nov 30 2010

Noche y Día: San Fermín es en Sevilla…ojo al dato

Tras el excelentísimo remake que supuso 3:10 to Yuma, el director James Mangold nos propone una película como Noche y Día, una historia tontorrona y absurda de un espía (Tom Cruise, pasado de rosca aunque gracioso) que protege un valioso secreto que no es más que una nueva fuente de energía concentrada en una especie de pila; en su periplo se encontrará con la típica mujer sexy que interpreta Cameron Díaz (aunque ya ni sexy ni nada, normalita, se le está notando el peso de los años y el photoshop ya le ha abandonado; lo siento por sus fans) que se verá envuelta en toda esta trama sin que ella quisiera por tan solo embarcar en un avión (grandísimos primeros minutos, lo mejor del film sin duda). Ambos viajarán alrededor del mundo visitando muchos sitios como por ejemplo, una Sevilla mezclada con los San Fermines, algo así como lo que ocurrió en Mission: Impossible 2 (vaya, también salía el mismo actor), que mezclaban las Fallas con la Semana Santa. El completo ridículo. Para mear y no echar gota la imagen que tienen estos americanos de nuestro país. Así les va y así nos va. Sinceramente, la película empieza bien, incluso entretiene hasta un cierto punto y ese punto es cuando uno mira el reloj y solo ve que ha pasado una hora, el humor de los primeros minutos decae hasta prácticamente no existir, la acción apenas se da y todo decae en el eterno bucle del aburrimiento, un castañazo que dura dos horas, ni hora y media ni hora tres cuartos, dos malditas y bochornosas horas. Un film que acaba siendo un despropósito por su vacío argumental, un guión paupérrimo que no busca en ningún momento la complicidad y la empatía del espectador con lo que sucede en pantalla, sobretodo con esa historia de amor forzada entre los dos protagonistas, en la que sucede el típico conflicto de la mujer sexy que se plantea quién es el hombre que tiene a su lado aunque la salve de todo tipo de situaciones, contado de una manera completamente infantil, estúpida, y predecible. Técnicamente se le nota el presupuesto, con buenas secuencias de acción y fuegos de artificio y poco más, nada destacable; ni siquiera la música de John Powell, que pasa completamente inadvertida y sin ningún score para recordar. Una película hecha a desgana con el único fin de recaudar dinero gracias a dos grandes estrellas de Hollywood, una lástima que James Mangold, director del western antes citado, o Walk the Line o la grandísima Cop Land se rebaje a esta memez salida de un niño de parvulario que vio Charada de Stanley Donnen y jamás la entendió. © Del Texto: Gwynplaine Thor


Imagen de previsualización de YouTube


nov 29 2010

Topaz: Las cosas serias desde el ridículo

Si tuviera que dar el nombre de una película que vi siendo niña, de la que no entendí nada, pero de la que sea capaz de recordar alguna escena que me impactara especialmente; esa es, sin duda, es Topaz. Una tarde de domingo, con no más de diez años, en una sesión doble del cine de mi barrio,  fue cuando la vi. Y me enfadé porque yo no entendía nada y mis hermanos mayores hablaban sin parar de ella, sin que yo pudiera decir ni media.
Una película sobre la guerra fría, sobre espías, traiciones y un lío descomunal sobre secretos militares y políticos, sobre Cuba, sobre la ex-Unión Soviética y sobre todas esas cuestiones que durante años preocuparon al mundo y que un día dejaron de importar. Todo eso lo sé ahora, pero lógicamente no cuando por primera vez pude ver, en una sala de cine, de esas de reestreno, esta película dirigida por Alfred Hitchcok.
Creo que muy pocas personas la recuerdan y creo que muchísimas menos saben que es el genio del cine de intriga y suspense quien la dirigió. Creo que ni siquiera yo recordaría nada si no fuera porque me empeñé en tener una copia de esta cinta y, hace ya algún tiempo, me senté a buscar esa escena que recordaba con una claridad meridiana; la de una mujer a la que le sangra abundantemente y deja un rastro que la traicionará y la encaminará a un final fatal.
En 1962, un oficial de los servicios de espionaje soviéticos, Boris Kusenov deserta a Estados Unidos desde Dinamarca junto con su esposa e hija, llevando con el información sobre los acuerdos de misiles entre los rusos y Cuba, así como de la existencia de una organización llamada Topaz, controlada por los franceses, que pasa información de la OTAN a la a la Unión Soviética. Nordstrom (John Forsythe) es el agente de la CIA encargado de interrogar a Kusenov, y solicita la ayuda de su amigo, el agente francés André Devereaux (Frederick Stafford). El francés, junto a su mujer Nicole (Dany Robin), su hija Michèle (Claude Jade) y a su yerno, el periodista François Picard (Michel Subor) viajará a Nueva York, para trabajar en la investigación e interrogar al representante de Cuba que debe hablar ante la ONU. Tras un plan complicadísimo, Devereaux consigue robarle a Rico Parra (John Vernon), el representante cubano, los datos que permiten confirmar las sospechas sobre la existencia de Topaz y la fuga de información. Con todo ello, volará hasta Cuba, donde se encontrará con su amante, Juanita de Cordoba (Karin Dor), una espía contrarevolucionaria, relacionada también con Parra que terminará muerta a manos de éste último. Devereaux regresa a Francia y allí descubre que su mujer, Nicole, es la amante de Jacques Granville (Michel Piccoli), compañero suyo en la resistencia francesa. El yerno, Picard, por su lado, continúa sus investigaciones e interroga al funcionario de la OTAN, Harri Jarré (Philippe Noiret), quien aparece muerto al poco tiempo. Finalmente Picard muestra a la familia un retrato de Jarré y Nicole termina admitiendo que le conoce y, confiesa el nombre del jefe de Topaz, que no es otro que su amante Granville, el topo.
Topaz es una de las últimas películas que dirigió Hitchcok. Una película de traiciones en lo político y en lo personal. Una película que creo que no ha sido demasiado comprendida dentro de la filmografía de este director. La película está basada en la novela de Leon Uris (creo que por mi casa corre un ejemplar, comprada en una librería de lance por el mismo motivo que por el que adquirí la cinta, un impacto infantil).
Puede que una de las cuestiones que llama la atención en esta película es el hecho de que el director renunció a que la misma fuera protagonizada por actores de relumbrón y que apoyara gran parte del desarrollo de la doble trama de la película (la amorosa y la política) sobre los actores secundarios que intervienen. Puede que también sea que, por primera vez, deja de lado a su compositor musical habitual y se hace acompañar por Maurice Jarre o porque el guión, pese a quien le pese (incluso a Truffaut), es bueno, muy bueno.
En su día obtuvo unas críticas fatales (eso me dijeron mis mayores). Sin embargo, cinematográficamente hablando contiene unos estupendísimos planos que son incluso novedosos en la manera de filmar de Hitchcok (pese a que ya estaba llegando al final de su carrera). En todas y cada una de las escenas relevantes de la película encontrarán una doble intención, nada es lo que parece y eso, pese a que dicen que es la película menos hitchcokiana, nos devuelve al maestro una y otra vez.
En su día me impactó la mano sangrante. Hoy me quedo con la muerte de Juanita de Cordoba a manos de Parra. Una muerte vista desde arriba con un despliegue del vuelo de su falda morada que quita el hipo. Una de las imágenes más bonitas de toda la película.
Puede que esta cinta la guarde en mi haber por aquello de las cuestiones sentimentales pero se la recomiendo para que puedan ver como caricaturizando al mundo (no se pierdan el aspecto de los cubanos -todos toscos y, y el de los franceses muy refinados y preparados para dar para el pelo) pueden contarse cosas tan serias como lo hace el genio Hitchcok; la traición, se dé donde se dé, siempre tiene un precio.
Véanla.
© Del Texto: Anita Noire


