oct 24 2011

Tu madre se ha comido a mi perro

A mí las películas de terror como que me gustan más bien poco. No soy cinematográficamente valiente, no. Por eso cuando me dijeron que tenía que escribir sobre una película de terror me entró algo así como un acojone sin par.
Así que puestos a tener que pasarlo mal, decidí que iba a pasarlo mal, pero que muy mal. Busqué algo que no sólo me diera miedo sino que, encima, me diera asco. Sangre, higadillos, muertos y todo tipo de asquerosidades que me dieran la noche. La decisión estaba tomada: Tu madre se ha comido a mi perro. Esta cinta de cine gore, ronda por mi casa, en formato video VHS desde los 90 y la guardo por una cuestión sentimental, el día que la vi, era tanto el miedo que tenía que al que era mi pareja incipiente en aquel momento, no dejé de sobarle durante todo lo que duró el metraje.
Braindead, nombre original de la película, fue dirigida por Peter Jackson, el mismo de El señor de los anillos, un desmadre de sangre e higado que, pese al cangelo que me da, me ha tenido toda la noche partiéndome de risa, mucha risa. Y es que esta cinta gore es una auténtica comedia de lo más bizarra. Sale tanta sangre que no queda una gota para una transfusión de urgencias si del ataque de risa que te da te caes y terminas abriéndote la crisma
Esta película que se presentó al Festival de Cine fantástico de Sitges en el año 1992 y gano el premio a los mejores efectos especiales (no me extraña por otro lado), es una increible mixtura de locura, comedia y cine de terror.
El argumento es el, tan manido, un bicho encerrado, se escapa pega un bocado a su descubridor y a partir de ahí preparate para morir, de asco, claro. Puede que cuando los guionistas se sentaran a hacer un brainstorming tuvieran en mente a la madre de Psicosis, a Juanita Banana, a Moctezuma y a saber a quien más.
Lionel Cosgrove (Timothy Balme) un jovencito abducido por su madre, Vera Cosgrove (Elizabeth Moody), conoce a Paquita (Diana Peñalver). La madre decidida a entromenterse en la relación de su retoño y la voluptuosa Paquita, les sigue en una de sus salidas al zoo y allí es atacada por un bicho monstruoso que provienen de Nueva Zelanda, un cruce entre una rata y un mono. Con motivo del ataque ratonil, la madre contrae una enfermedad que la transforma en una zombie bastante mal encarada que no sólo se pela a las enfermeras del hospital en el que intentan curarla, sino que se come al perro de Paquita. Bocado que pega, zombie que aparece. Lionel, que intentará continuar con su vida normal, cuidando de su madre, durante un tiempo, va encerrando a los zombies en casa, para evitar que sean descubiertos. Less (Ian Watkin) tío de Lionel descubrirá a los zombies e intentará sacar tajada. Un auténtico despropósito durante un guateque en casa de Lionel, terminará haciendo más poderosos a los zombies. El protagonista con una maquina cortacesped intentará terminar con todos ellos. La madre de Lionel se transformará en un megazombie que sólo morirá al final de un cristo sin precedentes.
Debo decir que me he pasado la película mordiendo la manta con la que me cubrías, haciendo gala de un bonito abanico de onomatopeyas, medio llorando de asco y desternillándome de la risa. Que buen/mal rato he pasado.
© Del Texto: Anita Noire


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abr 22 2011

Scream 4: Trastorno de personalidad histriónica

‘’¿Mis amigos? ¿En qué mundo vives, Sidney? Yo no necesito amigos, necesito fans, ¿no lo entiendes? Nunca se ha tratado de matarte a ti, se trata… de convertirme en ti. […] Es la nueva cordura, tú has tenido tus quince minutos de fama, ¡¡YO QUIERO LOS MÍOS!! ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ir a la universidad? ¿Hacer un postgrado? ¿Trabajar? Mira a tu alrededor, ahora toda nuestra vida es pública, todos estamos en Internet, ¿o cómo coño crees que se hace la gente famosa? No tienes que conseguir nada de nada, sólo tiene que ocurrirte una desgracia. De modo que tienes que morir, son las reglas. Nueva película, nueva franquicia.’’
Ghostface


Estas palabras tan significativas y dichas por el asesino en el punto álgido de la trama (y cuya personalidad no voy a revelar), nos sirve para entender qué es lo que nos ofrecen nuevamente Wes Craven y Kevin Williamson tras una década de silencio en la que se creía que esta famosa saga se quedaría en trilogía. El argumento nos sitúa de nuevo en el pueblo donde se cometieron los asesinatos originales, en la localidad de Woodsboro, Gale Weathers (Courtney Cox) y Dewey (David Arquette) se han casado y mantienen un aburrido y tranquilo matrimonio en dicho pueblo, mientras tanto, Sidney Prescott (Neve Campbell) vuelve al pueblo justo en el décimo aniversario de la ola de crímenes para promocionar su libro, que no son más que las memorias de lo que de verdad sucedió. Este hecho marcará una nueva serie de asesinatos que pondrán de nuevo a nuestro trío de protagonistas en entredicho, pues estamos en una nueva generación y eso conlleva nuevas reglas.

