nov 5 2012

Hunger: Ni buenos, ni malos

La verdad es algo que todos buscamos. Nos pasamos la vida intentando dar con ella, violándola; esquivándola, muchas veces, cuando está en nuestra contra. La verdad es querida aunque sea para repudiarla una vez cerca de ella. La verdad ha matado mucha más gente que la peste bubónica o cualquier guerra. Por la verdad (la individual o colectiva si es que se puede hacer semejante diferencia) hemos traspasado fronteras prohibidas.
Steve McQueen intenta la aproximación a una verdad en Hunger (su primera película) contando la historia de los presos del I.R.A antes y durante la huelga de hambre que se declaró en la Maze Prision y que encabezó Bobby Sands.
Para ello intenta narrar desde diferentes puntos de vista. Divide la trama en tres zonas de exposición. Por un lado, la vida de los carceleros toma importancia en un primer momento. Asaltan las preguntas sobre si esos hombres quieren hacer ese trabajo, si la violencia les satisface, si son personas normales y corrientes que tienen que ganarse la vida como buenamente pueden. Por otro, muestra la vida de los presos que se obligaban a vivir entre porquería, excrementos, ropa de cama repugnante y desnudos. Se añade otra pregunta a las anteriores. ¿Hasta dónde puede llegar el aguante de un ser humano? Una tercera zona expositiva se centra en Bobby Sands. Aquí la película salta de lo repugnante al sufrimiento sin cosmética de ningún tipo, de la piedad humana a la carencia absoluta de ella y, sobre todo, hasta la comprensión de un conflicto personal, íntimo. El de Bobby Sands.
Hunger es una película cruda, descarnada, valiente. Las distribuidoras españolas no quisieron comprarla. Supongo que parte de esa valentía de McQueen no les vendría mal.
Hunger es una película en la que no hay buenos o malos. En esta cinta todos son buenos y malos al mismo tiempo.
La tensión narrativa se mantiene desde el principio hasta el final. McQueen (guionista junto a Enda Walsh) va incorporando personajes episódicos que reciben sentido de los demás. Desarrolla con ellos la zona dramática aunque en las dos primeras (carceleros y presos) están protagonizadas por cualquiera de ellos sin entrar en detalles. La imagen es la gran protagonista. El diálogo es escaso. Lo de menos son los nombres de los personajes; lo de más es lo que sucedió en la Maze Prision.
Es con la entrada en escena de Bobby Sands (encarnado por un impresionante Michael Fassbender) cuando el conflicto interior del personaje aparece. Durante la conversación con un sacerdote, el personaje crece como la espuma. Llega el diálogo y aparece la consciencia, las razones, los errores y lo que inevitablemente pasará. Porque en esta película casi todo es previsible y, de hecho, la propuesta del director arranca desde ese punto en el que parece decir nadie tiene razón, todos pueden tenerla; pasen y vean; luego tomen una decisión sobre lo que ya sabían.
Michael Fassbender se deja media vida interpretando el papel de Sands. Es impresionante el cambio físico del actor a medida que avanza la trama. Cualquiera cree lo que ve después de un alarde como este. Entre la enorme interpretación de Fassbender y la fotografía de Sean Bobbitt, mirar la pantalla se convierte en un reto para el espectador ya que a nadie le gusta bucear entre lo más sucio del hombre.
McQueen se apoya en planos fijos que parecen eternos. Y no se anda con miramientos si lo que quiere mostrar es doloroso, inquietante, vomitivo o cruel. Tal vez sea esa, y no otra, la forma de abordar asuntos tan importantes como la dignidad del individuo, la lucha por los valores o la integridad de las ideas personales. Sin entrar a juzgar, sin tomar partido, pero sin hacer ascos.
Plasmar la verdad en una pantalla es tan difícil como hacerlo en cualquier otro lugar. Porque llegar a ella es misión imposible y asumirla, muchas veces, es peor. McQueen lo intenta. McQueen nos deja su cine para que, al menos, nos la planteemos.
Esta película no es apta para los pequeños de la casa. Ni para los que no estén dispuestos a adoptar posturas distintas a las que ahora tienen. El resto no debería dejar pasar la oportunidad de ver Hunger. No se arrepentirán.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


