abr 22 2011

Scream 4: Trastorno de personalidad histriónica

‘’¿Mis amigos? ¿En qué mundo vives, Sidney? Yo no necesito amigos, necesito fans, ¿no lo entiendes? Nunca se ha tratado de matarte a ti, se trata… de convertirme en ti. […] Es la nueva cordura, tú has tenido tus quince minutos de fama, ¡¡YO QUIERO LOS MÍOS!! ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ir a la universidad? ¿Hacer un postgrado? ¿Trabajar? Mira a tu alrededor, ahora toda nuestra vida es pública, todos estamos en Internet, ¿o cómo coño crees que se hace la gente famosa? No tienes que conseguir nada de nada, sólo tiene que ocurrirte una desgracia. De modo que tienes que morir, son las reglas. Nueva película, nueva franquicia.’’
Ghostface


Estas palabras tan significativas y dichas por el asesino en el punto álgido de la trama (y cuya personalidad no voy a revelar), nos sirve para entender qué es lo que nos ofrecen nuevamente Wes Craven y Kevin Williamson tras una década de silencio en la que se creía que esta famosa saga se quedaría en trilogía. El argumento nos sitúa de nuevo en el pueblo donde se cometieron los asesinatos originales, en la localidad de Woodsboro, Gale Weathers (Courtney Cox) y Dewey (David Arquette) se han casado y mantienen un aburrido y tranquilo matrimonio en dicho pueblo, mientras tanto, Sidney Prescott (Neve Campbell) vuelve al pueblo justo en el décimo aniversario de la ola de crímenes para promocionar su libro, que no son más que las memorias de lo que de verdad sucedió. Este hecho marcará una nueva serie de asesinatos que pondrán de nuevo a nuestro trío de protagonistas en entredicho, pues estamos en una nueva generación y eso conlleva nuevas reglas.

Un film donde se retrata la desvirtuación de los mass media como no se había hecho antes en la saga, una crítica feroz a la falta de intimidad como consecuencia de las nuevas tecnologías, las redes sociales y sobre todo a los nuevos valores demostrados en los medios, donde lo que impera es convertirse en famoso a costa de lo que sea y de quien sea (eso lo tenemos nada más abrir la televisión, y ver la de personajillos que salen, por poner un ejemplo inmediato). Y por qué no, todo ello ha contribuido a crear una generación de sujetos con trastornos de personalidad histriónica, esto es, el egocentrismo y el afán por ser el centro de atención, cuando en el fondo lo que implica no es más que falta de seguridad en sí mismos, y esto es una realidad que vivimos, pero no vemos y muy pocos lo notamos. Kevin Williamson en su más que consabido metadiscurso refleja también la falta de ambición de Hollywood, es decir, una década de remakes y revisiones de antiguos clásicos del terror, a cada cual más nefasto, así como el lanzamiento indiscriminado de secuelas y secuelas que no aportan nada a la versión original (en ataque a Saw, de la cual se mofa desde el prólogo), consiguiendo junto a la dirección del tío Wes, un tono clasicista que ya se echaba de menos en una cinta de estas características.

Técnicamente sin grandes artificios, sencilla y clásica; con un desarrollo de personajes lo suficientemente convincente para un slasher, aunque flaqueando en lo que se refiere al trío de protagonistas original y con un ligero decaimiento en el segundo acto aunque con un acto final absolutamente brutal; una fotografía estupenda de Peter Deming, en la línea de sus trabajos con David Lynch (Carretera perdida o Mulholland drive) más que en sus anteriores esquemas dentro de la misma saga; y unos ambientes y decorados que como todo reboot (relanzamiento, nueva visión, parecido a lo que ya hiciera Nolan con Batman), muestran cierta nostalgia y complicidad con el espectador más freak, al repetirse ciertos escenarios o tener características parecidas a las de la cinta original. A destacar la actuación de la bella Haydn Panettiere, o Ninco Tortorella (que recuerda al actor Anthony Perkins haciendo de Norman Bates, Psicosis), o Emma Roberts (sobrina de Julia Roberts, por cierto). En definitiva, estamos ante una nueva entrega de este gran psychokiller, que tiene pinta de reabrir otra serie de matanzas con la consecuente moralina social de los tiempos que vivimos. La pena es, que quien vea en Scream solo muertes, sangre y adolescentes sin entrar a profundizar en nada, se quedará en una mera superficie, como la gran mayoría del público que no ve más allá de lo que hay cuando se trata del género de terror, ah, una de miedo, si, muere mucha gente y tal, una basura, palabras textuales de un snob gafapasta. Una lástima.
Y es que tal y como dice Dewey, la tragedia de una generación es la burla de la siguiente. Así nos va.
© Del texto: Gwynplaine Thor

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abr 20 2011

Scream 3: El pasado es el origen

‘’Si el asesino regresa, y hablo en serio, hay varias cosas que debéis recordar. Si sólo es una continuación, se aplican las mismas reglas, sin embargo hay un elemento decisivo: Si de pronto surge una inesperada historia del pasado y eclipsa la historia actual, las reglas de una continuación dejan de servir. Porque dejará de tratarse de una continuación, para convertirse en el último episodio de una trilogía.

