abr 2 2013

Vacaciones en el infierno: Inverosímil

La coherencia interna de un guión es intocable. Todo se viene abajo si no existe. Cuando los personajes, por muy sencundarios que sean, mueren a las primeras de cambio por estar en un lugar violento y peligroso, cuando la vida se hace imposible porque la dominan los mafiosos, cuando la estructura del mundo creado es muy concreta; es un error irresoluble colocar a otro personaje que ni muere, si parece estar inmerso en un mundo de locos, que se salta mafiosos a la torera y que logra superar los problemas planteados como si se tratase de contestar una pregunta del trivial. Eso nunca funciona salvo que presentemos un trabajo justito sin más objetivo que recuperar la inversión y entretener a unos cuantos.
Pues eso es lo que pasa en la película Vacaciones en el infierno. Es completamente inverosímil, roza el absurdo. Es cierto que resulta entretenida en algunas fases. Tan cierto como que, si se somete a un mínimo análisis, se derrumba por completo. Los villanos que han conseguido dominar una peligrosa cárcel mejicana en la que habitan familias enteras (se trata de El Pueblito) resultan ser más tontos que pichote. Parecían mentes privilegiadas al compararlas con sus compatriotas, pero llega el gringo (Mel Gibson) que es mucho más inteligente, astuto y gracioso, para dejar las cosas en su sitio. Argumentalmente resulta que la acumulación de casualidades, de golpes de suerte y de tiros que alcanzan a quien no corresponde, convierten al gringo maravilloso en una especie de superhéroe infalible, intocable e invencible. El humor negro se convierte en una parodia estúpida que no hace ni pizca de gracia. Los noventa y cinco minutos pasan rápido. Eso es verdad. Entre tonterías que, si se piensan, levantan a cualquiera del asiento.
Mel Gibson (actor principal y coguionista junto al director Adrian Grünberg y Stacy Perskie) se mueve con cierto salero por la pantalla. Aunque, claro, las mejores escenas son para él y sería difícil que un actor con su experiencia no lo hiciera. Sólo faltaría eso en esta cinta. No obstante, buscando un humor negro que no llega y la caricatura de otros personajes, sobreactúa más de la cuenta. Los secundarios interpretan a tontos de remate. Así que, da igual cómo estén de bien o de mal. Es difícil soportar tanta idiotez aunque la pantalla se llene de hígados, de balazos o de situaciones extremas. Tan sólo, la primera escena es espectacular. Minuto y medio de película. El bajo presupuesto con el que contó la película se deja notar en las escenas de acción. Todas están muy justitas de medios. También en el reparto. Por si era poco, la banda sonora de Antonio Pinto es inaguantable.
Lo mejor de la película es la imitación que hace Mel Gibson de Clint Eastwood hablando por teléfono. Para saber cómo es la cosa hay que ver la película en versión original. Está muy bien conseguida aunque argumentalmente es otra idiotez.
Ahora bien, si usted quiere pasar un rato frente a una pantalla sin pensar nada de nada, esta es una opción excelente. Eso sí, no piense o se le vendrá la tarde abajo.
© Del Texto: Nirek Sabal


nov 13 2011

Apocalypto: La gran injerencia del cristiano

Lo peor que le puede ocurrir a un autor es que, con la excusa de hacer ficción, se le vea el plumero. Es decir, cargar ideológicamente una obra sin justificación alguna, convertir el relato en sostén de lo que uno piensa aunque eso no quepa. Maquillar el mensaje para que parezca otra cosa cuando la razón de contar sea difundir una idea personal, es muy peligroso. A eso se le llama injerencia. La narración va por un lado, pero el autor se afana por dejar claro lo que piensa al precio que sea. Aunque su obra se vacíe por los cuatro costados.
Apocalypto es una película dirigida por Mel Gibson. Cuenta la historia de un individuo maya medio bueno que es arrancado de su aldea por otros mayas muy salvajes cuando estos llegan buscando prisioneros para que sean, bien vendidos como esclavos, bien sacrificados por los sacerdotes de una gran ciudad en la que se pide a los dioses que las cosas vayan mejor. Es tal el despropósito histórico que presenta Gibson que es mejor pasar por alto el nombre de ciudades que ya estaban deshabitadas en ese momento, idiomas (en esta películas todos hablan el mismo) o cualquier dato que nos hiciera pensar en la verdadera cultura maya. El caso es que se produce un eclipse (justo cuando llega el turno de morir a nuestro maya medio bueno) que es tomado por los sacerdotes como señal inequícova para dejar de hacer sacrificios. Pero los captores acabarán con él si no lo evita. Y, cuando los malos llegaron a su poblado, dejó a su mujer y a su hijo dentro de un pozo. Hay que rescatar a la familia. Más o menos. Y todo esto ¿para qué se cuenta? Pues para mostrar la llegada de los españoles a bordo de sus naves, para mostrar que la civilización cristiana fue la única posibilidad de libertad para los indígenas americanos (última y breve escena final). Ese estado salvaje en el que se encontraban sólo podía ser mejorado con una cruz, una espada y la viruela. Ese es el objeto de la película. Si hubiera querido el director retratar la cultura maya se hubiera ceñido a los datos históricos más básicos. Si hubiera querido contar las aventuras del protagonista se hubiera ahorrado (y al espectador) escenas de una crueldad infinita (nada, poca cosa, corazones arrancados en vivo, cuerpos mutilados y esas cositas). Parece que Gibson le ha cogido gusto a eso de mostrar sangre y vísceras con la excusa de esto ha pasado de verdad.
Aparte de esa injerencia que destroza el trabajo, ¿cuenta Gibson bien la historia? Pues no lo hace mal del todo. El problema es que esa trama es un disparate absoluto. Yo no recuerdo un héroe de ficción con más suerte que este maya medio bueno. Todo lo que va sucediendo se ajusta con exactitud a las necesidades del personaje. Por ejemplo, corre durante un minuto delante de un felino asesino sin que le alcance. Imposible. Sencillamente imposible cuando arrancan casi desde el mismo lugar. Se produce un eclipse justo cuando le van a sacrificar (vale). El eclipse dura veinte segundos (en fin). Pasados unos minutos la luna que se ve a pleno día en el cielo no corresponde con la que tendría que lucir (esto es lo que hay). Y, mientras, los mayas van recibiendo golpes de todos los colores, mordiscos de felinos, picaduras de serpiente y un largo etcétera con todo lo que puedan imaginar. Gibson nos lo presenta con todo lujo de detalles. Claro, si te dan un palo en la cabeza sale mucha sangre de allí. Pues nada. Que sea a chorros, pensó Gibson.
La música es un desastre descomunal. Cualquiera que tenga un mínimo de conocimientos se llevará las manos a la cabeza. Pero no pasa nada. Porque, entre flechazo y cabeza cortada lanzada por unas largas escaleras, no te enteras de nada. Vestuario y maquillaje son de las pocas cosas que se salvan. Eso está francamente logrado.
Y todo este despliegue de casquería para decirnos que el cristianismo es grande sin que se note mucho la intención. Una pena, porque la idea era estupenda y este director que sabe lo que es el ritmo narrativo podría haber logrado una gran película. Debe ser que le sobró sangre de su anterior película. Sí, esa en la que nos enseña la carnicería que se hizo en Galilea, La Pasión de Cristo.
© Del Texto: Nirek Sabal

