oct 27 2011

Bambi: Terror en el cuerpo

Terror (Del lat. terror, -ōris), según el diccionario de la Real Academia Española significa, entre otras cosas, miedo muy intenso.
Si hablamos de Bambi, la película de Walt Disney, podemos afirmar que lo hacemos sobre uno de los grandes clásicos del cine de terror. Disney ha sido, casi con seguridad, uno de los seres humanos que más ha aterrorizado a los niños del planeta tierra con sus trabajos. Brujas horribles, incendios destructores, madres y padres muertos en circunstancias atroces. Todo lo que uno puede llegar a imaginar en esa zona oscura del ser humano. Es verdad que alternaba el puto horror con alguna cosita más agradable y que los finales eran felices, pero el rato que hacía pasar a los niños este psicópata son inolvidables para todo el que tiene un mínimo de memoria y de sensibilidad. Hagan memoria. ¿Cuándo lloró usted en el cine siendo niño? Hay que joderse; ir al cine siendo una criatura y que te destrocen la tarde o, a los más sensibles, la infancia.
Bambi es un clásico del cine de terror. Asistimos a la muerte de su mamá, al ataque de una jauría en pleno incendio del bosque en el que vive Bambi que casi se lleva por delante a todo bicho viviente (jauría e incendio), a la soledad de un cervatillo con voz de pito que se tiene que buscar una vida de futuro incierto. Viendo esto no se libran de un soponcio ni padres ni hijos. Además, la película se llena de detalles tremendos. ¿Recuerdan a Tambor? Hay millones de muñecos de peluche con la forma de Tambor en los hogares de este mundo. Una ricura de conejo ¿verdad? Tambor era un mamón. Cuando nace nuestro protagonista le recibe llamándole torpe y riéndose de él cuando se cae intentando aprender a desplazarse por sí mismo. Por si era poco, lleva al cervatillo hasta un lago helado (Tambor es un patinador de primera categoría) en el que se mete castañas por doquier (el cervatillo) y termina hecho un ocho. Pero no queda ahí la cosa. No, Disney era mucho más retorcido que todo eso. Tambor conoce a una coneja y se va sin decir adiós. Maravillosa enseñanza para los niños. Tus amigos son unos mierdas o pasa de tus amigos que es más importante tu propio destino. Por cierto, volvemos a ver a Tambor rodeado de varios conejitos. Sus conejitos.
Además del miedo atroz que provoca esta película, hay un aspecto indignante. El papel de cervatillas, mofetillas y conejillas. Observen su coquetería, su atrevimiento, casi la agresividad que muestran para llevarse al huerto a cervatillos, mofetillos (¿?) y conejillos. Y lo desahogadas que son todas ante un mundo horrible. ¿Han pensado que hay muchas más brujas o hermanastras que villanos? A este tío le pasaba algo con las mujeres. Se lo digo yo.
Una de las escenas más terroríficas de la historia del cine es la que nos muestra el bosque ardiendo (eso parece el fin del mundo) y los animales corriendo, intentando salvarse. Espeluznante. Pero, en general, la película es eso, el puto horror hecho realidad. Y la letra de las canciones es, no sé cómo decirlo, tengo dudas, no tengo palabras… ¿extravagantemente horteras? En fin, entre unas cosas y otras, mejor no pensar en esto antes de dormir.
Si su hijo ve Bambi y llora siéntase culpable. ¿A quién se le ocurre, joder?
© Del Texto: Nirek Sabal


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ago 25 2010

La sirenita: Disfrutando como niños

La última película de dibujos animados que vi en una sala de cine fue La sirenita. Lo pasé tan bien que me pareció alucinante. Debo reconocer que no acostumbro a ver películas de animación porque soy una romántica y me gusta conservar la idea original que tengo de las cosas. Tengo una idea preconcebida de los filmes de dibujos que construí viendo la televisión en blanco y negro, por lo general, y en la sesión continua del cine de mi barrio, las tardes de domingo, si había suerte. La edad me apartó de esas películas y la casualidad me llevo a ellas de nuevo.
Por eso, para mi fue toda una sorpresa, encontrarme de frente con La Sirenita, y retroceder mil años con una facilidad increíble, colgarme del brazo de Ariel, pasearme por el fondo del mar y salir del cine con la sonrisa pintada en la cara y que esta quedara así casi tatuada hasta que me acosté muchas horas después.
Esta película es un musical romántico que sirvió para que Disney volviera a colocarse en la cabeza, nuevamente, de las compañías que producen cine de animación. Leí en algún lugar que fue la última película que se coloreó. Lo que los entendidos dicen, a mano, a partir de ese momento, todo pasó a realizarse por ordenador.
Confieso que me gustó tanto que en su día compré la cinta de video alegando que era para regalar y que, tras la desaparición de estos, compré el DVD pretextando lo mismo. Y no sólo reconozco eso, sino que, debo confesar, que también soy la primera en colocarlo en el reproductor cuando entra un niño en esta casa.

