may 20 2013

Jack Reacher (One Shot): Sin moverse del sitio

Pues nada. Tom Cruise haciendo de Tom Cruise. Otra vez, sí. Lamento decirlo en cada crítica, pero es lo primero que se me viene a la cabeza. Intento pensar en algo distinto y, como lo que he visto está vacío del todo, la idea recurrente de que Cruise hace de Cruise y solamente de Cruise me envuelve sin dejar posibilidad alguna a la imaginación.
Jack Reacher es un papel a medida para el actor. Lo hubiera podido hacer sin moverse del sitio. ¡Anda, si, ahora que lo pienso es lo que hace! La falta de expresividad es mucha y constante. Se trata de un policía militar licenciado (del ejercito, digo) que aparece en escena para investigar un caso de asesinato múltiple. Superlisto, superfuerte, superastuto, superconductor, supergalán, supermarmolillo. ¡SuperCruise! Le acompaña en sus correrías una abogada rubia algo más tonta, algo más débil, que se maneja peor en situaciones difíciles, conduce con prudencia, ansiosa por beneficiarse a Reacher y supermarmolilla; gracias a que el papel lo interpreta Rosamund Pike.
Aunque, seré justo, he de decir que la película es muy entretenida. Uno pulsa el botón de encefalograma plano y se pone a disfrutar entre muertes, persecuciones y peleas (por cierto, la que se produce en el baño de una casa trata de ser cómica y, aún en modo necesito desconectar del mundo, se hace patética). Pero claro, eso de entretenerse no es suficiente cuando te proponen pasar más de horas frente a una pantalla. Todo tiene un límite. Para perder el tiempo entretenidos ya tenemos todo tipo de cachibaches electrónicos. Es una ofensa al cine eso de que el espectador trague con lo del entretenimiento como si fuera un gran valor de una película.
Jack Reacher es entretenida e irregular. Porque las escenas de acción se distancian mucho unas de otras en el tiempo; porque después de un arranque magnífico (todo hay que decirlo) la cosa va de lo interesante al bostezo, del diálogo sugerente a los que convierten el guión en una catástrofe monumental. Lo que no es irregular es el personaje encarnado por Cruise. Ya saben, supertodo. Los villanos son otra cosa. Son malos, malísimos. Aunque terminan siendo torpes, torpísimos. Werner Herzog es el que impone más, pero su papel es muy corto y superficial.
La trama es inverosímil. Sobre todo porque va desarrollándose a través de las deducciones de Jack Reacher. Vale, todo cuadra, pero el espectador tiene la sensación de estar ante un guión que se arma para que no se le cierre la boca nunca más ya que asiste al milagro de la inteligencia norteamericana. Y esto no puede ser. El cine no puede recibirse como una realidad ajena a la propia realidad; el cine forma parte de ella y si el espectador detecta que, al apagarse las luces de la sala, está en el cine; el fracaso, el olvido y la indiferencia están garantizados.
Todo esto lo dirige Christopher McQuarrie (el guión es, también, cosa suya y de Josh Olson; la novela que se adaptó la firmó Lee Child y es mejor no acercarse a ella). Comienza muy bien la cinta. Los cinco primeros minutos tienen todos los ingredientes nacesarios para presentar una propuesta sobresaliente. Pero no. Rápidamente, estamos en zonas comunes, en fórmulas mil veces usadas. Nada nuevo y nada de posos.
Pues eso. Tom Cruise haciendo de Tom Cruise. Y poco más. Muy poco más.
© Del Texto: Nirek Sabal


