mar 13 2011

A Serbian Film: De polémicas va hoy

Si hablo hoy de este film, es por el mero hecho de cómo el sensacionalismo hace estragos en nuestro país, de cómo la clase política llega a ser tan estúpida, de la hipocresía actual, y de cómo una persona completamente inocente es juzgada por el absurdo de exhibir una película que ni es suya, ni la ha producido, ni nada de nada. Vivimos en un país de pandereta. Bienvenidos a la censura new age (como dice mi buen amigo Jesús Mesas).
Os pongo en antecedentes:
A serbian film es una película que se exhibió en el festival de Sitges hace ya un tiempo (y todos sabemos qué temática impera en ese magnífico festival, al que algún día iré si me llega el dinero). El problema es la polvareda que se ha levantado, la propaganda barata de la que se han hecho eco los medios más sensacionalistas para explotar ciertas escenas demasiado controvertidas de la cinta, y más, en estos tiempos de lo políticamente correcto que, para ser sinceros, a mí ya, con tanta tontería edulcorada, me está produciendo sarpullidos; así como la mala sensación de una completa falta de criterio y de conocimientos cinematográficos en el público y en los medios de comunicación (y hablo de historia del cine), y aún más, desconocimiento de esos subgéneros dentro del terror (gore, slasher, etc, etc). Lo nefasto, es que la Fiscalía de Barcelona denunció e imputó a Ángel Sala, director del prestigioso festival, por permitir la proyección de esta obra, ya que contiene escenas como la violación de un menor o un recién nacido. A bote pronto, suena duro. Duro por las escenas. Pero SON FICTICIAS, señor fiscal (y sí, ustedes que me leen, no se pongan en plan alarmistas y de buenos samaritanos porque es lo que me faltaba). No se puede decir ni más alto ni más claro. Y para más inri, no se muestra nada explícito, y no es que defienda la película, pero creo que cuando las cosas son sacadas de contexto, se tiende a la demagogia barata, al tono panfletario más banal. Voy a poner un ejemplo chusquero: es como si yo veo Muerte en Venecia de Visconti (o me leo la obra de Thomas Mann) y veo un viejales decrépito persiguiendo a un niño de cabellos dorados y me quedo con esa movida, sin entrar a profundizar ni en el porqué, ni cómo, ni qué quiere decir el autor con ello. Pero te denuncio porque creo que haces apología de la pedofilia, por mis santos cojones.

De hecho he visto las famosas escenas de A serbian film, y no se ve nada de nada de nada. Es más, toda la película me parece un chiste mal contado. Obvia e inmediatamente, los medios se han echado las manos a la cabeza, han escupido contra todo y todos, han querido tomar de cabeza de turco al pobre Ángel Sala y han realizado una campaña de difamación contra todo eso malo (porque ni ellos mismos saben porqué protestan) que no defienden ni entra en sus planes de negocio, pero luego tenemos que tragarnos a todas horas a la Esteban y demás payasos de circo en Sálvame, ver cómo unos zorrones compiten por un macho ¿alfa? sin cerebro alguno en Mujeres, hombres y viceversa, o como en las tertulias de Cuatro se hace alarde una censura con cara de sonrisa, tragarnos ocho mil resúmenes de fútbol (¿existe otro deporte?) o cómo una campaña de Durex que ninguno ha visto da una visión más que vergonzosa de la mujer (una en la que viene decir que todas son unas chupamiembros, hasta yo mismo tengo que autocensurarme) y aquí nadie se ha alterado, un reflejo de los tiempos que vivimos y de este gobierno ¿socialista? Juas. Esperad que me ría un poco. Si, estoy un poco agresivo, y ¿quién no? Es decir, siempre ha habido cineastas y artistas que han querido provocar con ideas, imágenes, hechos. Pero de lo que hablamos aquí hoy es de algo completamente ficticio, como toda esta gente que he mencionado con ganas de provocar y llamar la atención, no es algo real, y señores, muchos no lo queréis ver, pero esto está marcando un camino a seguir y es que muchas productoras se pensarán en lanzar sus productos por estos lares, debido a que nuestro gobierno progresista, cada día menos democrático y aún menos social, está poniendo todo tipo de trabas a productos de índole violenta o de terror, ya vimos cómo la cagaron con Saw VI que para colmo era la más suave de toda la saga. País de pandereta, masas sin cerebro, censura new age (voy de guay, pero te recorto aquí porque me sale de la entrepierna por no decir otra cosa). Bonito panorama.

