jul 4 2012

La dama de hierro: La mujer de mis sueños

Francamente, la vida de Margaret Thatcher no me interesa nada de nada. Ni lo que hizo, ni lo que dejó de hacer, ni si ha perdido la cabeza en los últimos años. Es lo que se viene llamando indiferencia absoluta. Lo que sí me fascina es ver películas en las que Meryl Streep interpreta sea lo que sea. Incluso en las que interpreta el papel de Margaret Thatcher. Es lo que se viene conociendo como fanatismo o enamoramiento perpetuo.
La dama de hierro es una película que relata la vida de esta señora británica. Pero termina siendo una clase magistral de interpretación a cargo de la señora Streep. A eso se reduce el trabajo de Phyllida Lloyd que elige a la actriz (de forma astuta) sabiendo que no tiene nada más que ofrecer. Si alguien quiere encontrar algo en el fondo de esta película que ni lo intente. Si alguien quiere encontrar elementos técnicos que sobresalgan haciéndose importantes que dedique sus esfuerzos a otra cosa. Esto va de Meryl Streep y su maquilladora.
El guión es una castaña. Pero Meryl (¡te queremos Meryl!) salva todo actuando. La propuesta no se conoce ni se conocerá porque bien podría haber sido un Informe semanal y hubiera sido lo mismo. Pero Meryl (¡eres la mujer de mis sueños Meryl aunque te caractericen de Thatcher!) llena la pantalla y convierte la nada en ella misma (algo maravilloso, por cierto). Nada es emocionante en esta película salvo ver a una de las mejores actrices de todos los tiempos.
Bueno, la cosa va de la vida de una señora que se dedicó a repartir estopa en medio mundo. Ya se lo saben ustedes, así que no les canso con resúmenes de tramas. Hacia el final, la directora hace un intento desesperado por encontrar la lágrima fácil del espectador aunque no lo consigue. Porque todos están pendientes de otra cosa. De la señora Streep. Es decir, la película no vale la pena. De principio a fin. Es una pena que un trabajo tan extraordinario de la actriz principal se quede sepultado entre tanta mediocridad y debajo de una historia que no le interesa a nadie. Al menos, nuestra querida Meryl fue premiada con un Óscar. Algo es algo. Desde luego que te premien cuando la película es tan floja es difícil.
En fin, que si quieren disfrutar de una actuación prodigiosa ya saben lo que tienen que ver. Pero del resto ya he avisado. A mí, plim.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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ago 7 2011

