sep 3 2013

Caza al asesino: El tedio amenazante

Caza al asesino (The Frozen Ground) es una película que se queda a medio camino de casi todo. Excepto la fotografía de Patrick Murguia, a ratos, excelente, el conjunto parece estar anclado en tierra de nadie. Lógicamente, el espectador puede quedar algo decepcionado.
Nicolas Cage se esfuerza defendiendo su papel aunque no consigue deslumbrar en ningún momento. John Cusack se limita a poner cara de psicópata y poco más. El resto del reparto se mueve delante de la cámara con cierta apatía puesto que sus personajes son muy planos y, por tanto, irrelevantes. Todo esto es fruto de una dirección dubitativa –Scott Walker es el realizador- que no termina de encontrar un lugar en el que arriesgar lo más mínimo. Además, el guión (basado en un caso real) es lineal en exceso, atrevido también en exceso al enseñar todo su contenido desde muy pronto. Cuando un guionista desvela los secretos desde el principio sabe que la tensión narrativa puede desplomarse sin remedio, también, desde muy pronto. The Frozen Ground es un ejemplo claro de esto que digo.
Cusack interpreta el papel de un asesino de prostitutas. La acción se desarrolla en Alaska. Es el asesino en serie que tantas veces hemos visto ya en las pantallas. En este sentido, la película no aporta nada nuevo. Cage interpreta el papel de policía. Se puede decir lo mismo en este caso. Se podría esperar cierta lucha actoral al comenzar la película. Pero no hay lucha ni hay nada. Ambos se limitan a hacer lo que les dicen y poco más.
Se echa en falta algún giro argumental, algo que haga desaparecer un tedio amenazante. Y nada. Todo se queda en anécdota revestida con un tono previsible, apático. Si hubieran intentado un montaje algo más original podría haber funcionado mejor el relato. Tal vez desestructurando el discurso, tal vez desordenando la narración. Pero parece ser que no había muchas ganas de hacerlo o faltó algo de valor.
La película es absolutamente prescindible. Lo único que aporta es ese horror que se instala en el espectador cuando piensa que en este mundo suceden cosas crueles, horribles, infames. Algo que aporta cualquier periódico, cualquier página de Internet dedicada a airear los asuntos más turbios. Es muy posible que la veamos insertada en las parrillas de las cadenas de televisión. Los sábados por la tarde. Allí se encuentra todo lo barato del cine.
© Del Texto: Nirek Sabal


feb 13 2012

Bajo amenaza: Bajo mínimos

Hay cosas que conviene decir con rapidez. Bajo amenaza es una mala película. La han contado cientos de veces. Cuando empieza ya sabes cómo acaba. Las interpretaciones son lamentables. Los diálogos nefastos. Está llena de trampas narrativas y la emoción que busca el director con baratijas en la tensión de la trama es, sencillamente, inexistente.
Es mejor que no gasten ni tiempo ni dinero en ir al cine para verla.
Nicolas Cage está fatal. Nicole Kidman horrenda. La fotografía de la película parece una broma de mal gusto. El maquillaje parece más el producto de un juego de niña. La música no suena o eso es lo que parece. Joel Schumacher es el director y debería pensárselo detenidamente porque el producto que presenta es una estafa.
Cualquier cosa que dijera a partir de aquí sería un intento de añadir palabras a una crítica que no merece esta película.
Así que pasamos página. No se dejen engañar por el trailer y escuchen el tema de los Red Hot Chili Peppers. Es mucho mejor que este bodrio de Schumacher.
© Del Texto: Nirek Sabal