Imagen de previsualización de YouTube


nov 28 2010

Hannah y sus hermanas: lo más normal del mundo en una película

Uno de los errores que cometen con más frecuencia los nuevos autores es creer que necesitan poner su capacidad creativa en funcionamiento para lograr personajes grandiosos por su extrañeza, tramas que toquen de cerca lo extraordinario o escenarios que sólo alguien como ellos podría llegar a imaginar. Y digo que es un error porque , tal vez, tengan a su lado algo que contar sin tanta búsqueda en territorios extraños. Dedicar más tiempo de lo necesario en una búsqueda estéril cuando, por ello, se deja de trabajar, es una forma, como otra cualquiera, de convertirse en un autor sin obra, con mucha obsesión y poco más.
A Woody Allen le han podido pasar muchas cosas, ha podido cometer grandes errores durante su carrera, pero eso no; eso de andar buscando la excelencia lejos de sí mismo (incluso de su propia imaginación) no parece ir con él. Si tuviera que nombrar a un director por su honestidad al trabajar y su claridad de ideas, es posible que le nombrase a él como ejemplo de lo que ha de hacer un profesional.
Imaginen una familia corriente. Alguien me podría decir que la familia que se dibuja en Hannah y sus hermanas está llena de neuróticos, fracasados, engañados, mentirosos, ex drogadictos, ex alcohólicos, hipocondriacos, matrimonios destrozados, matrimonios en la cuerda floja y de problemas. Me lo podrían decir; es cierto. Pero es que en todas las familias encontramos lo mismo que en esa. Otra cosa es que  queremos reconocerlo o no, que podamos hacerlo o no. Bueno, imaginen una familia así, normalita, sin grandes rarezas. Visten con ropa normal, resuelven los problemas normales de una familia, tienen los secretos corrientes de una familia corriente. Imaginen una familia así, en lo que les pasa. Y, voilà, pueden rodar una gran película si tienen el talento, la pasta y las mismas ganas que Woody Allen.
Este director puede gustar o no, pero la inteligencia que desarrolla en cada una de sus películas es asombrosa. Incluso cuando alguna de ellas ha sido una propuesta fallida, la inteligencia no ha faltado (inteligencia digo y no ingenio, que también esta siempre, pero no es la misma cosa).
La capacidad de Allen para desarrollar narrativamente sus ideas es sobresaliente. Siempre encuentra un registro adecuado para hacerlo, con el que matiza y llena de coherencia lo que quiere decir. Puede contar la misma cosa en cuatro o cinco películas distintas y te lo tragas como si fuera la primera vez. Eso es lo que ha hecho desde hace años. Todo hay que decirlo.
En Hannah y sus hermanas apuesta por el cambio del punto de vista para que los personajes vayan apareciendo con la fuerza necesaria y haciendo que las historias de cada uno de ellos se vayan mezclando con coherencia. Para ello integra en el guión monólogos interiores puesto que este es el recurso que nos lleva sin peaje alguno a esa zona de la consciencia del personaje que Allen busca en su película. Si vemos al personaje, si conocemos su evolución, si el director es capaz de presentarnos un mundo en el que nos podamos reconocer a través de él (personaje), todo encaja sin que tengan que obligarnos con artificios narrativos ramplones o haciendo trampa. Apuesta por el cambio del punto de vista alternando cuadros que van modificándose entre ellos y haciéndolos comprensibles. Y apuesta por ventilar un asunto muy concreto, un pasado que aparece como el equipaje obligado y definitivo de cualquier ser humano.
Aparece en la película el psicoanálisis, la religión como alternativa absurda para encontrar el sentido de la vida, la relación entre adultos que forman y deforman parejas, la inmadurez que descubrimos en personas que deberían ser lo más maduro del universo, la muerte, la traición y el remordimiento. En fin, lo que casi siempre está presente en el cine de Allen. Pero esta vez desde lugares diferentes, marcando esa novedad los monólogos a los que me refería y buscando un vínculo de todo lo que pasa con un pasado convertido en carga imposible de abandonar, en el peso de lo irrealizable. Somos lo que fuimos. Peleamos contra ello aunque nada puede cambiar. Esto es Hannah y sus hermanas. Si una zona de la película resume esto, es el momento en que una de las hermanas de Hannah decide convertirse en escritora. En el guión que escribe aparecen unos y otros aunque con nombres diversos. Y se convierte en un auténtico conflicto. Nadie quiere que su pasado se ventile, nadie quiere ser lo que fue, sin entender que es eso y no otra cosa lo que tienen. Su propia realidad.
El guión es inteligente, divertido y, a ratos, delirante por la carga de ingenio. No se pierde intensidad narrativa en ninguna fase de la película. Comienza con el mismo buen tono con el que acaba.
Las interpretaciones (todas) son excelentes gracias a la dirección que Allen realiza con los actores. Michael Caine, Mia Farrow, Dianne Wiest, Barbara Hershey, Max Von Sydow y el propio Allen, llenan la pantalla defendiendo sus papeles con entusiasmo, sin apatías ni exageraciones.
También, como de costumbre cuando se trata de este director, la música es un ingrediente que convierte en fabuloso lo corriente. Fragmentos de la música de Bach (2º Movimiento del concierto en Fa menor) o de Pucinni (Madame Butterfly), por ejemplo, acompañan a los personajes matizando la acción maravillosamente. Y, por supuesto, Nueva York. Siempre la ciudad de Nueva York convertida en un marco único e insustituible.
Woody Allen es un genio. Woody Allen ha logrado películas impresionantes. Hannah y sus hermanas es una de ellas. Si ya la vieron no hagan pereza y vuelvan a ella. Si no es así, sepan que corren el peligro de perderse una excelente película. Corran, corran.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


