jun 8 2013

Versión Original Subtitulada

Texto cortesía de Mar Franco

La mayoría de los entendidos y demás tribus cinéfilas, prefieren ver las películas en versión original. Yo sólo lo hago con las películas en inglés, por eso de afinar el oído en la lengua anglosajona.
Está muy bien escuchar a los actores en sus lenguas vernáculas, ¡vaya palabro!, pero hay un pequeño problema, cuando lees los subtítulos, no les ves actuar. Cuando vamos al cine decimos voy a ver una película, no voy a leer una película; además, una de las máximas de un guion de cine, es no contar con diálogos lo que puedas mostrar visualmente, a no ser que seas Woody Allen. La imagen prevalece sobre la palabra.
Esta era una pequeña introducción para atacar una anécdota que viene muy al caso. Primero les pondré en situación: Villaverde (barrio de la periferia sur de Madrid), finales de los años setenta; primeros ochenta. Había dos cines en la zona, ¡vaya lujo!, el cine Orpal y el cine Jamay (actualmente un bingo).
En el Cine Jamay proyectaban pocos estrenos: Fiebre del Sábado Noche, Grease, E.T., y el resto, el resto… La verdad es que sólo recuerdo Conan el Bárbaro. La clientela era muy variada, desde los típicos gamberretes adolescentes, papás con sus niños y parejitas incipientes, hasta algunos miembros de etnia gitana, que vivían en su pequeño gueto de las casitas bajas.
Una tarde de domingo en la que se proyectaba la peli de nuestro querido Conan, en versión original (dato importante para esta historia), mi hermano y su panda de amiguetes, ya sentados en sus correspondientes butacas, se disponían a pasarlo bien molestando a todo bicho viviente en la sala y, Rafa el Manías también.
Que por qué digo también, pues porque estos planes se le truncaron de forma drástica. Un gitano (no quiero ser peyorativa, es el lenguaje que se utilizaba entonces, bueno, y ahora), algunos años mayor que él, se sentó a su lado y digamos que le coaccionó para que le leyera los subtítulos, ya que él no sabía.
Lo que un gitano te pedía, se hacía, y sin rechistar; ya fuese darle tu paga del domingo, tu bocata, tus nuevas zapatillas Kelme o tu flamante coreana azul marino (anorak de corte esquimal). A Rafa el Manías, no le quedó otra que leerle toda la película, con voz temblorosa y consciente de las risas que el resto de sus amigos se estaban pasando a su costa.
Después de aquello, ¿creéis que a Rafa le habrán quedado muchas ganas de seguir viendo películas en versión original? Yo creo que no, aunque nunca se sabe. Dicen que la memoria es selectiva y edulcora los momentos más negros que hemos vivido, y lo mismo, el Manías ahora, ve movies chinas con subtítulos en yiddish.


nov 17 2011

Un final made in Hollywood: Lo mejor de lo peor

La peor de las películas de Woody Allen tiene más cine en una sola secuencia que cien baratijas de las que nos sueltan por las salas de proyección últimamente.
Es verdad que Un final made in Hollywood es una obra menor dentro de la filmografía de Allen. Ni tiene el carisma de otros trabajos, ni es un guión bien rematado (el final se precipita entre justificaciones algo incoherentes). Los diálogos son más planos que otras veces aunque algunos son, muy, muy divertidos. Y el reparto se defiende bien aunque sin grandes alharacas por su parte.
Pero Allen sabe de esto. Cada cosa que hace sobresale sobre los demás. En Un final made in Hollywood, Allen busca una comedia ligera en la que deja clara su postura respecto al mundo del cine; lo inexplicable de ser poco entendido en su país de origen y aclamado en Europa; la mirada absurda del mercado cinematográfico (por eso la ceguera del personaje) que sólo busca taquilla y grandes números siendo estéril por completo. Y, cómo no, todo se soporta sobre las relaciones de pareja y su propia hipocondria sumada a una clara propensión a la inestabilidad emocional. Todo es una burla y un enorme disparate.
Tea Leoni es, con seguridad, la que mejor hace las cosas. Además, se la ve guapa de verdad. Radiante (el fotógrafo logra un trabajo espectacular). Aunque Debra Messing, Treat Williams, George Hamilton o Mark Ridell están más que correctos. El propio Allen, en su línea, se fabrica un papel a la medida y funciona de maravilla (atiendan a la escena en la que su personaje, Val Waxman, cae desde el decorado al suelo; es delirante y divertidísima).
No es lo mejor de Allen, pero si tomásemos de un sombrero cien papelitos al azar con el nombre de películas y una de ellas fuera Un final made in Hollywood, es posible que fuera de las mejores.
© Del Texto: Niek Sabal


