sep 22 2010

V. O. S.: Lo que hay detrás

Siempre me han gustado las cosas originales. Sobre todo si son inteligentes, interesantes o transgresoras. Si reúnen las tres cosas al mismo tiempo, mucho mejor. Ya sé que no es nada del otro mundo decir algo así. ¿O sí lo es? Millones de personas consumen lo que les dicen que hay que comprar. Sin pensarlo dos veces. Es increíble cómo los gustos de todo lo que tiene que ver con el arte se ha convertido más en un consumo que en cualquier otra cosa. Se ha hecho universal una parte (la más lamentable) y otra se ha convertido en un coto ocupado por defensores del purismo (esto también es lamentable porque los que se parapetan en ese territorio suelen ser unos mediocres). Es decir, casi todos a un lado. Casi nadie al otro. Y todo lo que tiene que ver con el arte y la cultura derrumbándose con rapidez.
Yo, que soy protestón por naturaleza, no me creo nada de esto. Ni que el arte ha de ser universal, accesible para cualquiera aunque sea un zopenco, comprensible hasta para el más tonto; ni que sea una reserva destinada a mentes cultas y exquisitas. Todo eso me parece una majadería. Las cosas funcionan de otra forma. Planteado tal y como lo está, lo único que se consigue es que todos crean ser capaces de, por ejemplo, rodar una película de cine o escribir una novela; que unos pocos ganen dinero a base de decir cosas incomprensibles. Y, lo peor, unos por tragar con los que les echan y otros por ser tan finolis y maravillosos, impiden que se conozcan a una serie de autores de los que podríamos disfrutar de lo lindo.
Si preguntásemos a los asistentes de un buen partido de fútbol o a los de una ópera excelente o a los viajeros del tren Madrid-Sevilla, sobre un tal Cesc Gay, les garantizo que muy pocos sabrían de quién les estábamos hablando. Pero muy pocos. Si lo hiciéramos en la puerta de un cine el resultado sería más o menos el mismo. Y si preguntásemos por la película V. O. S. nos pasaría lo mismo. Una pena.
Cesc Gay es director de cine y guionista. Un tipo que hace cine inteligente, interesante y, desde una aparente normalidad, transgresor.
V. O. S. es una de sus películas. Una de esas que pasa desapercibida para el gran público. Una excelente película de un director con un futuro por delante más que esperanzador. Si no se estropea por el camino y se deja cegar por un puñado de euros o si no le destroza la crítica ramplona que tanto debe a los grandes grupos de comunicación.
La película cuenta la historia de dos parejas. Habla de cómo las cosas llegan sin ser esperadas y el destrozo que ocasionan para unos u otros, de cómo las miradas sobre la misma cosa hace de ella un universo exclusivo. Cosas que en otras circunstancias serían motivo de celebración, pero que se convierten en infiernos personales. Y, además, la película cuenta cómo se cuenta todo esto. Podemos ver a los actores descansar entre toma y toma, cómo se barren los platós, cómo la frontera entre actor y personaje se va haciendo mínima, la trasera de los decorados, cómo se discute el vestuario, el trabajo del fotógrafo, las relaciones que se establecen entre los miembros del equipo de rodaje, a los ayudantes de producción yendo y viniendo. Incluso a los actores interpretando a sus personajes después de interpretarlos. Dicho de otro modo, a los personajes interpretándose a sí mismos. Se cuenta, todo esto, desde la ruptura de la linealidad narrativa. Todo empieza desde el final. Sin ocultaciones.

Habla la película de la incomunicación, de la falta de complicidad en la pareja que siempre es sustituida por la complicidad con un tercero. Los personajes llegan a pensar en alto porque es igual. El de enfrente no va a escuchar.
Habla la película de lo que nos podemos encontrar detrás. Detrás de la relación entre un hombre y una mujer. Detrás de la cámara.
La elección de los temas musicales, como siempre en las películas de Gay, es muy acertada. En V. O. S. destaca el tema Algo contigo por ser troncal en la narración. y por su calidad, claro.
Destacan las interpretaciones femeninas. Tanto Ágata Roca como Vicenta Ndongo están formidables. Andrés Herrera y Paul Berrondo están más discretos en sus papeles. Quizás lo exagerado del acento vasco de ambos termina siendo una búsqueda facilona de sonrisas que deja de funcionar dos minutos después de comenzar la película por parecer artificial en exceso. Todo hay que decirlo. Es la dirección de actores lo más flojo del director. Cuando trabaja con gente de primera línea las cosas salen mucho mejor, más por el talento de los actores y actrices que por el trabajo de Gay.
V. O. S. es una muy buena película. Cesc Gay es un muy buen director. ¿Quién espera con inquietud su próxima película? ¿Quién ha escuchado el nombre de este director en una mesa en la que se habla de cine? Una pena.
© Del Texto: Nirek Sabal
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mar 15 2010

La vida de los adultos al descubierto. En la ciudad.