Un film donde se retrata la desvirtuación de los mass media como no se había hecho antes en la saga, una crítica feroz a la falta de intimidad como consecuencia de las nuevas tecnologías, las redes sociales y sobre todo a los nuevos valores demostrados en los medios, donde lo que impera es convertirse en famoso a costa de lo que sea y de quien sea (eso lo tenemos nada más abrir la televisión, y ver la de personajillos que salen, por poner un ejemplo inmediato). Y por qué no, todo ello ha contribuido a crear una generación de sujetos con trastornos de personalidad histriónica, esto es, el egocentrismo y el afán por ser el centro de atención, cuando en el fondo lo que implica no es más que falta de seguridad en sí mismos, y esto es una realidad que vivimos, pero no vemos y muy pocos lo notamos. Kevin Williamson en su más que consabido metadiscurso refleja también la falta de ambición de Hollywood, es decir, una década de remakes y revisiones de antiguos clásicos del terror, a cada cual más nefasto, así como el lanzamiento indiscriminado de secuelas y secuelas que no aportan nada a la versión original (en ataque a Saw, de la cual se mofa desde el prólogo), consiguiendo junto a la dirección del tío Wes, un tono clasicista que ya se echaba de menos en una cinta de estas características.

Técnicamente sin grandes artificios, sencilla y clásica; con un desarrollo de personajes lo suficientemente convincente para un slasher, aunque flaqueando en lo que se refiere al trío de protagonistas original y con un ligero decaimiento en el segundo acto aunque con un acto final absolutamente brutal; una fotografía estupenda de Peter Deming, en la línea de sus trabajos con David Lynch (Carretera perdida o Mulholland drive) más que en sus anteriores esquemas dentro de la misma saga; y unos ambientes y decorados que como todo reboot (relanzamiento, nueva visión, parecido a lo que ya hiciera Nolan con Batman), muestran cierta nostalgia y complicidad con el espectador más freak, al repetirse ciertos escenarios o tener características parecidas a las de la cinta original. A destacar la actuación de la bella Haydn Panettiere, o Ninco Tortorella (que recuerda al actor Anthony Perkins haciendo de Norman Bates, Psicosis), o Emma Roberts (sobrina de Julia Roberts, por cierto). En definitiva, estamos ante una nueva entrega de este gran psychokiller, que tiene pinta de reabrir otra serie de matanzas con la consecuente moralina social de los tiempos que vivimos. La pena es, que quien vea en Scream solo muertes, sangre y adolescentes sin entrar a profundizar en nada, se quedará en una mera superficie, como la gran mayoría del público que no ve más allá de lo que hay cuando se trata del género de terror, ah, una de miedo, si, muere mucha gente y tal, una basura, palabras textuales de un snob gafapasta. Una lástima.
Y es que tal y como dice Dewey, la tragedia de una generación es la burla de la siguiente. Así nos va.
© Del texto: Gwynplaine Thor

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sep 9 2010

Señales del futuro: Ale hop

Imagínense que ponemos juntas en un filme todas las cosas que ya hemos visto cien veces, conocemos y detestamos, y van y funcionan. Eso es lo que ocurre con Señales del futuro: Un padre joven y solo, que no puede con la vida, científico sideral para más señas, niño perseguido por peligros inciertos, tema apocalíptico, despliegue de efectos especiales, la mamma morta, Nicolas Cage, Extrañas predicciones, una morena algo distante (Rose Byrne), una pipa mazo grande (plateada ¿será un colt? Lo miro en internet y puede ser ¡Qué ojo tengo!), un arranque con revival de los 50´s, una casa victoriana, desvencijada y aislada (rollo Psicosis), unos hombres de negro que no sabemos quiénes son, y dos conejos blancos. ¿Lo pueden creer? Lo metemos en una chistera llena de dólares y… ¡Ale hop! ¡Funciona!
Tampoco les voy a decir que sea arte y ensayo. Son cuatro trucos muy bien utilizados y algún detalle finísimo (¡ese otoño de nueva Inglaterra con los árboles púrpura!). Sobran un par de accidentes de dudoso gusto y la traca final. Parece mentira que a los americanos (del norte) aún les queden ganas de ver catástrofes y lo digo por los accidentes y no por la traca final, no vayan a pensar que se la estoy reventando.
Tampoco se piensen que me gusta Nicolas Cage especialmente y que flipo.

La intriga se mantiene todo el tiempo aunque lo que es la trama, que es un despropósito, la vemos venir a distancia, pero no importa mucho. Dos cosas supercultas: La visión de Ezequiel y Beethoven, la séptima sinfonía, el allegretto del segundo movimiento.
El final es un poco excesivo, como en las fallas, y lo de intentar contentar a todos, sean apocalípticos, cristianos renacidos o nueva era no va a funcionar nunca. No se puede hacer una película que termine de tres maneras diferentes (pero la han hecho), sería mejor que eligieras el final a la carta después de rellenar un cuestionario (y si se equivocan que te devuelvan el dinero). ¡Otra cosa no tendremos los europeos, pero ideas!
En versión original se titulo Knowing y la dirigió Alex Proyas que no había hecho nada destacado antes.
No se puede pedir más: he pasado dos horas entretenido y creo que la película la regalaban con algún diario, así que lo más posible es que la hayan visto todos (los de izquierdas al menos) y piensen todo lo contrario. Un consejo para la gente de derechas: si la regala el ABC no la tiren, que está muy bien.
¡Yo es que alucino!
© Del Texto: Ivor Quelch

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