nov 16 2010

Una chica cortada en dos: La excelencia del detalle

Por lo general, el cine francés acostumbra a gustarme. Cuando lo digo en público algunos creen que es un esnobismo o la intención de dármelas de algo. Sin embargo nada más lejos de eso. El cine francés acostumbra a ser increíblemente detallista, se recrea en la cosa menuda y yo no puedo resistirme a eso. Puede que lo que digo sea sólo por el puro vicio de tirar de lo que tengo más cerca, pero pocos cineastas se entretienen tanto en la configuación de sus personajes como los franceses. No importa, sea por vicio o por cualquier otra cosa, lo cierto es que siento una especial predilección por el cine francés.
Hace un par de meses fallecía Claude Chabrol y con él desaparecía la Nouvelle Vague. Punto y final a un movimiento, a un grupo de directores que crearon escuela y otra manera de hacer cine. No sólo se tenía que ser libre en cuanto al contenido sino también en cuanto a la técnica y la forma. Claude Chabrol fue uno de sus máximos exponente aunque en realidad fuera el director que menos rasgos en común tenía con el resto de directores que han sido englobados en este movimiento. El cine de Chabrol se caracteriza por hacer una elaboradísima creación de sus personajes, cuya presencia y personalidad es incluso más importante que la propia historia que les toca vivir. La trama es lo que menos importa, lo que importa es quienes la conforman. Sus personajes nunca son simples. Los temas recurrentes en el cine de Chabrol son el matrimonio, su sexualidad y la psicología humana y, a partir de ahí, se pueden imaginar.
Una de sus últimas películas fue Una chica cortada en dos, un drama absolutamente perverso donde la duda de una mujer por dos hombres lo centra todo. “Gabrielle Deneige (Ludivine Sagnier) vive en Lyon con su madre Marie (Marie Bunel), una librera que ha criado sola a su hija. Gabrielle, una joven encantadora y espiritual, es la mujer del tiempo en una cadena de televisión de Lyon. Con ocasión del lanzamiento promocional de un nuevo programa, Gabrielle conoce al escritor Charles Saint-Denis (François Berléand), que se había instalado en la región hacía algunos años. Entrado en los cincuenta, brillante, adulador y casado, seduce a la joven nada más conocerla y enseguida se enamora de ella. Por otra parte, Paul Gaudens (Benoît Magimel), un hombre más joven, rico y caprichoso, también intentará conquistar el corazón de Gabrielle”. La sinopsis es la que aparece en la carátula del DVD, pero creo que es más que suficiente para que el lector de este blog pueda hacerse una idea del argumento de la película. Sin embargo, como antes les contaba, lo de menos es la historia que sólo nos sirve de hilo conductor para arrastrarnos hasta unos personajes realmente redondos.
Si la excelencia está en el detalle, creo poder afirmar que estamos ante una película excelente, aunque algunos no lo consideren así. Una película pausada, como todas las de Claude Chabrol, donde la mayoría de las acciones ocurren en lugares cerrados que no dejan lugar a la escapatoria, donde el exterior es algo que está más allá de lo que se puede tocar, como nuestros propios pensamientos, atrapados en nuestro interior. El deseo como eje conductor entre los personajes que son los realmente importante, como motor para el comportamiento egoísta, sórdido, de reacciones desbordadas que buscan la satisfacción inmediata de lo que se quiere, de lo que se desea, sin importar nada más. En definitiva, la satisfacción del impulso que no podemos o no queremos evitar y, en medio de todo ello, la ambigüedad moral con la que jugamos todos.
Puede que esta película no sea de las mejores de este director aunque a mí me parece excelente, pero creo que vale la pena asomarse y contemplar como cada uno de sus personajes se consume en sus complejas personalidades. Busquen una noche de sosiego, apaguen la luz y entren en la película. Pónganse al lado de los personajes como si fueran su sombra y lo gozarán de verdad.
© Del Texto: Anita Noire