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jun 13 2011

Lo excelente, lo bueno, lo malo y lo catastrófico

Siendo jovencito dividía casi todas las cosas en buenas o malas. Incluidas las películas de cine, a sus directores o a los actores y actrices que trataban de defender sus papeles. Ya no. Ahora (me centraré ahora en los directores) lo que hago es meter en un pequeño grupo a los grandes de verdad (Woody Allen, Andrei Tarkovsky, Billy Wilder, Akira Kurosawa, Alfred Hitchkock o Quentin Tarantino, por poner un ejemplo, aunque no pasan de quince). En otro a los buenos directores que, si bien han logrado muy buenas películas, no terminan de convencerme por una cosa u otra (Steven Spielberg, Martin Scorsese, Pedro Almodóvar, Oliver Stone, por poner un ejemplo. Aquí se quedan sin nombrar muchos). El tercer hueco lo reservo para los directores del montón. Estos no me dicen ni fu ni fa. No nombraré ninguno porque no me acuerdo de sus nombres o me da pereza escribirlos. Un último grupo lo forman los directores desastrosos (a estos no los nombraré por pura prudencia aunque no creo que merezcan este privilegio).
Parece que es una forma algo más lógica de dividir las cosas. No es posible meter en el mismo saco a Jack Nicholson y a Will Smith. Las carencias de este último convierten en una injusticia la agrupación. Y, además, echando un vistazo a cada grupo, puedo sacar conclusiones sobre el tipo de cine que gusta a un grupo de espectadores u otro. Por otro lado, permite entender el desastre en el que se ha convertido el mundo del cine. Piensen en un director, en una película o en algún actor que les parezca horrible. Ahora busquen en la red, por ejemplo, la taquilla de esa película. Millones. Incomprensible ¿no? Ahora piensen en Tarkovski. ¿Quién le conoce de sus amigos? ¿Cuántas veces le han invitado a pasar la tarde en casa viendo una película de él? ¿Cuántas veces lo han hecho para ver una de Bruce Willis? Si dividimos la cosa entre buenos y malos tendemos a equivocarnos.
Pues bien, todo esto que les he contado no era más que una excusa para que vean un cosa que me parece excelente. Es de Federico Fellini. Este director está en el primer grupo sin duda alguna. Y, para el que quiera sufrir, dejo una muestra de eso que llamo desastre. Es un poupurri de un director actual que gana una pasta, que malgasta un dineral haciendo que el cine sea una risión y que es reflejo de lo que pasa hoy por hoy. No hace falta que les explique nada. Comprueben ustedes mismos que es cierto y verdadero.
© Del Texto: Nirek Sabal

