que tanto éxito tuvo en su principio empieza a naufragar en esta secuela, una época oscura de la que muchos podríamos hablar y haber vivido, esa época en la que todo es pura inestabilidad. Por eso, no es de extrañar que se usen elementos para enfatizar esa inconsistencia, ese vacío que todos los personajes del film viven. Un planeta que es un desierto helado (Hoth), un campo de meteoritos que va y viene, un planeta (Dagobah) que es una ciénaga gigantesca con una espesa niebla y con monstruos de variada índole, una ciudad en las nubes sustentada por una columna fínisima, el Halcón Milenario falla, los personajes están irascibles, todo se estropea y sale mal, y así un largo etcétera de elementos fríos, un vaivén de claros-oscuros donde Luke y el resto de personajes se encontrarán a sí mismos.

Nuestro aprendiz de Jedi, como cualquier otro joven será instruido en el arte de la espada y el poder de la Fuerza por un nuevo maestro, Yoda. Allí descubrirá en compañía de este nuevo amigo que no todo es lo que parece ni cómo se lo han contado, empezará a ver el mundo de otra forma, a sembrar una cierta madurez, a entender qué es lo importante: si él y su egoísmo, o su amistad con Han, Leia, RD-D2, C-3PO y Chewbacca. Y también descubrirá, que todo hijo no es más que un reflejo de su padre, como se detalla en la magnífica e importante paradoja que es la escena donde Luke se enfrenta al espejismo de Vader, el chico le corta la cabeza y descubre que es él mismo. Todo para sembrarnos esa gran verdad que traspasó las pantallas de medio mundo allá por el año 1980, donde Darth Vader le revelaba a Luke: Yo soy tu padre.
Es una historia donde lo que prima es esa desilusión y desencanto cuando te enfrentas con la realidad, cuando descubres que la verdad que a uno le habían contado no era la verdad, o era la verdad, pero a medias. ¿Quién no puede haberse sentido traicionado cuando lo que uno tenía idealizado descubre que no es tal?
En otro orden de cosas, el equipo técnico del film es totalmente modificado y George Lucas queda relegado a labores producción y supervisión, eso sí, a día de hoy, y sin que me tiemble el pulso, voy a decir que gracias a la dirección de Irvin Keshner, y el guión del buen Lawrence Kasdan se llevó a buen puerto esta space ópera. Solo hay que ver las películas que ha dirigido/escrito en solitario el tio Lucas para darse cuenta de ello (sí, las últimas tres de esta saga, donde su ego masturbatorio ha llegado a cotas altísimas, y poco más). Técnicamente, ahora para muchos no será gran cosa, pero un servidor se sigue maravillando con todos los elementos en pantalla; sabes que los personajes están ahí, que hay decorados reales y construidos por expertos en escenografía, y no todo se reduce a meterlos en un chroma a hacer piruetas. Hay una historia, y los efectos se ponen a su disposición (no al contrario, como pasa mucho ahora), la música de John Williams es una jodida maravilla de principio a fin.
En definitiva, hay muchísimo por hablar de esta película, pero siempre nos quedarán grandes escenas como la de Yoda levantando con su poder el X-Wing hundido de Luke; la pelea final entre Darth Vader y Luke al borde del abismo; los sarcasmos de Han y Leia; la congelación en carbonita de Han Solo; el gusano del meteorito; los AT-AT invadiendo Hoth…
Es un maldito clásico (muchos de esos que van de intelectuales ya quisieran haber hecho lo mismo), guste o no, las aventuras, como la ciencia ficción o el terror, siempre hablan de nuestra realidad, no todo se reduce a un mero pasillo de esperpentos y situaciones variadas sin ton ni son. Es un prejuicio tan estúpido y tan tópico como que los Western son solo películas de indios y vaqueros o que la animación es tan sólo cosas de niños. Todo depende de nuestra capacidad de percepción para ver más allá de lo que se nos pone en una pantalla plana.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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may 15 2011

The Omega Man: Estereotipos sociales desfasados

Un hombre viejo y solitario recorre las calles de la ciudad Los Ángeles, una urbe aparentemente muerta, desierta cuando, de repente, detiene su bólido rojo, saca una ametralladora del asiento del copiloto y dispara a lo que vislumbra como una sombra huidiza entre las ventanas de un edificio. El hombre es el coronel y científico Robert Neville, un tipo que vive sus últimos días intentando sintetizar una vacuna que él mismo creó tiempo atrás, pero que, tras el azote de la plaga que convertía a los seres humanos en otra cosa, no ha podido volver a crearla por falta de recursos y medios. Un día, por casualidad, se encuentra con una mujer llamada Lisa; a partir de entonces Neville descubrirá que no está solo y que hay más como él en un mundo en el que apenas quedan esperanzas.

