jun 12 2013

Eyes Wide Shut: El desastre de saber

Realmente ¿queremos saber? ¿Hasta dónde debemos saber? ¿Es bueno inmiscuirse en los asuntos privados de otros por muy cercanos que sean? Posiblemente, el conocimiento, sea cual sea su naturaleza, es el factor más desestabilizador para una persona. Podrá tener un efecto positivo o negativo, pero pondrá patas arriba a cualquiera.
Eyes Wide Shut es una magnífica e inquietante película firmada por Stanley Kubrick. Construida sobre una estética sexual casi explícita en momentos concretos, la película trata del saber, de la información, de las consecuencias de cruzar la frontera que separa la ignorancia del conocimiento. Sexo y poder (asuntos que aparecen tratados con claridad) son parte de las consecuencias y vehículos para afrontar el tema principal. La crisis matrimonial, también.
La película se divide en tres actos como es costumbre en el cine de Kubrick. Es famosísimo el central por sus escenas de la orgía en la que se ve envuelto el protagonista. Sin embargo, son el primero y el último donde se encuentra la verdadera esencia de este trabajo. En el primero se abre una ventana por la que Bill Harford (Tom Cruise) podrá mirar un mundo desconocido y ajeno que le conmociona de tal forma que la obsesión se convierte en su motor vital. En el tercero, su esposa Alice (Nicole Kidman) le avisa y le sugiere cerrar para siempre, dejar de mirar de inmediato. En la escena final, vemos a los protagonistas paseando por un centro comercial; ella termina diciendo que lo único que queda es follar (textual). Y el espectador se pregunta si el amor no existe; se pregunta si follar es el mecanismo físico más antiguo, efectivo y posible, que puede utilizar el ser humano desde que lo es. El protagonista conoce un secreto de su mujer y termina en el punto de inicio; fingiendo amar y follando para sobrevivir con un aspecto y status determinado. En el camino, Bill Harford entenderá que es dominado por su mujer, que él mismo puede dominar y eso le fascina (por ejemplo, lo descubre con la prostituta llamada casualmente Dómino); que el sexo retirado del matrimonio tiene sus complicaciones y puede llegar a ser sucio o peligroso o las dos cosas al mismo tiempo; que el amor puede estar esperando en cualquier parte; que el poder es exclusivo de unos pocos y puede ser peligroso para los demás si se enfrentan a él.
La película es un viaje a los infiernos del matrimonio Harford que arrastra al espectador sin contemplaciones. Lo hace desde una fotografía espléndida, cuidadísima, en la que predominan los colores brillantes. Sobre todo el rojo intenso. En gran parte de las escenas prevalece ese color y algún objeto rojo ocupa el punto de fuga de la imagen. La cámara de Kubrick está colocada, siempre, buscando el mejor de los encuadres posibles, se mueve con elegancia intentando pasar desapercibida. Los travelings son, sin excepción, extraordinarios. La banda sonora es inquietante, casi perversa, en algunas zonas narrativas. Desde la pieza de Shostakovich inicial (Jazz Suite Waltz) hasta el final (vuelve a ser la misma pieza, anunciando un baile del matrimonio que es una gran mentira), la música va encanjando milimétricamente con la acción. El piano es protagonista en los momentos de mayor tensión narrativa. El montaje es pausado y logra un equilibrio absoluto al manejarse los tempos con maestría sin que afecten a los tiempos.
La dirección actoral es espléndida. Los trabajos de Cruise, de Kidman y de Sydney Pollack son notables.
A pesar de ser un éxito de taquilla al estrenarse, Eyes Wide Shut no fue bien recibida ni bien tratada por la crítica. No es lo mejor de Stanley Kubrick, pero no es una mala película. Al contrario, vista con tranquilidad y perspectiva, es una excelente película. ¿Incómoda? ¿Plantea asuntos feos y sucios? Muy posiblemente, pero eso no la hace peor de lo que es en realidad.
© Del Texto: Nirek Sabal


