may 8 2011

Madres e hijas: Relaciones tácitas

Llevo varios días discutiendo con mi madre sin llegar a ningún acuerdo ni conclusión, solo espalda frente a espalda, alejándonos en direcciones opuestas. Creo que antes de hacer las paces entre nosotras, cada una tiene que reconciliarse consigo misma.
Sobre esta línea se construye la historia de Madres e Hijas, escrita y dirigida por Rodrigo García: un largometraje que tiene como protagonistas a varias mujeres para las que la maternidad ha sido, es o será un condicionante en su vida. Entre ellas tenemos a una demacrada Annete Bening, en el papel de Karen, que con 14 años y ante la insistencia de su madre dio en adopción a su hija, Naomi Watts, como Elizabeth, a quien la orfandad la convirtió en una abogada muy segura de sí misma, atrevida de carácter decidido, fuerte, independiente, pero sola. Además de ellas, Rodrigo García nos retrata varios perfiles de mujeres, cada una con una historia particular sobre el amor de madre.
Un mosaico de historias que se entremezclan entre sí con grandes saltos en el tiempo cuando es preciso porque no hay ni una sola imagen gratuita. Cada escena habla por sí sola y transcurre al ritmo que las madres y las hijas necesitan. Las palabras no se malgastan porque los sentimientos son tácitos.
Cada mujer de esta historia lleva una pequeña mochila a la espalda con su deseo de ser madre, o de no serlo, de ser hija o de no querer serlo. La vinculación. Una búsqueda de amor incondicional que afecta a la identidad y en la que los hombres son meros complementos circunstanciales.  Es el momento en que se acepta esa búsqueda cuando la rabia, el dolor, el arrepentimiento y la tristeza  transforman el rencor en humanidad y se abre el camino de la reconciliación. Cuando la escala de grises y negros por la dureza del principio del filme comienza a aclararse a la par que los personajes evolucionan, culminando en el rostro radiante de Karen, iluminado por el sol. Y acaba oliendo como a primavera amarga, a satisfacción y alegría resignadas. A tranquilidad, pero sin final  feliz, ni mucho menos, porque esta película es un gran reflejo de la realidad. Un drama positivo, de arriba abajo, que nos lanza preguntas sobre nuestra identidad, y quién ha tenido que ver en ella.
Por cierto que, a pesar de todo, la vi con mi madre, y dijo: Esta película puede hacer que muchas parejas se planteen tener hijos solo para arreglar sus problemas.
© Del Texto: Coletas


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jul 16 2010

Cosas que diría con solo mirarla: Al llegar a casa dejando el mundo fuera

Si en alguna ocasión he tenido la sensación de ser una voyeur (en el sentido de observar las intimidades de otros que nada tienen que ver con lo erótico festivo) fue viendo Cosas que diría con solo mirarla.
Debo reconocer que llevo varios días pensando en qué escribir sobre esta película y que me muevo por la ciudad, arriba y abajo, con una copia en mi bolso. A día de hoy, no sé por dónde empezar.
Tal vez me he transformado, sin apenas darme cuenta, en un personaje que podría aparecer en esa misma película. Una mujer que llega reventada a su casa y desconecta, de todo y de todos, viendo películas que nadie más quiere ver, que las madura mientras pone la lavadora o el lavaplatos y las escribe en una servilleta de papel de una cafetería cualquiera mientras piensa si debería someterse a un chequeo médico o deja que la naturaleza haga su faena, si visita a un abogado o a un psiquiatra, si lleva a sus hijos de colonias o los deja encerrados en su casa durante semanas, si asesinar a su jefe o  aumentar las filas del paro.  Cosas tan sencillas, como esas, que construyen la vida de la gente corriente.
Transformar lo cotidiano, lo normal o las cosas pequeñas en algo enorme, alejado de los grandes “conceptos”, es lo que ha conseguido Rodrigo García con su opera prima.
Cinco historias de mujeres, unidas por sentimientos de soledad y tristeza y por el barrio en el que discurre la acción. Cinco historias (que tienen un principio y un final) con momentos concretos de la vida de unas mujeres que las transformará, no sé si a mejor o a peor, pero que en todo caso las colocará en un universo que a partir de ese momento va a ser distinto.
No nos mostraran grandes acontecimientos, todo parece muy cotidiano pero es que, en realidad, nada lo es.

En un barrio de Los Ángeles, el Valle de San Fernando, un grupo de mujeres está reordenando sus vidas. Una doctora (Glenn Close) una frialdad aparente como coraza ante una inseguridad afectiva vital. Una solitaria detective de policía busca pistas sobre una tragedia junto a su ególatra hermana ciega (Cameron Díaz). Una madre soltera se siente profundamente atraída por un nuevo vecino del barrio, un hombre nada común. Una directora de banco (Holly Hunter) descubre que está embarazada después de una historia con un hombre casado y tratará su aborto como si de una cuestión de negocios más, hasta que llega el derrumbe. Una pitonisa (Calista Flockahart) que cuida de su pareja que sufre una enfermedad irreversible y reviven a base de relatar su amor.
Creo que una buena película, además de los artificios técnicos, precisa tener algo que contar y que quien nos lo cuente sepa hacerlo. El elenco de actrices que protagonizan esta película no puede ser más variopinto: Glenn Close, Cameron Díaz, Calista Flockahart, Valeria Golino, Elpidia Carrillo, Amy Brenneman, Holly Hunter, pero,a pesar de ser muchas y distintas, desde luego lo bordan. Una fotografía calida, cercana. Una banda sonora (Ed Sheamur)  que acompaña a lo íntimo, estupenda.
Una serie de historias cruzadas, donde los personajes se encadenan unos a los otros a través de sus vivencias, consiguiendo con ello un todo global que da sentido, a su vez, a las historias de cada una de sus protagonistas. Donde las víctimas de unas vidas se convierten en verdugos de las que tienen a su lado.
Una película que consigue contarnos muchas cosas, todas a través de gestos menudos, pequeños sucesos.
No a todo el mundo le gustará, pero ahí radica precisamente su secreto, en las cosas corriente, las que nos pasan todos y en conseguir, a través de todo ello, tocarnos de lleno.
© Del Texto: Anita Noire


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