mar 17 2012

Celebrity: El pesimismo desde la ironía

El mundo del famoseo, para los que son ajenos a él, es tan brutal e inhóspito como fascinante. Todo resplandece en la lejanía, todo atrae de manera que se hace irresistible, pero todo palidece cuando el que se acerca descubre que el revestimiento precioso es, sólo, una fina capa que divide la mugre del sueño de muchos.
Woody Allen sabe todo esto. Lo sabe y lo ha criticado más de una vez. Desde la idiotez absoluta de los que se apoyan en una intelectualidad pomposa y más ficticia que real, hasta el montaje cultural que convierte en mierda todo lo que toca; desde un sitio a otro, Woody Allen ha ido recorriendo un ámbito enorme intentando dejar las cosas en el lugar adecuado. Lógicamente, el resultado se queda en protesta testimonial. Todo sigue siendo lo misma cosa y así seguirá por siempre jamás.
Celebrity es una comedia exquisita en su concepto y en su factura. Salpicada con un reparto de lujo. Algo más extensa en su metraje de lo que acostumbra a presentar este director porque había mucho que contar. Por supuesto, la relación entre adultos  (en pareja) tiene gran protagonismo en el guión. Y los asuntos que obsesionan a Allen terminan apareciendo (Dios, el psicoanálisis, etc.) Aunque, esta vez, el arte, los artistas, la cultura, los intelectuales y todo lo que les rodea pasan a estar en primera línea.
La elección del blanco y negro por parte del director para presentar su propuesta está más que justificada desde un punto de vista artístico. Como el mismo diría, todo lo que vemos apesta a blanco y negro. Esa ciudad, esos decorados, esos personajes, en color serían muy distintos. No se puede pintar un mundo entero de gris. Así que la opción es el blanco y negro. No hace falta decir que la puesta en escena es magnífica. Es uno de los valores indiscutibles del cine de Woddy Allen.
El guión es ágil, chispeante e inteligente. Disparate tras disparate se indaga en zonas profunda que aclaran las ideas al espectador. No las propias (eso es cosa de cada uno y Allen es siempre respetuoso en ese sentido) sino las del autor. No es lo mejor que ha escrito, pero es notable. Ya he dicho más veces que lo peor de este director sería lo mejor de muchos otros.
Las interpretaciones son algo desiguales. Este director suele realizar un trabajo de dirección actoral muy bueno. Trabaja muy bien con el elenco y se nota que es así. Pero, en este caso, son los propios actores los que ponen o quitan mucho. Algunos de ellos estaban sin construir al hacer la película, otros no dan para más y algunos otros son magníficos con director o sin él. Kenneth Branagh más que interpretar su personaje intenta parecer Woddy Allen. Los ademanes, la tartamudez que llega de la rapidez en el pensamiento y de la duda. No es que esté mal aunque se pierde en intentos (que sobran) para parecer ser otro. Judy Davis se presenta espléndida y hace que la evolución del personaje se plasme en la pantalla con gran fuerza. Leonardo DiCaprio hace de famoso joven e imbécil. Borda el papel porque, entre otras cosas, en el momento del rodaje era un famoso joven e imbécil. Charlize Theron se pasea por la pantalla mostrando belleza. Poco más. Joe Mantegna y Melanie Griffith están muy bien. Y Winona Ryder aparece espléndida en un papel que arrasa con casi todo y articula la acción de principio a fin aunque sus apariciones son escasas.
La película comienza con una palabra escrita en la pantalla. Help. Termina del mismo modo. El mensaje, en su conjunto, es desalentador. Aunque las situaciones sean cómicas a más no poder el fondo es pesimista. Escritores perdidos en su propio mundo; actores y actrices frívolos y superficiales; relaciones imposibles del creador con la realidad; robo de ideas; estupidez a espuertas. No hay solución, no hay salida.
Una buena comedia. Una película divertida. Una película que invita a la reflexión. Una película de Woddy Allen que es lo mismo que decir que es una pelicula de buen cine.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jul 21 2011