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abr 4 2011

Manhattan: Los intelectualoides contra Tracy

Esta es la historia de una ciudad que dejó de ser ciudad para convertirse en la protagonista de una película. Que se llevó todos los premios como decorado perfecto y que vigiló a un grupo de intelectualoides snobs entre sus avenidas blancas y negras bajo el efecto de un eterno Rhapsody in blue.
Entre los intelectualoides, una estudiante atolondrada e inexperta incapaz de llegar al nivel de sus amigos y que es excluida por hablar como el ratón de Tom y Jerry y por no entender muy bien las abstracciones de Jackson Pollock, la profundidad emocional de William Faulkner o la pronunciación exacta de alegórico y didacticismo.
Los amaneceres en el Central Park con un perro salchicha como sustituto del pene, La educación sentimental de Flaubert, la novelización de las cartas de Tolstoi, los besos en el planetario bajo constelaciones y cometas, el segundo movimiento de la Sinfonía Júpiter, los amantes mezclados con los cónyuges, Kierkegaard, las ex mujeres que se vuelven lesbianas de la noche a la mañana y se dedican a publicar los chismes autobiográficos de su pasado hetero, Groucho Marx, Louis Armstrong, las relaciones amorosas con principiantes, las manzanas y peras de Cezanne, Marlon Brandon y Frank Sinatra, las ansias por la superioridad intelectual y por la imitación, y la madurez abandonada de la mano de dios son, yo creo, el carácter de esta raza tan encantadora y tan cargante a la vez que forman los snobs, ese grupo estupendo de eruditos monotemáticos y charlatanes que no tienen bastante con pulverizarse sus propios sesos que nos lo pulverizan a todos con un arsenal de sabiduría del que se jactan a nuestra costa.
Yo esto no lo confundiría con la cultura, no veo paralelismo posible. Creo que todos tenemos un gran almacén de experiencia y conocimiento, y que, incluso, la intuición más imbécil tiene un juicio y razonamiento.
Y así terminó esta bonita película. Dándole toda la razón a Tracy, una inexperta estudiante que resultó ser el único personaje sensato e inteligente de toda esta historia.
Y, ahora, no puedo evitar recordar una aguda cita de Wittgenstein que dice que de lo que no se puede hablar hay que callar y que yo terminaría así: …y de lo que se puede hablar también. Agradezco mucho el silencio.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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mar 6 2011

Encontrarás al hombre de tus sueños: Tarde o temprano

Siempre se me ha tachado de ser demasiado realista y racional, pero con el paso del tiempo y con películas como la última de Woody Allen, he llegado a la conclusión de que vivir con ilusiones, y en ocasiones, creerlas, puede aliviar el sufrimiento de la vida. Y además, es gratis. Otra cosa es que me aplique el cuento, porque, será por impaciencia, también he llegado a la conclusión de que, tarde o temprano y por regla general, no llegamos ni a rozarlas. Por tanto, estamos como al principio.
Igual que después de ver Encontrarás al hombre de tus sueños. No siempre los grandes maestros del cine hacen obras maestras. Y menos cuando su filmografía alcanza casi la media centena. Hay que darles un voto de confianza cuando alguno de sus nuevos títulos no nos sorprenden como lo hicieron los precedentes, siempre y cuando, eso sí, no rayen en la mediocridad y nos hayamos sentido cómodos y entretenidos con la película y nos haya hecho pensar mínimamente. Así es Encontrarás al hombre de tus sueños, un enredo de amor, sexo, traiciones, ilusiones y el característico toque de humor de Woody Allen, en el que se entrelazan las historias de Helena, asidua a la bebida y fiel creyente en su adivina Cristal; Alfie, quien se divorcia de ella en un ataque de necesidad por conservar su juventud y que más tarde se compromete con una simpática prostituta llamada Charmaine; Sally, hija de Helena y Alfie, quien se plantea una relación con su nuevo jefe al ver que su matrimonio no marcha muy bien, y Roy, marido de Sally, escritor de un solo libro de éxito, que se vuelve loco por Dia, la vecina de la ventana de enfrente.
Caras conocidas como Naomi Watts (Sally), Anthony Hopkins (Alfie) y Antonio Banderas (Greg, jefe de Sally) forman parte del reparto: personajes bien perfilados, cada uno con su particular ilusión que en ningún caso depende directamente de ellos y puede acabar convirtiéndose en frustración, pero que, de cualquier manera, durante hora y media nos ayudan a creer que todo aquello que se nos pase por la cabeza sembrando una ilusión puede ser posible (aunque no llegue a realizarse): ser madre, encontrar un nuevo amor, mantenerse joven aun en los 60, convertirse en un autor de éxito…  Pero no sin que intervenga la verdadera naturaleza del ser humano. De lo contrario no sería una historia de Woody Allen. La expresión de las emociones, de los sentimientos, en forma de acciones que pueden repercutir en los demás, aparte de en uno mismo, de herir, de causar decepciones…, es la característica de las historias cruzadas de este consolidado director. En esta ocasión, no se observa una homogeneidad en el desarrollo de las historias ya que la de Alfie, a la que no se dedica tanta pantalla como al resto, se descuelga un tanto de las demás, pareciendo incluso forzada, en algunos momentos, por ser la única que aporta el toque de humor. Por su parte, Helena, Sally y Roy, interactúan siguiendo un hilo lógico y natural, sin que falte ese entorno bohemio que tanto le gusta a Allen: literatura, arte, ópera y lo místico de la reencarnación y el más allá. En definitiva, una película agradable, sin mucha chicha teniendo en cuenta quién se halla detrás, que nos da algo de esperanza para nuestros sueños futuros poniéndonos a la vez los pies en la tierra.
© Del Texto: Coletas