Interesante propuesta y primer remake de El último hombre sobre la Tierra de Vincent Price, que se basa en la novela Soy Leyenda de Richard Matheson (de la cual se hizo una versión hace un par de años, con Will Smith, y que podríamos definir como el segundo remake), el director Boris Segal en trabajo conjunto con los hermanos Corrington al guión, consiguen un estrafalario y delirante film que surge como una burla a todo el movimiento alternativo, que no contracultural,  que surgió, vivió y murió en la década de los 60: los hippies. Y entiéndase estrictamente contracultural como al acto de aislamiento de todo tipo de civilización y sistema, una utopía en sí mismo, pues el hombre generalmente tiende a socializarse, y por ese proceso de socialización, el hombre adquiere cultura. Por lo tanto, utilizaremos el término alternativo para denominar a los hippies, y entiéndase como alternativo a un movimiento contra el sistema, pero que vive bajo el sistema. Porque eso ha sido el movimiento hippie, y se ha visto con el paso de los años, no era más que una forma más de llamar la atención, promulgar unos valores (¿hedonismo? Ja, ¿paz? Ja, ¿amor y libertad? Ja), generar un movimiento, y en consecuencia, como todo, ganar dinero. Muchos de esos hippies, hoy, son grandes empresarios que dominan el mercado y hacen lo mismo que las personas contra las que luchaban en esos años. Hipocresía barata y de manual. Y luego están los supuestos iconos rebeldes, pero que mueven masas ingentes de dólares, sea Pink Floyd, sea John Lennon, sea Jefferson Airplane. Hoy, los podemos llamar pseudo-rebeldes. ¿Qué rebeldía hay cuando se establece todo un mercado de merchandising, esto es, tener tu banderita de Bob Marley, una camiseta con el Che Guevara, tu taza con la imagen de Jimi Hendrix, o tu chapa de Bob Dylan?
De hecho, una de las primeras paradas de Neville es un cine donde se proyecta el archiconocido festival de Woodstock, donde un hippie sale en pantalla y dice Vaya, esto es realmente hermoso, pues, ¿sabe?, tiene que darse cuenta del cambio experimentado en los últimos tres días, sólo hay que ver, hay que comprender, hay que comprender lo que es realmente importante, la imagen que vemos es la de un Neville solitario en el cine, viendo masificaciones de gente bebiendo, drogándose, divirtiéndose de una forma hedonista mientras repite las últimas frases en un tono de sarcasmo, por lo pueril y banal de todo aquel movimiento alternativo.

Por eso no es de extrañar, que los infectados, en sus más que múltiples diálogos terrenales y primitivos, condenen aquel hombre estudioso, ilustrado, con juicio crítico propio. Pues, como todo movimiento, hablamos de masas, y las masas promulgan discursos, valores y luego se hace todo lo contrario, porque todo movimiento lo que quiere es hacerse con el poder, de una forma u otra. Como dice el líder de los infectados en un momento dado del film, donde atrapan a Neville: Apesta a combustible, está envuelto en el olor de los cables eléctricos, es un inútil, aquí ya no hay sitio para él. A lo que todos los súbditos responden al unísono con un . La ironía de todo ello, es que los infectados se denominan a sí mismos como La familia, y el hecho de condenar a Neville a la hoguera con un capirote, dice mucho de la visión que ya se tenía en el 71 de lo que era el movimiento hippie: una forma más de negar la individualidad y el conocimiento, el pensamiento propio a favor de un pensamiento homogéneo y colectivo. Sin embargo, a medida que transcurre el film, se nos demuestra que un nuevo futuro es posible para las nuevas generaciones, que no todo está condenado a ser una masa hipócrita sin cerebro, ya que Neville cuando es conducido por Lisa hasta un refugio, sólo encuentra niños y niñas a la espera de una esperanza que les ayude a seguir adelante en un mundo loco, incomprendido, salvaje, un mundo que ha sucumbido por sus errores. A destacar también ese temor de la época entre el bloque soviético y el occidental, estamos hablando de la Guerra Fría en todo su apogeo (y del que se alude en momentos del film).

