sep 27 2010

French Kiss: Un viaje al inicio

Tengo una pequeña debilidad por French Kiss. No sé muy bien lo que es: si el personaje canalla de Kevin Kline, el propio Kevin Kline, la excelente banda sonora que incluye temas como Dream a Little Dream, I love Paris, Someone like you, La Vie en Rose en la versión de Louis Armstrong, los viajes en tren, o quizá sea porque conozco de memoria cada palmo de los lugares en los que se ha filmado, (los conozco o los he soñado, ya no me acuerdo) Paris, la Provenza francesa, la Costa Azul…
En French Kiss, Meg Ryan interpretando a la americana Kate viaja a Francia para recuperar a un novio que ha sucumbido a los encantos de una sofisticada parisina hasta el punto de romper su compromiso por teléfono con la infeliz y provinciana Kate que decide apuntarse a un curso para perder el pánico al avión y cruzar el Atlántico en busca de su chico.
A su llegada, toda una serie de contratiempos la llevan a vagar por París sin un franco, desorientada y sin rumbo. Quien ha vivido en Paris sabe que es la ciudad más extraordinaria del mundo, y que hay que recorrer a pie uno a uno los distritos, las avenidas, las plazas y los rincones, para ir descubriendo la belleza que está por todas partes. Lo único que no hay que buscar en París es esa torre majestuosa que preside la ciudad, la Torre Eiffel. No hace falta buscarla porque es ella quien te encuentra estés donde estés. La magia consiste en extasiarse con cada uno de los ángulos que te ofrece dependiendo del lugar en el que se tope contigo. En French Kiss, un ingenioso juego de espejos, el camión de la basura, vidrieras que se apagan repentinamente, hacen que esa imponente dama no pueda encontrar a Kate en su periplo por la ciudad.
Creo que viajamos para reconocer aquéllos lugares a los que ya hemos viajado a través de postales antiguas, mapas, libros, películas… que viajamos para volver a estar en lugares en los que ya estuvimos en nuestros sueños y en los que ya nos proyectamos a nosotros mismos montando en bicicleta, compartiendo un paraguas entre risas o subiéndonos el cuello del abrigo ante un río. Viajamos para llevar a cabo acciones ya vividas en algún lugar de nuestra imaginación. Es ahí donde se inicia el viaje: en el preciso instante en que decidimos que vamos a ir un lugar. Ahí comienza el viaje: al soñarlo, al proyectarlo… una vez que subimos al tren empieza el camino.
Leí una vez una cita que decía que la lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren. Yo diría que lo fascinante es leer y después viajar para recordar.
© Del Texto: pyyk

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jun 23 2010

Cuando Harry encontró a Sally: Ding, dong, un “pero” llama a su puerta

La guerra de sexos. Un hombre y una mujer. ¿Pueden ser amigos? ¿Qué pasa con la maldita tensión sexual? ¿Hay vuelta atrás una vez que se cruza la línea de la intimidad sexual? ¿Qué pasa cuando dos amigos se enamoran?

Harry Burns (Billy Cristal) y Sally Albright (Meg Ryan) se conocen cuando ambos están en la universidad. Sally se ha comprometido a llevar a Harry hasta Nueva York en su coche. Durante las 18 horas que dura el viaje iniciarán una conversación sobre la amistad entre un hombre y una mujer. Acabarán discutiendo, pero a partir de ese momento surgirá, entre ellos, una relación que se mantendrá durante años. En la vida de ambos aparecerán matrimonios y relaciones frustradas, intentos de emparejar a sus amigos. Y, al lado, uno del otro, apoyándose en lo bueno y en lo malo, Harry y Sally.

Los dos llevan años intentando descubrir que es lo que hace que, pese a los años, sean amigos. Harry cree que dos personas de distinto sexo jamás pueden ser verdaderos amigos, pues esa relación terminará indefectiblemente en la cama o contrayendo matrimonio, con lo que la relación de amistad estará finiquitada. Sin embargo Sally, cree que un hombre y una mujer siempre pueden ser amigos.

Desde luego, quien tiene un amigo tiene un tesoro. Los que tenemos esa suerte y tenemos ese amigo, podemos afirmarlo con toda rotundidad. Es maravilloso tener a alguien a quien poder llamar a las tres de la madrugada para llorarle porque has descubierto que el amor de tu vida se ha fugado con la más odiosa de las mujeres.  Es maravilloso tener a quien llamar para decirle que sólo tienes ganas de llorar y que tienes la cara como un loro de tanto moquear a solas. Es maravilloso tener a alguien a quien contrarle hasta las más peregrina de las tonterías y poder reirte de eso mismo o enfadarte hasta los infiernos sin tener que guardar  las formas porque sabes que mañana nada de eso pesará. Y es maravilloso que ese a quien llames pueda ser un tipo estupendo con el que nunca querrías ni irte a la cama ni contraer matrimonio. Pero siempre surgen los peros ¿Qué ocurre cuando uno de los dos se da cuenta de que lo que quiere es precisamente levantarse cada día al lado de ese que, hasta ayer, no habría entrado jamás en esa parcela en la que sólo debe entrar ese a quien se supone que amas? Pues que el desastre está servido, porque o bien uno acaba descubriendo que ese era el hombre/mujer de su vida, o acaba perdiendo un amigo. Así son las cosas.

Cuando Harry encontró a Sally, la comedia de Nora Ephron (su guionista) ponía sobre la mesa el tan debatido tema de si es posible una relación de amistad entre un hombre y una mujer. A finales de los años 80, los reyes de la comedia americana fueron Billy Cristal y Meg Ryan. Esta película la bordaron. Creo que nadie ha superado la química que había entre estos dos actores. Los diálogos buenos y acertadísimos, sin artificios raros, donde todo se pone sobre la mesa (no tiene desperdicio la escena en que Sally muestra a Harry la capacidad de  las mujeres para fingir un orgasmo y echar por tierra su ilusión de ser un seductor). Se acompañó de una banda sonora extraordinaria y de la espectacular ciudad de Nueva York de fondo (los paseos por la ciudad, son indescriptibles). Todo ello hace que ésta sea una de las mejores comedias románticas de todos los tiempos.

No tengo ninguna duda. Esta es una de mis favoritas. Los años la han convertido en un clásico de esta casa, una película que, pese al tiempo transcurrido desde que fue estrenada, no ha perdido ni un ápice de su frescura, de su buen humor y de la realidad que a veces toca a la puerta de esos dos amigos que se convierten en especiales por el juego de la vida.

No se la pierdan. Una joya de las comedias románticas del siglo XX.

© Del Texto: Anita Noire


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