No me cansa, me divierte, me pone de buen humor y, sólo por eso, creo que voy a conservarla sin dejar que ninguna visita enana se la lleve.
La historia, es la adaptación del cuento escrito por el danés Hans Christian Andersen en 1836, publicado en la colección Cuentos de hadas contados para niños. En el original, la sirenita había alcanzado la edad suficiente para subir a la superficie del mar. La primera vez que lo hace, rescata de morir ahogado a un príncipe del que quedará irremediablemente enamorada. Por su amado, hará un trato con una bruja, cambiará su aleta por unas piernas que le permitan vivir en tierra a cambio de entregarle su voz, de quedar muda para siempre, pero el príncipe se enamora de otra mujer. Ante esta situación Ariel puede volver al mar, pero para ello debe lastimar a su amado, por lo que finalmente decide no volver. Este sacrificio, que no llevará a que el príncipe se enamore de ella, sí la salvará finalmente de morir en la nada, convirtiéndose en aire.
Como pueden observar, la historia bien podría ser el argumento de una novela para adultos, el amor sacrificado que no lleva a nada, porque un amor no correspondido se convierte en dolor. Pero el mundo infantil tiene precisamente la gracia de transformar algo tan terrorífico como es la historia de La Sirenita en algo encantador y la factoría Disney, en este caso, lo bordó, no sólo lo mostró bonito, sino que dotó de nombre a la Sirenita, llamándola Ariel, cosa que en el cuento original no tenía, azucaró el argumento y lo dotó de un final feliz que, tampoco existe en el cuento de Andersen.
La Sirenita de Disney es almibarada al máximo, pero muy divertida. ¿Quién no recuerda la famosa canción Bajo del mar que cantan y bailan los peces, caballitos de mar, cangrejo incluido? En esta película todo es agradecido, delicioso, previsiblemente feliz, pero para eso están estas películas, para que los mayores volvamos a sentirnos como críos y los niños sigan disfrutando del desconocimiento de lo que un futuro aciago les depara.
No hay que correr. Las cosas llegan cuando tienen que llegar y no tiene nada de malo entregar grandes dosis edulcoradas de cine a los niños. Deben vivir la cara amable; es lo que les toca, las bofetadas y reveses de la vida ya les llegarán.
Hoy tengo un día regulín, creo que voy a volver a verla.
© Del Texto: Anita Noire

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ago 21 2010

El hombre que pudo reinar: La inolvidable aventura de Dravot y Carnehan


Pocas veces he salido tan emocionado de una sala de proyección. Era, tan sólo, un niño. El hombre que pudo reinar de John Huston. Quizás uno de los recuerdos más nítidos de mi niñez. La experiencia de vivir las aventuras de Daniel Dravot (Sean Connery) y Peachy Carnehan (Michael Caine) hicieron casi imposible que dejara de jugar a ser un sargento del ejército británico durante una larga temporada. Es verdad que, en aquel momento, no entendí qué era eso de la masonería, el vínculo que se creaba con Alejandro el Grande y algunas frases que decían los protagonistas. Era difícil que un muchacho de once o doce años se enterara de esas cosas. El guión nacido de la novela de Rudyard Klipling (personaje de la película interpretado por Christopher Plummer), aunque excelente, incluye algunas frases muy literarias. Me temo que detrás del resultado final se esconde un afán importante por ceñirse al texto original. Pero todo aquello no me causó el más mínimo probema. Lo que me habían contado era algo parecido a lo que soñaba con vivir, a lo que soñaba con narrar yo mismo algún día.

La película de Huston es impresionante. Es cine del bueno, del auténtico. Connery y Caine interpretan de forma magistral a los dos suboficiales británicos que llenos de ambición, de arrogancia y de valor, dedicen conquistar un país y convertirse en reyes. Ellos solos. Consiguen una credibilidad abrumadora. Los escenarios están perfectamente elegidos (la película se rodó, en su mayor parte, en Marruecos y en Chamonix). La partitura firmada por Maurice Jarre acompaña a los protagonistas perfectamente y, aunque no es una banda sonora de esas inolvidables, es muy efectiva al derramar carácter británico en cada secuencia. Creo que fue la primera película que vi con final trágico. Estaba acostumbrado a soportar las películas de Walt Disney que eran dramáticas en su desarrollo, pero felices en el desenlace. O lo que es igual, acostumbrado a las películas del gran psicópata del cine, del mayor torturador de mentes jóvenes y personajes propios. La cantidad de padres y madres muertos en esas películas, la cantidad de tragedias impensables que tuvimos que vivir y siguen soportando los niños de todo el mundo.