Hablando ya de la película, la historia va de un actor porno retirado, ahora padre de familia que vive sus días en paz y armonía, echando de menos su época más salvaje y sexual. En esto que llegan unos tíos, y un snob como director y le proponen un nuevo film enmascarado como porno-arte o algo así, esta gente son una mafia en toda regla y unos salvajes que van a hacer que nuestro protagonista desate sus instintos más primarios y acabe rematadamente mal, una caída a los infiernos en toda regla. Eso, a modo resumido, porque la obra es infumable desde el principio hasta el final: soporífera, aburrida, mal dirigida, mal interpretada, con poco gusto, planos horrorosos, fotografía y música igual de penosa. Vamos, esa es mi crítica. Esperaba mucho más dado el pifostio que se ha montado alrededor de ella, pero no ha sido así. Obviamente quien no esté acostumbrado a ver una peli con cierta ultraviolencia lo verá como lo más horripilante y macabro de este universo, pero en mi opinión, es que no ha visto una absoluta mierda. Aunque en sí, creo que la metáfora es obvia, el cine es un putiferio que juega a lo macabro revestido con una amable sonrisa que cuando menos te lo esperas, destroza vidas (¿Alguien recuerda jóvenes actores y actrices que parece que se los tragó un agujero negro? ¿Hannah Montana, donde estás? ) Nótese el sarcasmo de todo el asunto.
Desde aquí, y como otros muchos profesionales del medio, mi más sincero apoyo a Ángel Sala, una persona con la que se han cebado a base de bien y que no se merece el trato que se le ha dado, y que no tiene culpa de nada. Y otra cosa, no olvidemos que este film ha sido proyectado en otros festivales, y ha pasado sin pena ni gloria. Lo dicho, aquí hacemos de un grano de arena una bola de nieve.
Sin más, como solía decir Edward S. Murrow, buenas noches y buena suerte.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

Imagen de previsualización de YouTube
Imagen de previsualización de YouTube


jul 4 2010

Io sono l´amore: La simbología de lo narrado

Todo estaba contado ya. Lo había hecho Pasolini en su Teorema, Pascal Ferran en Lady Chatterley y Visconti en La Caída de los Dioses. Lo hemos visto en cada película que habla del amor como fuerza imprevisible y devastadora.
Pero nunca había sido retratado de una manera tan contenida, apoyándose en los sonidos y las omisiones. Tan metafóricamente compuesto con símbolos.
Luca Guadagnino, sus directores artístico y de fotografía, sus vestuaristas, crean para esta película una atmósfera densa y cargada de presagios en una familia exactamente rica. No con el exceso que en Italia se asocia al mal gusto ni cayendo en el desclasamiento burgués. Whealthy le dicen los ingleses, como sólo se puede ser en un país que, a pesar de todo, paga la factura del petróleo con los beneficios de la alta costura. Y en ese ambiente suntuoso, mantenido en provocada intemporalidad, como un estuche de leves dorados y paneleados de madera, lo que le sucede a los ricos adquiere un tono épico. Aquí se retrata la familia en el arranque del filme y aquí se van a desencadenar las fuerzas que provocan la crisis. La soberbia recreación de este espacio subsumido en una Milán horrible, cubierta por la nieve, es uno de los grandes aciertos de la película y el otro una selección de músicas perturbadoras que nos ponen al borde de la desesperación, como la extraña partitura de la ópera Nixon in China de John Adams.
Todo lo que sucede de importante se encuentra en la periferia y se muestra sesgado o fuera de plano y eso, que habrá muchos que detesten, es otro acierto para evitar lo prosaico. Debemos escuchar el silencio para interpretar lo que ocurre.
Tilda Swinton está estupenda en su papel como no podría ser menos teniendo en cuenta que firma también como productora y todos sus excesos de interpretación están convenientemente enmascarados en una personalidad rusa, domesticada, diferente, que termina desafiando a las convenciones y desencadenando la tormenta literal y figuradamente. Marisa Berenson soberbia como Allegra Recchi, tremendamente Fendi. No se debe decir más, solamente un mito viviente puede llegar a esa altura sin pronunciar prácticamente una palabra en el filme. Flavio Parenti (Edoardo hijo) es guapo, interesante, magnético y actúa con gestualidad minuciosa y elegante. Y está impecable Maria Paiato como Ida, la criada entrañable, cuyo papel va creciendo con una tensión que termina apagando con sus lágrimas.
La película se acaba de estrenar, ha ido a las secciones oficiales de Venecia y Sundance y la preludia el mito de retratar de manera encubierta a los poderosos Agnelli, cosa que el director desmiente aunque todos sabemos que es verdad. (Y él sabe que nosotros lo sabemos).
Por momentos es desesperantemente lenta y quizás los amores de Emma (¿Les suena el nombre?) sean un poco faunescos como lo es su amante cocinero. Por cierto que los guiños a la nueva cocina son equilibrados y contra todo pronóstico funcionan.

No conviene esperar para verla en una pantalla pequeña porque el ritmo y la visualidad no soportan el formato. No deben ir los que detesten el exceso estético porque el oriente de unas perlas en la penumbra de un cuarto de postración les quemará los ojos.
Para los amantes de buscar claves ocultas, queda por inventar una inquietante relación triangular, posiblemente incestuosa y levemente homoerótica y un encadenamiento de homenajes al cine, la literatura y la música que culminan con la voz inigualable de La Divina.
Los curiosos deben conocer que la residencia Recchi es un decorado natural, la villa Necchi Campiglio, construida por el arquitecto Piero Portaluppi entre 1932 y 1935.
Me ha gustado.
© Del Texto: IVOR QUELCH


Imagen de previsualización de YouTube