¡Exacto! Es poco frecuente en el género de terror pero existe, y es una fuerza que hay que tener en cuenta, porque las verdaderas trilogías acaban volviendo al principio, y descubriendo algo que no era cierto. ‘’El padrino’’, ‘’El retorno del jedi’’, todas revelaban algo que pensábamos que era verdad y no lo era. Si es una trilogía, tened en cuenta las siguientes super-reglas de la trilogía:

1) El asesino es sobrehumano, de nada sirve pegarle un tiro ni apuñalarlo. En la tercera entrega tenéis que criogenizar su cabeza, decapitarle o hacerle estallar.

2) Cualquiera puede morir, incluso el personaje principal.

3) El pasado puede volver y patearos el culo. Tenéis que olvidaros del pasado, porque el pasado nunca descansa. Cualquier pecado cometido en el pasado va a estallaros en las narices y os destruirá.’’

Randy

Última película de esta más que brillante trilogía de terror, donde todo lo planteado en las anteriores entregas desemboca en un perfecto acto final no apto para cardíacos. Wes Craven nos sumerge ahora en plena meca del cine, en el corazón de Hollywood, finalizando así su metadiscurso y crítica a la industria para la que él mismo trabaja, una industria que destroza y sumerge en el olvido a muchísimas personas. Sidney Prescott (Neve Campbell), la protagonista, ha acabado aislada en una casa en la montaña, con seguridad extrema, evitando todo contacto humano que no sea su padre, trabajando desde una línea telefónica destinada a la atención a la mujer, acosada por fantasmas del pasado, su madre asesinada. Mientras tanto, un circo se ha montado a su alrededor con las anteriores masacres: películas, reportajes, merchandising, y los supervivientes de la segunda parte completamente desvirtuados por la fama y el dinero de una desgracia que incluso ellos mismos vivieron (la reportera Gale Weathers interpretada de nuevo por Courtney Cox, el sheriff Dewey, interpretado por David Arquette, y Cotton, el que era cabeza de turco en la primera y segunda parte, interpretado por Liev Schreiber). Puñalada 3 es la nueva película de los sucesos de Woodsboro, y de repente, los personajes del reparto han empezado a morir asesinados uno tras otro. Este hecho capta la atención de Sidney, que sale de su escondrijo como un ratón a la trampa con queso, pues el asesino con cada muerte deja una foto de Maureen Prescott (la madre) de cuando era una jovencita, destapando una ola de secretos que se creían más que enterrados, y haciéndole ver a la protagonista que el pasado siempre vuelve de una forma u otra, llegando a descubrir el origen del por qué su madre coqueteaba con todos los hombres con los que podía. Y es que, como en todo, un suceso, por minúsculo e insignificante que parezca, puede crear toda una generación de desgracias ajenas y no ajenas, traumas y complejos que se heredan hasta el inevitable choque donde uno no puede evitar preguntarse ‘’¡¡¿por qué cojones no me dejáis en paz, panda de tarados, psicóticos y esquizoides?!!’’

Un film que refleja de forma extremista cómo se le puede destrozar la vida a la generación venidera por los pecados que uno cometió en su pasado. Porque está más que visto que lo que influye en unos, le seguirá a los otros (y si no, pregúntenselo a un psicólogo), pero el ser humano es tan egoísta por naturaleza que no se preocupa de esas cosas cuando se es joven. Por lo demás, la película sigue el esquema de las anteriores entregas, incluso rozando un tono más burlesco al tratarse de una satirización del Hollywood que no vemos normalmente, ese lado casposo, pueril y frívolo que concierne tanto a actores, como directores y productores. Muchas muertes, sangre, más acción, mucha oscuridad, juegos macabros, guiños al espectador más freak, cameos de Jason Mewes y Kevin Smith como Jay y Bob el silencioso, Carrie Fisher (nuestra querida Princesa Leia de Star Wars que vio como su carrera y vida fue a pique tras esta saga, recuperándola aquí Wes Craven, ya que el tema principal de la película va sobre cómo trata Hollywood a su gente), o el mismo director como visitante al plató de Puñalada 3 con una cámara de vídeo. No es chistoso ni nada. En definitiva, todo es más grande y mejor.

Con este film estrenado en el año 2000, justo al final del siglo XX, Wes Craven y Kevin Williamson daban carpetazo a una etapa, y todo parecía indicar que la pesadilla se había acabado.

Una década después, el silencio ha sido interrumpido por una nueva generación. En unos días os hablaré del estreno de Scream 4, y cómo se ha adoptado un nuevo enfoque a una saga que aparentemente ya no tenía nada que ofrecer.