La película de Huston cuenta cómo Daniel Dravot y Peachy Carnehan (sargentos del ejército británico destacado en la India) entablan relación con Rudyard Klipling (corresponsal del períodico The Northeen Star). Los militares son unos rufianes ambiciosos, caraduras y bien plantados. Firman un contrato entre ellos, con Kipling como testigo, en el que dictan las normas a seguir mientras conquistan un país al norte de India para coronarse reyes. Los tres son masones. Comienzan su viaje y una serie de acontecimientos hace que confundan a Dravot con un Dios en el territorio en el que quieren reinar. Alejandro el Grande ya fue tomado por tal mucho antes. Dravot sería su hijo. Esto hace que el militar quiera quedarse en el trono (la idea era agarrar el botín y regresar), que modifique su actitud incluso frente a su compañero de viaje, que se confunda entre tanto poder. Aunque supongo que serán pocos los que no hayan visto la película, lo dejo aquí. Por si las moscas. 

El guión de la película es sensacional. Es una excelente adaptación de la novela de Kipling titulada The Man Would Be King. Las interpretaciones de protagonistas y secundarios maravillosa (Saceed Jaffrey en su papel de Billy Fish está más que bien). El conjunto es emocionante, muy divertido, gracias a un ritmo narrativo perfecto producto de un montaje exquisito. Pero, sobre todo, es una película de cine imposible de olvidar. Durante nuestra vida, podemos ver un número muy importante de ellas. Unas las colocamos en la sección “Buena película”, otras en “entretenida”, muchas la etiquetamos como “castaña”. Sólo unas pocas (poquísimas, piense en ello) las dejamos colocadas en un lugar especial que podemos llamar inolvidable u obra maestra. Y son menos las que nos cambian la vida. Películas como El hombre que pudo reinar son de estas últimas para el que escribe. Descubrir que hay una ventana por la que se puede mirar el mundo, distinta de todas las demás, una ventana por la que sólo los privilegiados pueden echar un vistazo para enseñar lo que ven después, dinamita la vida de cualquiera. Quizás sea uno de mis primeros recuerdos nítidos porque el día que salí de aquella sala tuve claro lo que terminaría siendo en la vida. Y, sobre todo, lo que nunca llegaría a ser. Dios.

© Del Texto: Nirek Sabal
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jun 28 2010

Alice In Wonderland: Ni pasen ni vean, por favor.

Alice In Wonderland de Tim Burton es una película mala y grotesca. Yo nunca llevaría a unos niños a verla porque tiene un mensaje bastante negativo, porque aparecen en ella muestras de crueldad escatológica e innecesaria que no creo oportuno que presencien a los menores. Como me parece aburrida tampoco la recomendaría a los adultos que no van a encontrar en ella nada de su interés. Quizás algún adolescente desequilibrado sea capaz de aumentar la perturbación de su mente con este despropósito de historia.
Estéticamente es pobre, oscura, casi gótica y aunque nada tengo en contra de los góticos no me parece que sea el tono adecuado para esta historia. Visualmente es más cercana a un videojuego no demasiado innovador que a cualquier otra cosa. Las únicas partes que no son oscuras, las que pertenecen al mundo de la llamada Reina Blanca son cursis hasta la caricatura y ninguno de los guiños con los que guionistas y director pretenden divertirnos funcionan.
No se salva nada. El trabajo de las actrices no merece la pena ni ser comentado y todo es desacertado hasta la exageración. Anne Hathaway está para quemarla en una hoguera (artística y metafórica, que no se me malinterprete. Yo no soy como ellos) y Helena Bonham-Carter ha encontrado definitivamente su registro como cabezudo malvado.
No merece la pena compararla con las obras que se supone que la inspiran. Todo es una burda utilización comercial y hasta los retazos que quedan de aquellas han sido pervertidos y despojados de su naturaleza.
Es rebuscadamente difícil hacer algo tan mal con tan grandes antecedentes y tan ingentes recursos. Resulta inconcebible cuando son tantas las cabezas que piensan y deciden en una producción de ese tipo. ¿Cómo se habrán convencido unos a otros de lo que estaban haciendo? ¿O será más bien que nadie hizo nada confiando en que los equipos de efectos especiales iban a resolver el desaguisado? Pues hasta la postproducción y los efectos digitales requieren un planteamiento previo y serio.

Una película ínfima. No es de extrañar que estuviera yo solo en el cine. Ni siquiera la reinvención de las tres dimensiones (por cierto que no son tres, son cuatro) le aporta nada.
Es previsible, burda, llena de tópicos sacados de los peores filmes de hadas y con un tufo a mundos medievales desquiciados y mal interpretados. Un totum revolutum infame. Es seria candidata a competir, desde mi humilde punto de vista, en los Razzies 2011 como peor película, peor secuela, peor director, peor guión y peores actores y actrices, protagonistas y de reparto.
Cuando descongelen a Walt Disney le va a dar algo.
Lo único que se salva es la interpretación de Madonna en el papel de Mad Hatter…
¡Ah, que no era Madonna!
Me hubiera ido del cine.
© Del Texto: IVOR QUELCH


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