mar 27 2014

Django Desencadenado: ¿Es esto lo que se espera de Tarantino?

Quentin Tarantino se resume a sí mismo en esta película. Lo visto en Kill Bill o Malditos Bastardos aparece en Django Desencadenado ordenado de otra forma, revestido de homenaje al spaghetti western y coloreado con una buena cantidad de litros de sangre que parecen llegados de una viñeta de cómic.
¿Es esto lo que se espera del cine de Tarantino? Pues sí aunque le falta ese paso adelante que suele dar en cada trabajo para ofrecérselo a sus seguidores. Los caminos de la violencia tratada con humor, con absoluta irreverencia; no están agotados y, sin embargo, el realizador se queda en lo que ya nos dejó ver antes.
Tarantino es humor, es extravagancia, es una narrativa llena de matices en su estructura que no da respiro a un espectador al que propone un viaje por una trama retorcida en la que puede pasar de todo. También es un cúmulo de buenos diálogos; inteligentes y llenos de ingenio. Pero esta vez, aunque todo esto aparece, lo que sobresale es una dirección actoral brillante. Es cierto que, con un reparto de esta categoría, lo difícil es hacerlo mal. Porque estos actores y actrices ya resuelven los problemas por sí mismos. La verdad es esa. Aunque Tarantino exprime a su reparto hasta la extenuación, saca lo mejor de todo el que se pone delante de la cámara y logra que se diviertan, se gusten y se dejen la piel encarnando a sus personajes.
Lo de Christoph Waltz es cosa de locos. Se desenvuelve con una facilidad poco normal llenando la pantalla en cada escena en la que aparece. Si a esto le añadimos que su papel es divertidísimo tenemos como resultado un trabajo excelente. Se perdona, incluso, que repita papel (el de Malditos Bastardos es muy similar con matices que le colocan al otro lado, pero similar) porque es un placer verle de principio a fin. Leonardo DiCaprio disfruta de lo lindo con la crueldad y un punto de idiotez que tiene su personaje. Creíble a más no poder. Jamie Foxx logra imprimir el carácter más negro a la trama con su Django (no he sabido decirlo de otro modo aunque parezca que he intentado un chiste malo). Y Samuel L. Jackson logra que el giro argumental tan necesario, llegado el momento en el que se incorpora a la acción, se produzca de forma natural, sin empujones. Por cierto, muchos de los rasgos del personaje de DiCaprio no son de él; le llegan desde el de  Samuel L. Jackson. En narrativa a este tipo de personaje se le llama actante. Aparece para iluminar al resto.
Comienza la cinta con unas dosis de violencia difícil de superar. Pero esto lo firma Tarantino y, por supuesto, lo supera con creces. Y comienza la cinta con unas dosis de humor disparatado que no se supera ya que es imposible.
El guión es original y está muy bien armado. Respeta la linealidad de la trama casi por completo y evita las elipsis a toda costa. Las que hay son pocas y completamente justificadas. Es lo que busca el director y lo encuentra; eso sí, tal vez hace que el metraje de la película sea excesivo. Del mismo modo, la tensión narrativa se ve afectada en algún momento. Nada grave aunque el problema está presente.
Django Desencadenado es un enorme homenaje a Sergio Leone y una crítica descomunal al sistema esclavista norteamericano que tanto ha dado que hablar en el mundo entero. No hay dudas morales en la cinta. Los amos son los villanos. Los esclavos son los buenos. Y los malísimos son esos negros que jugaban a ser amos de otro negros desde un lugar de privilegio en la plantación. En Django Desencadenado no se pueden encontrar fisuras al respecto porque es perder el tiempo. La crítica se barniza con dosis de ridiculez, mostrando a los blancos sucios y salvajes, llevando hasta la extravagancia la falta de humanidad de estos. Para que todo quede bien clarito, las escenas de violencia llegan hasta el límite del descontrol. Tarantino, como es habitual, tiende a la exageración más radical y plantea un juego con el espectador que consiste en dar vueltas de tuerca para que cada uno decida si le repugna este cine o lo ama sin reservas.
Los momentos más reposados coinciden con el uso de una banda sonora formidable que hay que disfrutar. Tarantino da tiempo para ello sobre una fotografía impecable. Ni uno solo de los temas rechina o está mal colocado. Ya es habitual.
Django Desencadenado es una película larga. 153 minutos. Quizás alguien pueda pensar que es excesiva en su duración. Pero, la verdad, es que Tarantino se toma su tiempo para que los personajes crezcan, para que los conflictos se dibujen con trazo fino, para crear la tensión narrativa necesaria y que lo que llega después cuadre.
Django Desencadenado es una imitación del cine de Tarantino. Eso tiene algo de cierto. Y eso no es cualquier cosa. Si con la siguiente película lo vuelve a intentar sabremos que el realizador tiene un problema. De momento, lo que ha hecho es entregar un buen trabajo. Seguramente, una película de tránsito. Ya veremos.
© Del Texto: NIrek Sabal


