sep 1 2012

Cuestión de principios: Frente a frente

La contraposición entre lo nuevo y lo tradicional es algo muy recurrente en el arte de narrar. Al fin y al cabo, eso es la vida y no otra cosa. Todo lo bueno y lo malo de este mundo procede de ese movimiento pendular que el hombre ejercita entre el sí y el no.
En este territorio se maneja Rodrigo Grande, director de Cuestión de principios, que indaga, desde el costumbrismo más amable, en esas situaciones en las que el cambio intenta arrasar lo cotidiano para instalarse en huecos viejos. El guión de la película es adaptación de un relato de Roberto Fontanarrosa (guionista junto al director) en el que se aprovecha esa mirada a la realidad tan apacible del autor. El asunto que se trata es si las cosas tienen precio o no, el péndulo desde la honradez al lado contrario. Es evidente que todo lo tiene para cualquier ser humano. Y es precisamente eso lo que utilizan los guionistas para intentar decorar la realidad con un punto de nostalgia, de honestidad y bondad.
Federico Luppi defiende su papel de forma notable (un empleado a punto de jubilarse que prefiere tener una buena calidad de vida en lugar de un cargo importante que, por otro lado, nunca llega). Entre tosco y adorable llena la pantalla desde el primer momento. Le acompaña Norma Aleandro iluminando a un personaje con grandes claroscuros (el de Luppi) que crece gracias al que interpreta ella. También el trabajo de Luppi mejora. Pablo Echarri es el que intenta convencer desde la piel de un ejecutivo que agarra el cambio como bandera en la empresa. Es el motor de la acción aunque como personaje no vale mucho. Echarri tampoco parece tener ganas de mejorar las cosas con un trabajo bastante normalito.
Amor verdadero frente a capricho. Amistad frente a interés. Dinero fácil frente a la comodidad que ofrecen los logros honestos y trabajados.Todo frente a lo opuesto o a lo que se aleja. Un empleado que intenta luchar contra el joven que arremete con sus conocimientos, con su cinismo; la lucha romántica por mantener la integridad y, sobre todo, la sabiduría del viejo frente a la crueldad de la falta de experiencia disfrazada de inteligencia. Un empleado que debe justificar una vida llena de normalidad frente a todos los que le piden lujos e imposturas absurdas.
La película es agradable, tiene un ritmo narrativo muy logrado,aunque estando en la mesa de montaje Miguel Pérez es cosa normal, y está llena de referencias al mundo del cine. Algunas algo difíciles para los espectadores no avisados y otras evidentes como, por ejemplo, la conversación que se produce en el office de la empresa entre empleados al comenzar la proyección. La música, sin ser monumental, logra acompañar la acción marcando los contornos precisos.
Cuestión de principios es algo previsible. Todo hay que decirlo. Sabemos que lo bueno debe tener buen final. Y no sabemos cómo será exactamente ese desenlace intuimos que se producirá. Y eso convierte en un pequeño exceso los 115 minutos de proyección.
Pero, en conjunto, la película se deja ver. Es buen cine aunque no gran cine; algo que en los tiempos que corren no es poco,
© Del Texto: Nirek Sabal


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jul 1 2010

Las viudas de los jueves: Perdidos y quebrados

Si conocen la novela de Claudia Piñeiro, Las viudas de los jueves, seguro que se sentirán intrigados por saber como Marcelo Piñeyro ha traspasado a la pantalla la historia del fracaso que nos relataba. Debo confesar que me gusto. Mucho. Pero ya saben a mi lo argentino es que me tira mucho.
Pero no les voy a hablar de la novela, sino de la película. De una buena película coral en la que diez personajes principales se enredan una y otra para llegar a un trágico final. Los altos de la Cascada es un barrio de la ciudad de Buenos Aires. Una burbuja de lujo y bienestar dentro de una ciudad que empieza a sudar sangre. La vida es ideal, todos son estupendos, todos parecen grandes triunfadores. Una vida idílica de alto standing. Una urbanización separada de la realidad por altos muros y controlada por cámaras que lo ven absolutamente todo, como si fuera el gran hermano. Martín (Ernesto Alterio) es un abogado al que han despedido de su trabajo y no se atreve a confesárselo a su mujer. Gustavo (Juan Diego Botto), es una joven y triunfador empresario que tiene un gran secreto que esconde a todo el mundo. Plata quemada (Pablo Echarri), es el vecino más popular de la urbanización; y Ronnie (Leonardo Sbaraglia), un tipo desocupado que se ha convertido en un peligroso observador. El elenco femenino está compuesto por actrices que, en su mayoría, encaran su primer papel importante. En la piscina de la fashion urbanización aparecerán muertos tres de sus habitantes. La tranquilidad se tambalea, la burbuja se desmorona. El drama está servido.
Es una película estupenda, inteligente que ha sabido mostrarnos la cara de aquella parte de la sociedad argentina (que bien podría ser la de cualquier lugar del mundo), que creyendose segura en su mundo ideal se quiebra (como todas) cuando el país explota, como ocurrió en el año 2001, en Argentina, con el famoso “corralito”.
Esta película es un magnífico thriller, que puede llegar a poner los pelos de punta (así me los puso a mí), cuando vemos a una sociedad retratada y que es la nuestra, donde las clases pudientes, pese a la nefasta actuación de los políticos corruptos e ineptos, la aplaude hasta que a ellos les toca. Una sociedad enferma en la que lo material prima por encima de cualquier otra cosa. Nos estamos perdiendo y eso lo refleja muy bien esta película.
El director inicia la película por el trágico desenlace final y a partir de ahí, a través de la composición de un preciso engarce entre los personajes, montará un auténtico rompecabezas de sentimientos, intimidades y temores permanentemente ocultados en una sociedad donde todo pende de la irrealidad de lo aparente.
Una magnífica película que bien vale la pena ver. Para no perderse la banda sonora. Véanla y recuerden aquello de “Cuando las barbas de su vecino vea pelar…”, y ¡ojo! con las piscinas.
© Del texto: Anita Noire


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