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jul 26 2010

Happy Together: Contar desde el lugar exacto

En 1997, Wong Kar Wai dirigió Happy Together una película basada en el relato titulado The Buenos Aires affaire y escrito por Manuel Puig. El título fue escogido ex profeso, repitiendo el que The Turtles había dado a su éxito de los años 60. De hecho, una versión de Frank Zappa se incluye en la película.
Debo reconocer que entre mis filias se encuentran las películas de Won Kar Wai. Los dramas los borda como nadie. Es difícil encontrar, hoy en día, a directores que construyan personajes como él lo hace, que dibuje mundos como él lo hace. En realidad, lo que digo no es más que parte de mi propia subjetividad, pero a mí siempre me alegra, me deja la sensación de ver buen cine.
Sus combinaciones son espectaculares, extrañas. Se imaginan una pareja de gays de Hong-Kong, con una relación amorosa espantosa, que marchan a Argentina para poder conocer las cataratas de Iguazú. Una película con una fotografía que parece más propia de las películas de los años 50-60, de la Nouvelle Vague que no de una película de finales de los 90, que se mueve a ritmo de tango y donde el amor entre dos hombres les va a llevar a su destrucción. Amar como la antesala de la destrucción. Una locura, es cierto, pero el mundo está lleno de locos que amaron y cavaron su propia fosa mental por amar lo que sabían que no debían. De esto es precisamente de lo que habla esta película.
Ho Po-Wing (Leslie Cheung) y Lai Yiu-fai (Tony Leung Chiu Wai) son la pareja gay de Hong Kong que mantienen una relación tormentosa. Una relación poblada de discusiones, desencuentros y odios viscerales que les lleva a dejar su relación cuando ya están en Argentina. Ante la falta de dinero para poder volver a Hong-Kong, Lai Yiu-Fai encuentra trabajo como portero de una discoteca.
Ho po-wing, reaparece en la vida de Lai tras recibir una paliza. Durante el tiempo que han estado separados, el primero se ha dedicado a la prostitución. Pero Lai no puede vivir sin Ho. Aparece de nuevo en su casa, pidiendo que le ayude. Le recoge e intenta volver a retomar su relación. Los dos lo intentarán, sobre todo Lai quien realmente ama a Ho.
Lai cuidará de Ho mientras este se recupera, le aseará, le dará de comer, lo atenderá mientras trabaja. Le dedicará hasta su último esfuerzo, mientras que Ho, no mostrará más que una total soberbia y desinterés por Lai comportándose como un tirano al que deben complacer. Pero Lai, pese a todo, intentará complacer a Ho. Sin embargo, la sombra de los celos y las suspicacias planearan constantemente sobre ellos y, finalmente, volverán a romper una relación que no se sostiene. Lai conocerá, en su trabajo a Chang, un hombre amable y cariñoso, el contrapunto a Ho. Los sentimientos de ambos, de Lai y de Chang, se mezclaran hasta el punto que Chang empezará a dudar de su propia condición sexual.

La relación entre Ho y Lai finaliza. Chang, cargado de dudas, vuelve a Taipei con su familia. Al final, Lai viajará solo hasta las cataratas de Iguazú. Allí decidirá que ha llegado el momento de volver a Hong-Kong, pero primero pasará por Taipei en busca de Chang. Una vez allí no dará con él. Laiu Yiu-fai volverá sólo a su ciudad.
Happy together es una historia de amor, mejor de un desamor. Del que lo entrega todo y no obtiene nada. Del que ama y sólo recibe coces. Pero el amor no es eterno, las coces no se resisten toda la vida. Wong Kar Wai es un genio, borda los personajes. La historia de un amor loco, de celos enfermizos, del maltrato entre dos personas que, se supone, se aman.
La locura de uno que pone al borde del abismo a otro. Del que ama y no puede pese a saber que eso no le conviene, que le esta matando, alejarse de ese al que mal ama.
Nada nuevo bajo el sol, lo sé, pero es la manera de contarlo, cómo se cuenta, lo que lo hace realmente distinto. Lo de menos es si son dos hombres, dos mujeres o unos heterosexuales, lo que cuenta en esta película es el peso y el papel que en las relaciones entre las personas se establece.
© Del Texto: Anita Noire