nov 28 2010

Tasio: El cosmos pequeño y universal

El mundo es pequeño. Mucho. Y es algo de una belleza aplastante. Insólito. Porque nosotros somos el mundo.
El mundo es un mundo lleno de problemas. Es un espacio hostil, difícil. Pero es, también, el lugar en el que se encuentran todas las soluciones posibles. Porque nosotros somos el mundo.
El mundo es nuestra casa y no tenemos otra.
Hace muchos años, (andaba yo soltero e intentando encontrar un hueco que no aparecía), tuve la suerte de ver una película que, por aquel entonces, me ayudó a comprender la importancia que puede llegar a tener el conjunto que formamos personas y entorno natural. Importancia que llega de la interpretación que hacen las partes, una de otra. Con una sensibilidad inmensa, Montxo Armendariz logra construir un clima (sin duda lo mejor de la película) que envuelve todo lo que va sucediendo para que el espectador pueda, sin violencias narrativas, integrarse y comprender. La naturaleza conoce al hombre y este a ella. Tienen una relación en la que habrá amores, odios, peligros y reencuentros. Pero una relación para siempre. Sólo la fusión entre hombre y entorno permite que la vida siga adelante.
Armendariz elige con máximo acierto los ingredientes necesarios y coloca cada cosa en el lugar adecuado.
El guión es, especialmente, inteligente. Se construye sobre un buen número de elipsis y así desaparece todo lo superfluo. Armendariz no malgasta ni un minuto en contar lo que el espectador ya sabe. Los personajes se construyen desde la sugerencia de un gesto o una insinuación desde la mirada que arrastran hasta las zonas expositivas en las que aparecen, con coherencia y credibilidad. Y los diálogos, aunque escasos, son concisos para que el discurso no termine colocado por encima de un escenario que se convierte en uno de los protagonistas desde la primera secuencia teniendo como epicentro la carbonera que Tasio trabaja y que representa el final de un mundo feliz. Es curioso, por ejemplo, que sólo cuando aparecen el dinero, el poder o la religión, ese escenario se difumina peligrosamente para los personajes; todo lo que se interpone en esa relación hace que la personalidad de los personajes se tambalee y el entorno se convierta en un lugar mucho más incómodo.
Para mostrar esa fusión entre el ser humano y su habitat, Armendariz maneja unos vehículos que podrían parecer poco originales o estereotipados. Pero logra que se conviertan en algo más allá de lo que realmente son al integrarlos, también, en la propuesta, no como simples herramientas, sino como el resultado de lo que propone la película. Por ejemplo, amor y amistad. La historia que nos cuentan entre Tasio (Patxi Bisquert) y Paulina (Amaia Lasa) representa un amor puro, lejos de cualquier interferencia que no sean ellos mismos. La amistad que entrega Tasio a otros lo es del mismo modo. Nada está por encima de ella porque todo, absolutamente todo, está colocado en un único plano: el que forma Tasio y su mundo. Todo se tiñe de eternidad. Incluso la muerte pasa desapercibida. Una persona queda en otra, se hace eterna porque todo lo es. Es por esto por lo que los personajes perciben la vida como un valor relativo. Muere un niño y todo sigue donde estaba, si muere un adulto pasa igual. Nada muere, en realidad.
A todo esto le acompaña una música suave que aparece como si no quisiera invadir lo que no le corresponde. El espectador podrá matizar al escuchar cómo interpretan la partitura, pero lo que ve es algo invariable. La música se convierte en otro aspecto del entorno. Ángel Illarramendi firma un trabajo sin grandes alardes, pero muy ajustado a lo que necesitaba la película.
Un mundo sencillo es lo que nos ofrecen con esta propuesta. Sencillo, pero en el que todo es posible. Sin tecnología en cada rincón, sin necesidades inventadas; un lugar en el que las dificultades pueden superarse sin tener que recurrir a la violencia o las armas. Un buen mundo que todos quisiéramos. Armendariz nos hace sentir nostalgia por algo que no somos capaces de construir, que dejamos escapar ya hace mucho tiempo.
Una muy buena película que hace poco cumplió sus primeros veinticinco años. Una película ya vieja (tal y como corren las agujas del reloj hoy en día), pero que ha logrado envejecer la mar de bien. A mí me ha vuelto a dejar pegado al sillón.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