Imagen de previsualización de YouTube

abr 1 2010

Plan A, Plan B, No plan


Oscar Peterson and Nelson Riddle – Round Midnight

Imaginemos por un momento que cualquiera de nosotros decide fundar una nueva religión. Montamos un discurso que ataque desde el mito la esencia de las personas para cautivarlas y lo difundimos con rapidez. Un nuevo dios salvador ha venido al mundo. En pleno estado de éxtasis decidimos que tras nuestros altares colocaremos la imagen de nuestro dios que siendo hombre murió por todos nosotros. Y murió ahorcado. No nos pensamos dos veces la cosa y encargamos a los artistas a nuestro dios para colocarlo en los templos. Un hombre dios colgado de una acacia. Escandaloso ¿verdad? Si, además, decidimos rodar una película en la que se muestre esa muerte con todo lujo de detalles, manteniendo la tensión narrativa en cada instante escabroso, lo más probable es que no haya persona en el mundo que se apunte a semejante religión.

Bueno, pues no tienen más que ir a una iglesia católica, mirar detrás de los altares (verán un hombre torturado y crucificado) y, luego, echar un vistazo a la película que dirigió Mel Gibson y que tituló La Pasión, para saber que las cosas no funcionan dentro de esa lógica.
El lector puede pensar que este artículo lo firma un ateo de tomo y lomo, un descreído o un individuo que odia sobre todas las cosas la religión. Nada más lejos de la verdad. El que firma lo que tiene muy claro es que nadie debería gastar un céntimo en rodar una tortura sin dejarse un detalle por mínimo que sea sin grabar. Eso no debe hacerse en nombre de nada ni de nadie, eso es estúpido. Si el protagonista de La Pasión fuese un hombre cualquiera en lugar de Cristo, el efecto sería exactamente el mismo. Una carnicería. Justificar semejante salvajada porque allí se representa a Dios no tiene sentido. ¿Acaso los evangelistas lo hicieron? Claro que no. Todo lo explícito en literatura (La Biblia lo es) y cine (La Pasión trata de serlo sin éxito alguno) es una baratija.
Dejando a un lado todo esto, diré que la película es muy floja en todos los aspectos. Muy bien las terribles heridas, las caídas, las caras de odio de los romanos y poco más. Tendría dificultades para elegir lo peor de la película. Es todo muy malo. Y para ver salvajadas ya tenemos unos bonitos noticieros en la televisión.
Como es Semana Santa y me gusta conservar algunas tradiciones aprendidas siendo un niño, suelo ver, durante estos días, alguna película que tenga que ver con la figura de Cristo. Excepto La Pasión, claro.

Este año tengo alguna duda. Me la provocan Jesucristo Superstar y La Vida de Brian.
Jesucristo Superstar es un excelente musical que marcó una época. Aún recuerdo las noticias que hablaban de sacerdotes tirando botellas contra la pantalla del cine, de monumentales escándalos en las salas de proyección. Es evidente que no entendieron nada de nada. Si se hubieran fijado un poquito en vez de liar la marimorena hubieran observado que el Judas de esa película (en su aspecto teológico) supera con creces a cualquier otro de la historia del cine. Eso por poner un ejemplo. Es verdad que la película no ha envejecido bien, pero merece la pena ver un espectáculo como ese. Original (en su momento rompedora), muy bien narrada, fotografía excelente y, por supuesto, una maravillosa música y coreografía.

El plan b consiste en ver La Vida de Brian, que es, sencillamente, deliciosa. Disparate tras disparate nos cuentan eso, un enorme disparate. Llena de escenas inolvidables por su ironía y buen humor, desmitifica, en buena medida y sin faltar el respeto a nadie, el entramado religioso. Cualquiera que sea.
Estoy pensando que veré cualquiera de las dos porque me garantizan un buen rato. Un muy buen rato. La otra no. Esa me destroza. Y paso.
© Del Texto: Nirek Sabal