abr 16 2012

Recuerda: Los sueños de diseño

Varias veces, desde los 19 hasta los treinta y tantos, me sometí a sesiones de psicoanálisis más por curiosidad y morbo que por pura necesidad, resultándome siempre una experiencia decepcionante que me dejaba en la más absoluta ruina económica y espiritual. En esas investigaciones mías psicoanalíticas, me interesaban más las respuestas del especialista que mis propias cuestiones. Trataba de poner a prueba a un impasible doctor A. sentado en un despacho verde reluciente relatándole una amplia variedad de sueños, deseos y preocupaciones. Hubo un tiempo, recuerdo, en que sufrí una serie de misteriosos sueños con animales  salvajes. Esos sueños me intrigaban muchísimo por la profundidad y la dificultad de interpretación, la impresión tan agradable que me producían al despertar y el fortísimo recuerdo que me dejaban de calma y quietud, que años más tarde todavía conservo. Cuando le relaté al doctor A. mis madrugadas buceando en lagos del norte con osos negros del Canadá, nadando con delfines celestes en el mediterráneo o persiguiendo a un zorro domesticado de una vecina millonaria en una urbanización marbellí, el doctor A., inexpresivo siempre, lo achacó, simplemente, a mi extrema simpatía y apego por los animales, y me felicitó por esas noches tan exóticas y sublimes de fauna silvestre y marina. Aquella fue mi última visita al doctor A., dejándole la consulta pendiente de abonar y un mogollón de cuestiones sin resolver.
Mucho más efectivas me parecieron las sesiones de la doctora Piterson con John Palantine, amnésico y supuesto asesino. El milagro de descubrir un asesinato y un pasado olvidado, era más o menos lo que yo esperaba del psicoanálisis. Una mezcla de Hitchcock y Dalí llena de pistas oníricas y alucinantes dónde el diccionario de sueños resulta una ciencia exacta. Dónde los médicos son realmente los detectives del subconsciente, los investigadores más fiables y matemáticos.
Los síntomas de desmayo ante la visión de una bata de rayas blancas o una colcha de rayas negras, el sueño de unas cortinas con ojos recortadas con unas enormes tijeras, el jugador barbudo de cartas blancas, el siete de copas, la rueda que cae desde el tejado y la persecución por las enormes alas de un ángel resultan las pistas para delatar al verdadero asesino. Por otro lado, la amnesia es remediada en cuanto el enfermo la asocia con el recuerdo que la provocó, en este caso, un fuerte sentimiento de culpabilidad por la muerte del hermano. Toda esta trama la narra Hitchcock mediante sueños diseñados por Dalí y desde sus ideales planos subjetivos dónde la cámara está dentro del vaso de leche blanca, y los zooms alcanzan hasta la línea más delgada de un batín.
A lo mejor la doctora Piterson me hubiese revelado alguna teoría algo más interesante y morbosa de mis sueños. El porqué tenían que ser osos negros de Canadá y no osos pardos ibéricos. A lo mejor, todas las respuestas estaban escondidas en un pequeño microfilm, secreto y misterioso, oculto bajo las aguas del Yukón, entre montañas costeras y  bahías de glaciares.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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mar 23 2011

Impresiones en la Alta Mongolia: Dalí, un agente provocador

Un bucólico paisaje se transforma progresivamente en el rostro de Hitler. A partir de aquí, y conducidos por su voz en off, se suceden una serie de imágenes encadenadas que van, desde fotogramas de Un perro andaluz o el Rostro de Mae West, hasta la tranquilidad suprema e inmutable de su taller y el globo aerostático que vuela plácidamente tras la ventana. Entonces nos cuenta como decide, para recompensar a Gala por su resignación y paciencia, enviar a un equipo de exploradores a la Alta Mongolia Occidental (lugar aparecido en los cuadros de Vermeer), a buscar el champiñón blanco alucinógeno que contiene todas las propiedades geológicas de un LSD absoluto.
El mismo Salvador Dalí, nos abre las puertas de su museo, para luego presentarnos, desde un misterioso mapa, su personalísima visión sobre la Alta Mongolia como una civilización alucinógena y extraña dónde se encuentra el verdadero champinclis histratatus domus blancus y que ha mantenido a una civilización totalmente onírica.
Los mapas, las vistas panorámicas, los extraños insectos, la exótica vegetación prehistórica , las cúpulas celestes y apoteósicas, las cápsulas galácticas, y así hasta encontrar el objeto de la expedición: un codiciado champiñón gigante blanco que necesita 6 años de maduración.
Finalmente, termina Dalí mostrándonos su bonita estilográfica del Hotel Saint Régis, que dice ser el objeto sublime que nos provocó las alucinaciones vistas durante toda la película. Luego, baja la estilográfica a la altura de su sexo y vierte en ella unas cuantas gotas de ácido úrico, que, según él, es el agente provocador de esa interpretación nuestra paranoico-crítica durante los 50 minutos de película. Y, es que, las manchas que se formaron en la estilográfica durante los 50 minutos de exposición al ácido úrico son las imágenes que hemos visto y que él nos ha impuesto en el cerebro. Nada más.
Tenía mucha curiosidad por ver esta película que le inspiró a Sistiaga sus cósmicas Impresiones en la alta atmósfera. Ahora, tengo muchas ganas de leer las Impresiones de África de Raymond Roussel que le inspiro a Dalí y a Montes-Baquer sus alucinantes Impresiones en la Alta Mongolia.
© Del Texto: Sonia Hirsch


mar 3 2011

Impresiones en la alta atmósfera: En alguna parte

Esta es una cósmica película sin cámara dónde las imágenes están pintadas directamente en el celuloide. La proyección se realiza a una velocidad de 24 imágenes por segundo, concentrándose unas 10.000 imágenes en los 7 minutos de duración de la película. Todas ellas pintadas a mano por el pintor y cineasta abstracto José Antonio Sistiaga, miembro del grupo Gaur, colectivo de vanguardia que revolucionó el arte vasco en los años 60.
Estas 10.000 imágenes de Sistiaga nos descubren un colorido universo de cometas movidos al azar; asteroides verdes, amarillos, violetas… Chispas, gases, nebulosas brillantes, novas y supernovas a velocidad vertiginosa y con el único sonido de una suave vibración en órgano. Imágenes extraterrestres, arrecifes imaginarios e islas ingrávidas que el mero hecho de contemplar ya resulta una extraordinaria hipnosis. Cómo fin, un insólito grito similar al graznido de una gaviota que multiplica la sensación de soledad de un universo inabordable y absolutamente lejano.
De esta película existen dos versiones: una dedicada a Nijinski y Oteiza, que termina en un vacío, y la segunda dedicada a Van Gogh, que termina con una explosión de luz.
El título fue inspirado en un cortometraje de José Montes-Baquer y Salvador Dalí titulado Impresiones en la Alta Mongolia y que incluyo en esta serie de experimentos.
Esta es la película que recomiendo a todos aquellos que deseen fervientemente partir de viaje a alguna parte, la que ustedes quieran.
El gesto de la belleza no pasa nunca de la melancolía o la sonrisa, y mejor aún si no llega (La deshumanización del arte).
© Del Texto: Sonia Hirsch