nov 27 2010

El abrazo partido: Cosas de familia

Dicen que Daniel Burman, director argentino, tiene una verdadera obsesión con el tema de la familia, con los judíos y que todas sus películas giran alrededor del mismo tema. Puede que, más que de una obsesión, se trate de un director que rueda sobre la vida cotidiana, sobre lo que pasa a la gente corriente. Es cierto, habla sobre judíos porque él es judío. Puede que sea cierto pues que el tema de la familia, las relaciones entre sus miembros, sea un tema recurrente, pero sinceramente, yo no veo donde está el problema, a fin de cuentas la familia es una estructura fundamental por mucho que algunos intenten denostarla. La familia estructura la vida social, continua siendo uno de los pilares sobre los que se sostiene el mundo. Basta echar un vistazo a la situación actual y verán cómo hay personas que sobreviven gracias a la familia (y no hablo sólo desde un punto de vista económico sino desde el humano).
Pero la familia, con sus más y sus menos, con sus historias contadas o secretas, no está libre de conflicto, de desasosiego, de la falta de entendimiento, ni siquiera de las verdades ocultas. A fin de cuentas, la familia somos nosotros mismos. Esta idea siempre la transmite a la perfección Burman (el gran público puede que le recuerde por su participación del Diarios de Motocicleta como coproductor)
Las verdades escondidas, ocultas tras mentiras que pretenden no crear mayor conflicto del que se intuye (con uno mismo en la mayoría de ocasiones), están al orden del día y esas mentiras sobre las que la gente construye su vida, su identidad, su historia cuando se desmoronan, para dejar paso a la realidad oculta, puede ser muy destructivas.
En El abrazo partido, Burman, nos cuenta la historia de Ariel (Daniel Hendler), argentino y judío, obsesionado con el abandono de su padre, Elias (Jorge D’Elia) cuando apenas había nacido. En casa, su madre Sonia (Adriana Aizemberg), habla de Elías como de un héroe que marchó a Israel a luchar en una guerra para defender aquellos ideales en los que creía y no volvió jamás. Ariel se crió con su madre y su hermano y en el entorno de la galería en la que la madre tiene un negocio de mercería. Sonia sobrevive vendiendo ropa y el hermano, Joseph (Sergio Boris) vendiendo productos variados e iniciando negocios extraños. Unos supervivientes de la Argentina actual que intentan sobrevivir a la debacle económica que se cierne sobre el país. Un lugar sin esperanza del que hay que salir como sea. En ese intento por encontrar un lugar donde sea posible un futuro más llevadero, Ariel (cuyos abuelos son emigrantes polacos que se refugiaron en Argentina huyendo de desastre personal sufrido durante la Segunda Guerra Mundial) intenta recuperar la nacionalidad polaca y así poder marchar a vivir a Europa. Entre tanto, la vida en la galería, con sus personajes conectados por vínculos que van más allá de los de simple vecindad, sigue discurriendo con la normalidad sólo alterada de la marcha de uno de ellos y del regreso de Elías.
Ariel, descubre por sorpresa que su padre ha regresado a Argentina y es entonces cuando, todos los reproches del mundo se hacen presentes. Descubre que la historia que siempre le contaron no es cierta. Su vida, su historia se fraguo sobre grandes mentiras que, pese a todo, ahora le permiten reconocer a su padre y reconciliarse con su vida.
El título de la película no puede ser más acertado El abrazo partido, un abrazo que debía existir siempre y quedó roto por aquello de la vida.
Dicen que Burman puede considerarse el Woody Allen argentino con sus historias de cotidianeidad y obsesiones A mí no me lo parece; sin embargo, sí que creo que consigue hacer reflexionar sobre algunas cuestiones fundamentales. Todos necesitamos saber quiénes somos, el porqué nuestra vida es de una manera y no de otra, sobre el dolor innecesario de una mentira sostenida en el tiempo. La gracia de Burman es que nos permite preguntarnos sobre todo eso sin ponerse estupendo, encarando estos temas fundamentales desde una perspectiva sincera y con una cierta visión cómica de la vida, utilizando para ello a un muchacho, gruñón, mal humorado, con tendencia al escaqueo, pero que se nos hace encantador; y a una madre mentirosa que sobrevive a sus propias mentiras a base de hacer y comer pasteles caseros. Una vida, a fin de cuentas, como millones que se dan.
Las cuestiones fundamentales pueden retratarse de dos maneras; una poniéndonos trágicos y otra, haciéndolo como Burman, sin perder de vista que, incluso lo más terrible, lo más dramático, puede tener un cierto deje de simpatía. Me pareció una película estupenda.
Aquí les dejo una reflexión de Ariel. Verán de que les hablo:
“Tengo esta única imagen de mi padre. Es un vídeo casero, pero se le ve bastante bien. Esta junto al tío Eduardo y detrás del rabino. Me circuncidan con alegría y orgullo. El sonido no es muy bueno, pero mi llanto se escucha, mezclado con los vítores de los invitados. Al otro día papá se fue a Israel, a luchar en una guerra. La guerra terminó enseguida, pero él no volvió. Algunas cartas llegan, y a veces llama. A mamá todo esto le parece normal y a mi hermano, Joseph, no le merece ningún comentario. Yo no los entiendo. Uno no le anda cortando el pene a los hijos, y desaparece por treinta años, así como si nada. No es justo. Yo trabajo con mi madre, en una galería comercial del barrio del Once. La galería es mi universo, un universo en extinción. Mamá tiene un negocio de lencería femenina. Trabajo con ella, imaginando los cuerpos desnudos de las mujeres que vienen a comprar prendas diminutas. Mi hermano Joseph trabaja en un local del fondo, vendiendo y comprando cosas. Enfrente está el negocio de Osvaldo, que está en venta, y mas allá los coreanos y el de la familia Salgan, que arregla radios, y se gritan en italiano. Por suerte también está el local de Rita, que es como una novia o algo así. Los negocios cambian de rubro, mis amigos se convierten en otras personas, algunos se casan, otros se transforman y la mayoría busca la salvación de un pasaporte europeo. Aarón ya es francés, Pedro español y yo pronto seré un hombre polaco”.
Una buena película, en la que parece que no pasan grandes cosas cuando es totalmente lo contrario. Una película de las de petit comité. Se la recomiendo siempre y cuando no les provoque urticaria el cine argentino.
© Del Texto: Anita Noire