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feb 24 2011

Secretos de un matrimonio: Cine indecentemente afortunado

Esta profunda autopsia sentimental de Bergman consta de seis diálogos sobre el amor: Inocencia y pánico, El arte de meter asuntos bajo el tapete, Paula, El valle de lágrimas, Los analfabetos y En plena noche, en una casa oscura.
La primera parte, Inocencia y pánico, trata sobre la entrevista que una revista femenina realiza al matrimonio formado por Marianne y Johan. En esta primera parte, dónde se hace una original presentación de los protagonistas, una periodista, que se dirige constantemente a cámara, entrevista a la pareja sobre cuestiones íntimas de su matrimonio. Un matrimonio que Johan define como indecentemente afortunado.
A partir de aquí Bergman nos muestra, de una forma, yo creo, muy digerible, el deterioro de una relación matrimonial desde la placidez de los primeros años hasta el aburrimiento y las discrepancias en El arte de meter asuntos bajo el tapete, dónde los personajes no dejan de discutir sobre su intimidad y dónde la insatisfacción cobra todo el protagonismo. Esta parte es la condena al fracaso del matrimonio camuflada en mil subterfugios y evasivas.
En Paula y El valle de lágrimas Johan, primero, confiesa estar enamorado de una estudiante más joven que él y decide marcharse del país indefinidamente, para luego volver (como siempre) arrepentido y desilusionado de su romance y reencontrarse con Marianne.
En Los analfabetos, Marianne y Johan se reúnen para firmar su divorcio. Aquí se produce la catarsis final del matrimonio cuando, ya sin subterfugios, se deleitan vomitando todos sus miedos, deseos y frustraciones padecidas durante tantos años de reserva.
En plena noche, en una casa oscura me parece simplemente precioso. Pasados unos años, Marianne y Johan han rehecho sus vidas, y aprovechando que sus respectivas parejas están de viaje, deciden pasar un fin de semana juntos en la casa a la que solían ir de vacaciones.
La película termina con la placidez de un matrimonio en la cama a punto de dormir. Un matrimonio que ya no es un matrimonio sino una pareja de amantes. Pero que, creo, deja claro, que el amor, con todo lo que conlleva el término, está por encima de cualquier documento conyugal.
Esta es la bonita historia en la que luego se basaría Woody Allen para su Annie Hall, y en la que encontré muchas, pero muchas referencias de la vida sentimental de Ingmar Bergman.
En cuanto a la premisa de la película no tengo mucho más que decir. No sé mucho más de matrimonios. Yo tuve una agradable y plácida vida conyugal, nada que ver con los rompecabezas de Marianne y Johan. Me es bastante indiferente y apática la cuestión del matrimonio. Sin embargo, es cierto que siempre eché de menos esa sensación de seguridad y protección que te aporta ese vínculo. Una sensación que quizá sea el motivo de peso que nos lleva a unos a firmar unos papeles y a otros a romperlos. Depende de lo indecentemente afortunado que sea uno.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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nov 27 2010