nov 4 2012

Prometheus: Los científicos más tontos del mundo en busca de la verdad

Imaginen ustedes que les encargan escribir un guión para una película de cine. Les dicen a ustedes que la cosa va de contar el viaje espacial más importante para la humanidad desde que lo es, puesto que la nave y su tripulación van en busca de los creadores del hombre. Un reto ¿verdad? Si, además, el director de esa película es Ridley Scott y todo pasa por ser una precuela de su obra maestra Alien: el octavo pasajero, al asunto puede producir un ataque de ansiedad por su importancia.
Pues eso le debió pasar a Damon Lindelof (sí, el mismo que escribió el gran timo televisivo que resultó ser la serie Perdidos). Pero debió darle el ataque sin que lograse reponerse hasta después de entregar el trabajo. De otro modo no se explica que alguien escriba semejante estupidez como es este guión. El director, el señor Scott, debió pensar que todo daba igual, que él lo arregalría con efectos visuales grandiosos, escenarios alucinantes, una puesta en escena elegante y un montaje que eliminara cosas para idiotas profundos.
Lógicamente, se equivocó porque un guión nefasto es mal compañero de viaje a pesar de cargar con millones de dólares. Ni efectos visuales y especiales, ni una cuidada producción, ni esa puesta en escena tan elegante y profesional, ni nada de nada, puede con la carga de un pésimo guión. Si el objetivo era hacer pasar un buen rato al espectador, vale. Porque la película es espectacular si nos centramos en muchas de sus escenas. Aunque eso convierte Prometheus en candidata a ser olvidada con rapidez. Si sumamos a todo esto que, comparada con Alien, Prometheus parece la prima del pueblo, el olvido es inmediato y obligado para cualquier amante del cine.
El guión de Lindelof debería incluirse en los temarios de las escuelas de cine del mundo entero. Bajo el título: Lo que nunca nadie debe hacer si quiere escribir un buen guión.
Algunos detalles que les pueden ayudar a hacerse una idea del desastre que representa este trabajo (a partir de aquí se desvelan datos de la trama):
El viaje interespacial es de suma importancia. Pero, qué cosas, cuando después de dormir plácidamente durante más de dos años, el robot despierta al personal y resulta que no se conocen entre ellos. Supongo que se prepararon el viaje por internet. Chateando y eso.
Bien. Ya despiertos, nos dicen que allí están los mejores. Era de esperar ante la importancia de la misión. Pero siendo los mejores parecen tontos de capirote. Llegan al planeta de destino y, sin la más mínima preparación o estrategia científica se suben a los vehículos y se lanzan a explorar un lugar inmenso, desconocido y, posiblemente, peligroso. No voy a mentir; hay una justificación. Uno de los superlistos dice que es navidad y que él va a abrir sus regalos; es decir, quiere encontrar marcianitos. Por supuesto, alguien hace una lectura del aire que resulta ser respirable. Cascos fuera. Venga que aquí no pasa nada. Un científico no haría algo así. Ni usted ni yo. Pero para esta tripulación la cosa va de llegar y hacer lo que a uno le da la gana. Todos regresan, excepto dos. Se quedan dentro de lo que llaman la cúpula. Uno de ellos ha sido capaz de levantar un plano tridimensional del lugar, es geólogo experto, pero se pierden y, por ello, no vuelven a la nave con los demás. Como todo el mundo sabe, los científicos que viajan al espacio no distinguen la derecha de la izquierda, ni arriba o abajo. Por supuesto, cuando aparece un bicho con muy mala pinta; pero mala de verdad; en lugar de salir pitando, el otro, el que sabe de estas cosas, cree haber encontrado un cachorro de pastor alemán y le trata de enseñar a dar la patita. El espectador ya sabe que es una mutación de lombriz (a saber de dónde han salido las lombrices; mejor no pensar en ello para no irritarse más). La lombriz ha tenido contacto con un líquido negruzco y desconocido y se ha convertido en un ser terrible. Pero Einstein lo confunde con Toby.
Más detallitos. Una del grupo queda embarazada. De su novio que es el que se quita el casco en primer lugar. Este ha sido infectado por el líquido negro y desconocido. El androide de a bordo ha sido el causante. Él ve cómo un gusano le sale del ojo. Pero no pasa nada. Va como si nada a la siguiente misión de exploración. Soy científico y soy más tonto que pichote.
Bien, pues el lumbreras es el padre la criatura que ha sido concebida tras tomar (papá) el dichoso líquido. La madre, tras enterarse del asunto y saber que la quieren dormir para trasladarla a la tierra en estado de buena esperanza; esto es, con un calamar muy cabreado dentro; decide hacerse una cesárea. Para ello decide utilizar la máquina que está situada en una cabina de salvamento. Esa cabina es de la jefa de todo este lío y le permitirá vivir durante dos años si la utiliza. La máquina opera sola, pero sólo a hombres. Qué cosas. ¿Para qué querría una mujer esa máquina? El caso es que el calamar es extraido y la mujer debidamente grapada. ¿Qué hace ella? Lo normal. Correr una maratón, pelear con unos y otros y resistir la caída sobre su cuerpecillo de una nave de, digamos, 50000 toneladas. Como lo oyen. ¿Cómo se libra de una muerte segura? Muy sencillo. Al huir cae junto a un adoquín que impide el aplastamiento. No hace falta decir que en su carrera, al huir de la mole que le cae encima, no modifica la trayectoria ni un centímetro. La dirección coincide, exactamente, con la de la nave cayendo.
Estos son algunos detalles lamentables aunque no están todos. Pero es que, además, los personajes son superficiales y el espectador no puede entender nada de lo que pasa al no empatizar con nadie. Como es lógico, la carga dramática se desvanece por completo.
Ridley Scott se traiciona a sí mismo al meter por medio de este desbarajuste a su Alien. Sin un buen guión no hay nada que hacer y cualquier cosa que esté próxima puede salir dañada. Creer que lo demás puede ser la solución es una metedura de pata enorme. Tampoco está muy afortunado sumando planos muy cortos durante mucho tiempo. La película es muy deudora de Alien (salvando las enormes distancias, claro). Contiene casi todo lo que funcionó en esa obra maestra convirtiendo todos los aciertos en una mala copia sin pies ni cabeza, sin nada en lo que sostenerse mínimamente.
Las interpretaciones son bastante normalitas. Se libran de la mediocridad Fassbender y Charlize Theron, aunque sin grandes lujos. Y lo de elegir a Guy Pearce para interpretar a un anciano en lugar de contratar a un anciano de los de verdad es incomprensible.
Pues todo esto se acompaña de una música omnipresente y excesiva que no dice gran cosa a pesar de todo.
En fin, una película mediocre. Entretenida y visualmente potente por la técnica utilizada. Nada más.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