Imagen de previsualización de YouTube


nov 25 2010

Benny & Joon (El amor de los inocentes): Sin pena ni gloria

Uno de los actores que no me gusta, contrariamente al resto de mortales, es Johnny Deep. Soy incapaz de que ninguna película en la que aparece me despierte el interés. Muchos pensarán que es una manía estúpida, que es un gran actor y que su participación en estupendas películas es indiscutible, puede que lo sea; pero, que quieren que les diga, sus interpretaciones siempre me parecen lineales, nunca veo al personaje, siempre veo a Deep haciendo de tipo raro. Inevitable. Les aseguro que he intentado verlo del derecho, del revés y no hay manera.
Creo que la primera película en que le vi participar, o al menos soy consciente de ello, fue Benny and Joon. Un tostón de Jeremias Chechik. La película filmada con la intención de mostrarnos que incluso los que sufren problemas mentales se enamoran con sinceridad se convierte, por obra y gracias de Chechik en una película de sobremesa de fin de semana.
Joon (Mary Stuart Masterson), una mujer con una estabilidad mental frágil, vive con su hermano, Benny (Aidan Quinn), que se hace cargo de ella desde que sus padres fallecieron. Tiene su vida aparcada para dedicarse al cuidado de su excéntrica hermana y las pocas cosas que hace, ir a trabajar o jugar al poker con sus amigos, las hace teniendo siempre controlado lo que ocurre con su hermana. Ni siquiera es capaz de iniciar una relación sentimental con nadie por el peso que le supone tener a su hermana a cargo. En una de las partidas, Benny se lleva con él a Joon y allí coincidirá con Sam (Johnny Deep), un tipo tranquilo, extraño, un apasionado del cine cómico, apasionado de Buster Keaton. En una partida, Joon gana a Sam. Entre ellos se establece una relación especial, Sam cocina para Joon (sándwiches hechos con la plancha en posición planchado lana) y hace imitaciones de Buster Keaton. Joon enseña a pintar a Sam. Finalmente se dan cuenta que se han enamorado. Un amor que puede verse interrumpido cuando Benny hace saber a Sam que le ha encontrado un trabajo como actor que le llevará lejos de la ciudad. En ese momento, Sam confiesa a Benny que está enamorado de su hermana y se han acostado. Esta confesión llevará a su expulsión de casa y a la posterior huida de Sam y Joon. Sin embargo, esta marcha para poder continuar con su relación se verá trucada por la necesidad de ingresar a Joon en el psiquiátrico al sufrir una crisis. A partir de ahí, por pura necesidad y posterior entendimiento Benny acepta la relación de los enamorados. Juntos ya, con Joon fuera del hospital, iniciaran una convivencia cerca de donde se instala a vivir Benny junto a su novia una camarera que en su día hizo una película que, casualmente, Sam, conoce al dedillo.
Un tueste. Se lo digo de verdad. En españa la película se tituló El amor de los inocentes. Una castaña que, en mi caso, me condicionó por siempre más la percepción que de Jonnhy Deep tengo y ello sin negar que en esta historia pastelosa a más no poder, es el que lo hace todo y se come la pantalla, dejando en un triste segundo plano a actores como Aidan Quinn e incluso a Juliane Moore que quedan como meros secundarios sin mayor pena ni gloria.
Me niego a calificar como buena, o simplemente pasable, una película porque toque el tema del amor y los enfermos mentales.
Lo mejor, la banda sonora, y entre ella la famosa I’m gonna be de The Proclaimers.
Recomendable para los que les guste Johnny Deep y aún no la hayan visto y los que tengan ganas de echarse una siesta mientras la ven. Intrascendente en mi vida cinematográfica.
© Del Texto: Anita Noire