El abrazo partido: Cosas de familia

Dicen que Daniel Burman, director argentino, tiene una verdadera obsesión con el tema de la familia, con los judíos y que todas sus películas giran alrededor del mismo tema. Puede que, más que de una obsesión, se trate de un director que rueda sobre la vida cotidiana, sobre lo que pasa a la gente corriente. Es cierto, habla sobre judíos porque él es judío. Puede que sea cierto pues que el tema de la familia, las relaciones entre sus miembros, sea un tema recurrente, pero sinceramente, yo no veo donde está el problema, a fin de cuentas la familia es una estructura fundamental por mucho que algunos intenten denostarla. La familia estructura la vida social, continua siendo uno de los pilares sobre los que se sostiene el mundo. Basta echar un vistazo a la situación actual y verán cómo hay personas que sobreviven gracias a la familia (y no hablo sólo desde un punto de vista económico sino desde el humano).
Pero la familia, con sus más y sus menos, con sus historias contadas o secretas, no está libre de conflicto, de desasosiego, de la falta de entendimiento, ni siquiera de las verdades ocultas. A fin de cuentas, la familia somos nosotros mismos. Esta idea siempre la transmite a la perfección Burman (el gran público puede que le recuerde por su participación del Diarios de Motocicleta como coproductor)
Las verdades escondidas, ocultas tras mentiras que pretenden no crear mayor conflicto del que se intuye (con uno mismo en la mayoría de ocasiones), están al orden del día y esas mentiras sobre las que la gente construye su vida, su identidad, su historia cuando se desmoronan, para dejar paso a la realidad oculta, puede ser muy destructivas.
En El abrazo partido, Burman, nos cuenta la historia de Ariel (Daniel Hendler), argentino y judío, obsesionado con el abandono de su padre, Elias (Jorge D’Elia) cuando apenas había nacido. En casa, su madre Sonia (Adriana Aizemberg), habla de Elías como de un héroe que marchó a Israel a luchar en una guerra para defender aquellos ideales en los que creía y no volvió jamás. Ariel se crió con su madre y su hermano y en el entorno de la galería en la que la madre tiene un negocio de mercería. Sonia sobrevive vendiendo ropa y el hermano, Joseph (Sergio Boris) vendiendo productos variados e iniciando negocios extraños. Unos supervivientes de la Argentina actual que intentan sobrevivir a la debacle económica que se cierne sobre el país. Un lugar sin esperanza del que hay que salir como sea. En ese intento por encontrar un lugar donde sea posible un futuro más llevadero, Ariel (cuyos abuelos son emigrantes polacos que se refugiaron en Argentina huyendo de desastre personal sufrido durante la Segunda Guerra Mundial) intenta recuperar la nacionalidad polaca y así poder marchar a vivir a Europa. Entre tanto, la vida en la galería, con sus personajes conectados por vínculos que van más allá de los de simple vecindad, sigue discurriendo con la normalidad sólo alterada de la marcha de uno de ellos y del regreso de Elías.
Ariel, descubre por sorpresa que su padre ha regresado a Argentina y es entonces cuando, todos los reproches del mundo se hacen presentes. Descubre que la historia que siempre le contaron no es cierta. Su vida, su historia se fraguo sobre grandes mentiras que, pese a todo, ahora le permiten reconocer a su padre y reconciliarse con su vida.
El título de la película no puede ser más acertado El abrazo partido, un abrazo que debía existir siempre y quedó roto por aquello de la vida.
Dicen que Burman puede considerarse el Woody Allen argentino con sus historias de cotidianeidad y obsesiones A mí no me lo parece; sin embargo, sí que creo que consigue hacer reflexionar sobre algunas cuestiones fundamentales. Todos necesitamos saber quiénes somos, el porqué nuestra vida es de una manera y no de otra, sobre el dolor innecesario de una mentira sostenida en el tiempo. La gracia de Burman es que nos permite preguntarnos sobre todo eso sin ponerse estupendo, encarando estos temas fundamentales desde una perspectiva sincera y con una cierta visión cómica de la vida, utilizando para ello a un muchacho, gruñón, mal humorado, con tendencia al escaqueo, pero que se nos hace encantador; y a una madre mentirosa que sobrevive a sus propias mentiras a base de hacer y comer pasteles caseros. Una vida, a fin de cuentas, como millones que se dan.
Las cuestiones fundamentales pueden retratarse de dos maneras; una poniéndonos trágicos y otra, haciéndolo como Burman, sin perder de vista que, incluso lo más terrible, lo más dramático, puede tener un cierto deje de simpatía. Me pareció una película estupenda.
Aquí les dejo una reflexión de Ariel. Verán de que les hablo:
“Tengo esta única imagen de mi padre. Es un vídeo casero, pero se le ve bastante bien. Esta junto al tío Eduardo y detrás del rabino. Me circuncidan con alegría y orgullo. El sonido no es muy bueno, pero mi llanto se escucha, mezclado con los vítores de los invitados. Al otro día papá se fue a Israel, a luchar en una guerra. La guerra terminó enseguida, pero él no volvió. Algunas cartas llegan, y a veces llama. A mamá todo esto le parece normal y a mi hermano, Joseph, no le merece ningún comentario. Yo no los entiendo. Uno no le anda cortando el pene a los hijos, y desaparece por treinta años, así como si nada. No es justo. Yo trabajo con mi madre, en una galería comercial del barrio del Once. La galería es mi universo, un universo en extinción. Mamá tiene un negocio de lencería femenina. Trabajo con ella, imaginando los cuerpos desnudos de las mujeres que vienen a comprar prendas diminutas. Mi hermano Joseph trabaja en un local del fondo, vendiendo y comprando cosas. Enfrente está el negocio de Osvaldo, que está en venta, y mas allá los coreanos y el de la familia Salgan, que arregla radios, y se gritan en italiano. Por suerte también está el local de Rita, que es como una novia o algo así. Los negocios cambian de rubro, mis amigos se convierten en otras personas, algunos se casan, otros se transforman y la mayoría busca la salvación de un pasaporte europeo. Aarón ya es francés, Pedro español y yo pronto seré un hombre polaco”.
Una buena película, en la que parece que no pasan grandes cosas cuando es totalmente lo contrario. Una película de las de petit comité. Se la recomiendo siempre y cuando no les provoque urticaria el cine argentino.
© Del Texto: Anita Noire