También te pueden interesar las críticas de:

Scream 1

Scream 2

© Del Texto: Gwynplaine Thor


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oct 18 2010

Scream: El neoboom de un género crepuscular

Al ver una filtración por Internet del trailer de Scream 4 que ya se prepara, sentí el ineludible deseo de volver a revisitar esta saga que comencé a ver en el cine cuando tan sólo tenía diez años y me encantaba la sangre. No, no estoy loco. Eran otros tiempos.
El argumento: Hace un año que fue asesinada y violada la madre de Sidney, una atractiva adolescente que vive en un pequeño condado llamado ‘’Woodsboro’’. Ahora vuelve a atravesar una situación angustiosa, pues se acerca el aniversario de la muerte de su madre, y un psicópata disfrazado anda suelto por el barrio intentando matarla a ella también, poniendo en jaque a la policía (que llega a aplicar el toque de queda). Solo hay una cosa clara: todo el mundo es sospechoso.
Este podría ser el tema de cualquier peli de terror al uso de los años 80, con asesino esquizoide de por medio que sólo quiere una enorme carnicería y mucha sangre. Pero estamos en 1996, el género del psycho killer está prácticamente condenado al olvido, apenas se hacen películas de este tipo y en la televisión han perdido todo el interés del espectador, era un género crepuscular. Y entonces surgió Scream, de la mano del director Wes Craven y gracias al guión de Kevin Williamson para terminar de enterrarlo (o no), algo parecido a lo que hizo Sergio Leone con el western. Y mucha gente se preguntará…¿Qué hay de original en esta cinta? ¿Qué hay de original en otro psicópata disfrazado que mata adolescentes?
No es importante el qué sino el cómo. Scream no sería nada si no fuera por su brillante (y honesto, como diría un amigo mío) guión. Ghostface es la satirización y el homenaje al género puro, el último gran asesino del cine, los diálogos de la película son magníficos porque rompen con todos los clichés de las películas de terror, los mismos personajes creen que no están en una película, todos hablan de lo que pasa en esta o cual cinta (se mencionan grandes sagas que no voy a poner aquí porque no terminaría) y se bromea sobre ello, Kevin Williamson nos está contando la última manera de revitalizar este género, desde la ironía y el recuerdo. Para ello introduce una serie de personajes adolescentes que disfrutan de cualquier peli de terror, como haríamos nosotros en aquellos años, cuando aún no existía Internet propiamente dicho, y disfrutábamos en casa consumiendo VHS’s de alquiler sentados en nuestro sofá a oscuras un viernes por la noche. El libreto también es una crítica al cine falto de ideas en esa década, al cine falto de generador de fenómenos, el cine que se quedó en los 80 y que por h o por b perdió la esencia en los 90. Pero también a la televisión (y bastante destructiva), a los medios de comunicación como explotador de desgracias ajenas y que en cierto modo ya vaticinaba lo que se nos venía encima en años posteriores. Kevin Williamson creó un fenómeno anti-fenómenos, o antisistema (aunque no me guste esta palabra y se saque de contexto cada dos por tres).
En cuanto al plano técnico, vamos a lo de toda la vida, ambientes muy oscuros y fríos como cualquier otra de terror, nada destacable, pero que juegan un buen papel en la creación de cierta atmósfera. La música y los efectos de sonido juegan un papel importante, incluso a la hora de describir a los personajes(por ejemplo, Billy, uno de los dos asesinos es presentado con el sonido de un trueno justo al principio de la película y después del primer asesinato, cometido en plena tormenta, por lo que ya nos está contando algo de ese personaje), aunque en la obra completa llega a perderse y se acaba recurriendo al susto gratuito de la música alta, eso si, la mayoría de las veces que pasa esto es cuando un personaje hace una burla a otro, para luego pegarnos el verdadero susto. Guiño de Williamson al espectador. En cuanto a la dirección, Wes Craven hace un muy buen trabajo, sabiendo lo que tiene entre manos, cada escena está perfectamente rodada y estudiada al milímetro, en todo momento te está contando qué va a pasar, ya sea por el plano escogido (esos aberrados, por ejemplo…) o por la actuación y diálogos de cualquier personaje (grande Jamie Kennedy como el empleado del videoclub que se conoce todas las peliculas de terror y las reglas del género), por no hablar de un plano especial, el de la puesta de sol rojiza antes de la matanza, no sé si lo rodó pensando en que era una película crepuscular o por simple narrativa, sea cual sea su significado, está ahí. Como anécdota, en el videoclub, sale la peli Frankestein en el momento en que todos conocemos y dice el doctor ‘’está vivo,vivoooooo’’, aludiendo al engendro de criatura llamada Ghostface que crearon Wes y Kevin, que no es más que un compendio de todos los asesinos del cine de terror en uno.
Ambos cineastas no sé si supieron en algún momento lo que tenían entre manos, pero gracias a esta película, generaron un neo-boom del género que sigue dando que hablar hasta nuestros días, con más o menos calidad, pero ahí sigue, y cada vez con propuestas más variopintas. Como Leone hizo en su día…
Y para terminar, como diría uno de los asesinos y que resume perfectamente la mente de estos dos genios La vida es una película aunque no puedes elegir tu género.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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