ene 13 2014

La vida secreta de Walter Mitty: Perdido entre algodón de azucar

Desenfocada y algo perdida. Así resulta la película de Ben Stiller. Del todo curioso cuando la verdadera protagonista de la trama es una fotografía (concretamente un negativo perdido) y todo el trabajo, todo el conjunto que forma el producto final, se soporta sobre una excelente labor fotográfica. Stuart Dryburgh presenta un trabajo de excelente factura. El que escribe hacía mucho tiempo que no disfrutaba con algo de estas características.
Ben Stiller se pierde junto a su personaje, al personaje que él mismo interpreta. Walter Mitty sueña, a Walter se le va la cabeza entre imaginaciones extraordinarias que van configurando un universo a su medida. Y Stiller pierde la perspectiva con tanto juego entre ficción y realidad, con tanta sensatez mezclada con un surrealismo algo enlatado y manoseado, con tanto aderezo humorístico de una inocencia desproporcionada. Un texto (bueno) se convierte en una fábula -sin interés alguno- en el momento en que la perfección melosa y extravagante de un mundo se apodera de cada fotograma.
Además de la excelente fotografía, la película tiene cosas buenas. Si no fuera así, después de la gran inversión que se ha realizado, sería de juzgado de guardia. La banda sonora es muy atractiva. Escuchar a David Bowie cantando A Space Oddity ya es una garantía por sí msimo y merece la pena (un placer algo caro si va sólo y teniendo en cuenta el precio de la entrada). El montaje, aunque sin grandes novedades, resulta atractivo y ahorra al espectador parte de la trama que se haría pesada por innecesaria. La belleza plástica de una puesta en escena muy elegante, suma. Y algunos golpes humorísticos que hacen sonreír son de agradecer.
La Vida Secreta de Walter Mitty toca, tangencialemente, el dolor de la crisis, el dolor del desamor, el dolor de crecer y dejar la niñez atrás, el dolor de la soledad en una sociedad llena de idiotas que están a los mandos. Pero de refilón, sin querer encontrar problemas que rebajen el tono edulcorado de la película.
Ben Stiller no se anda con miramientos cuando ataca el mensaje principal. Todo es posible si uno lo quiere conseguir; el trabajo, cualquier vida, tiene su recompensa y la vida merece la pena. Les podrá parecer poco a alguno de ustedes. Y es que lo es. Poco y sobado.
Ahora sí, la película se deja ver. Conectando el modo voy a pasar un buen rato que para eso he pagado una pasta puede resultar entretenida. Pero ya les advierto que no deben desconectar el piloto automático. Un desierto de dudas se presentaría ante ustedes y cruzarlo no merece la pena.
© Del Texto: Nirek Sabal


nov 13 2010

Un lugar maravilloso: Lejos de nuestro ombligo

Una de las últimas películas del noruego Hans Petter Moland es Un lugar maravilloso, una coproducción americana y noruega que nos muestra la vida de Binh (Damien Nguyen). Un Bui doi, esta expresión vietnamita significa menos que el polvo y se utiliza para insultar a aquellos niños que nacieron en Vietnam hijos de los soldados americanos que fueron a luchar a aquel país, hijos de unos padres que no existieron jamás porque desaparecieron en cuanto regresaron a su país o cuando se levantaron del camastro en el que se acostaban con las mujeres vietnamitas. Ser hijo de un estadounidense y una vietnamita te convierte en menos que cero. La historia de Bihn, es esa que tan magistralmente escribió Sabina Murray . Una película con una verdadera intensidad dramática. En el año 1990, Bihn después de soportar una vida de esclavitud, maltrato e insultos permanentes decide marchar de la casa en la que vive recogido e ir en busca de su verdadera familia. Binh no tiene nada más que una fotografía que le ancla a la esperanza de una vida distinta a la sufrida hasta ese momento. Su huida del campo le llevará hasta Ho-Chi-min, la antigua Saigón donde encontrará a la madre y un hermano. Pasará a vivir a un campo de refugiados y allí conocerá a Ling (Bai Ling), una chica de origen chino. Una relación de amor en la desgracia que les llevará a depositar sus esperanzas en una vida distinta, donde todo cobre sentido. Para ello emprenderán viaje a los EEUU donde esperan poder cerrar el círculo de los orígenes de Bihn y comenzar una vida distinta a la vivida hasta el momento. Un viaje por el que atravesarán el mundo en una feroz travesía oceánica. Escalas en medio mundo, desde Ho-chi-min, a Malasia, Nueva York para, finalmente, llegar a Texas, donde vive Steve (Nick Nolte) el padre de Bihn.
La elección de esta película fue pura casualidad; paseaba por la sección de cine de una librería sin más propósito que matar la media hora que faltaba hasta encontrarme con la persona con la que debía encontrarme. Por qué esta y no otra película, la explicación es peregrina. Hace algún tiempo conocí a una persona llamada Ling, Vietnamita, de origen chino y eso, junto a una carátula que mostraba una fotografía que bien podría ser una imagen de la bahía de Halong. Me hizo llevármela a casa. Ha dormido durante meses sobre la mesa de mi estudio pero inexplicablemente, durante días pensé en que debía verla y así lo hice. Una noche, de esas en las que crees que el mundo se va parando poco a poco, me senté y me dejé arrastrar por una de las películas que más me han gustado en los últimos tiempos, tanto que me hice con una segunda copia con intención de regalarla. Ahora mismo, no sé por dónde vagará el DVD después de que lo abandonara a su suerte metido en un sobre a la espera que su destinatario lo recogiera. Espero que esté en buenas manos y que quien lo haya encontrado tenga la oportunidad de disfrutar de una cinta que nos muestra las consecuencias personales que tienen nuestros propios actos. Sobre el futuro que espera a los hijos de la guerra. Un lugar maravilloso es la historia de los cientos de miles de refugiados de la guerra, de las perdidas brutales, de la difícil vida que espera a quienes, sin quererlo, pasan a ocupar tierra de nadie porque no pertenecen ni a un lado, ni al otro.
La intensidad de la película es tal que dudo que durante algún tiempo encuentre otra que me golpee el interior de la misma manera. La fotografía espectacular de Stuart Dryburgh , las escenas de la travesía por el mar, rodadas íntegramente en el océano, sin apenas medios económicos, las convierte en unas de las más espectaculares que se puedan glosar en este momento. Los actores, sobre todo Damien Nguyen está espectacular, creo que fue una la primera película que protagonizaba. Sin embargo, borda su papel. Quizá porque interpretaba con la ventaja (no me entiendan mal) de haber vivido en su infancia una experiencia parecida, los campos de refugiados en los que se mueve en la filmación le son cercanos, conocidos, forman parte de su vida, quizá por eso, consigue transmitir tanto.
Una película que nos muestra, una vez más, que sin grandes despilfarros económicos, con medios limitados pero con una buena historia, con buenos mimbres, se pueden realizar producciones maravillosas. La recomiendo vivamente porque, pese a ser una película desconocida para la mayoría de personas, puedo afirmar que es de lo mejorcito que he visto en los últimos tiempos. Un drama que no deja de ser un canto a la esperanza y que, si me permiten, hace que; cuando pensemos en mirarnos el ombligo,lo duro que es nuestra vida; nos sintamos terriblemente estúpidos.
© Del Texto: Anita Noire

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