dic 17 2013

El Hobbit (La desolación de Smaug): Destrozo

Adaptar una novela al cine tiene su complicación; hacerlo bien es un trabajo muy difícil. Pero hacer lo que a uno le da la gana con un original es, al contrario de lo que se suele pensar, el más difícil de los retos. Primero porque, seguramente, los que conocen la obra te pedirán explicaciones; les parecerá una especie de sacrilegio o, al menos, una estafa eso de utilizar una novela para hacer lo que crea conveniente el primero que pasa por allí. Y, segundo, cuando  alguien hace lo que le viene en gana es imprescindible que lo haga bien. Destrozar una novela para dejar el guión lleno de baches, de personajes sin desarrollar y que no pintan nada, de incoherencias y, por si esto era poco, de episodios que buscan un ritmo injustificable; no se puede perdonar.
El Hobbit: la desolación de Smaug es una película con muchos problemas. Desde una banda sonora invasiva y casi ridícula (Gandalf sube unas escaleras y la partitura parece escrita pensando en el momento cumbre del cine mundial. Gandalf no va camino de la gloria ni nada de eso, por supuesto) hasta el exceso de metraje que se justifica con la inclusión de personajes sin alma. Al espectador que quiera ver la película con atención, les causará cierta alarma que en una secuencia como la de Bilbo junto al dragón (excelente en su factura y, seguramente, lo mejor del trabajo) ocurran cosas absurdas. Smaug puede percibir a Bilbo mientras se esconde tras el poder de su anillo. Vale. Pero cuando el dragón tiene a un puñado de enanos justo debajo de él, no se entera de nada y parece buscar en cualquier otro lugar.
Todo lo que plantea Peter Jackson es un conjunto de episodios que se resuelven sobre la marcha. Nada de dejar plantada información que más tarde servirá para que el desarrollo de la trama sea fluido y hondo. Aquí te pillo y aquí te mato. Hablando de matar, eso es lo que hacen los elfos (Légolas y Tauriel). Jackson nos los coloca intentando un clima alejadísimo del espíritu de la novela y sin tener en cuenta que esto no es lo mismo que El señor de los anillos. Tauriel, la elfa, está encarnada por una impecable Evangeline Lilly y Légolas, nuestro Légolas de siempre, por Orlando Bloom.
¿Y el hobbit? Pues a este pobre le olvida Jackson y casi consigue que lo hagamos los demás. Pinta poco o nada hasta que aparece el dragón.
La palma se la llevan, no obstante, otros personajes. Bard que quiere ser el Aragorn de El señor de los anillos y no le llega ni a la altura del betún; el gobernador y su asesor que tratan de ser Saruman y Grima quedándose en una caricatura, los propios elfos que nos intentan colar de rondón. En fin, los personajes que Jackson se saca de la manga o procura magnificar no funcionan en ningún sentido.
La película se hace muy, muy, larga. Demasiados minutos para lo que se cuenta. Un exceso que no se ve recompensado con el despliegue técnico que, aun siendo impecable, parece más un vídeojuego que una película de cine y el cine es otra cosa. Todo se enrosca sobre sí mismo buscando una excelencia que no llega; todo se hace excesivo cuando el espectador mira atónito cómo un elfo hace surf al mismo tiempo que liquida a un ejército de orcos; todo chirría cuando vemos una ciudad en la que todo se sabe aunque los orcos pueden transitar por allí sin que se entere ni Blas. Demasiada incongruencia a cambio de diseños digitales. Lo mejor, el dragón. Y la belleza de Evangeline Lilly.
En fin flojita y pesada. Si la primera parte fue divertida (al menos era eso) esta es un producto comercial con todos los defectos que eso supone amplificados por una avidez excesiva al buscar caja. Un producto barragoso e inútil. Difícil de solucionar aunque resten otras tres horas de lo que se podía contar en dos horitas (en total).
© Del Texto: Nirek Sabal


oct 24 2011

Tu madre se ha comido a mi perro

A mí las películas de terror como que me gustan más bien poco. No soy cinematográficamente valiente, no. Por eso cuando me dijeron que tenía que escribir sobre una película de terror me entró algo así como un acojone sin par.
Así que puestos a tener que pasarlo mal, decidí que iba a pasarlo mal, pero que muy mal. Busqué algo que no sólo me diera miedo sino que, encima, me diera asco. Sangre, higadillos, muertos y todo tipo de asquerosidades que me dieran la noche. La decisión estaba tomada: Tu madre se ha comido a mi perro. Esta cinta de cine gore, ronda por mi casa, en formato video VHS desde los 90 y la guardo por una cuestión sentimental, el día que la vi, era tanto el miedo que tenía que al que era mi pareja incipiente en aquel momento, no dejé de sobarle durante todo lo que duró el metraje.
Braindead, nombre original de la película, fue dirigida por Peter Jackson, el mismo de El señor de los anillos, un desmadre de sangre e higado que, pese al cangelo que me da, me ha tenido toda la noche partiéndome de risa, mucha risa. Y es que esta cinta gore es una auténtica comedia de lo más bizarra. Sale tanta sangre que no queda una gota para una transfusión de urgencias si del ataque de risa que te da te caes y terminas abriéndote la crisma
Esta película que se presentó al Festival de Cine fantástico de Sitges en el año 1992 y gano el premio a los mejores efectos especiales (no me extraña por otro lado), es una increible mixtura de locura, comedia y cine de terror.
El argumento es el, tan manido, un bicho encerrado, se escapa pega un bocado a su descubridor y a partir de ahí preparate para morir, de asco, claro. Puede que cuando los guionistas se sentaran a hacer un brainstorming tuvieran en mente a la madre de Psicosis, a Juanita Banana, a Moctezuma y a saber a quien más.
Lionel Cosgrove (Timothy Balme) un jovencito abducido por su madre, Vera Cosgrove (Elizabeth Moody), conoce a Paquita (Diana Peñalver). La madre decidida a entromenterse en la relación de su retoño y la voluptuosa Paquita, les sigue en una de sus salidas al zoo y allí es atacada por un bicho monstruoso que provienen de Nueva Zelanda, un cruce entre una rata y un mono. Con motivo del ataque ratonil, la madre contrae una enfermedad que la transforma en una zombie bastante mal encarada que no sólo se pela a las enfermeras del hospital en el que intentan curarla, sino que se come al perro de Paquita. Bocado que pega, zombie que aparece. Lionel, que intentará continuar con su vida normal, cuidando de su madre, durante un tiempo, va encerrando a los zombies en casa, para evitar que sean descubiertos. Less (Ian Watkin) tío de Lionel descubrirá a los zombies e intentará sacar tajada. Un auténtico despropósito durante un guateque en casa de Lionel, terminará haciendo más poderosos a los zombies. El protagonista con una maquina cortacesped intentará terminar con todos ellos. La madre de Lionel se transformará en un megazombie que sólo morirá al final de un cristo sin precedentes.
Debo decir que me he pasado la película mordiendo la manta con la que me cubrías, haciendo gala de un bonito abanico de onomatopeyas, medio llorando de asco y desternillándome de la risa. Que buen/mal rato he pasado.
© Del Texto: Anita Noire


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