oct 30 2011

Another year: Pasa la vida

Llevo un buen rato pensando en qué decir sobre Another year. Mido las palabras porque no quisiera caer en lo recargado para contar que es lo que puede tener de especial una película que, en apariencia, es absolutamente simple, que no tiene trama alguna. No es sencillo. Y es que en Another Year, Mike Leight, su director, prescinde de la trama  y convierte a sus personajes, su caracterización, en el centro de una historia que no existe.  Porque su historia es la suma de las seis personas que protagonizan la película. Es difícil de explicar. Una historia sin historia que nos cuenta mucho sobre la soledad, la incomprensión y la falsa empatía. Sin contarnos nada.
Y es que, si uno pretende que le cuenten una historia al uso -introducción, nudo y desenlace- se equivoca escogiendo esta película. La historia es precisamente la falta de ella. Unos personajes, perfectos en su concepción, son los que nos trasportarán a lo largo de las cuatro estaciones por la que Leight les hace transitar.  ¿Para qué? ¿Con qué finalidad? ¿Hacia dónde van? Pues hacia ningún sitio, se limitan a vivir una vida cotidiana, ordinaria, sin pretensiones. Eso es lo que nos muestra el director. No hay hechos  ni situaciones  transcendentes. Y ahí radica la gracia de esta película y en eso Leight que es un genio, ya lo ha demostrado en sus trabajos anteriores (Secretos y Mentiras; Abigail’s Party, entre otras), en  reflejar los ambientes urbanitas y corrientes de la vida en Gran Bretaña, a través de unos personajes completamente redondos. Esta vez nos llevará desde la armonía aparente de lo cuasi perfecto, a lo desquiciante de la insatisfacción, de la soledad. Contrapondrá la contención de lo adecuado y ordenado a lo desbordado, caótico y a la falta de complacencia personal.
La maestría es total. Leight, nos presenta a una pareja madura, un matrimonio modélico, con una vida ordenada. Tom (Jim Broadbent) y Gerri (Ruth Sheen), que viven una relación  plácida, absolutamente cómplice en todos los aspectos de la vida. Él geólogo, ella terapeuta. A su alrededor, Mary (Lesley Manville -posiblemente el mejor personaje de toda la película y la mejor interpretación, también-), la amiga desquiciada de Gerri, insatisfecha de una vida que se le escapa de las manos, absolutamente histriónica y sola, muy sola.  Ken (Peter Wight), amigo de Tom, abocado al alcohol y una inmensa soledad. Ronnie (David Bradley), el fracasado y asocial hermano de Tom que queda viudo sin que sepamos nada de su antes, de su después, ni de su esposa muerta. Junto a estos cinco personajes, para mí los fundamentales de la película, aparecerán los colaterales Joe (Oliver Maltman), el perfecto hijo de Tom y Gerri  y la odiosa, por estupenda, novia de Joe, Katie (Karina Fernández). Pero junto a estos, como una aparición fugaz  al inicio de la película,  Janet (Imelda Staunton), la ansiedad y el desconsuelo contenido en una interpretación que pocas veces, con tan pocas palabras, son capaces de expresar tanto; la infelicidad hecha mujer.
Lo he dicho al inicio, en esta película lo que importa no es lo que pasa, que es realmente poco, sino los personajes. Estoy segura de que no gustará a muchos, la considerarán lenta, falta de ritmo, carente de una acción necesaria. Sin embargo, me parece un estupendo trabajo de elaboración de personajes. Un trabajo espectacular pues, sin que ocurra nada, sólo las expresiones de sus caras, las conversaciones corrientes -como las que podemos tener cualquiera de nosotros-  los gestos, nos pondrán en evidencia la diferencia y el distanciamiento entre los que creemos cercanos.
Puede que sea una de las mejores películas que he visto en los últimos tiempos. ¿Puede mostrarse una tristeza infinita a través de una mirada? Se puede, Mike Leight lo hace. Y puedo asegurarles que si buscan una escena de la historia del cine que les muestre el dolor del aislamiento y la soledad, sólo tiene que sentarse y  ver Another year, esperar a los últimos segundos de la película y les aseguro que la habrán encontrado. Mary (Lesley Manville) se la entregará.
Una película alejada del relumbrón, pero que luce por sí misma. No apta para quien busque grandes acontecimientos, aquí sólo pasa la vida, sin más.
© Del Texto: Anita Noire