A pesar de lo estrambótico y desquiciante del asunto, la película hace estragos en el desarrollo de personajes y situaciones, y es una montaña rusa con sus bajadas y subidas que no acaba de cuajar del todo, ni siquiera en ese final ultra-religioso con un Neville con alardes de Jesucristo que salva a la humanidad gracias a su sangre, aunque inevitable. Siguiendo con el guión, está lleno de frases lapidarias cojonudas aunque desternillantes, con unos infectados que son los que son, hippies chutados de LSD hasta las trancas, y un Charlton Heston como protagonista que llena la pantalla con su sola presencia y mala leche. Técnicamente normalita, levantando las expectativas en sus primeros minutos, no así en el resto del film donde decae hasta límites insospechados, con una fotografía que no llama nada la atención, salvo por el tono gris constante, no llegan a terminar una historia que en manos de un guión más cuidado y una mejor dirección hubiera sido una película más grande que la serie b que tenemos entre manos.

En conclusión, Robert Neville (o Charlton Heston, como prefieran) descubre que estaba tan solo como también lo pensó Robinson Crusoe. Y cuando vio lo que le rodeaba, prefirió morir. No me extraña nada, yo también lo haría a estas alturas con tanto snob, gafapasta, pseudo-rebelde que va de rebelde, pseudo-intelectuales que van de dioses sobre la Tierra, perro-flautas y demás entes sin personalidad que van de una cosa, piensan otra diferente, y hacen todo lo contrario. El movimiento hippie no es más que una farsa, lo mismo que los góticos, punks, metaleros y muchos más; todos están en el sistema, no contra el sistema. Hoy más que nunca, vemos sus efectos, sus incomprensiones, sus contradicciones. Así nos fue, y así nos va. Solo hay que ver, y comprender.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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may 15 2011

Atmósfera Cero: Solo ante el peligro en Io

La luna de Júpiter Io es una colonia. Allí un buen número de hombres y mujeres trabajan en la extracción de mineral. Allí pasan las mismas cosas que podrían pasar en la tierra. Hay mineros, médicos, policías, jefes, malos, buenos, putas, maltratadores, drogadictos y camellos.
Un nuevo jefe de policía, O’Neil (interpretado por un excelente Sean Connery) llega a la colonia minera Con-Am 27. Han sucedido cosas de las que nadie quiere saber nada. Él sí. Comienza a investigar con el único apoyo de la doctora Lazarus (Kika Markham). Y se ve inmerso en un lío morrocotudo en el que tendrá que jugarse la vida cada minuto.
Atmósfera Cero es la versión espacial de Sólo ante el peligro. Es una película de buenos y malos, de sensatez frente a locura, de tranquilidad frente a violencia, de inteligencia y maldad. Es una película muy entretenida en la que se nos muestra una sociedad carente de valores, de la humanidad que debería estar por encima de cualquier otra cosa. Una película de policías que atrapan a cacos, drogadictos y delicuentes de guante blanco.
La puesta en escena es, francamente, buena. Los escenarios; repletos de jaulas en las que viven tumbados los habitantes del centro minero, los lugares oscuros y peligrosos, rodeados de un espacio exterior mortal; están diseñados con acierto y muestran la idea del director Peter Hyams (guionista también) sobre el futuro de una sociedad desestructurada y vacía. Los efectos especiales y visuales tienen una importancia extraordinaria. Están muy bien logrados (ahora se quedarían cortos como casi todo en el mundo).
Desde un punto de vista narrativo, la película se estructura alrededor de la trama que avanza sin estruendos aunque con ligereza. Tal vez, el personaje de O’Neil queda algo apagado si le alejamos de la acción. Eso no debería ser así puesto que todo podría vaciarse de sentido, pero cuela entre persecuciones y disparos (la falta de construcción de los personajes se sitúan en la frontera de lo permitido). El ritmo es ágil y la resolución de la trama, aunque predecible, cierra bien el relato.
La ciencia ficción sirve para explicar, no lo que sucede en las estrellas, sino para lo que sucede aquí. Atmósfera Cero lleva a cabo esa misión más que bien. Aunque algo exagerada en algún momento, merece la pena verla.
Buen viaje hasta Io.No tomen nada que les ofrezcan allí si no saben lo que es con exactitud.
© Del Texto: Nirek Sabal.