Imagen de previsualización de YouTube


nov 24 2010

La Dolce Vita: Viaje a los infiernos

Existen todo tipo de ensayos que analizan tendencias cinematográficas, carreras profesionales de directores y películas. En ellos se encuentran todo tipo de tesis, toda clase de análisis sobre el movimiento de las cámaras, anécdotas sobre el asunto que se trata y un buen montón de palabras que enmarcan cada cosa en un lugar que parece exacto. También, todo hay que decirlo, se encuentran inmensas idioteces, teorías absurdas, razonamientos mastodónticos que se apoyan en una opinión personal y carente de toda credibilidad y que, por alguna extraña razón, toman forma e importancia. Por supuesto, con internet todo se ha multiplicado de forma tan vertiginosa como peligrosa.
Sin embargo, es muy raro encontrar artículos en los que, además de encuadrar las películas en la corriente expresionista o neorrealista, a los directores en un grupo o en otro o aportar un millón de fechas, se encuentre información útil para el que se quiere acercar a la película y disfrutar de ella. Ponerse estupendo o solemne al escribir sirve de poco a quien lee.
Hay una pregunta que hace temblar a los alumnos en las escuelas de escritura creativa o de cine. ¿De que habla esta novela o esta película? Parece fácil contestar ¿verdad? Pues no lo es. Tal vez sea la cuestión más oscura de cualquier obra. Generalmente, se tiende a contestar con el argumento y eso es otra cosa. El tema se resume en una palabra. Avaricia, apariencias, celos. Intenten dar con el tema de tres o cuatro películas, ya verán qué complicado es. Pues esto es de gran ayuda para el que quiere saber. Si alguien es capaz de aislar el tema del que se habla en una película sí puede ayudar, y mucho, al que se acerca por primera vez. Los grandes estudios están muy bien, pero para otra cosa. Ah, y no vale contestar con cosas como esto habla de la vida, porque de la vida hablan todas las películas y novelas de la historia.
Pues bien, de Fellini se pueden encontrar opiniones para todos los gustos, estudios de cómo los planos picados y contrapicados causan un efecto en tal o cual película, o un sinfín de anécdotas sobre su vida privada. Pero el que escribe piensa que una película, igual que una novela, debe ser autónoma y en sí misma independiente. Por supuesto que cada trabajo de un autor es resultado de su evolución, por supuesto que si el padre de Fellini murió antes de rodar La Dolce Vita algo influyo en el director. Claro que sí. Pero el producto final hay que mirarlo como lo que es, como una narración con su principio y su final. Si tuviéramos que saber de cada director su vida y milagros para entender lo que hacen, esto se convertiría en una misión imposible. Les diré que esto no deja de ser (a veces) una excusa formidable para justificar errores monumentales y fracasos estrepitosos. La película no ha funcionado porque no la han sabido ver. Si hubieran pensado en que en mi tercer film aparecía… Cosas así son muy habituales. ¿Qué pasa, que si un espectador no sabe qué es el neorrealismo no puede ver cine, disfrutar y sacar sus propias conclusiones? En fin, el mundo de la cultura (ya lo he dicho un millón de veces) siempre quisieron convertirlo en un coto privado inaccesible.
La Dolce Vita. Federico Fellini. Efectivamente una película que marca el principio de una nueva concepción del cine. Lo que antes era representación de una realidad ahora es búsqueda de caminos en el mundo propio que se construye dentro de la película; la realidad desde la realidad, el mundo desde dentro. Un auténtico genio, su director.
¿De qué habla La Dolce Vita? ¿Qué tema intenta ventilar Fellini? Son muchos los que defienden que es la incomunicación. Francamente, creo que no. Sí es un vehículo para hablar de lo fundamental, pero no es el tema principal. Se pone de ejemplo la primera escena de la película para defender que la falta de comunicación es lo grueso en esta película. Dos helicópteros transportan una imagen de Cristo. Cuelga de una de las aeronaves. Unas señoritas toman el sol en una terraza. Los helicópteros hacen una pausa en su viaje deteniéndose sobre las mujeres. El ruido de los motores impide que el joven que vuela como copiloto en uno de los aparatos se haga escuchar por las chicas. Pero, finalmente, tanto ellas como los espectadores saben que está filtreando con ellas y quiere saber su número de teléfono. Ellas se lo niegan y continúa el viaje hasta el Vaticano para dejar la imagen. Es decir, se comunican la mar de bien. Nada de comunicación imposible. Creo yo que la lectura se debe ajustar a lo que se ve, a lo que sucede y encontrar así significados. Los helicópteros llegan de la periferia, de las alturas, del lugar en el que todo es brillante. Transportan una imagen divina, de Cristo, que según la tradición cristiana vino al mundo para hacer un anuncio que prometía un mundo nuevo. Se dirigen al centro de la ciudad, a la tierra, en el que un brillo siempre falso es el que se puede ver. ¿Qué anuncia? Un cine nuevo. Todo se pega a la realidad. Eso será lo importante (y así fue en realidad). La imagen de Cristo al centro de la religión cristiana donde ya no brilla nada. El cine periférico, el hombre periférico, el brillo periférico y un Cristo convertido en periférico de camino a la realidad para convertirla en lo fundamental. Como en todos los grandes relatos el comienzo contiene lo que vendrá después. En la película veremos que es una constante todo esto que apunto.
A partir de aquí iremos pasando de una pequeña historia a otra sin que apenas nos demos cuenta; historias que tienen en común al personaje principal (interpretado de forma magistral por Marcello Mastroianni) y que se conectan más en el terreno onírico que en cualquier otro. Son, en cierto modo, cuadros inconexos que se solapan sumando a la mirada ingredientes fundamentales. Y, en cada una de esas estampas, la nostalgia desde diferentes perspectivas. Siempre desde el punto de vista del protagonista que va iluminándose con la aparición de los secundarios. Siempre convirtiendo en un circo el mundo entero.
A pesar de que La Dolce Vita se recuerda más por la famosísima escena en la que Anita Ekberg se baña en la Fontana de Trevi, la zona de exposición narrativa más potente en todos los sentidos es la que presenta al intelectual Steiner (Alain Curry). Son tres escenas repartidas por el metraje. Steiner es un hombre con una vida familiar ordenada, con una posición acomodada en la sociedad, conoce a un buen número de intelectuales, conoce bien el entramado artístico. Steiner le dice a nuestro protagonista (al que todo lo que conoce del intelectual le parece cercano a la perfección) que la salvación no está en el hogar, que es necesario vivir de forma anárquica, en lugares que se conviertan en ficticios al ir tomando distancia, que la paz le da miedo y que esa paz oculta el infierno. Siente nostalgia por lo que debería ser su vida y el mismo. Poco después se pega un tiro en la sien habiendo matado antes a sus dos hijos. El artista no resiste estar pegado al mundo con calma, no quiere ese mundo para sus hijos, ni estar arrimado a una realidad que sin ser entendida no aporta nada más que una forma de sobrevivir. Pues bien, ¿no es esto lo que supone dedicar la vida a crear arte? ¿No es esto lo que un artista debería perseguir para poder seguir adelante? ¿Tiene sentido no poseer y sentir una nostalgia perpetua por ello? Desde luego, la historia de Steiner es una metáfora de una belleza arrasadora. Una maravillosa forma de explicar una parcela del mundo.
Otra de las escenas que dejan al espectador pegado al asiento es en la que aparece el padre de Marcelo. Viaja a Roma para ver a su hijo. Roma es una ciudad moderna. Pero llega el padre y todo se convierte en lo que fue unos años antes. Visitan un cabaret en el que todo continúa siendo igual. El lenguaje es otro aunque se refiere a lo mismo; la decadencia de antes es la de ahora; el mundo es el mismo circo de siempre aunque los payasos vayan en coche y no en bicicleta. Cambian los tiempos, pero no el mundo. Las personas aparecen y desaparecen, evolucionan, y el padre siente nostalgia por lo que fue, por todo aquello a lo que renunció. Magnífica escena.
En un blanco y negro magnífico, veremos como Marcelo va haciendo un viaje de fiesta en fiesta, de cama en cama (cada mujer es una estación en ese viaje; sofisticadas, posesivas, superficiales; tal vez cada una representa lo mismo que las películas rodadas por Fellini en su carrera profesional. Algo dejó dicho él mismo sobre este asunto cuando hablaba de traseros). Marcelo hace un viaje que le lleva a los infiernos en el que se descubre como un actor más del espectáculo circense.
La partitura de Nino Rota va acompañando cada historia de forma tan divertida como acertada. Y el guión presenta zonas verdaderamente brillantes aunque, todo hay que decirlo, en algunas zonas se desliza hacia lo literario por abundar un contenido reflexivo desmesurado en su estructura.
Si deciden echar un vistazo a la película observen como cada escena se convierte en algo grande, como lo pequeño adquiere una relevancia descomunal. Todo en Fellini es grande, hermoso.
Me temo que ya he desvelado mucho más de lo que este tipo de artículos admite. Así que lo dejo aquí. Disfruten tanto como sea posible con la película.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


