jul 25 2013

Expediente Warren: The Conjuring. Terror de siempre

Expediente Warren: The Conjuring es una película de terror armada sobre un guión clásico del género, unos efectos sonoros clásicos del género, una partitura clásica del género, un maquillaje y una peluquería clásicas del género. Todo es clásico. Incluso algunos movimientos de la cámara. Esto hace que sepamos, más o menos, qué es lo que va a suceder desde el principio hasta el final. Pero, a decir verdad, James Wan consigue entregar un trabajo muy meritorio. Porque, si bien es cierto que la película es muy previsible, lo que cuenta (ya sabido) lo cuenta muy bien. El ritmo y la tensión no dan respiro al espectador, hay algún plano secuencia con la cámara al hombro muy bien planificado, el resto de planos son diferentes y llamativos (sobre todo los picados y contrapicados) y el miedo, nervioso primero y potente más tarde, hace acto de presencia rápidamente.
Los guionistas, Chad Hayes y Carey Hayes, no escriben nada del otro mundo (expresión poco apropiada al hablar de esta película) aunque esa etiqueta de estar basada la trama en un hecho real ayuda mucho a limar defectos, a que no se les dé importancia. Lo que cuentan, por cierto, es una adaptación muy libre de los sucesos ocurridos en la casa de la familia Perron (Rhode Island).
De entre los cuatro personajes principales, destaca el que encarna Vera Farmiga. El personaje y ella. Lili Taylor, Patrick Wilson y Ron Livingston, están bien aunque no hacen nada que merezca la pena resaltar.
Al igual que en El Exorcista, Los Pájaros o Al final de la escalera (en Expediente Warren se las homenajea claramente) los niños tienen gran importancia. Este es un ingrediente que no falla cuando hablamos de demonios, espíritus o cosas parecidas. Los Perron son padres de cuatro jovencitas que se mueven por la pantalla para acrecentar la tensión. Con demonios pegados a la espalda, hablando con espíritus, volando y eso.
Además de una partitura muy efectiva, la fotografía también lo es. John R. Leonetti hace un excelente trabajo. Esto tiene especial importancia al crear un clima excelente para que el relato fluya sin complicaciones en el género de terror. No vale cualquier cosa.
Este relato es conocido. No el mismo aunque los hay muy parecidos. El matrimonio Perron (Lili Taylor y Ron Livingston) compra una casa. Se mudan y se encuentran con un enorme abanico de asuntos sobrenaturales, terroríficos y espeluznantes. Los guionistas se toman la molestia de justificar el porqué no salen pitando de allí y lo hacen de forma simple aunque convincente (en este sentido los guionistas son cuidadosos y huyen de las chapuzas). Acuden al matrimonio Warren (Ed Warren-Patrick Wilson; Lorraine Warren-Vera Farmiga), expertos en esos asuntos. Y lo demás ya lo saben ustedes.
Hay momentos de gran tensión y el desenlace no es una idiotez como ya ha ocurrido en otras películas. Expediente Warren: The Conjuring es una buena película de terror que roza los tópicos aunque James Wan logra no caer en ellos sin la astucia suficiente como para que el espectador crea estar viendo algo alejado de esos territorios.
Una excelente opción para los que quieran pasar un mal rato. Nadie saldrá defraudado del cine. Es más, muchos dormirán con los pies bajo las sábanas por si las moscas.
© Del Texto: Nirek Sabal


may 1 2011

Código fuente

Es difícil conseguir tanto con tan poca cosa. Esto se le podría decir a Duncan Jones acerca de su película Código fuente. Pero ese tanto no es gran cosa. También se le podría decir. Un experimento. Un bucle temporal que cambia todo. Poco más. Da la sensación que esta película ya está vista mucho antes. Y lo peor de todo es que no es cierto. Se distancia de ideas similares con cierta originalidad, pero no logra ese efecto diferenciador tan necesario cuando se trata de un relato de ciencia ficción.
Ducan Jones trabaja con un par de localizaciones fundamentales durante toda la película. Y son cuatro actores los que soportan el relato. Menos es difícil.
Monta la película de forma muy acertada. Lo repetitivo de la trama podría ser una dificultad y, sin embargo, no es así gracias a ese montaje cuidadoso e inteligente. Pero esto no es suficiente porque el guión va de más a menos y termina convertido en un disparate aunque se le disfrace de futuro posible.
Jeffrey Wright defiende bien un papel menor. Vera Farmiga más o menos lo mismo aunque su papel se eleve al final de la película. Jake Gyllenhall y Michelle Monaghan están bien.

