jul 17 2011

Starship Troopers: Fascismo de pacotilla

Imaginen un mundo amenazado por la raza extraterrestre más violenta y destructiva que jamás ha conocido el ser humano. Qué susto ¿verdad? Lo que esperaría cualquiera es que el hombre luchara sin descanso para no desaparecer. Algo así.
Esto ya ha pasado. Hitler inventó esa raza violenta y destructiva. El mundo en peligro, puesto que el pueblo judío era más poderoso cada día. Puso su maquinaria de propaganda a funcionar para que esa idea calara en todo estrato social. Antes, Nietzsche llamó gusanos a unos y aristócratas a otros. Hitler recogió la idea, la hizo suya y estructuró un partido fascista que salvaría a la raza de esos gusanos que eran los judíos. Pero, de paso, arrasó con todo lo que no simpatizaba claramente con sus ideas. Y, por fin, hizo que estallase una guerra mundial para extender sus ideas y su poder.
Pues de algo parecido a esto habla Starship Troopers, película firmada por Paul Verhoeven que construye un escenario futurista inundado de estética fascista, de ideas fascistas. Uniformes de corte nazi, publicidad manipuladora y exagerada (todo se vende como maravilloso incluida la guerra y, por tanto, la muerte), unos bichos terribles que amenazan y con los que hay que acabar inmediatamente; la violencia justificada por una cosa u otra, pero justificada siempre; fanatismo, ignorancia que aprovecha el poder. Un mundo mentiroso sostenido por una inmensa mentira. Todo esto lo presenta Verhoeven envuelto en historias de amor convencionales, lenguaje militar convencional y relaciones entre padres e hijos convencionales. Es un gran topicazo.
El guión de la película es espantoso, los diálogos rozan siepre el ridículo y desesperan a cualquier espectador mínimamente inteligente. Por supuesto, son tópicos y están vacíos de sentido.
Las interpretaciones de Casper Van Dien, Dina Meyer o Denise Richards (entre otros) son la muestra clara de lo que no hay que hacer frente a una cámara. Histriónicos, alocados y aburridos.
Lo que se salva son los efectos especiales y visuales que, para el momento en que se rodó la película, no están nada mal.
Ordenar un mundo alrededor de la violencia y de una educación parcial y fanática se puede (se debe) hacer desde la inteligencia y no desde lo sabido. Un verdadero desastre.
Ahora bien, si quieren batallitas en el espacio, seres terribles, héroes, villanos y heroínas, parejas de jóvenes enamorados, naves espaciales, cuerpos mutilados y cosas así, no se pierdan esta película. Incluso podrán ver cómo un chico que mete la pata se lleva puestos una docenita de latigazos. Lo clásico nunca muere.
Si por el contrario prefieren entender el fascismo, cómo manipular a un pueblo entero desde la propaganda, cómo demonizar a un pueblo entero o cómo el hombre puede justificar la violencia más atroz; lean a Nietzsche, encuchen a Wagner, lean a Leví y luego echen un vistazo a cualquier película que trate el asunto con más solvencia.
Esta es aburridísima. No merece el más mínimo esfuerzo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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