ene 26 2011

Keoma: El final del spaghetti western

Keoma es el último gran exponente de ese subgénero que encandiló en la década de los 60 y 70, surgido en Italia y conocido por todos como el spagetti western, era una visión alejada de la narrativa perfeccionista hollywoodiense de héroes con el pecho más grande que cualquier otro, de discursos fascitoides, de trajes que no se ensuciaban, de damas incorruptibles y artificiosas. Una visión que se acercaba más a la verdad, una realidad sucia donde los buenos no son tan buenos ni los malos unos cabrones sin remedio, donde la porquería llegaba a ser poesía; donde la muerte, violencia y el sexo estaban a la orden del día, porque esto último es lo que nos hace humanos. Sexo, amor, violencia, sangre y muerte.
Con este western asistimos al cierre de una etapa del cine con mayúsculas, una larga trayectoria con un largo desarrollo y evolución en la que quedarán grandes hombres, grandes nombres y grandes gestas que contribuyeron a crear todo un lenguaje cinematográfico desde que empezó este género con Asalto y robo a un tren de Porter a principios del siglo pasado pero que a día de hoy son ignoradas por el sector más joven. ¿Una del oeste? Vaya tostón ¿no? es lo que llevo escuchando toda mi vida. Pero aquí estoy, hablando de una obra maestra como Keoma, interpretada por el mítico Franco Nero y dirigida por el irregular Enzo G. Castallieri, uno de esos directores como Sergio Corbucci que nacieron a la sombra de la leyenda de Sergio Leone, los cuales trabajaron en sus películas. Sin embargo, Enzo va un paso más allá de la espectacularidad y la sobriedad aportada por Leone, aplicando un lenguaje próximo al surrealismo en lo concerniente a los flashbacks (brillantemente introducidos) que tiene nuestro protagonista, tomando incluso elementos cercanos al cine de terror más clásico y sabiendo lo que tenía entre manos, una obra que marcaba ya el final de una etapa acentuándolo en el tono de la película con ese viento susurrante, casi de tormenta que todo se lo lleva; con unos personajes que están condenados a morir desde el principio; con esa evocación al pasado donde todo fue mucho mejor; con esa recreación de la muerte a cámara lenta; con esa destrucción palpable de todo el entorno, en definitiva, un experimento crepuscular que dio pie a una maravilla del séptimo arte, tanto a nivel de realización, como de fotografía y dirección de actores. Una de esas obras de las que no se oye hablar, pero que son parte de la historia.
Pero ¿de qué va el argumento?
Cierto, no he hablado de ella en lo concerniente al guión ni he querido destripar gran cosa, porque lo que quiero es que la consigan ver por el medio que sea, que la disfruten como yo, sin saber de qué iba y a lo mejor, quizás, se sorprendan. Seguro que no se arrepienten. Muchos diréis pero si aún se hacen westerns. Sí, es verdad y no negaré que desde Sin perdón de Clint Eastwood el género está volviendo poco a poco y lentamente, o que incluso en los últimos films de Tarantino se dejen notar ciertas influencias spaguettianas, pero salvo contadas excepciones, es un género muerto, que apenas da pie a la experimentación, enclaustrado ahora en un cierto existencialismo en sus argumentos. No, yo no quiero eso. Si me dan a elegir prefiero el spaghetti western más puro, aquel de las frases lapidarias, de la suciedad palpable, de los duelos a muerte bajo el sol, el de la música de Ennio Morricone. Ya no molan los tipos duros de noble corazón. Ahora se llevan los hombres lobos depilados con azúcar en cada palabra que sueltan por la boca. Qué lástima.

