abr 7 2011

Entre copas: Pequeños instantes de felicidad

Basada en la novela homónima de Rex Pickett (Sideways), relata la curiosa despedida de soltero de Jack (Thomas Haden Church), un actor fracasado que la semana anterior a su boda emprende un viaje por la California vitícola visitando bodegas y catando vinos con su compañero de habitación de la universidad, Miles (Paul Giamatti), aspirante a escritor y deprimido por no haber superado su divorcio.
Sin embargo las expectativas de cada uno en este viaje resultan ser bien diferentes, tan diferentes como lo que una misma copa de Chardonnay puede evocar a un enamorado de los vinos y a un simple aficionado con más ganas de darse un último revolcón antes de subir al altar que de conocer las diferentes variedades de uva. Así son Jack y Miles, dos hombres corrientes y molientes que nos harán pasar un buen rato con sus personalidades confrontadas.
Pasando de puntillas por la calidad artística cinematográfica, los puntos fuertes de esta película son los efectos rebote entre uno y otro personaje, que salpican a su vez al espectador. Y digo esto porque, en función de su estado de ánimo, ésta puede ser una gran comedia (por algo se ha ganado el Globo de Oro 2005) o puede arrastrar a su público a una dramática posición (sobre todo si es espectadora) de odio hacia los hombres y a la vez añoranza de lo puro del amor. Y es que no es más que la aventura de dos hombres con dispares pretensiones: una loca historia de pasión prematrimonial y clandestina, en la que la extravaganzas de Jack – impulsivo y desvergonzado – nos harán pasar un buen rato, frente al idealismo de Miles, apasionado del Pinot Noir, por lo especial de esta uva, cuyo tacto y breve contemplación le supone ese pequeño instante de felicidad (que pocos sabemos encontrar) ante su desilusionada y frustrada vida: una ruptura sin superar y un libro sin publicar. Y aún conociendo a una estupenda mujer, amiga de la amante de Jack, sigue prefiriendo el Pinot.
Tras una semana de locuras, indecisiones y unos cuantos brindis, afortunadamente para los dos, el viaje se acaba y, aunque con algunos daños colaterales, (al final va a ser verdad eso de que la ignorancia es la felicidad) ambos retornan a su vida real. Una vida con la que cada uno se tiene que conformar – los habrá más y menos autoexigentes – pero que, en cualquier caso siempre brinda segundas oportunidades, a pesar de la suciedad que puedan ocultar las primeras: segundas oportunidades para intentar seguir escribiendo, para atar lazos hasta que la muerte sea la causa de la separación, para desatar aquellos que se habían quedado enganchados y, quien sabe, si volver a brindar acompañado.
© Del Texto: Coletas


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ago 27 2010

Entre copas: Fronteras

En el año 2004 una de las películas más galardonadas del panorama cinematográfico fue Entre copas. No sólo los actores recibieron sus premios, porque estuvieron realmente geniales, sino que también lo hizo su guión, consiguiendo por ello el Oscar, el National Board of Review, el BAFTA, el Globo de Oro y otros muchos. Esta película independiente, consiguió que los que rozaban los cuarenta se lanzaran a las salas de cine para contemplar, decorado por viñedos y demás, las mismas sensaciones, sentimientos y derroteros que tomaban sus vidas. Una gran película.
Me gustó mucho, muchísimo cuando la vi en su día. Hoy cuando la veo de nuevo sigue encantándome, pero, contrariamente a lo que pasó en aquel momento, me arranca menos sonrisas, aunque sí más carcajadas que entonces. Porque en su día los gags me hacían gracia simplemente y hoy, me explota la risa cuando reconozco algunas de las sensaciones y comportamientos de los personajes.
Esta película que bordea la comedia y en momentos se adentra en lo dramático, es una puesta en escena de la crisis de los cuarenta. El vino, una excusa para enmarcar todos esos sentimientos contrapuestos que uno lleva en la mochila cuando cruza el meridiano de su vida.
El director, Alexander Payne, supo escoger con mucho acierto a sus actores y se nota un trabajo elaborado en los diálogos que sostienen los personajes, a los que no les sobra ni una palabra. Puede que haya personas a las que no les interese nada este tipo de cine, que incluso les aburra, porque la gente que aparece es gente corriente, con una vida tan normal como la de cualquiera de nosotros. Una película sobre dos amigos, sobre la madurez, sobre la frustración y los vuelcos que puede tu existencia en un momento dado, pero la gracia está en que podría ser para ponerse a llorar desde el minuto uno. Alexander Payne nos lo pone enfrente con una auténtico guante de seda, sin caer en la cursilería fácil.
Miles (Paul Giamatti), es un profesor de literatura, apasionado de la enología, escritor en sus ratos libres. Tiene una vida anodina de la que quiere, necesita, escapar. Cansado de la soledad, de sus frustraciones, de un divorcio no superado a sus espaldas, la imposibilidad de publicar su única novela escrita, una vida rutinaria y del hastío que siente por sí mismo.
Jack (Thomas Haden Church), un actor de segunda, del que apenas nadie se acuerda, está a punto de casarse, está de capa caída, está a punto de casarse y quiere celebrar su despedida de soltero a lo grande porque cree que después, tras casarse, ya no habrá nada. Los dos andan sumidos en plena crisis emocional, uno porque cree que se le acabó la vida y el otro porque ya le ve el fin. Ambos se embarcaran en la aventura de recorrer el valle, irán de bodega en bodega, degustando los caldos, unas veces con mayor fortuna que en otras. Por el camino, enamoramientos, encuentros sexuales, borracheras, decepciones y risas que transformarán, o no, la vida que en adelante les espera.
Una película con una enorme sensibilidad sin caer en la ñoñería, inteligente, que nos muestra a dos tipos normales con preocupaciones corrientes.
Dudo que esta película pueda gustar a un adolescente, ni a un veinteañero, ni siquiera a un treintañero, pero no me cabe ninguna duda que gustará a los “cuarentañeros”, porque, el que más o el que menos, llegada a esa frontera (que lo es), se habrá encontrado planteándose su vida frente a un espejo, sobre en qué momento comenzó a hacerse viejo, a perder las ilusiones, a hacer una vida que no era la que quería y porque , sólo los que ya han cumplido los cuarenta y se creían de vuelta de muchas cosas, saben que cuando uno menos lo espera, aparece algo/alguien que te devuelve la alegría, la esperanza en que la vida no ha terminado y que hay algo más para esperar pasmando a que llegué el final.
Me gusta la película, me gusta lo que cuenta, cómo lo cuenta, quienes lo cuentan. Me gusta toda ella. Así que no puedo por menos que recomendarles que vayan a la tienda, se compren el DVD, pasen por el colmado que tengan más cercano, compren una buena botella de vino de uva syrah, se sirvan una copa y la gocen mientras ven Entre copas.

© Del Texto: Anita Noire

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