may 20 2013

Jack Reacher (One Shot): Sin moverse del sitio

Pues nada. Tom Cruise haciendo de Tom Cruise. Otra vez, sí. Lamento decirlo en cada crítica, pero es lo primero que se me viene a la cabeza. Intento pensar en algo distinto y, como lo que he visto está vacío del todo, la idea recurrente de que Cruise hace de Cruise y solamente de Cruise me envuelve sin dejar posibilidad alguna a la imaginación.
Jack Reacher es un papel a medida para el actor. Lo hubiera podido hacer sin moverse del sitio. ¡Anda, si, ahora que lo pienso es lo que hace! La falta de expresividad es mucha y constante. Se trata de un policía militar licenciado (del ejercito, digo) que aparece en escena para investigar un caso de asesinato múltiple. Superlisto, superfuerte, superastuto, superconductor, supergalán, supermarmolillo. ¡SuperCruise! Le acompaña en sus correrías una abogada rubia algo más tonta, algo más débil, que se maneja peor en situaciones difíciles, conduce con prudencia, ansiosa por beneficiarse a Reacher y supermarmolilla; gracias a que el papel lo interpreta Rosamund Pike.
Aunque, seré justo, he de decir que la película es muy entretenida. Uno pulsa el botón de encefalograma plano y se pone a disfrutar entre muertes, persecuciones y peleas (por cierto, la que se produce en el baño de una casa trata de ser cómica y, aún en modo necesito desconectar del mundo, se hace patética). Pero claro, eso de entretenerse no es suficiente cuando te proponen pasar más de horas frente a una pantalla. Todo tiene un límite. Para perder el tiempo entretenidos ya tenemos todo tipo de cachibaches electrónicos. Es una ofensa al cine eso de que el espectador trague con lo del entretenimiento como si fuera un gran valor de una película.
Jack Reacher es entretenida e irregular. Porque las escenas de acción se distancian mucho unas de otras en el tiempo; porque después de un arranque magnífico (todo hay que decirlo) la cosa va de lo interesante al bostezo, del diálogo sugerente a los que convierten el guión en una catástrofe monumental. Lo que no es irregular es el personaje encarnado por Cruise. Ya saben, supertodo. Los villanos son otra cosa. Son malos, malísimos. Aunque terminan siendo torpes, torpísimos. Werner Herzog es el que impone más, pero su papel es muy corto y superficial.
La trama es inverosímil. Sobre todo porque va desarrollándose a través de las deducciones de Jack Reacher. Vale, todo cuadra, pero el espectador tiene la sensación de estar ante un guión que se arma para que no se le cierre la boca nunca más ya que asiste al milagro de la inteligencia norteamericana. Y esto no puede ser. El cine no puede recibirse como una realidad ajena a la propia realidad; el cine forma parte de ella y si el espectador detecta que, al apagarse las luces de la sala, está en el cine; el fracaso, el olvido y la indiferencia están garantizados.
Todo esto lo dirige Christopher McQuarrie (el guión es, también, cosa suya y de Josh Olson; la novela que se adaptó la firmó Lee Child y es mejor no acercarse a ella). Comienza muy bien la cinta. Los cinco primeros minutos tienen todos los ingredientes nacesarios para presentar una propuesta sobresaliente. Pero no. Rápidamente, estamos en zonas comunes, en fórmulas mil veces usadas. Nada nuevo y nada de posos.
Pues eso. Tom Cruise haciendo de Tom Cruise. Y poco más. Muy poco más.
© Del Texto: Nirek Sabal