La maldición del escorpión de jade

Woody Allen puede hacer cine de mucho calado o de entretenimiento. Con la misma facilidad. Sus películas pueden gustar más o menos, pero son, sin duda, buenas muestras de lo que es el cine. Generalmente, de buen cine.
Es verdad que los guiones incluyen temas muy recurrentes del director que salpican todo lo que hace. Y es verdad que esto puede resultar algo reiterativo y causar fatiga en el espectador que sigue la obra de Allen con cierta regularidad. Pero también es cierto que, concretamente las comedias firmadas por este director, poseen una carga irónica fuera de lo corriente, un ritmo muy amable en sus desarrollos y una dosis de creatividad que las aleja de lo puramente convencional. De hecho las arrima al cine de mediados del siglo XX, un momento en que ese tipo de cine divertido y bien realizado tuvo su momento de esplendor más acusado.
La maldición del escorpión de jade incluye en su desarrollo todos los ingredientes necesarios para convertir la película en un vehículo de divertimento sin caer en una ligereza excesiva o en lo facilón del chascarrillo. Ingenio desde el principio arrastrado desde un guión muy bien trenzado (algo previsible en su desenlace, todo hay que decirlo); un ritmo que, sin dar respiro, deja que los acontecimientos fluyan en el momento más adecuado; un clima muy propicio que recrea un momento desde la óptica más agradable posible (la película está ambientada en la norteamérica de los años 40); mezcla de parcelas contrapuestas que garantizan conflictos que rozan el ridículo (sexos opuestos en constante lucha dialéctica y emocional, lo moderno y lo clásico o elegancias arrolladoras frente a sencillez arrolladora también); un enredo desbordante en situaciones que pasan de lo normal al disparate. Y magia. No ya la que el cine contiene en sí mismo sino la de verdad, la que hacen los magos con sus ayudantes.
El protagonista, C. W. Briggs (interpretado por Woody Allen), es un investigador que trabaja para una compañía de seguros muy tradicional. La protagonista, Betty Ann Fitzgerald (la encarna Helen Hunt) acaba de llegar a esa empresa para modernizar todos los procesos. Se odian. La dama resulta ser la amante del director de la aseguradora, Chris Magruder (este papel lo defiende Dan Aykroyd). Durante una celebración en la que se encuentra presente buena parte de los empleados de la empresa, un mago hipnotiza a C.W. y a Fitzgerald. Resulta ser un mago malhechor y utiliza ese estado hipnótico (del que salen y entran escuchando una palabra) para robar en las casas aseguradas. Todo se va complicando entre policías, investigadores privados, damas adineradas y de una sofisticación casi absurda (Charlize Theron interpreta el papel de Laura Kensington, rubia, guapa, millonaria y, eso, sofisticada hasta la ridiculez). Cada secuencia es más ingeniosa que la anterior y se llena de un combate dialéctico imparable entre los protagonistas que hace reír al más reacio de los espectadores.
No debe buscarse por debajo de lo superficial en la película. No hay nada más que lo que se puede ver. ¿Es esto un acierto? Posiblemente, sí. El cine ha perdido mucho de ese carácter que tuvo y que pretendía hacer pasar un buen rato al que miraba. A nadie le puede hacer daño pasar hora y media riendo y olvidando los problemas.
El vestuario está muy bien cuidado. Exagerado cuando es necesario matizar algún aspecto concreto de la personalidad del personaje, sencillo cuando el personaje ejerce más de actante que de otra cosa. Y esto, que no suele ser contemplado por muchos como importante, en esta película es fundamental. Woddy Allen no era el actor más adecuado para interpretar su papel. Por su edad, por su falta de corpulencia, por la cara de pasmado que tiene el hombre. A través del vestuario se logra que todo encaje mejor. Tengan en cuenta que, para mayor dificultad, se ve envuelto en un lío enorme junto a Helen Hunt y a Charlize Theron. Por supuesto, la música, como ya es tradicional en las películas de Allen, acompaña como un guante la acción. Una partitura sin grandes pretensiones como la película en su conjunto.
Los actores y actrices están estupendos. Muy en su papel y muy bien dirigidos. Da la sensación, en todo momento, que disfrutan con su trabajo.
Una película que pueden ver todos los miembros de la familia. Una película sin exigencias intelectuales. Una película muy divertida. Yo no me lo pensaría y programaría una sesión de cine club en casa. Con palomitas y esas cosas.
© Del Texto: Nirek Sabal


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