¿Quién, siendo niño o adolescente, no se ha encontrado fantaseando con los personajes que aparecen en una película, con las historias que viven? Posiblemente sean muy pocos los que digan que no lo han hecho nunca y a esos, a esos pocos, les compadezco.
Cuando nos hacemos mayores dejamos de fantasear y vemos las películas como puro entretenimiento. Entramos en una sala de cine, nos sentamos y durante una hora y media, dos a los sumo, nos olvidamos de quienes somos, de lo que nos preocupa, y dejamos pasar el tiempo sumergidos en lo que pasa en la pantalla, pero no la traspasamos jamás, nos quedamos como meros espectadores de lo que allí ocurre, pero nunca somos personajes de aquello que estamos viendo.
Esto no ocurre con “En la ciudad”. Quienes me conocen saben que he desarrollado un auténtico gusto por los films de Cesc Gay. Y eso, no ha sido porque sí, sino porque los guiones de este director, son tan cercanos que bien podrían ser extractos, ligeramente modificados, de mi vida. Pero no sólo de la mía, sino de la tuya, de la suya, de la nuestra, de la vuestra.

Esta vez no podía ser menos. En esta película, Gay vuelve a colocarnos en el universo de lo cotidiano, en el centro de nuestras propias vidas. Estamos ante la historia de un grupo de amigos que viven en Barcelona, unos urbanitas prototípicos que mantienen oculta a los demás parte de su vida.
Un grupo de personas, con sus vidas organizadas, cada uno a su manera y como puede, andan buscándose en sus universos personales, porque todos ellos andan terriblemente perdidos en el universo de lo oculto. Y es que, no hay pérdida más grande que sentirse extraviado en el universo particular.
Lo que les ocurre a los personajes de “En la ciudad” es que andan perdidos, lo mismo que nos ocurre, en determinados momentos, a todos nosotros, que nos perdemos, no nos encontramos. Vivir en una gran ciudad, con cantidades ingentes de personas rodeándote no te garantiza el sentirte acompañado. Precisamente, eso es lo que nos trasmite esta película, que el aislamiento y la soledad interior está presente en la vida de los adultos por muy rodeados de personas y de cosas que estemos.
Se nos narran las historias de varios personajes en permanente conflicto interior. El mantenimiento de las apariencias para sentir que se pertenece al grupo y así continuar con una existencia absolutamente patética y triste.
Irene (Mònica López), una lesbiana, casada con un hombre al que no quiere, Manu (Chisco Amado) viviendo un auténtico tormento interior para ocultar a su marido su condición sexual. Sofía, (María Pujalte), la dependiente de una librería, con una desastrosa vida sentimental, que fantasea con las conquistas que va realizando a la espera de encontrar al “hombre de su vida”. Un arquitecto, Mario, (Eduard Fernández), que asiste en silencio a la infidelidad de su mujer, Sara (Vicenta Ndongo), y que sucumbe ante los encantos de una joven camarera, Cristina (Leonor Watling). Un profesor, Tomas (Alex Brendemühl), que inicia una relación con una alumna, menor de edad, Ana (Miranda Makaroff), a la que termina convirtiendo en su amante.
Historias que podemos encontrar en cualquier momento, a nuestro alrededor y que no queremos ver, no queremos conocer, porque nos muestran y nos colocan frente a nuestro propio espejo, porque nosotros mismos somos personajes de nuestra propia película.
Y por último, si no quiere sentirse parte de esta “Ciudad”, si no quiere pararse a pensar sobre qué es lo que está ocurriendo con su vida, no vea esta película, déjela para otro momento. Pero, si finalmente decide sentarse frente al televisor, no dejen de reparar en la banda sonora que, como siempre, con Gay es un gustazo.
© Del Texto: Anita Noire

Jamie Cullum – I Think I Love