abr 13 2013

Oblivion: Un gasto indecente


Dice el director Joseph Kosinski que Oblivion es un homenaje al cine de ciencia ficción. Después de ver la película, hay que suponer que quiso decir que es un poquito de cada película de las que quiere homenajear; que se ha introducido el material en una coctelera para agitar muy fuerte y poder tirar el resultado frente a la cámara digital o dentro de un disco duro. Caiga como caiga la plasta obtenida.
Antes de realizar semejante operación, el señor Kosinski debió pensar que, como el papel protagonista lo iba a defender Tom Cruise, debía, al mismo tiempo, diseñar un trabajo a medida para el actor. Pero se le olvidó. Total, como al señor Cruise todo le cae bien, para qué pensar más de la cuenta. A lo mejor, lo del trabajo a medida fue impuesto por el actor y fue él quien arrojó el contenido de la coctelera para probar suerte. No lo sabemos. El caso es que el resultado es un trabajo previsible desde el principio, visto cien veces y soporífero incluso cuando la acción se acelera entre disparos de máquinas infernales.
Se libran, cómo no, del desastre, los efectos especiales, los visuales y los de sonido. Nada del otro mundo hoy en día.
El guión es espantoso. Lento, cansino; un intento de dosificar la información para alargar el metraje que termina siendo un reparto irregular que hace de la película una montaña rusa que siempre avanza hacia el ridículo. Una montaña rusa muy aburrida.
Los diálogos son vergonzosos. Creo que no hay una sola frase que merezca la atención. Ni una. Todo lo que se dice es superficial, vacío. Para decir algo inteligente, el guionista recurre a los clásicos romanos. Con esto está todo dicho.
Tom Cruise hace de Tom Cruise aunque en la película se hace llamar Jack Harper. Pero no se dejen engañar; es Tom Cruise. Le acompañan de cerca Olga Kurylenko y Andrea Riseborough. Discretitas. Todos están discretitos. Todo en esta película lo es.
La cosa va de un planeta Tierra destruido e imposible de habitar durante la guerra nuclear y la destrucción de la luna por parte de unos alienígenas malísimos. De eso, de la expoliación de la Tierra y del amor. Es decir, la cosa va de lo de siempre. ¡Anda, ahora que lo pienso Tom Cruise ya hizo de Tom Cruise en La guerra de los mundos. Y en esa también querían dejar el planeta hecho unos zorros! Debe ser una de las homenajeadas.
A los cinco minutos de proyección, ya se sabe lo que va a pasar. Lo peor es que eso y lo que pasó anteriormente y lo que está pasando no despierta el más mínimo interés. Nada interesa. Ni siquiera las batallitas y persecuciones resultan atractivas o divertidas. Cuando las máquinas asesinas aciertan cualquier blanco con una precisión pasmosa y no son capaces de atinar en un dedo o algo de Tom Cruise las batallitas resultan una ridiculez. Su personaje no es un mecánico. Es Dios, hombre. Omnipresente, onmipotente y omni lo que quieran. Es omnipatético, también.
La película es, sobre todo, un gasto indecente que no aporta nada. Ni a nadie ni a nada. Más de lo mismo. Resta a lo que es el cine de género aburriendo colosalmente.
Hacer cine no es ser habilidoso con el ordenador. El cine es otra cosa. Ya tenemos las consolas para ver aventurillas.
Una pena y una gran decepción.
¿Cuántas buenas películas podrían rodar los directores desconocidos y rebosantes de talento con el presupuesto de Oblivion? Muchas, ya se lo digo yo.
Esperen a verla en casa cuando se edite en formato doméstico. Al menos podrán levantarse tantas veces como quieran o descabezar un sueñecito sin peligro de perderse cosas.
© Del Texto: Nirek Sabal


nov 30 2010

Noche y Día: San Fermín es en Sevilla…ojo al dato

Tras el excelentísimo remake que supuso 3:10 to Yuma, el director James Mangold nos propone una película como Noche y Día, una historia tontorrona y absurda de un espía (Tom Cruise, pasado de rosca aunque gracioso) que protege un valioso secreto que no es más que una nueva fuente de energía concentrada en una especie de pila; en su periplo se encontrará con la típica mujer sexy que interpreta Cameron Díaz (aunque ya ni sexy ni nada, normalita, se le está notando el peso de los años y el photoshop ya le ha abandonado; lo siento por sus fans) que se verá envuelta en toda esta trama sin que ella quisiera por tan solo embarcar en un avión (grandísimos primeros minutos, lo mejor del film sin duda). Ambos viajarán alrededor del mundo visitando muchos sitios como por ejemplo, una Sevilla mezclada con los San Fermines, algo así como lo que ocurrió en Mission: Impossible 2 (vaya, también salía el mismo actor), que mezclaban las Fallas con la Semana Santa. El completo ridículo. Para mear y no echar gota la imagen que tienen estos americanos de nuestro país. Así les va y así nos va. Sinceramente, la película empieza bien, incluso entretiene hasta un cierto punto y ese punto es cuando uno mira el reloj y solo ve que ha pasado una hora, el humor de los primeros minutos decae hasta prácticamente no existir, la acción apenas se da y todo decae en el eterno bucle del aburrimiento, un castañazo que dura dos horas, ni hora y media ni hora tres cuartos, dos malditas y bochornosas horas. Un film que acaba siendo un despropósito por su vacío argumental, un guión paupérrimo que no busca en ningún momento la complicidad y la empatía del espectador con lo que sucede en pantalla, sobretodo con esa historia de amor forzada entre los dos protagonistas, en la que sucede el típico conflicto de la mujer sexy que se plantea quién es el hombre que tiene a su lado aunque la salve de todo tipo de situaciones, contado de una manera completamente infantil, estúpida, y predecible. Técnicamente se le nota el presupuesto, con buenas secuencias de acción y fuegos de artificio y poco más, nada destacable; ni siquiera la música de John Powell, que pasa completamente inadvertida y sin ningún score para recordar. Una película hecha a desgana con el único fin de recaudar dinero gracias a dos grandes estrellas de Hollywood, una lástima que James Mangold, director del western antes citado, o Walk the Line o la grandísima Cop Land se rebaje a esta memez salida de un niño de parvulario que vio Charada de Stanley Donnen y jamás la entendió. © Del Texto: Gwynplaine Thor


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