oct 15 2011

Somewhere: La indolencia del buen cine

Puede que muchas personas, cuando vean que la directora de Somewhere es Sofia Coppola le pongan , a la película, la proa inmediatamente y huyan de las salas de cine como alma que se lleva al diablo. Son muchos los que no le perdonen ser hija de quien es (Francis Ford Coppola) y parece, porque son muchos que así lo creen, que tiene que ir pidiendo perdón por ello cada vez que dirige una película. Pero lo cierto es que Sofía Coppola, con una filmografía no demasiado extensa, ha creado una manera de hacer cine. Ese cine intimista que a algunos, sea hija de quien sea, nos gusta. Sofia Coppola hace un cine diferente, explica sus historias, las que ella misma escribe, de una manera absolutamente distinta y lo hace con una estética indiscutible.
Con SomewhereCoppola nos vuelve a poner frente al aburrimiento vital, al sin sentido del que tiene el éxito y el reconocimiento de los desconocidos y ha dejado de reconocerse a sí mismo porque su vida se ha convertido en una porquería que sólo se sostiene sobre más porquería. De esta manera, Coppola nos presenta a Johnny Marco (Stephen Dorff). Un actor de éxito internacional en mundo artificial, de lujo, de sexo de pago, y alcohol, por el que se arrastra sin ninguna voluntad, hasta que la convivencia, absolutamente accidental, durante unos días con su hija, de apenas once años Cleo (Elle Fanning) le coloca, de nuevo, en la casilla de salida en busca de un modo de vivir distinto.
La película se sucede contrastando los ambiéntes y los escenarios frios, caóticos, desordenados e incluso lúgubres en los que se alza como progatonista absoluto Johnny, con los luminosos, armoniosos que se suceden cuando los comparte con Cleo. Este juego de la puesta en escena reconcilia las dos realidades, la de un tipo perdido y la de su hija que, sin él, se encuentra igualmente perdida. La necesidad del encuentro, el compartir la vida desde lo que importa, el alejamiento de lo frivolo y superficial, eso es lo que muestra Sofia Coppola.
La parsimonia de su desarrollo, sin sobresaltos, sin grandes hechos que, aparentemente, marquen la vida de uno y otro, el padre y la hija, marcaran la evolución de Johnny desde su apatía y abandono, a una aparente, sólo aparente, toma de posición frente a su vida.
Si algún pero tengo que ponerle a la película de Coppola es el final, pero eso forma también parte del cine de esta directora, finales que nos dejan esperando algo que no va llegar nunca, el siguiente paso, ese que el protagonista dará, es el que imaginemos nosotros mismos.
La fotografía, como siempre, excepcional. La música escogida con un acierto absoluto, la mezcla de Phoenix, Bryan Ferry y Paolo Jannacci entre otros, acuna cada uno de los minutos de esta película. Una historia indolente para disfrutar una noche más indolente aún.
© Del Texto: Anita Noire


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feb 13 2011

Lost in translation: Amores en el laberinto

Lost in translation es un estado, la última fase de una etapa de crisis, del tipo que sea, en la que el perjudicado sufre de un miedo, aburrimiento, insomnio y apatía desoladora.
Todo el mundo ha pasado por su etapa Lost in translation alguna vez en su vida. Todos nos hemos perdido, hemos deseado nuevas oportunidades, finiquitar historias, borrarlo todo, volver al principio sin daños ni perjuicios.
Sin embargo, a pesar de la fuerza del deseo, no todos son capaces, en estas circunstancias (ni en ninguna otra), de optar por un nuevo camino más acorde a sus intereses. Muy al contrario, el perjudicado se acobarda por un miedo paralizante que le impide tomar ninguna decisión importante, del tipo que sea, dejando pasar así la ocasión de su vida, la casualidad que nunca más se dará. Nunca.
Lost in translation es la historia del amor platónico entre dos personas perdidas, aburridas e insomnes que se encuentran atravesando una etapa de crisis en un hotel. Hastiados de las imágenes y sonidos de una gran urbe en Japón, de unas parejas adictas al trabajo y de la masa humana estúpida que los rodea.
La historia, contada con muchos más silencios que diálogos (menos mal…), con unas increíbles vistas de Tokio y con una banda sonora extraordinaria, que disfruto en estos momentos, me transmite siempre una misteriosa emoción directa al estómago que me hace escapar a otros tiempos de euforia, otras circunstancias mías, dónde una vez tuve la oportunidad de elegir entre diferentes caminos y decidí jugármela optando por el más arriesgado de todos, el que yo deseaba.
Me alegró infinito dejar de ver a Bill Murray haciendo el payaso y reencontrármelo en este papel encantador, pero, personalmente, le tengo cierta (mucha) manía a los tipos como Bob Harris, apocados e indecisos ante estas circunstancias. Los amores platónicos, los sies pero noes, los llantos y lamentaciones evitables y los finales con susurro ininteligible al oído me gustan en las películas de Sofía Coppola, pero no en la mía. Aunque, seguramente, a ellos les vaya mejor que a mí.
© Del Texto: Sonia Hirsch

