jul 9 2012

La semilla del mal: Un auténtico desastre

Yo no sé a quién le puede gustar este tipo de cine. El día que me encuentre con un ser humano dispuesto a explicarme algo tan extraño, prometo hacerle caso y, si es necesario, un monumento.
Las películas de miedo deberían dar miedo. Las películas de miedo deberían incorporar elementos novedosos para diferenciarse de las películas de miedo que ya se han contado y, sobre todo, para ser películas de miedo. Pues nada; por lo que se ve, todo eso pasó cuando de filmaron las tres o cuatro primeras. El resto son repeticiones. Para ser más concreto diré que son una castaña de campeonato. Alguien ha debido correr la voz y se ha impuesto la idea de que metiendo en la historia un niño con la mirada perdida y cara de matar a todo el que se ponga por delante, a una chica guapa que tire de espaldas y que pase grandes calamidades, a un sacerdote o a un tío con una Biblia en la mano y bichos repugnantes por aquí y por allí; tenemos una película de miedo maravillosa. Pues no. Ni miedo, ni tensión, ni sustos, ni nada de nada.
La semilla del mal es una película de David Goyer. La actriz principal es Odette Yustman. El guión en un disparate. Los efectos especiales y visuales son discretos. El movimiento de la cámara histérico. El maquillaje parece una promoción de los maletines de la señorita Pepis. Gary Oldman aparece por la pantalla y todavía debe estar preguntándose la razón por la que aceptó un trabajo tan patético. Todo es un rollo inaguantable.
El asunto comienza (la película no, eso empieza mucho después, empiezo por aquí por dar algo de sentido a este desastre) en un campo de concentración. Allí se experimenta con niños. Para ser exactos, con gemelos. Uno de ellos al morir es tomado, invadido o como quieran llamarlo, por un espíritu. El fantasma tiene una mala leche de aquí te espero. El caso es que mucho después la protagonista comienza a ser atacada por el espíritu malo. Y, por supuesto, una amiga de esta señorita muere, muere la abuela de esta señorita, mueren más y más, pero la cosa acaba bien porque sacerdotes y rabinos se unen en la lucha contra el mal. Algo así. Supongo que les suena porque esto ya lo han contado quince o veinte veces. El guionista lo disfraza un poco y hace saltos mortales por si cuela, pero no.
La película es muy mala. Carece de profundidad, de una documentación mínima, de una dirección actoral decente (en la pantalla cada uno se mueve como le viene en gana), de un guión aceptable (no hay una sola frase que merezca la pena; ni una). La coherencia interna se busca en las baratijas que tratan de despistar la atención del espectador aunque el éxito es nulo. En fin, es un auténtico desastre. De principio a fin. Por no dar, no da ni asco (y mira que aparecen bichos, tipos con la cabeza al revés y cosas que deberían poner los pelos de punta). No creo que alguien quiera perder el tiempo con esto, pero (por si acaso existe un ser dispuesto a semejante hazaña) aviso de que es muy previsible y los sustos los ves llegar diez minutos antes de ocurrir; es decir, si la eligen para que la novia se arrime a usted buscando refugio ante un miedo inaguantable, mejor piense en otra posibilidad. Cualquier programa de Tele 5 causará mayor efecto.
© Del texto: Federico de Vargas y Expósito


