sep 24 2013

Asalto al poder: Disparar a matar… al cine

Asalto al poder es una película tan estúpida como entretenida, tan vacía como bien facturada (si sólo tenemos en cuenta los efectos visuales, especiales y sonoros).
Parece que la moda en el circuito comercial norteamericano marca la tendencia más victimista, patriota y sangrienta. La cartelera va de ataque terrorista a otro mucho más terrible y de ese a un posible ataque nuclear. Y, puestos a marcar tendencia, a realizar un cine mediocre.
Asalto al poder es un buddy film en el que Roland Emmerich hace un alarde prodigioso de mala dirección, de falta de ideas y de chapoteo en los tópicos. Es verdad que, con un guión como este, poco se puede hacer, pero es alarmante que el trabajo no tenga nada, absolutamente nada, que merezca la pena. Incluso los efectos especiales y visuales se hacen pesados. Inquieta que una película con este presupuesto no contenga una sola frase inteligente. Es un desastre absoluto. Eso sí, entre chorradas y explosiones, el tiempo se pasa volando (es lo único que no vuela por los aires hecho añicos, por cierto).
Channing Tatum y Jamie Foxx liquidan a un pequeño ejército armado hasta los dientes. Uno con valentía y violencia asombrosos. El otro con una calma y una heroicidad que sólo un presidente de los Estados Unidos puede manejar con acierto (en una película de cine, claro). Eso es lo que intentan colarnos. En realidad, nada es verosímil; todo parece la gran estafa del mes. Eso sí, muy entretenida. Maggie Gyllenhaal y James Woods (qué mayor está) y otros, se mueven por la pantalla sin pena ni gloria. Les matan al poco tiempo o interpretan papeles insignificantes o, sencillamente, no pintan nada en la película.
Asalto al poder es una película prescindible en la que todo apesta a mal cine. Prescindible y totalmente predecible. El espectador puede intuir lo que pasará en cada escena y desde el principio. Tal vez, por eso resulta tan entretenida. A todos nos gusta medir nuestras dotes adivinatorias y tener éxito en el intento. Con esta película nos convertimos en visionarios perfectos. No fallamos ni una.
Si esto es todo lo que se les ocurre a los productores para gastar su dinero, estamos arreglados. Es posible que recuperen la inversión haciendo buenas taquillas, pero destrozarán, de paso, lo poco que queda de la industria cenematográfica. Pronto empezarán los quejidos, las lágrimas, las lamentaciones. Y será tarde.
Asalto al poder es tan catastrófica como la historia que quiere vender. Eso sí, el tiempo pasa volando.
© Del Texto: Nirek Sabal