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sep 17 2010

Las vírgenes suicidas: Una historia sobre la devastación

Dicen que Sofia Coppola es una pésima actriz  (se le reprocha su intervención en El Padrino  III). No digo que no, puede ser. Sin embargo, pese a los antecedentes que la preceden en ese campo, la verdad es que es indiscutible que como guionista y directora de cine, algunas cosas tiene que decir.
En el año 1999, Sofia Coppola adaptó para el cine la novela The virgins suicides, escrita por Jeffrey Eugenides unos años antes. Era su primera película. Las expectativas sobre la misma eran mayúsculas sobre todo porque se la esperaba a mata degüella por ser hija de quien es, Francis Ford Coppola.  Las críticas que recibió no se mantuvieron en un punto intermedio sino que oscilaron entre las que la elogiaron hasta el vómito y las que querían enviarla al paredón. Como digo, sin término medio. A mí, en particular, no me produjo ninguna sensación en especial. Quiero decir que podía haber quedado en una película de viernes noche, sin mayor trascendencia, pero debo reconocer que me gustó.
El argumento de la película es el impacto brutal que tendrá en la vida de unos muchachos de un pueblo llamado Grosse Pont,  el suicidio de las cinco hermanas Lisbon (Therese, Mary, Bonnie, Lux y Cecilia), las hermanas más admiradas de toda la localidad, por guapas y porque sus padres las tenían sometidas a una férrea vigilancia lo que las convirtió en el objeto oscuro del deseo de un grupo de adolescentes.
Los actores, muchos y variados, Kristen Dunst, James Wood, Kathleen Turner y Danny de Vito entre otros, no voy a mentarlos todos, para mí estuvieron soberbios, sobre todo Kathleen Turner, actriz desaprovechada donde las haya y que ha podido lucirse en algunas películas como Fuego en el cuerpo y esta misma.
He vuelto a ver la película apenas hace unos días. La he visto por fases. Me he dormido en distintos momentos y no porque la película sea aburrida, mala o cualquier otra cosa que me provocara caer en los brazos de Morfeo, no ha sido eso. Pero, en esta ocasión, quiza por verla en hora tardías, no he podido sustraerme a esa atmosfera oníricamente envolvente de la película que me empujaba a verla en un perfecto duermevela.
Existen diferentes cosas que me llamaron la atención desde la primera vez que la vi. Una de ellas la utilización como narrador de uno de los chavales que fue testigo directo de los sucesos que tan brutalmente golpearon, no sólo a la familia Lisbon, sino a toda la burguesía de una ciudad. Me resulto sorprendente. Quizá en este aspecto la película flojea un poco pues creo que optar por escoger a este personaje como hilo conductor de la historia hace que ésta se diluya terriblemente. Pensando en esta película, y en las posteriores direcciones llevadas a cabo por Sofia Coppola, creo que esta opción puede obedecer a la intención de la directora de distanciarse al máximo de los personajes femeninos de la historia. Por otro lado, creo que el contraste entre la candidez inicial de las jovencitas, divertidas, amigables, bellas y seductoras contrasta con la absoluta rigidez física y mental de la madre, personaje que borda Kathleen Turner, ha sido muy bien manejado. Observen como el físico de la madre no es más que la transformacion del angelical de las jovencitas, igual rubio, igual melena, iguales vestidos.
La fotografía y la banda sonora son aboslutamente deliciosas, una combinación de música de los setenta con la música de finales de los noventa. Incluye el tema Playground Love que los franceses Air grabaron expresamente para esta película. Una película a tener en cuenta como relato de una adolescencia que pasa de lo inocente a lo turbio en un abrir y cerrar de ojos.
En definitiva, un buen inicio para la carrera de Sofía Coppola pese a las críticas mordaces de algunos. Lo siento, es otra debilidad. Como conclusión decir que los sucesos devastadores ocurridos a nuestro alrededor, no dejan indiferente a nadie, si estos ocurren durante la adolescencia menos todavía, aquí tienen un ejemplo.
© Del Texto: Anita Noire

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