sep 7 2010

El libro de Eli: Yo soy el Alfa y el Omega

“Es The Road con doble de argumento, cuatro veces más munición y la mitad de cerebro: y probablemente recaudará diez veces más’’. Estas palabras las dijo un tal Ty Burr del Boston Globe. Razón no le falta, semejante tostón se lo enviaría a mi peor enemigo a ver si se convierte en buena persona…
Eli (Denzel Washington haciendo el papel de siempre) es un tipo duro que recorre el desierto de Estados Unidos, su objetivo es llegar al oeste pues porta la única copia que queda de un libro muy antiguo: La Biblia. En su periplo se encontrará con todo tipo de personajes, caníbales, mercenarios, malos muy malosos como Gary Oldman y todo tipo de analfabetos. Ah sí, se me olvidaba, nos situamos en un mundo post-apocalíptico, destruido por la mano del hombre. ¿Original, verdad?
Un pastiche kitsch que incluye western con género de acción mezclado con drama e intenciones moralistas cristianas, todo envuelto en una casposidad de guión que dan arcadas tras finalizar la película. Un mero panfleto sobre el bien y el mal, y en el que se da a entender que si uno sigue el camino cristiano será buena persona. Vaya por Dios, nunca mejor dicho.
En cuanto a las actuaciones… ¿las hay? Es decir, la película dura dos horas y prácticamente el único que actúa es Gary Oldman, porque Denzel Washington es como Keanu Reeves, para que se le mueva una ceja tiene que hacer demasiado sobreesfuerzo. Por no hablar de Mila Kunis, que da bastante penita para lo guapa que es. El resto… en fin…
Vale, con esta crítica estoy espeso. Igual que la película. Espesa… muy lenta para lo que cuenta(que no es nada nuevo), vacía en contenido, superficial hasta decir basta. Claro que habrá gente que mire profundidad en el conjunto cuando el héroe solitario va por la carretera y suena esa música anodina, pero yo no trago semejante mamarrachada. No. Que no lo trago.
Al principio hablaba de The Road, una película muchísimo más humilde, perfectamente llevada, con una fotografía espléndida, con mucha más chicha y menos florituras. Incluso era más realista. The Road y El Libro de Eli salieron prácticamente al mismo tiempo en nuestras salas. Para ser precisos, la segunda es el hermano feo. No hay más, lo único que se salva es la música para escucharla aparte, porque la fotografía de Don Burgess es penosa y tengo la sensación de que toda la película se ha trabajado en un maldito croma y luego se ha retocado mil veces en postproducción ya que ni los personajes parecen estar en el entorno, de hecho, lo único potable de la filmografía de este hombre son algunos trabajos con Robert Zemeckis. Del guión mejor ni hablemos. Y lo más irónico de la cinta, es que la salvación (ojo que va spoiler del final) se encuentra en San Francisco, y aún mejor…en la prisión de Alcatraz, donde se empieza a crear un museo y una especie de ciudad fortaleza, con suerte de imprenta y demás parafernalia. Increíble.
En definitiva, la salvación la tenemos al alcance de un libro donde se nos dice que el principio de la humanidad fue un hombre y una mujer puestos ahí porque una mano divina lo dispuso. Luego ya sabéis todo lo que vino, y aburre hasta a un santo.
Una cosa. ¿Por qué en toda suerte de película con rollo cristiano nos sueltan siempre los mismos pasajes una y otra vez? ¿Es que no hay más? ¿La Biblia es tan pequeña que solo contiene las mismas cuatro frases de siempre?
Vaya tostón épico. Adivinen cuál de las dos cosas.
Amén.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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