nov 23 2010

Eduardo II: Anacronismo inquietante

Agua, tierra, fuego, sangre, luces encontradas, algunos momentos coreográficos notables y otros de crueldad extrema, pero velada; una banda sonora exquisita, original de Simon Fischer-Turner (con la imprevisible presencia física de Annie Lennox cantando Ev´ry Time You Say Goodbye, de Cole Porter) y una producción minuciosa, dan una lectura contemporánea del clásico isabelino, que Derek Jarman aprovechó para atacar la mezquina visión moral del thatcherismo.
Eduardo II es una de las obras teatrales destacadas de Christopher Marlowe, dramaturgo británico del siglo XVI, considerado habitualmente como el gran predecesor de Shakespeare.
Es también una obra polémica porque desarrolla la historia de amor entre el rey Eduardo II de Inglaterra y su amante, el joven Piers Gaveston, y las intrigas que suscita esta unión en la corte.
El texto de esta adaptación cinematográfica es limpio, preciso, de una ambigüedad calculada y astuta; y los diálogos, fascinantemente hermosos y bien construidos.
Enfrentar la tarea de filmarlo entraña el riesgo de jugar con esa ambigüedad trasladándola al espectador del siglo XX, pero conservando el artificio teatral. No es una tarea fácil, pero Derek Jarman lo consigue en esta película rozando el magisterio. Porque lo ambiguo, trasciende en el libreto, la relación del rey, y se va infiltrando en la larvada lucha de poder entre el soberano y la nobleza, entre la libertad y el deber, en torno a lo moral. Sosteniéndose en un estudio sobre la ambición humana.
El director utiliza para filmar el drama un recurso muy poderoso que había ensayado, con menos acierto -desde mi punto de vista-  en otras de sus películas como Sebastiane (1976) o Caravaggio (1986): la teatralización cinematográfica. Lo lleva a cabo con la ayuda indispensable del director artístico, Ricky Eyres, que realiza un trabajo brillante.
Los escenarios, son una sucesión de espacios casi vacíos que buscan transformarse en el interior de una mente humana, y donde el protagonismo lo adquieren la luz, la materia y la interpretación; lo convierte así en un espacio para esas voces, que actúa como una poderosa caja de resonancia.
Es arriesgada la decisión de crear con esa escenografía -y sobre todo con el vestuario y el atrezo- un lugar anacrónico, situado más allá del espacio y del tiempo, esto es, conservando el eco histórico, pero transformándolo en algo actual, pero remoto, cercano e incierto; inquietante en suma, como lo es la misma construcción de la dramaturgia. El riesgo es manejado con una eficiencia notable, y apenas hay un par de detalles que chirrían.
El trabajo de los actores es preciso, sobre todo la interpretación de Andrew Tiernan (Piers Gaveston); y la de una soberbia Tilda Swinton (reina Isabella) ejecutada desde la presencia, la dicción precisa, y la ausencia de gestualidad, que se apoya en un vestuario sencillamente fabuloso (Sandy Powell), que la transforma en un ente estático que domina la película.
El arreglo para celesta de la Danza del Hada de Azúcar del ballet El Cascanueces, de Tchaicovsky, eleva el momento final a la mayor altura posible. Impecable.
Me ha fascinado.
© Del Texto: Ivor Quelch