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ene 17 2011

Leaving Las Vegas: Lo sucio del amor

Remover la zona oscura de la vida puede ser peligroso y, sobre todo, doloroso. Pero esa zona existe y conviene no negarla por sistema. Existe y es donde residen un buen montón de personas de todo el mundo. Existe y es donde estaremos; antes o después, poco o mucho tiempo; los privilegiados que vivimos en el lado amable de todo este lío.
Lo que tiene que ver con la prostitución, el alcohol, el dinero y el juego, forma parte de ese territorio. Pero también se incluye en el paquete el amor, el poder, el dinero, el lujo y alguna cosa más que se considera luminosa. En cualquier lugar encontramos unas cosas mezcladas con las otras.
¿Deja de ser bello el amor mezclado con grandes dosis de alcohol de violencia o de depravación? ¿Es terrible y nauseabundo el amor cuando un alcohólico y una prostituta se enamoran?
Viendo Leaving Las Vegas todas estas preguntas se suceden. Escena tras escena. El estómago revuelto. Al mismo tiempo, un intento de ternura en la punta de la lengua.
Leaving Las Vegas es una película con un guión bastante limitado y una banda sonora notable. Es una película que, sin embargo, crece desde la primera secuencia gracias a la interpretación de Nicolas Cage. Posiblemente, lo mejor que ha hecho en cine. A pesar de que el personaje invita a la falta de contención interpretativa, Cage es capaz de entender a un alcohólico completamente desbocado, en el límite de lo que un ser humano puede llegar a aguantar. Su trabajo es impecable. Su compañera de reparto, Elisabeth Shue, mantiene el tipo con bastante solvencia ante el despliegue majestuoso de Cage aunque no está a la misma altura. El trabajo de dirección de actores a cargo de Mike Figgis (con ambos) es sobresaliente.
¿Dónde se encuentra la línea que separa la posibilidad de una vida en la que existe una normalidad y el infierno en el que se diluye todo lo bueno para convertirse en un horror constante? Esa es la pregunta. La respuesta la encontrarán en Leaving Las Vegas.
Una advertencia. Se trata de una historia muy dura y muy poco digerible. Más por lo que el espectador puede imaginar que por lo que se ve. Si no están dispuestos a pasar un mal rato, es mejor que ni lo intenten. Pero no estaría mal que, de vez en cuando, todos nos asomásemos a ese espacio tan real como odioso. A la zona oscura (esa en la que el amor o cualquier tipo de belleza convive con lo soez, lo vomitivo o lo desagradable), la zona oscura que acecha.
© Del Texto: Nirek Sabal


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sep 9 2010

Señales del futuro: Ale hop

Imagínense que ponemos juntas en un filme todas las cosas que ya hemos visto cien veces, conocemos y detestamos, y van y funcionan. Eso es lo que ocurre con Señales del futuro: Un padre joven y solo, que no puede con la vida, científico sideral para más señas, niño perseguido por peligros inciertos, tema apocalíptico, despliegue de efectos especiales, la mamma morta, Nicolas Cage, Extrañas predicciones, una morena algo distante (Rose Byrne), una pipa mazo grande (plateada ¿será un colt? Lo miro en internet y puede ser ¡Qué ojo tengo!), un arranque con revival de los 50´s, una casa victoriana, desvencijada y aislada (rollo Psicosis), unos hombres de negro que no sabemos quiénes son, y dos conejos blancos. ¿Lo pueden creer? Lo metemos en una chistera llena de dólares y… ¡Ale hop! ¡Funciona!
Tampoco les voy a decir que sea arte y ensayo. Son cuatro trucos muy bien utilizados y algún detalle finísimo (¡ese otoño de nueva Inglaterra con los árboles púrpura!). Sobran un par de accidentes de dudoso gusto y la traca final. Parece mentira que a los americanos (del norte) aún les queden ganas de ver catástrofes y lo digo por los accidentes y no por la traca final, no vayan a pensar que se la estoy reventando.
Tampoco se piensen que me gusta Nicolas Cage especialmente y que flipo.

La intriga se mantiene todo el tiempo aunque lo que es la trama, que es un despropósito, la vemos venir a distancia, pero no importa mucho. Dos cosas supercultas: La visión de Ezequiel y Beethoven, la séptima sinfonía, el allegretto del segundo movimiento.
El final es un poco excesivo, como en las fallas, y lo de intentar contentar a todos, sean apocalípticos, cristianos renacidos o nueva era no va a funcionar nunca. No se puede hacer una película que termine de tres maneras diferentes (pero la han hecho), sería mejor que eligieras el final a la carta después de rellenar un cuestionario (y si se equivocan que te devuelvan el dinero). ¡Otra cosa no tendremos los europeos, pero ideas!
En versión original se titulo Knowing y la dirigió Alex Proyas que no había hecho nada destacado antes.
No se puede pedir más: he pasado dos horas entretenido y creo que la película la regalaban con algún diario, así que lo más posible es que la hayan visto todos (los de izquierdas al menos) y piensen todo lo contrario. Un consejo para la gente de derechas: si la regala el ABC no la tiren, que está muy bien.
¡Yo es que alucino!
© Del Texto: Ivor Quelch

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