nov 15 2011

La llave de Sarah: Francia ante el holocausto judío

Francia, en los años 1940, no era ajena a la barbarie que por aquellos días asolaba el mundo, ni a la persecución de los judíos. La cacería, humillación y asesinatos sistemáticos de sus propios ciudadanos de origen judío, fue un hecho tan vergonzante que en muy pocas ocasiones, en Francia, se habla de ello. Y es que, pese a todo, no toda Francia fue la resistencia. Hubo muchos colaboracionistas con el régimen nazi, tanto por acción como por omisión.
En el año 1995, Jacques Chirac en un discurso a la nación, habló sobre las trágica jornada del 16 de julio de 1942 en la que más de trece mil judíos franceses, fueron detenidos y trasladados al famoso Vel d’Hiv (Velódromo de invierno), donde permanecieron en las más deplorables y degradantes condiciones humanas hasta que fueron deportados a distintos campos de concentración. Casi todos aquellos, muchos de ellos niños, murieron. Por primera vez, Francia, a través del discurso de su Presidente, reconocía su participación directa en la deportación y muerte de sus propios ciudadanos.
Actualmente el velódromo de invierno no existe, por ironías de la vida , en aquel lugar está el Ministerio del Interior francés.
Esta vergonzosa historia es la que nos cuenta La llave de Sarah, la película que en el año 2010, dirigió Gilles Paquet-Brenner, basada en la novela Elle s´appelait Sarah de Tatiana de Rosnay.
Paquet-Brenner, con dos historias que discurren paralelas, se desplaza en el tiempo, entre el momento actual y aquellos días del año 1942. Julia Jarmond (interpretada por la siempre contenida Kristin Scott Thomas), americana de origen y afincada en Francia desde hace más de veinte años, está preparando la mudanza a un apartamento que perteneció a los abuelos de su marido. A Julia, periodista, le encargan escribir sobre las deportaciones que se sucedieron en Francia en el año 1942.
Durante su investigación, Julia descubrirá que en su apartamento vivió la familia Starzynski y que el 16 de julio fueron trasladados al velódromo de invierno. Cuando los gendarme franceses llegaron buscando a la familia, Sarah (Mélusine Mayance),una niña de no más de nueve años, escondió a su hermano Michel, apenas un bebe, dentro del armario del dormitorio y lo encerró dejándole una pequeña botella de agua, haciéndole prometer que no saldría hasta que fuera a buscarlo. La familia junto con otros miles de personas, ante la impasible mirada de sus vecinos, es llevada, al velódromo. El viacrucis de Sarah, separada de su padre y de su madre, continuará al ser ingresada en un campo de concentración con los niños, que al igual que ella, fueron apartadas de sus padres. El objetivo vital de Sarah, a partir de ese momento, será escapar para volver a Paris a rescatar a su hermano escondido en el armario. Conseguirá llegar a Paris, ayudada por una familia de campesinos (Niels Arestrup) y, una vez allí, descubrirá que en su casa ha sido ocupada por una familia, y encontrará los restos de su hermano en un armario que, pese al hedor de la casa, nadie abrió por no romper la puerta.
Julia, tras este descubrimiento, investigará sobre que fue de aquellos niños, sobre si Sarah sobrevivió y sobre qué fue de su vida. La revelación del pasado que se ha mantenido oculto, secreto para todo el mundo, la pasividad y la negación discurrirán a lo largo de toda la película. Como no puede ser de otro modo, los cimientos de las familias que se vieron envueltas en todos aquellos hechos, de los que se impregna la vida actual de sus miembros, se tambalearán. Julia, seguirá los pasos de Sarah, conocerá a su hijo (Aidan Quinn) que lo ignora absolutamente todo. Sin embargo, a medida que Julia va entrando en la vida de la familia Strarzynski, la suya se irá diluyendo.
Como puede verse la película mezcla continuamente estos dos momentos historicos, y mientras la historia de Julia se sucede en un corto periodo de tiempo, unos meses tal vez, la de Sarah, los años de su vida, corren hasta la actualidad. Nos muestra su infancia, su juventud y su vida de adulta. Una vida que lógicamente no puede ser inmune a lo vivido. La vida de todo el mundo se tambaleará a medida que irá descubriéndose la verdadera historia de Sarah. Nadie saldrá indemne de la verdad que unos y otros ocultaron durante años.
La película, que contienen una temática increible, consigue mantenernos expectantes a lo largo de todo el metraje. Sin embargo, ante las dos historias, la de Julia de la de Sarah, podemos afirmar que la película es ciertamente irregular, mientras la historia de Sarah está perfectamente hilvanada y soberbiamente relatada; la de Julia cogea por el tratamiento un tanto empalagoso que de la misma hace su director. La credibilidad de la historia de Sarah, contada sin ninguna ñoñería, se pierde cuando Julia da con la familia de Sarah. Puede que este ñoñerismo (un nuevo bebe al que se bautiza con el nombre de Sarah, un hijo que descubre tarde y mal una realidad compleja e incómoda, etc.) sea una cesión al mercado del cine sensiblón. Por eso creo que la película cojea y no debería ser así porque lo que es cierto es que mantiene un buen ritmo, en algunos aspectos es sorprendente y nada previsible. Una pena esta concesión que era totalmente innecesaria. No aporta nada, sino todo lo contrario.
Sin embargo, es de destacar la franqueza de la película que no esconde ni disimula, siendo francesa, una realidad, cual es que el holocausto no fue sólo cosa de los Alemanes sino que Francia, a través del régimen de Vichy, tuvo mucho que ver con todo aquello y eso, pese a quien le pese, no conviene olvidarlo.
© Del Texto: Anita Noire