Imagen de previsualización de YouTube


nov 22 2010

Amanece que no es poco: Spain is diferent

Por una constante aversión a lo que es nuestro, el españolito de a pie tiende a considerar que el cine español es una porquería. No seré yo quien diga que todo lo que se rueda en este país es bueno y genial; porqué no lo es. El partidisismo, el seguidismo y las subvenciones amiguistas han hecho mucho daño la cine, es cierto. Sin embargo, existen algunas películas que uno no puede dejar de ver.
Una de estas películas es Amanece que no es poco. Una de las grandes del cine español que te hace reír sin necesidad de faltar a nadie y que se ríe de todo y de todos aplicando el desquicie por donde puede. Si uno quiere pasar un buen rato no se la puede perder, es una verdadera obra maestra del humor, tan disparatada que nada es previsible. Olvídense de verla aplicando las leyes de la lógica. Creo que su director, José Luis Cuerda, la encerró en una vasija que selló con pez y la tiró al fondo del mar.
Aquí no hay ninguna lógica, la sucesión de gags y de escenas desternillantes es continua. La sociedad española del topicazo deformada hasta el absurdo sin que por eso nos dejemos de ver reflejados en ella. Una película para pasar una tarde tan divertida que sin lugar a duda no van a olvidar.
En Amanece que no es poco, el elenco de actores es grande y variado, una película coral en mitad de un pueblo absolutamente surrealista. Todos y cada uno de los que intervienen en este chaladura de película están espléndidos: Antonio Resines, Cassen, Luis Ciges, Enrique SanFrancisco, Manuel Alexander, José Sazatornil, Chus Lampreave, Gabino Diego, Maria Isbert y muchos otros son los que nos van a transportar a esa locura de pueblo.
Teodoro (Antonio Resines) es un ingeniero español que trabaja en los EEUU y vuelve a España a pasar un tiempo. Cuando llega a España, descubre que su padre Jimmy (Luis Cignes) ha matado a su madre y, para compensarle de tan grande pérdida le regala una motocicleta Vespa. Juntos emprenden un viaje que les llevará a un pueblo de montaña de donde es oriunda la familia. Al principio les parecerá que está vacío, pero eso es porque todos los vecinos del pueblo están en misa. A partir de ahí, empieza la locura con la aparición de los sujetos más variopintos que puedan imaginar. Un cura que dice la misa en latín ante un público totalmente entregado que ovaciona al cura como si fuera un artista. Los mozos del pueblo que exigen que la querida del Alcalde, una jamona de buen ver, sea para todo el pueblo como si fuera un bien común. En el bar del pueblo, donde los vecinos se emborrachan a base de anís, un cantante de ópera esboza sus arias mientras en el fondo del local los habitantes del pueblo se meten mano sin piedad. El maestro del pueblo imparte sus lecciones a golpe de góspel, el pregonero del pueblo lee lo bandos haciendo saber que por orden de la autoridad que la divinidad es una y trina. Una mujer pare gemelos a los diez minutos de haberlos concebido. Un pueblo completamente disparatado en el que se eligen incluso por sufragio universal quien va a ser la puta del pueblo, un pueblo estrambóticamente culto donde todos hablan latín y son adoradores de Faulkner. Una locura. Podría seguir relatando las cientos de escenas disparatadas de la película y no acabaría.
Recomiendo a todos aquellos que creen que la vida son sólo las cosas sesudas, que son incapaces de reírse con las cosas más absurdas, que dejen de lado el estiramiento y el envaramiento pseudo-intelectual que suele darse en muchos casos y se partan de la risa frente al televisor. Creo que es una de las mejores maneras utilizar el tiempo, echarse unas risas aunque sean por un rato y vestidas de la locura que ojala tuviéramos siempre a mano. Presten atención a los diálogos si la risa se lo permite.
© Del Texto: Anita Noire


Imagen de previsualización de YouTube


nov 22 2010

Marchando otra de castañas

Wasteland

Un tal Lucy Walker firma un documental que retrata la vida de un artista brasileño llamado Vik Muniz, cuyas obras se realizan reciclando materiales, y esta vez ha decidido irse al mayor vertedero del mundo, el cual es un islote por el que solo se puede llegar a través de un puente y que está en Río de Janeiro. Todo muy bonito, los ecologistas están de enhorabuena, pueden sacar el champán. Los snobs y cantamañanas también. Pero yo no soy tonto, tal y como rezaba la promoción de una importante franquicia de hipermercados tecnológicos. Es un documental tramposo, hipócrita, falso, y todos los sinónimos que queráis encontrar del mismo estilo. Vale, lo admito, me salí a los 50 minutos, pensé en algún momento si aquello era de verdad una campaña ecologista, incluso tuve esperanza. Pero no, esta obra no es más que un despropósito egocentrista para hacer lucir y promocionar al llamado artista Vik, haciéndose pasar por mártir, creyendo que va a cambiar la vida de la gente que vive hacinada entre montañas de basura, posando para cámara mientras sus congéneres le hablan como si lo hicieran a una pared, un tal Vik que me la suda si es bueno haciendo su trabajo, porque lo único que quise en los 50 minutos que aguanté en la sala fue darle una buena paliza a ese hombre de sonrisa fría, falsa, estúpida. Lo dicho, ecologistas y snobs, seguid premiando este despropósito en festivales como Sundance, pero para mí, esto no es la realidad, es una publicidad de casi dos horas.
Imagen de previsualización de YouTube

The Temptation Of St. Tony

El argumento nos sitúa en la vida de un hombre que poco a poco lo va perdiendo todo, pero que a pesar de ello, intenta no perder su dignidad, un viaje hacia el infierno donde lo intentarán seducir pecados como la gula o  la lujuria. Una obra basada y estructurada en el Infierno de Dante (La Divina Comedia) llena de metáforas y paradojas sobre nuestra sociedad, una película que nos habla sobre la crueldad del ser humano, de cómo sucumbimos rápidamente a los distintos placeres, una crítica a la falta de moral, todo visto a través de nuestro protagonista que poco a poco se va derrumbando y sumiendo en una locura sin fin, donde las personas que lo rodean están aún peor y lo pondrán entre la espada y la pared. Una historia sobre la pérdida del amor, la frialdad de los sentimientos, pero también de la falta de la lógica, de la razón. La de un mundo sin valores y principios. Ciertamente, tengo sentimientos contradictorios con esta película ya que tiene momentos realmente buenos si vemos las escenas por separado (incluso brillantes, gracias a la música, muy grande ese tema musical y que podéis escuchar en el trailer, y la excelentísima fotografía), pero que en conjunto acaba resultando espesa al espectador menos avispado; y por otro lado, es claramente un ejercicio de rollo yo solo me lo guiso y yo mismo me lo como que encantará a bohemios y demás estamentos sociales pseudoculturetas que parece que solo han visto cine de Haneke y Lynch, y que le van estas películas checoslovakas como digo sarcásticamente a este tipo de películas que no conoce ni Dios. Ni Buda. Ni siquiera Espinete, joder.
© Del texto: Gwynplaine Thor
Imagen de previsualización de YouTube