ene 27 2013

Anonymous: Lo cierto de la ficción

No se puede valorar una obra de ficción por lo y que tenga dentro que sea cierto. Podremos valorar el acierto del autor recreando una situación, un escenario. Vale. Pero si la trama no respeta lo histórico no pasa nada. Al contrario, hay que celebrarlo. Una obra de ficción no es un ensayo.
Si William Shakespeare escribió o no su obra es lo de menos. Es la obra lo que perdura y no su autor. Si alguien quiere jugar a las conjeturas y hace con ello una película no es malo. Lo malo es hacer una película mediocre.
Anonymous es una película que explota mucho y bien algunas cosas descuidando mucho otras. Eso le convierte en un trabajo que se queda a medio camino cuando todo era favorable para hacer una buena película. Roland Emmerich cuida al máximo la puesta en escena. Con ello consigue recrear un momento histórico y una ciudad de forma portentosa. Ayuda que la fotografía de Anna J. Foester sea tan cuidadosa y unos efectos visuales, francamente, buenos. Esta película es, en este sentido, espectacular por su detalle, por una presentación que nos arrastra al Londres de la Reina Isabel, de Shakespeare. Pero ¿para qué este espectáculo, por qué todo esto? Estas son las grandes dudas que asaltan al espectador cuando acaba la proyección. Una puesta en escena como esta sirve de poco si los personajes se dibujan con trazo grueso y no se entra en su psicología con cierta profundidad. Roland Emmerich (en manos del guión de John Orloff) pone a funcionar intrigas palaciegas, venganza, cierta violencia, unas gotas de sexo y celos; sobre la base del teatro. Todo quiere convertirlo en todas las comedias del autor inglés, de Shakespeare. Y eso hace que todo aparezca sin tener una importancia suficiente. Por ello los personajes aparecen más desdibujados que otra cosa.
El guión es mucho más flojo de lo que puede parecer. No ya por las incorrecciones históricas que incluye sino por la falta de acierto al repartir las frases importantes. Las mejores son las robadas a la obra de Shakespeare. El resto buscan más ligar una escena con otra para que exista una continuidad argumental. Pero, claro, sin personajes, esa continuidad da un aspecto a toda la historia de culebrón sin mucho sentido.
Tanto Rhys Ifans como Vanessa Redgrave están algo atacados al interpretar sus papeles. Él amanerado en exceso; ella sin contención alguna en escenas concretas (eso sí, muy bien caracterizada). Lo que sucede es que el resto del reparto está muy discretito y podría parecer que esta pareja está estupenda.
En la película lo que cuentan es que Shakespeare era un actor de segunda y casi analfabeto. Tiene la suerte de hacerse con fama gracias a la obra de un conde que no quiere ni puede aparecer como autor de esas comedias o tragedias. Sí es interesante esa lectura que hace Emmerich sobre lo que representa para un artista su forma de concebir e interpretar la realidad. No es la propia obra ni la fama lo que importa. El artista necesita sobrevivir rodeado de ese arte que le deja poco espacio. Los enredos, los amores, las traiciones o la venganza van dibujando a un número tan elevado de personajes que ninguno termina viéndose con claridad. Además, los flashbacks son frecuentes y molestos. No todos están justificados. Entre los diferentes escenarios, las diferentes subtramas, el gran número de personajes, las rupturas espacio-temporales y las intrigas, todo se queda en tierra de nadie.
Anonymous no es una mala película, pero no será recordada como una obra cumbre y necesaria. Demasiados errores para que eso sea así. Se deja ver. Curiosa y ya está.
© Del Texto: Nirek Sabal


abr 18 2011

Invasión a la Tierra: Una vez más

Pocas luces podemos encontrar en este producto que vuelve a contarnos la misma historia de siempre. A saber, unos alienígenas vienen escopeteados desde el espacio exterior a la velocidad del rayo, con muchas ganas de guerra, destrucción y un sin fin de tecnología. En esto que un batallón de soldados americanos armados hasta los dientes y comandados por el actor Aaron Eckhart se adentran en la ciudad de Los Ángeles para rescatar a los poquísimos supervivientes que quedan, encontrándose con nuestros amigos los extraterrestres que les zurrarán de lo lindo. Muchas explosiones, mucho movimiento de cámara en mano para darle más emoción, dinamismo y cualquier chorrada que diría un productor pasado de rosca, exaltación de la bandera americana, patriotismo chabacanero, discursos creados por una mente ultraconservadora y pajillera consigo misma, pocas palabras, personajes que ni saben porqué están ahí, muchas muertes (y al espectador se la pela, seamos directos) y momentos casposo-trascendentales. Todo esto nos encontraremos. ¿A que hay ganas de verla?
En definitiva, una planicie argumental y un despropósito de casi dos horas, donde el guión no avanza desde el minuto diez, con personajes y actuaciones completamente huecos y sin miga (¿Michelle Rodríguez qué pinta en este desaguisado?). No se entiende cómo un producto que ha tenido una campaña de trailers y publicidad bastante interesante comparada con otras propuestas del género, se haya rebajado a un mero espectáculo de tiros y explosiones, sin personajes ni historia, o simplemente una escena para recordar, es que no hay nada de nada en este film. Luego ponemos a parir cosas como Independence Day, pero un servidor os dirá que por lo menos esa película era una coña marinera tras otra (solo hay que ver las películas de Roland Emmerich para dar cuenta de ello) con personajes característicos, estereotipados y divertida hasta el final, pero ¿esto? ¿Invasión a la Tierra? ¿Esto qué tipo de broma es? ¿Y quién fue la mente brillante que le puso un nombre tan original a esta cinta, en nuestro país, cuando en realidad se llama Battle: Los Angeles?  Jonathan Liebesman, dedícate a la publicidad o el videoclip, porque en el cine lo tienes crudo no, lo siguiente. Si querías hacer tu particular homenaje Black Hawk derribado de Ridley Scott, no le has llegado ni a la suela del zapato, y ya es decir.
Un consejo: Entreteneos en coser, cocinar, hacer sexo (el amor no existe, lo siento por los ilusos), mirar las musarañas, todo menos perder el tiempo con este engendro.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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