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sep 28 2010

The Limits of control: Los límites de mi contradicción

Para que quede claro y antes de empezar, The limits of control es infumable y no se la recomiendo a nadie a no ser que tenga un poco de curiosidad. Ni siquiera esto pretende ser una crítica propiamente dicha. A lo que voy, no me gusta el cine vestido de falsa trascendencia y snobismo que algunos autores se dan, sobretodo en estos tiempos. Y Jim Jarmusch es uno de esos directores/guionistas que odio desde lo más profundo de mi ser. Todos sus guiones me parecen pedantes, cosa que no puedo decir de la realización; pero lo último sin lo primero, como todo, se queda cojo. Sus películas se quedan en una especie de limbo, existen, pero ya está, no se salva ni una. Quizás vi un atisbo de cine en Ghost Dog o Bajo el peso de la ley, pero solo eso. Sin embargo, al contrario de lo que me pasó con sus anteriores filmes, The limits of control es uno de mis bodrios favoritos. Realmente es una película sin argumento, un tipo llega a España y se va encontrando cada 20 minutos con un personaje diferente, le suelta un rollo vestido de falsa trascendencia y una caja de cerillas con el siguiente objetivo y así hasta que llega a un final donde el malo es Bill Murray, se suelta el discurso pedante escrito por Jarmusch en el que no sé muy bien si se critica a sí mismo, si critica a los snobs que tanto odio o si critica a los españoles, vaya usted a saber. Ah si, se me olvidaba, el protagonista (Isaach De Bankolé) no habla durante toda la película, sus página de diálogo se reduce a tres líneas como mucho, poner cara de palo con envoltura de meditación antes de cometer su ¿venganza? ¿encargo?, tomar cafés de dos en dos, y poco más. Lo sé, os he destripado las dos horas que dura la película, pero eso poco me importa porque no la vais a ver.
Pues eso, que tal cual empecé a ver este despropósito la terminé. Como el protagonista, mi cara era de palo, más que la de Keanu Reeves(si, tengo una fijación fetichista con este actor, pero no hemos venido hablar de sus peliculas). Film pausado donde los haya, anodino es quedarse corto, eso sí, envidio ese minimalismo impreso a fuego en toda la película, desde el vestuario a la decoración de los lugares elegidos, pasando por la caracterización de cada uno de los secundarios, todos muy diferentes entre sí, Tilda Swinton es la que más me llama la atención. La música también es bastante destacable, incluso para escucharla aparte. La fotografía me parece sublime.
En definitiva, es una gran lacra que la película sea técnicamente perfecta para tan farragoso, estúpido y pedante guión. Y lo peor de todo, es que los españoles somos gilipollas (en la película y detrás de ella), me imagino yo a los cuatro idiotas de turno…’’Oh, viene Jarmusch a rodar aquí, vamos a ponerle en bandeja todo, las localizaciones y todo lo que haga falta, que pagan muy bien estos americanitos’’, luego ves por ahí un chaval que quiere hacer un corto en un metro y tiene que pedir ochocientos mil permisos y encima pagar dos riñones y parte de un pulmón. Un chaval español. Sí de aquí, aunque tenga una idea cojonuda le ponemos mil peros y obstáculos. Manda huevos. Así va nuestro cine, sin ayudar a nuestros jóvenes. Lo mismo pasó cuando vino Woody Allen e hizo un bodrio de película de la que ni me quiero acordar.