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may 12 2011

Aliens: El Regreso

No sé qué especie es peor. Ellos no se putean por un maldito porcentaje. Esto lo dice Ellen Ripley en un momento de la película Aliens: El regreso (ya saben que escapó del horror y ahora, después de más de cincuenta años durmiendo como un angelito, es rescatada). Se refiere a uno de los tripulantes de la nave que ha llegado al planeta LV-426, el sujeto que envía la compañía junto al resto de la tripulación. Y resume uno de los asuntos centrales de la película. Tal vez soy muy generoso al hablar en plural puesto que el resto es más cosa de trama que de cualquier otro activo de la narración. En realidad, quitando algunos momentos muy concretos, la película intenta ser una suma de acciones que la conviertan en una de aventuras. Los diálogos son puramente informativos. Y es que la puesta en escena es lo que manda acompañada de un ritmo delirante que no da tregua, acompañada de aliens terroríficos, de soldados indefensos y de Newt (una niña adorable que está a punto de ser devorada en diversas ocasiones encarnada por Carrie Henn). Durante el desarrollo de la acción, siempre ocurre algo que dilata la agonía de personajes y, por supuesto, de espectadores. Con ello, James Cameron, intenta hacer creíbles las convicciones de los personajes sustentadas en cosas que ya sabíamos en Alien: El octavo pasajero o acabamos de conocer unos minutos antes. Todo ocurre con rapidez. Y todo se resuelve con la misma prisa.
Podría parecer que esto que digo se pone enfrente de la película de Cameron. Sin embargo, no es así. Es muy entretenida, muy terrorífica, mantiene al espectador pegado a la butaca en constante tensión pendiente de principio a fin. Es una película que quiere presumir más de esto que de profundidad de pensamiento. Por ello, la puesta en escena debía ser espectacular. Cameron lo logra, entre otras cosas, con colores azules muy oscuros e intensos y una iluminación bajo mínimos que hace de cada escena un momento inquietante. Los efectos especiales son los justos y los visuales magníficos. La partitura adecuada porque todo se ordena alrededor de los efectos de sonido. De hecho, la película obtuvo un óscar por los efectos visuales y otro por los de sonido de sonido. Justos premios.
Aliens: El regreso es la primera de las secuelas de Alien: El octavo pasajero. Y es magnífica si la encuadramos dentro de esas expectativas que se nutren del terror y la trama aventurera sin más. Repite Sigourney Weaver haciendo de Ellen Ripley. Francamente, las cuatro películas de la serie sin ella serían otra cosa bien distinta. Y destacan Michael Biehn, Bill Paxton y Jenette Goldstein. Es una película muy violenta. Mucho. Esta vez, no sólo los aliens se muestran hostiles. Los soldaditos reparten lo suyo a lo largo de todo el metraje. Desde luego, los niños no deberían ver algo así. Ni los miedosos porque la película pone los pelos de punta. El resto no dejen de verla. Pasarán un par de horas estupendas.
© Del Texto: Nirek Sabal


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mar 26 2011

Pa Negre (Pan Negro): La gran oportunidad perdida

La mentira. Ese es el tema central de la película de Agustí Villaronga, Pa Negre (Pan Negro). Un asunto que ataca desde un mundo opresivo, gris, cerrado sobre sí mismo y para muchos; desesperante e imposible salvo que el sujeto acepte las normas sin rechistar y sabiendo que nada puede cambiar.
Villaronga viene a decir que somos fruto de lo que nos ofrecieron nuestros padres (ellos ya habían aceptado las cosas) y, como lo que nos pusieron en las manos eran mentiras y más mentiras, somos una enorme trampa. Vale. El mensaje está dentro de lo que podríamos asumir como cierto (me refiero a lo verosímil desde un punto de vista narrativo y de representación de espacio común). El mensaje puede servir para remover conciencias, para soportar una buena historia, para trenzar trama y personajes. Pero ¿cómo nos lo enseña Villaronga? La película va de mucho a casi nada, de lo incierto a lo previsible; del personaje complejo a la falta de evolución. La película nos muestra cosas que se quedan en nada (por ejemplo, la relación del maestro y la alumna manca) y que deberían tener gran relevancia en el entramado narrativo (nadie que cuenta algo debe olvidar que crear expectativas en el espectador supone cumplir con ellas) ; no desarrolla lo profundo dejándolo enunciado sin un objetivo claro, vacío de valor expresivo. La película juega a ser la oscuridad y se queda en una sombra gris (más técnicamente por el uso de la iluminación que por cualquier otra razón de peso). La película podría ser inmensa y se queda a medio camino enredándose con la trama y olvidando lo profundo del personaje, lo terrible del camino de la mentira. Todo queda en anécdotas que fueron proyecto de grandes cosas.
A pesar de los premios recibidos, me parece que es una película fallida, una película que apuesta y pierde; una de esas películas que dejan mal sabor de boca porque podrían ser grandes y se quedan en la mejor de las mediocres; una película que (otra vez) cuenta lo mismo desde el mismo lugar, desde las metáforas vacías por gastadas y desde lo ramplón de un lenguaje que no acompaña a la oportunidad.
© Del Texto: Nirek Sabal

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