ene 23 2013

Muere otro día: Homenaje digital a Bond

Vigésima entrega de la serie Bond. Cuarta y última aparición de Pierce Brosnan interpretando el papel de James Bond. Cine de evasión, de divertimento. 007 enredado en el mundo digital. Una chica Bond de quitar la respiración (aunque si ya te la ha quitado Ursulla Andress el colapso es menor). Unos villanos que, como pasaba en la época de Sean Connery, quieren hacer maldades para poder controlar el mundo entero. Y que son malos de verdad. La momia de Madonna en pantalla. Un palacio de hielo. Un satélite mortífero. Un avión que nunca se cae al suelo. En fin, una película que lleva al extremo todo disparate posible y que, tal vez, funciona por esa misma razón. Si alguien necesita un par de horas de evasión, esta es la película.
Brosnan está mayorcito para el papel. Se le ve elegante y puaperas, pero con unos añitos de más como para andar corriendo esos peligros y ligarse a esas mujeres tan despanpanantes. Interpreta un Bond que roza (a veces) la frivolidad o tontería del Bond de Roger Moore y la oscuridad del Bond de Timothy Dalton en Licencia para matar. En esta película, la venganza mueve al agente secreto aunque, a mitad de la cinta, es la salvación del mundo la motivación principal. Los amantes de la serie pueden quedar algo decepcionados con esta película; quiere ser un homenaje a todos los trabajos anteriores y se convierte en un batiburrillo. Entonces ¿por qué funciona, por qué alguien se la traga sin rechistar? Seguramente, porque el ritmo es frenético, no queda tiempo para pensar ante tanta escena de acción.
Se trataba de hacer que el espectador se quedase pegado al sillón pasando el rato. Y eso lo consigue el director, Lee Tamahori, sin grandes problemas. ¿Es esto suficiente para una película de cine? Claro que no. A decir verdad, este Bond no es el de Ian Fleming, ni el de Connery, ni el actual de Daniel Craig. Y Bond no es un personaje de ciencia ficción (en esta película se roza el género). Tamahori rapta al personaje y lo devuelve hecho unos zorros.
Halle Berry pasa sin pena ni gloria por la pantalla. Salvo esa primera aparición (homenaje al que realizó la señora Andress) no desarrolla un papel que deje poso. Ni se la dan diálogos que hagan crecer al personaje ni la trama se soporta, mínimamente, sobre ella. Más blandita de lo que cabía esperar.
Judi Dench estupenda. John Cleese inadvertido. Toby Stephens cumplidor. El resto aparecen o desaparecen como si nada, Incluida Madonna.
De los guionistas Neal Purvis y Robert Wade hay poco que decir. Toman ideas de otras películas de la saga, las agitan y sueltan lo que se les ocurre en forma de exceso. Eso sí, multiplicado por un millón. Deberían haber explicado a estos chicos que 007 es mortal y que el mundo es el mundo.
La partitura de David Arnold está bien. No es la mejor aunque tampoco es la peor. Acompaña la acción sin estridencias y presenta versiones del tema principal que resultan agradables y muy divertidas.
El cine tiene un componente de espectáculo que nadie puede negar. Muere otro día es espectáculo puro. Aunque se queda en eso y poco más. Ahora bien, si quiere pasar la tarde sentado frente a una pantalla, comiendo palomitas, sin pensar en otra cosa que no sea un agente secreto y sus cositas, Muere otro día es ideal. Nada de guiones magníficos, ni personajes profundos, ni encuadres prodigiosos. Nada más que acción, héroes, villanos y chicas explosivas (Rosamund Pike también está muy guapa).
© Del Texto: Nirek Sabal


may 15 2012

El mundo según Barney

Cuando, en cine, decides contar algo hay que tener clara una cosa: qué quieres contar. Esto, que parece algo obvio y necesario, se lo salta a la torera casi todo el mundo. Por eso encontramos películas anunciadas como comedias que terminan siendo dramas lacrimógenos (no porque la historia lo demande sino porque es la salida más facilona para enganchar al espectador en un último intento a la desesperada), por eso encontramos películas en la que el narrador cambia sin venir a cuento (no para aportar un punto de vista distinto sino porque la elección fue errónea y hay cosas que el narrador elegido no puede contar), por eso hay películas que nos dejan fríos como témpanos de hielo (por ejemplo, cuando los personajes son tan planos que no permiten una mínima empatía con ellos). Contar una historia no es contarlo todo; es contarlo bien. Lo justo. Ni más ni menos. Con los materiales narrativos adecuados, con diálogos que lleven a alguna parte, con un punto de vista sólido y esas cositas.
El mundo según Barney es de esas películas que nunca entenderé. Supongo que la idea es mostrar un mundo desde una mirada (la del personaje) y todas las caras de ese mundo cuando el personaje (que es narrador) va mostrando sus evoluciones, sus cambios. Tal vez esa era la idea. Pero la cosa se queda en una narración lineal de la historia de los tres matrimonios del protagonista con la inclusión de una trama policial muy poco importante y un final que busca la lágrima fácil por la vía de la enfermedad y la muerte. Si el personaje debería ser lo fundamental, de principio a fin, se queda en pura anécdota. Si las tramas secundarias deberían ser iluminadoras de la principal y la herramienta explicativa de lo implícito, se quedan en historias poco y mal trazadas, del todo prescindibles. Si el punto de vista debería aportar diferentes caras de una realidad poliédrica no se consigue una voz ni mínimamente interesante aunque sí simpática. Vamos, dicho de otra forma, que esta película es una chapuza importante.
Paul Giamatti, actor principal, defiende bien el papel. Esta es una de las pocas cosas buenas de la película. Dustin Hoffman no está mal aunque su papel es más secundario de lo que podría parecer. Rachelle Lefevre, Minnie Driver y Rosamund Pike (las tres esposas de Barney) acompañan al protagonista sin aportar gran cosa. Para ser justo diré que Pike está por encima de sus compañeras.
La dirección de Richard J. Lewis es flojita. Intenta adaptar una buena novela (la de Mordecai Richler) convirtiendo el texto original en una maravilla si lo comparamos con el libreto.
El resto de elementos técnicos pasa desapercibido. Lo único que se puede señalar es la banda sonora que no está del todo mal aunque los temas (buenos de forma independiente) están llevados un poco de los pelos para formar un conjunto algo desigual.
El gran problema de esta película es que el personaje, aunque parezca otra cosa, comienza en un punto y termina en el mismo. O muy pegado a él. Nos intentan convencer de lo contrario metiendo subtramas, sin ton ni son, aunque sin ningún éxito. Si a eso le añadimos una duración excesiva, El mundo según Barney se convierte en una película entretenida y de las que no dejan huella; de esas que cuando se acaban no pasa nada. Y es una pena porque la esencia podría dar mucho más juego, porque con un poco más de imaginación se podría abrir un mundo entero en el que todo importase. No es así.
Muy decepcionante.
© Del Texto: Nirek Sabal