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may 15 2011

La piel suave: Un recorte de periódico

En la página de sucesos de un periódico francés se anunciaba un crimen pasional ocurrido en una cafetería céntrica de París. Por lo visto, el conocido novelista Pierre Lachenay fue sorprendido cuando se disponía a tomar su aperitivo y asesinado por su propia esposa con un rifle que ésta llevaba envuelto bajo la gabardina.
Según fuentes secretas, los hechos se remontan a unos meses atrás cuando el famoso escritor volaba a Lisboa a dar una conferencia sobre Balzac y conocía a Nicole, una joven azafata de vuelo que le acompañaría en todo su viaje.
El famoso escritor, de carácter fantasioso y sensible, se dejó llevar por las bonitas medias de Nicole, sin darle mucha importancia a esta relación tan tierna e inmadura de fondo literario e idílico que poco tiempo después le llevaría a un fin catastrófico y desgraciado sin remedio.
A su vuelta de Lisboa, Pierre y Nicole continuaron su relación a escondidas de Franca, esposa de Pierre.
La Señorita, niñera de la pequeña Sabine, hija de Pierre y Franca, ha confesado que notó cierto nerviosismo en Franca los días previos al crimen, pero que se lo achacaba al reciente divorcio del matrimonio, cuando Pierre decidió largarse definitivamente con Nicole a un bonito apartamento.
La Señorita dijo no saber absolutamente nada de este idilio porque ella y Sabine se mantenían muy distantes del matrimonio, centrándose en las tareas escolares de la niña y en probar los modelos de trenza que copiaban de Vogue.
Cuando Pierre llamó a Nicole para darle la sorpresa de su inminente divorcio, quedó con ésta en el bonito apartamento que había elegido para residir juntos. Según los ancianos vecinos del 2ª Izquierda, que, aglutinados en la pared, escucharon toda la conversación, Pierre propuso ilusionado a Nicole la nueva vida que les esperaba juntos y la libertad de que disfrutarían en adelante sin más nadie que ellos mismos. Pero, sorprendentemente, Nicole rechazó la oferta porque se sentía mucho más atraída por la vida del frenesí y la aventura más que por una monotonía matrimonial demasiado comprometida para su corta edad.
Pierre, defraudado y patidifuso por la reacción de Nicole, abandonó enseguida el apartamento y buscó una cabina telefónica para llamar a Franca. Pero la Señorita le informó de que la señora Franca acababa de salir a la tintorería, así que Pierre dejó el recado de que esperaría a Franca en un café. Era un asunto urgente.
Según la Señorita, el señor Lachenay habló en un tono muy exaltado, atreviéndose, incluso, a confesar que le pareció que el señor Lachenay buscaba, urgentemente, una reconciliación con Franca.
Cuando Franca descubrió en la tintorería el resguardo de revelado de fotos que Pierre tenía en el bolsillo de su americana, se dirigió inquieta a la misma tienda de fotografía a recogerlas.
Mientras Pierre esperaba impaciente en el café, convencido de volver con Franca a la seguridad matrimonial olvidándose de más amoríos desenfrenados, Franca ojeó por las avenidas las cientos de fotos apasionadas de Pierre y Nicole durante los últimos meses, se dirigió perturbada a casa y cogió un rifle del armario que envolvió en periódico y escondió bajo su gabardina.
Los numerosos testigos que merendaban en el café dónde esperaba Pierre, coincidieron en la misma versión:
Una mujer con gabardina beige entró repentinamente en el café, inexpresiva y decidida se acercó al hombre que merendaba en la mesa del fondo, y, sin dejarle pronunciar una sola palabra, arrojó un puñado de fotografías sobre la mesa, disparándole inmediatamente al hombre con un rifle que sacó de su gabardina. El cuerpo muerto de Pierre cayó sobre las bucólicas fotografías y la mujer se dejó caer serena y sonriente a la espera de la policía.
La piel suave fue un recorte de periódico escrito y dirigido por el más maravilloso cronista de sucesos y el hombre con el que me hubiese casado solo para hablar de El lirio en el valle y otras maravillas de BalzacFrançois Truffaut.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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