nov 3 2012

Shame: Tren a los infiernos

Los viajes que no tienen retorno nos perturban. Nos imaginamos inmersos en ellos, intentando buscar soluciones y nuevas rutas que corrijan el camino mal transitado. Sin querer saber que un primer paso en ese camino significa no poder, tal vez no querer, dar marcha atrás. El ser humano desnudo ante sí mismo es la imagen que, antes o después, se convierte en forma de vida, en viaje con meta incierta hacia el yo más oscuro.
Algo de esto aborda la magnífica película de Steve McQueen. Realizador y guionista junto a Abi Morgan, logra un trabajo que remueve las consciencias de los espectadores; y no por el alboroto escandalizador que llega con las imágenes de sexo explícitas y casi brutales por descarnadas; sino porque el ser humano aparece en la pantalla solo, angustiado, desnudo, perdido. Eso es algo que suele conmocionar por ser un asunto del que quiere huir casi todo el mundo.
La película es desconcertante, triste (terriblemente triste), una plataforma que, si se quiere cruzar, lleva a lugares sórdidos, a las cloacas de cualquiera. Ayuda enormemente la fotografía de Sean Bobbitt que muestra un entorno y a unos protagonistas entre tonos gélidos durante toda la película. Cuando el brillo aparece es cuando retrata a la hermana del protagonista mientras interpreta el tema New York, New York, Sissy (excelente Carey Mulligan), pero tras un velo de tristeza tan colosal que esos destellos iluminan un sufrimiento y un pasado tan negro que nada puede cambiarlo. Eso sí, la voz imperfecta, el rostro expresando todo lo que puede llegar a ser el dolor, la belleza serena de Carey Mulligan, una letra llena de vida convertida en casi un parón del mundo (la versión de este tema es inusual y quiere marcar las diferencias del personaje con un mundo que le aterra); todo, enamora. La música de Harry Escott tiene gran importancia encuadrada en el producto final. Más de la que sería necesaria puesto que busca añadir un sentido a la imagen que debería aparecer sin ayudas. Esta es una de las pocas pegas de la película.
Shame significa vergüenza. Pero la dimensión del título es mucho mayor. Porque se refiere a la vergüenza que genera la culpa. la vergüenza que nos obliga a perder la noción del tiempo y del espacio, la vergüenza de saber que algo anda mal y no somos capaces de ponerle freno (porque no queremos, porque somos más débiles que la inercia del mundo que nos dejan vivir). Shame cuenta la historia de dos hermanos, Brandon y Sissy. Él inició un viaje, a través de un sexo que se convierte en el único atractivo de la vida, un sexo que le impide amar, un viaje que parece haber llegado a su fin aunque no permite regreso alguno. Su hermana sigue cayendo, la espiral eterna y autodestructiva no le deja vivir. Un pasado turbio les une y parece justificar hasta dónde han llegado. Un pasado que no nos desvelan aunque nos dejan intuir.
A pesar de lo que muchos pudieran pensar, la cosa no va de sexo. Es parte fundamental de la trama y un material narrativo que está presente durante toda la película. Pero el tema tratado no es ese. Es la soledad y la imposibilidad de regresar a un lugar en el, tal vez, nunca se estuvo; la imposibilidad de amar de los hermanos frente a la necesidad que tienen otros.
Las interpretaciones son extraordinarias. Michael Fassbender se deja lo mejor de sí encarnando a Brandon. Carey Mulligan hace lo mismo con su Sissy. El lenguaje corporal es de una importancia descomunal. Porque el diálogo es escaso y el personaje fundamental. Personaje que se dibuja a través de la imagen, de la música (en exceso insisto), de su enfrentamiento con la realidad, con otros (la escena del encuentro de los hermanos, desnudos, se convierte en metáfora de esa desnudez del ser humano). Fantásticos ambos. Entendieron muy bien, tanto Fassbender como Carey, que sus personajes crecen juntos a través de la trama y que sus trabajos lo harían de la misma manera. Aunque el resto del reparto está, francamente, bien. Todo esto se apoya en planos secuencia y planos fijos larguísimos que intentan reflejar, desde el silencio, lo que son los personajes. Es curioso que, cuando aparece el diálogo, la sensación es justo la contraria. Se habla y se dice lo que no es. Silencio es verdad. Un ejemplo excelente es la escena en la que Brandon comparte mantel con una compañera de trabajo. Parece que todo es posible aunque cada palabra suena hueca.
Comienza la película con una escena dentro de un vagón de tren. Termina con otra parecida en la que los protagonistas de la acción son los mismos. Brandon y una pasajera. Astuto el director dejando que tengamos que intuir lo que pasa (no quiero desvelar nada). Aunque después de meternos en el túnel más oscuro que puedan ustedes imaginar es difícil que la solución sea la deseada. Porque el ser humano es lo que es. Nosotros lo sabemos y no podemos cambiar nada aunque queramos.
Excelente película. Conviene que los más pequeños no estén frente a la pantalla. No por el sexo (comprobarán que una dosis, más o menos, controlada de moralina también aparece siendo la otra pega de la película). Es por ahorrarles durante años lo que les viene encima.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube


jun 12 2012

Un método peligroso: Lo soso del psicoanálisis

Una impecable puesta en escena y una ambientación casi exacta ayuda mucho a que una película sea agradable. Pero lo importante llega desde otro lugar; desde una zona más literaria que otra cosa, esto es, desde el guión. Esto puede gustar, más o menos, a muchos; o disgustar completamente a casi todos (los mediocres sobre todo); pero es una realidad patente.
Un método peligroso no es una mala película. Es elegante, impecable en su factura, rebosante de música delicada y sólida, incluso de interpretaciones correctas aunque planitas. Además, maneja una idea más que atractiva para el espectador: ¿Hasta dónde el que más sabe de la psicología humana es capaz de controlar la suya propia? Porque ninguno de los personajes logra alejarse de lo que percibe como peligroso o una lacra en su propia existencia. Tal vez sea esta idea lo más atractivo de la película.
No es una mala película aunque deja a medio camino casi todo. Es verdad que el director David Cronenberg arriesga hasta cierto punto, que incluso roza caminos que le podrían echar abajo todo el trabajo, pero retrocede cuando más falta hace en su propuesta. Es lo malo de saber que te van a mirar con lupa. Y a este hombre, algunos, le tienen crucificado. Y aquí tenemos el problema del guión. Se acerca aunque no llega. Arriesga aunque se vuelve prudente en el momento justo. Se llena de asuntos profundos que no llevan a ningún sitio lo que produce una ruptura en el ritmo general. La cosa queda sosa. Sosa a la par que elegante y fina. Qué cosas.
Viggo Mortensen está apático. Michael Fassbender es soso. Keira Knightley roza el histrionismo aunque corre hasta la sosería más inmaculada jamás vista. Pero quiero ser justo y, esto dicho así, podría parecer un auténtico desastre. No están mal. Están sositos. Como toda la película. Hacer juego sí que hacen.
El vestuario está muy bien. La peluquería también. El montaje algo excesivo en sus elipsis. Nos quedamos con las ganas de conocer algunos detalles de la trama que como espectadores no podemos rellenar. La dirección actoral se centra en la señora Knightley puesto que defiende el papel más difícil con diferencia. Y el resultado es irregular. Cuando más peligro corre es cuando mejor queda la interpretación. Cuando la cosa se calma todo se desliza hacia una tranquilidad que descompone el papel.
Quizás el problema sea intentar contar con rigor un asunto que cabe más en un ensayo o en una biografía. En las películas, si dices mucho malo, si dices poco malo, también. No se va al cine a recibir un curso de nada, ni se va al cine a que te cuenten las cosas a medias. Al final, la tendencia es quedarse en tierra de nadie, en un lugar frío que deja destemplado al espectador. En medio de un desierto soso.
Una película más que no pasará a la historia del cine como gran cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


Imagen de previsualización de YouTube