The Limits of control es infumable, pero me gustó. Tiene su encanto, es un buen somnífero. Cuantas contradicciones se hallan en mi cabeza ahora…

© Del Texto: Gwynplaine Thor

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ago 1 2010

Cine en la playa o cerca de ella

En verano tendemos a perder el tiempo. De lo lindo. Una forma de fingir que se pierde sin que sea verdad (así no tendremos que dar explicaciones a los que lo pierden a conciencia y nos pueden tachar de raros) es ver películas con un reproductor portátil que podemos llevar incluso a la playa. En el apartamento por el que nos han cobrado una pasta corremos el riesgo de dormirnos y pasar a engrosar las filas de perdedores de tiempo incontrolados.
Hay muchas películas que ver. Pero yo voy a recomendar unas cuantas que no son especialmente conocidas o están algo olvidadas por si alguien quiere echarles un vistazo durante las vacaciones. Escribiré sobre ellas durante el verano aunque (como ya habrán podido observar) mi opinión no les será de gran ayuda.
Si quieren dejarse llevar por un plató y llegar a intuir como funciona esto del cine, no tienen más remedio que ver la película que Cesc Gay dirigió y tituló V.O.S. Pasarán un rato muy agradable. Muy divertida.
¿Les gusta Woody Allen? Pues busquen una copia de La comedia sexual de una noche de verano. Si ya les gustaba su humor se lo pasarán en grande. Si nunca terminó de convencerles su cine, esta vez, caerán rendidos a sus pies.
Recomendar algo de Billy Wilder es algo que puede hacer cualquiera. Da igual la película que sea. Siempre se acierta. Supongo que ya han visto un millón de veces Con faldas y a lo loco o El apartamento. No estoy tan seguro de que hayan tenido ocasión de disfrutar con una película deliciosa que incluye un tema musical inolvidable (Senza Fine de Gino Paoli). Se titula ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? (lamentable traducción del original Avanti). Exquisita y divertida.
En verano nos podemos poner exquisitos como si fuera invierno. Parece que es obligatorio liarse a beber cervezas y comer bocatas olvidando lo que nos gusta. Si tienen tiempo y ganas agarren la copia de Solaris. La que firmó Andrei Tarkovsky. Inolvidable. Una buena alternativa podría ser Sacrifio del mismo autor. Si les pescan viendo esto puede que les tomen por loco. No pega nada con la arena de playa este tipo de cine.
Si quieren probar cosas nuevas y no conocen el cine de Michael Haneke pueden hacerlo con Caché. El concepto que maneja este director no deja indiferente a nadie. Se enamoran de él, le quieren asesinar por estafador o le hacen un monumento que cuando se inaugura es derribado por otros que echan espuma por la boca. Una tarde de calor que no quieran salir a sudar pueden aprovechar. No les confesaré en qué bando estoy hasta que pasen unas horas.
Y una última recomendación. ¿Recuerdan aquella película con estética de cómic en la que trabajaba Leonardo DiCaprio, Cameron Diaz y Daniel Day-Lewis? Sí, esa en la comienzan peleándose y terminan peleándose, esa en la que todo se resuelve a guantazos, esa que nos trataba de enseñar los orígenes de Nueva York. Gangs of New York. No es una mala opción. A mí me pareció fascinante. Ya les contaré el porqué.
Pues con estos títulos tienen suficiente para pasar los primeros días del mes de agosto. Prometo comentar cada una de ellas a lo largo de la semana. Mientras, disfruten de la arena, del mar y del cine. Sean buenos.