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oct 29 2010

An Education: Ustedes son tontos

El afán por redondear las tramas es algo que nunca comprenderé. Dejar abiertas las narraciones habilita un espacio al espectador que no se valora en su justa medida. Supongo que el aspecto comercial de una producción cinematográfica es fundamental y los guionistas hacen todo lo que pueden para que sus historias encajen en el proceso. Vale, pero ¿no hay nadie que piense en nuevas posibilidades para convertir en comercial todo tipo de guión? ¿Es absolutamente necesario contar todo para que el espectador salga contento de la sala de proyección? ¿Podría ser que, a los que vemos cine, nos gusta poder imaginar lo que sucede a partir de los créditos sin que nadie cierre el asunto (penosamente) por siempre jamás? ¿No será que nos toman por tontitos (muchas veces) y les gusta darnos todo masticadito por si las moscas? ¿Sigue funcionando lo de presentar un final feliz? Esto es algo así como lo que ocurre en la televisión. Emitimos lo que el público demanda, dicen. Pero yo creo que cuando la programación está exenta de porquería, la gente sigue viendo los programas e incluso agradecen la falta de tanta mierda. Pues eso pasa mucho en el cine.
An Education es la última película firmada por Lone Scherfig. Mantiene un puso narrativo notable durante gran parte de la cinta, pero llegado el final la cosa se descompone arrastrando todo lo bueno que tenía. Una propuesta atractiva, algo blandita (eso sí), termina siendo un asombroso espectáculo de felicidad cuando la cosa hubiera sido mucho más verosímil si el guionista hubiera optado por dejar las cosas en su sitio. Resumiendo mucho, lo que nos cuentan es que una chica de 16 años conoce a un tipo mayor que ella. Este la asombra con sus cosas, con su vida, con sus viajes. Ella se enamora locamente, claro. Él termina siendo un mamón. Se separan para siempre aunque ella en un momento arregla todo y lo deja más bonito que un San Luis. ¿A que ya se lo sabían?
Lo verdaderamente notable de la película lo encontramos en la interpretación de Carey Mulligan (esta es la chica enamorada). Francamente bien. Emma Thompson está por allí para hacer bulto junto al resto que no pasan de estar correctos (Peter Sarsgaard, Alfred molina, Rosamund Pike, Dominic Cooper y Olivia Williams).
A lo largo de la trama ocurren cosas que no terminan de casar con lo que luego vamos descubriendo. Por ejemplo, un sujeto que es lo que es ( un crápula de tomo y lomo) difícilmente tendría una actitud parecida a la que nos muestran cuando la pareja se encuentra a solas las primeras veces. Resulta tan patética la escena como descubrir que nos la han jugado ocultando algo fundamental para entender el producto en su totalidad. De verdad que creo que nos toman por idiotas. En fin, una película que podría ser notable se queda en muy poca cosa. En la actriz principal y, no lo he mencionado aún siendo lo mejor de la cinta, la banda sonora. Podrán escuchar On the Rebound de Floyd Cramer, Sous le Ciel de París de Hubert Giraud interpretada por Juliette Greco, A Sunday Kind of Love de Beth Rowley que también canta una excelente versión de You Got Me Wrapped Around Your Little Finger de Ben Castle, Maybe Tomorrow de Bill Fury y algunos temas más que resultan maravillosos entre tanto cine de mentira.
Los amantes de historietas maravillosas que terminan mostrando un mundo que viaja sobre una nube de algodón de azúcar tienen en An Education una excelente oportunidad para disfrutar. Pero el resto, no sé yo.
© Del Texto: Nirek Sabal



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