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sep 27 2010

Elle S’appelait Sarah: Recarga de sensibilidad para todos

ELLE S´APPELAIT SARAH – GILLES PAQUET-BRENNER – FRANCIA – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

Elle s´appelait Sarah, Se Llamaba Sara, me ha parecido una buena película. El planteamiento no es una novedad, pero el guión es sólido y sostiene la ficción, que mezcla dos momentos históricos paralelos. Uno en la actualidad, en París, donde una periodista americana, afincada en la ciudad desde hace veinte años, inicia una investigación que le lleva a un momento del pasado. Ambas historias se mezclan y se cruzan implicando emocionalmente a la protagonista –y al espectador- y relatándonos sucesos ocurridos en el tiempo de la Guerra Mundial.
Hay un par de giros de guión algo forzados y la ambientación de época no es notable, pero ninguna de las dos cosas impide que permanezcamos en la butaca conteniendo la respiración, mientras se resuelve un argumento interesante que no decae en ningún momento y que nos lleva de París, con Julia Jarmond (Kristin Scott Thomas), la protagonista, a Nueva York y a Florencia, donde se completan los retazos de unas vidas rotas más de medio siglo atrás.
Y es que la participación emotiva del espectador con Julia, con su momento personal y sus circunstancias vitales, es un primer peldaño que nos permite implicarnos por completo en el foco de su investigación.
Kristin Scott Thomas es una actriz que me gusta mucho, es guapa, elegante y tiene un aire enigmático capaz de resolver cualquier papel complicado. Aquí defiende un personaje con técnica y cercanía, e incluso ese punto de frialdad que le caracteriza, juega a favor de la interpretación que se ve arropada por un grupo de actores eficientes.
El filme está basado en una novela de Tatiana de Rosnay.
Todo esto está muy bien, sí. Les animo a que la vean si tienen esa oportunidad.
Pero lo que importa es lo que hay detrás.
A lo largo de 1942, setenta y cuatro trenes especiales salieron de Francia con destino al campo de concentración de  Auschwitz, cargados de judíos. Más de setenta y seis mil personas, once mil niños. La mayor parte de ellos no regresaron nunca. Personas. Como ustedes y como yo, niños como sus hijos. Esta película cuenta la biografía posible de una de ellas y de su familia. Una niña arrojada en el pozo del horror. Los que han hecho posible esta película, lo cuentan para recordarnos que no fueron los nazis malditos los que participaron en ese crimen masivo, sino ciudadanos franceses, en un clima viciado de prejuicios y de oprobio, los que activamente o por omisión permitieron que sucediera. Hace algo más de una decena de años, Jacques Chirac, el Presidente de la República, limpiaba en parte la vergüenza de Francia, reconociendo y pidiendo perdón por esos hechos, que este filme traslada a la sociedad por medio de una ficción que posiblemente tenga mucho de cierto.
Es una película notable, por lo que dice y por cómo lo dice. Está hecha con sensibilidad y tiene tensión dramática. Cualquier premio que reciba será un premio para la Humanidad que no debe olvidar nunca un solo minuto de aquel drama.
Recibió en mi opinión menos aplausos de los que se merecía en el pase para la prensa. Seguramente recibirá un caluroso saludo mañana, en la gala de clausura en la que se proyectará.
A mí me mantuvo atento y me emocionó.
© Del Texto: Ivor Quelch

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