El guión de Ben Ripley es prometedor y desilusionante. Intenta un espectáculo final que no termina de cuajar. Cuenta cómo un militar norteamericano es mantenido con vida cerebral parcial para que pueda ir y volver a un tren virtual que ha sufrido un atentado (dentro de la mente de un hombre muerto, durante sus ocho últimos minutos de vida). La idea es que descubra al terrorista para evitar nuevos ataques. Algo así. De modo que la película, en más del noventa por ciento, suma repeticiones de la misma cosa añadiendo las modificaciones lógicas según aumenta el conocimiento del militar. Eso es lo fundamental puesto que los diálogos son bastante mediocres.
Sí llama la atención la estética de la película que recuerda al cine rodado hace veinte o treinta años. Por ejemplo, el manejo de la saturación de los colores es lo más sorprendente.
En definitiva, una película más en la que se explotan bien los recursos sin resultados contundentes. Se deja ver, que no es poco tal y como está el patio. Una película más en la que se explora el terreno del tiempo como posible dimensión cambiante. Una película normal y corriente. Sólo eso.
© Del Texto: Nirek Sabal


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mar 24 2010

Lo necesario de poder regresar. Up in the air.

¿En qué mundo vivimos? Existe una tendencia extraña a pensar que todo lo que es emocional, es ñoño, poco profesional. Desde el mundo empresarial, y porque no, incluso en el personal, hemos emprendido un ataque feroz a la comunicación directa entre personas. Hoy en día nos comunicamos por teléfono, por mails, nos vemos por videoconferencia, y nos creemos que con ello nuestras relaciones personales y profesionales se vuelven más eficaces, más rápidas, más ágiles. Posiblemente sea cierto, pero, también lo es, que las estamos deshumanizando.
Hoy lo que” triunfa” es viajar ligero de equipaje, la falta de compromiso, la voluntad de no involucrarse demasiado con el que tenemos a nuestro lado. Sin embargo, a la hora de la verdad, cuando las cosas vienen mal dadas, lo que buscamos siempre es el calor que nos da precisamente los que tenemos a nuestro lado, nuestros amigos, nuestra familia, nuestras parejas. No podemos vivir eternamente con una mochila vacía.


“Up in the air”, muestra precisamente todo esto. Ryan Bingham (George Clooney), es un profesional cuyo trabajo consiste despedir a gente. Vive viajando por todo el país, sin más obligaciones que las que su propio trabajo le impone. Vive a caballo de cientos de aeropuertos, hoteles de primera y coches de alquiler. Toda su vida en una maleta. Su único objetivo, conseguir alcanzar el máximo de millas viajadas para entrar en una estúpida élite de viajeros. Por el camino, tropezará con Susan (Vera Farmiga), otra viajera profesional que como él, pasa media vida recorriendo el país. El inicio de una relación con Susan, el encuentro laboral con una novata (Anna Kendrick) que pretende revolucionar el sistema de despidos de la empresa y que terminará afectada por la consecuencias de su trabajo, provocan el primer tambaleo en la vida de Ryan quien, sin remedio, acabará contemplando como su vida en solitario como opción no es más que un fraude.
“Up in the air”, no es una comedia, es más bien el drama de la sociedad que estamos creando. No se puede vivir sin mochilas, sin un domicilio fijo, porque todos, absolutamente todos necesitamos poder contar con alguien en quien apoyarnos cuando desfallecemos a medio camino, compartir nuestros buenos momentos, todos necesitamos un sitio al que volver y sentir que estamos en casa. Lo podremos hacer mejor, lo podremos hacer peor, pero creo que todos necesitamos tener bien anclados nuestros puntos de referencia, con nuestros amigos, nuestras familias, nuestros mundos reales que son, en definitiva, los que nos mantienen con los pies en el suelo.
Y es que como dice el propio Ryan Bingham, “La vida es mejor en compañía. Nos hace falta un copiloto”.
© Del Texto: Anita Noire


Donald Byrd – Smoothie (Take 4)