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oct 18 2010

Scream: El neoboom de un género crepuscular

Al ver una filtración por Internet del trailer de Scream 4 que ya se prepara, sentí el ineludible deseo de volver a revisitar esta saga que comencé a ver en el cine cuando tan sólo tenía diez años y me encantaba la sangre. No, no estoy loco. Eran otros tiempos.
El argumento: Hace un año que fue asesinada y violada la madre de Sidney, una atractiva adolescente que vive en un pequeño condado llamado ‘’Woodsboro’’. Ahora vuelve a atravesar una situación angustiosa, pues se acerca el aniversario de la muerte de su madre, y un psicópata disfrazado anda suelto por el barrio intentando matarla a ella también, poniendo en jaque a la policía (que llega a aplicar el toque de queda). Solo hay una cosa clara: todo el mundo es sospechoso.
Este podría ser el tema de cualquier peli de terror al uso de los años 80, con asesino esquizoide de por medio que sólo quiere una enorme carnicería y mucha sangre. Pero estamos en 1996, el género del psycho killer está prácticamente condenado al olvido, apenas se hacen películas de este tipo y en la televisión han perdido todo el interés del espectador, era un género crepuscular. Y entonces surgió Scream, de la mano del director Wes Craven y gracias al guión de Kevin Williamson para terminar de enterrarlo (o no), algo parecido a lo que hizo Sergio Leone con el western. Y mucha gente se preguntará…¿Qué hay de original en esta cinta? ¿Qué hay de original en otro psicópata disfrazado que mata adolescentes?
No es importante el qué sino el cómo. Scream no sería nada si no fuera por su brillante (y honesto, como diría un amigo mío) guión. Ghostface es la satirización y el homenaje al género puro, el último gran asesino del cine, los diálogos de la película son magníficos porque rompen con todos los clichés de las películas de terror, los mismos personajes creen que no están en una película, todos hablan de lo que pasa en esta o cual cinta (se mencionan grandes sagas que no voy a poner aquí porque no terminaría) y se bromea sobre ello, Kevin Williamson nos está contando la última manera de revitalizar este género, desde la ironía y el recuerdo. Para ello introduce una serie de personajes adolescentes que disfrutan de cualquier peli de terror, como haríamos nosotros en aquellos años, cuando aún no existía Internet propiamente dicho, y disfrutábamos en casa consumiendo VHS’s de alquiler sentados en nuestro sofá a oscuras un viernes por la noche. El libreto también es una crítica al cine falto de ideas en esa década, al cine falto de generador de fenómenos, el cine que se quedó en los 80 y que por h o por b perdió la esencia en los 90. Pero también a la televisión (y bastante destructiva), a los medios de comunicación como explotador de desgracias ajenas y que en cierto modo ya vaticinaba lo que se nos venía encima en años posteriores. Kevin Williamson creó un fenómeno anti-fenómenos, o antisistema (aunque no me guste esta palabra y se saque de contexto cada dos por tres).
En cuanto al plano técnico, vamos a lo de toda la vida, ambientes muy oscuros y fríos como cualquier otra de terror, nada destacable, pero que juegan un buen papel en la creación de cierta atmósfera. La música y los efectos de sonido juegan un papel importante, incluso a la hora de describir a los personajes(por ejemplo, Billy, uno de los dos asesinos es presentado con el sonido de un trueno justo al principio de la película y después del primer asesinato, cometido en plena tormenta, por lo que ya nos está contando algo de ese personaje), aunque en la obra completa llega a perderse y se acaba recurriendo al susto gratuito de la música alta, eso si, la mayoría de las veces que pasa esto es cuando un personaje hace una burla a otro, para luego pegarnos el verdadero susto. Guiño de Williamson al espectador. En cuanto a la dirección, Wes Craven hace un muy buen trabajo, sabiendo lo que tiene entre manos, cada escena está perfectamente rodada y estudiada al milímetro, en todo momento te está contando qué va a pasar, ya sea por el plano escogido (esos aberrados, por ejemplo…) o por la actuación y diálogos de cualquier personaje (grande Jamie Kennedy como el empleado del videoclub que se conoce todas las peliculas de terror y las reglas del género), por no hablar de un plano especial, el de la puesta de sol rojiza antes de la matanza, no sé si lo rodó pensando en que era una película crepuscular o por simple narrativa, sea cual sea su significado, está ahí. Como anécdota, en el videoclub, sale la peli Frankestein en el momento en que todos conocemos y dice el doctor ‘’está vivo,vivoooooo’’, aludiendo al engendro de criatura llamada Ghostface que crearon Wes y Kevin, que no es más que un compendio de todos los asesinos del cine de terror en uno.
Ambos cineastas no sé si supieron en algún momento lo que tenían entre manos, pero gracias a esta película, generaron un neo-boom del género que sigue dando que hablar hasta nuestros días, con más o menos calidad, pero ahí sigue, y cada vez con propuestas más variopintas. Como Leone hizo en su día…
Y para terminar, como diría uno de los asesinos y que resume perfectamente la mente de estos dos genios La vida es una película aunque no puedes elegir tu género.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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