© Del Texto: Nirek Sabal


abr 20 2010

De cuando Allen se me adelantó


Diverse – Dinah Washigton – Mad about the boy

Verán. Yo tenía la idea de una película. Yo quería hacer una película, ¿saben?. Yo, una vez, tuve la gran suerte de leer en la estupenda cama de un hotel estupendísimo unos tratados sexuales de un tal Lucernay. Un tratadista sexual de los años 30, chiflado, pero muy avispado el tipo, que encandiló en su época a una sociedad reprimida y analfabeta en la materia. Una auténtica pieza de museo que consiguió encandilarme a mí 80 años más tarde, obligándome a reposar en cama y prolongar mi estancia en ese hotel sin poder parar de leer los infinitos disparates sexuales que un lunático Lucernay explicaba con todo lujo de detalle.
De buena gana hubiese yo pedido una fotocopiadora al servicio de habitaciones. De buena gana me hubiese instalado en esa habitación de hotel por muchas semanas y meses, de por vida. De buena gana hubiese robado yo cada ejemplar de esa colección. De buena gana.
A falta de fotocopiadora y de crédito en mi cuenta bancaria, sólo me quedó la opción de tomar notas y recordar los máximos disparates posibles para aprovecharlos de alguna manera, quizá, en algún guión tragicómico, algún relato corto, crónica suelta o lo que fuese.
Así que, ahora, recupero mi cuaderno de notas y rememoro, con esfuerzo, capítulos como el de “El erotismo de las locas”, como prueba de mayor sexualidad; “La mirada ovariana”, sobre el brillo que suelen tener los ojos de ciertas mujeres como signo interno de irritación ovariana; “El licor espermático”, lo que los modernos desinformados ahora llamamos semen; “Sobre la bilis, la melancolía, la flema y la sangre” y las “Perversiones histéricas”, sobre el histerismo que padecemos las mujeres de alta libido… Y así muchas estafas disparatadas más.
Resulta que esa película ya está hecha. Que Woody Allen se me adelantó con los tratados del Dr. David Reuben y que, encima, la hizo tremendamente brillante. Con, exactamente, el mismo tono irónico y punzante que imaginaba utilizar yo en esa cama de hotel, Allen descubre el timo de los afrodisíacos; la doble vida tan frustrante de los practicantes de la sodomía; el falso y desconocido concepto de frigidez femenina; la dudosa equivalencia entre homosexualidad y travestismo; la perversidad de los “pervertidos sexuales”; lo absurdo de la experimentación científica en lo sexual y el largo camino de un espermatozoide aterrado hasta encontrar su ansiado óvulo.
En fin… que yo me quedé sin película, pero con un inolvidable Lucernay grabado eternamente en mi memoria, y sobre todo, con un valioso “conocimiento” sexual que no tiene precio, señores. No tiene precio…
© Del Texto: Sonia Hirsch