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oct 23 2011

No habrá paz para los malvados: Otra vez lo mismo

A mí esto de vender las cosas como nuevas cuando son más viejas que Matusalén me saca de mis casillas. A mí esto de recibir las cosas como si llegase el maná deseado (porque lo dicen un par de críticos de cierta fama y que han demostrado no saber ni lo que dicen en muchas ocasiones) me parece una muestra de la falta de conocimiento grandioso por parte de muchos y muy peligroso para todos.
Una película de cine es el conjunto que se forma con todos sus elementos. Guión, fotografía, escenarios, actores y actrices, peluquería, producción, música y lo que quieran ustedes añadir hasta sumar todos los ingredientes. Para que el producto final sea una obra de arte, todos esos elementos deben estar en su sitio y deben ser exactos. Además, se necesita un punto de originalidad en el uso de todo eso, una forma única de encajar todo el material. De no ser así, ese producto final será más de lo mismo por muy buena factura que encontremos al ver la película.
Y un buen espectador es la persona que se sienta en una butaca y, sin dejarse llevar por lo que ya está dicho sobre el trabajo, es capaz de mirar sabiendo qué es cada cosa, si lo que le presentan pertenece a lo que ya está dicho mil veces o es, en realidad, algo más que la suma irregular de los elementos. El espectador está condenado a tener criterio.
No habrá paz para los malvados es una película dirigida por Enrique Urbizu. Se han dicho de ella cosas fabulosas. Las salas se han llenado de público para ver lo que nos anunciaban como la maravilla de las maravillas. Y es una película con unos problemas más que serios se pongan como se pongan algunos.
José Coronado es el actor principal. Interpreta el papel de Santos Trinidad. Un policía del que no sabemos apenas nada. Urbizu juega a eso de que el espectador imagine. Un juego peligroso, muy peligroso, porque el espectador no tiene que imaginar nada; lo que debe hacer el espectador es recibir la información suficiente y valorar el conjunto. Urbizu juega a que los gestos del resto de personajes, sus silencios, son los que dan la clave para que podamos imaginar ese pasado. Pero no, no es suficiente. Si no sabemos no podemos comprender. Y si no comprendemos todo se viene abajo. O lo que es peor, los personajes se quedan convertidos en estereotipos. En la película de Urbizu todos los personajes, todos sin excepción, lo son. Santos Trinidad es el gran estereotipo. José Coronado hace un trabajo de altura, eso es verdad, pero el actor en cine nunca puede estar por encima del propio personaje. Si la película fuera Santos Trinidad tendría un pase; pero que la película sea José Coronado es un desastre. Y eso es lo que pasa en No habrá paz para los malvados. Que el policía vaya por libre y que intente acabar con la violencia usando violencia ya lo han contado un millón de veces. Que los árabes son malos y traicioneros, más malos y traicioneros que nadie en este mundo, ya nos lo han contado en los informativos un millón de veces. Que una investigación sobre asuntos feos lleva a un callejón sin salida nos lo sabemos de otras veces. Que José Coronado haga un trabajo espléndido no hace de su personaje nada distinto. Porque sin personaje o, lo que es peor, con el personaje de siempre la cosa no funciona.
El guión no es nada del otro mundo. Y la intención de la película tampoco. Los malos son muy malos y los buenos pueden tener muchas caras. Incluida la de los malos. Todos formamos una amalgama de la que salir ileso es casi imposible. Pues qué bien, pero eso ya está dicho.
La estética de la película, eso es verdad, se arrima a lo necesario. El ajuste de tiempo y tempo narrativo es impreciso (esto también es verdad) al querer el director meter con calzador tramas secundarias que explican (es más exacto decir que lo intentan) la principal. Y como lo que cuentan ya lo sabemos, pierde interés todo. Principal y secundarias. Las interpretaciones (siendo la de Coronado excelente) son correctas y poco más. Y el desenlace es ese al que el cine español nos tiene tan acostumbrados. No hay esperanza para nadie.
Decepcionante. Algunos minutos insoportables. El conjunto suspenso. Digan lo que digan algunos que parece que no hayan leído una novela negra en su vida. Para hacer crítica hay que saber de lo que se habla. Y no hay que olvidar que en el cine hay una cosa que se llama guión y eso es una cosa que se escribe. Y si el que escribe cuenta lo de siempre vamos por mal camino.
© Del Texto: Nirek Sabal


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