Secretos del corazón: Dentro del laberinto

Una de las cosas que mejor hacemos los adultos es proteger a los niños. Al menos, eso creemos. Evitamos que los críos conozcan la realidad hasta que no alcanzan una edad que consideramos suficiente. Intentamos que todo parezca lo que no es, que todo sea una especie de nube de algodón azucarada. Lo que olvidamos con frecuencia es que los niños manejan una serie de parámetros al pensar que nunca casan con los nuestros; creemos que, ante un hecho determinado, reaccionarán de la misma forma que nosotros. Eso es, sencillamente, el gran error de los adultos cuando se enfrentan a los pequeños. Olvidamos con rapidez que sólo un niño puede percibir el mundo y cambiar esa percepción con facilidad para crecer, sin llenar la mochila de mierda, de rencor o venganzas inútiles. Les protegemos muy bien de nada, de nuestros problemas y de nuestras miserias, pero de nada que les haga ser más o menos felices. Cundo están listos para incorporarse al laberinto de la mentira, cuando se hacen mayores, nada puede parar un proceso natural contra el que los adultos luchamos sin el más mínimo sentido. El laberinto de la mentira ordena la vida de las personas. Mentiras para proteger a los niños, para proteger a los mayores o para no proteger nada.
Montxo Armendariz suele contar cosas corrientes en sus películas. No le hace falta inventar grandes tramas llenas de violencia, o de ruinas personales, o de catástrofes naturales, para hacer buen cine. Él sabe que la profundidad no se alcanza con lo espectacular, que la superficie es el vehículo más adecuado para llegar a lo profundo. Lo cotidiano se puede convertir en cine de calidad sin recurrir a grandes recursos que terminan por dejar sin relevancia a lo esencial. Es un magnífico director de cine que arriesga en la elección de sus actores y actrices, que escribe sus propios guiones y que imprime un carácter muy especial a todo lo que rueda. Tiene algo que muy pocos saben utilizar con acierto y, sobre todo, con valor: hay más por debajo de lo que se ve que lo que enseña. Algunos directores son tan cicateros con la información que convierten sus películas en acertijos imposibles; algunos se ponen tan extraordinariamente poéticos que todo se reduce a una imagen o un gesto que si pasa por alto convierte la película en otro acertijo imposible. Armendariz mezcla información y expresividad  con maestría. La dosis de una cosa y otra es justa. El resultado es buen cine, historias cotidianas que se elevan hasta convertirse en cosas universales. La planificación de las secuencias en el cine de este director son prodigio de sensatez al narrar.
Secretos del corazón es una película excelente. Todo encaja y funciona con perfección. La dirección de actores arrastra a todos al lugar justo. Andoni Erburu logra defender su papel de una forma insólita para tratarse de un niño, Vicky Peña se cree su papel y disfruta con él (lo que se traduce en una interpretación notable), Charo López (como de costumbre) parece que nació para hacer ese papel, Carmelo López más discreto (su papel tampoco da para más) no deja de estar más que correcto. En fin, todos bien. El vestuario y la peluquería son estupendos. Armendariz siempre se rodea de profesionales que más de uno quisiera al rodar películas carísimas y malísimas. Todo encaja bien en esta película. Todo.
La historia que cuenta Armendariz está salpicada de lo que sucede cada día en una casa cualquiera. No en todas pasa lo mismo, pero tomando de aquí y de allá retrata ese viaje de cualquier niño hacia su juventud. Todo lo que ese niño ve es una caricatura de la realidad. El crío no entiende nada y es incapaz de avanzar. Sólo cuando aparece la verdad el camino se hace recto y claro. Por si alguien aún no ha visto esta película, no entraré en detalles sobre la trama.
Es posible que los guiones de Armendariz no sean los mejores de la historia del cine, pero son los que llevan a poder estructurar una película con una tensión narrativa impecable, los que permiten montajes en los que sobra lo justo porque, en realidad, lo importante reside en un gesto, en una frase que dice más que cien de las otras por su carga expresiva.
Si no han visto la película corran y háganlo. Si ya la vieron, corran y repitan. Y traten de relacionar la función de los escolares con lo que va pasando. Traten de descubrir cada guiño al espectador para que este vaya descubriendo. Disfruten de la película.
© Del Texto: Nirek Sabal


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dic 18 2010

Atraco a las 3: El sueño cañí

La clase media española, en los años 50 y 60, dedicaban su vida a trabajar y poco más. En Estados Unidos existía lo que se conoce como el sueño americano. En España existía lo que se conoce como pluriempleo, como horas extras. Cosas que, más que un sueño maravilloso, ocasionaban más modorra y cansancio que otra cosa. Es decir, o te tocaba la lotería o atracabas un banco. La movilidad entre clases era casi imposible.
Pues eso es, más o menos, lo que cuentan en Atraco a las 3, película de José María Forqué, rodada en 1962. Comedia delirante cargada de moralina y salpicada de guiños dirigidos a los lugares comunes por los que se transitaba en la España franquista. Sólo había una forma de decir lo que se pensaba: burlando la censura desde una revista cómica o una película de cine. Y esta película se mofa del poder y del sistema aunque de forma muy tibia y disfrazada.
Con un reparto de lujo para la época, nos cuentan el plan disparatado de los empleados de una sucursal bancaria para atracarse a sí mismos. Galindo (José Luis López Vázquez) se plantea cambiar de vida porque está harto de trabajar. Le propone el plan al resto de empleados (Cassen, Gracita Morales, Alfredo Landa, Agustín González y Manuel Alexandre) y estos, llenos de deudas y planes por cumplir, acceden a llevar a cabo el delito. Por supuesto, todo resulta esperpéntico y se convierte en un atraco desastroso.
Las interpretaciones no presentan contención alguna. Los diálogos arrancan una sonrisa de puro simples que son. La trama es completamente previsible y el resultado muy justito, pero lo cierto es que se trata de una película divertidísima. No pasa nada por echar un vistazo a este tipo de cine de vez en cuando. No todo hay que verlo como sucesión de travelins, planos picados y contrapicados iluminados así o asá.
Esta es otra de las películas que un españolito normal ha podido ver entre cinco o seis veces. Y sigue riéndose con ella. Por algo será aunque sea poco.
© Del Texto: Nirek Sabal


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