nov 27 2013

Elysium: Propuesta fallida

De una buena idea puede surgir un buen producto o una castaña pilonga. En el caso de una película de cine, es el guión el que provocará que sea una cosa u otra ya que el guión es lo fundamental, en lo que no se puede fallar. La idea convertida en libreto es el secreto para conseguir una buena película.
No es el caso de Elysium. Una magnífica idea. Un producto final torpón, mediocre; una película que transita por los territorios de siempre, un guión lleno de baches que deja sin contestación un gran número de preguntas y siembra dudas sobre su consistencia a base de abusar de gazapos inexplicables.
El gran problema es el cambio que se produce en una trama que comienza cercana al tono más lírico y que genera una épica de la construcción del individuo como parte de la humanidad. De esa zona poética se salta, sin aviso o razón alguna, a las batallitas de siempre, a lo sobado otras veces. Y la película termina siendo la historia de un héroe necesario para que el ser humano tenga alguna posibilidad. Lo mismo que un millón de veces.
Los efectos especiales y visuales están a gran altura. Algunas escenas (por no decir todas) alcanzan buenos niveles en el ritmo narrativo cuando se incorporan estos efectos. Cuando no los hay todo se viene abajo. Porque, aunque la ambientación es notable, no pasa casi nada que nos interese. Todo huele a conocido, todo se desliza hacia la zona gobernada por la desidia.
Matt Damon es lo mejor de la película. Solvente; muy profesional, intenta arrastrar con él a su personaje sin escatimar esfuerzos. No luce más porque es imposible. Jodie Foster debería interpretar un papel protagonista; sin embargo, su personaje es plano, es un misterio del que no entendemos gran cosa y deja de interesarnos a las primeras de cambio.
Neill Blomkamp (qué buena su película District 9 y qué esperanzas dejó entre los aficionados al cine) se enreda más en la estética que en otra cosa. Y fracasa.
Parece que, ahora, lo que se estila es reunir a un grupo de actores de primera fila, hacer un planteamiento en el que la informática es esencial y comenzar a rodar. Yo no sé cómo son capaces de filmar una película sin un guión bien rematado, sin una buena frase que echarse a la boca. A veces la sensación es que el cine se está convirtiendo en una vía de escape para el espectador que quiere evadirse de este mundo durante un par de horas. Y el cine es mucho más que eso. Un mal montaje, una banda sonora encajada con calzador o un guión en el que todo vale, es una estafa. No se puede pensar que el espectador es tontito o algo así.
Fallida propuesta por su falta de contenido, de sentido y de seriedad. Neill Blomkamp debería pensárselo dos veces antes de aceptar este tipo de trabajo.
© Del Texto: Nirek Sabal


feb 28 2011

Valor de Ley: Generaciones venideras

‘’Huye el impío sin que nadie lo persiga’’
Proverbios, 28:1

Si hay un tema que me llama poderosamente la atención en el cine más moderno es el recurrente al tema de la herencia; con esto quiero decir lo que le dejamos a las generaciones venideras, no el sentido estricto y frívolo de la palabra que no es más que repartir tus posesiones; me refiero a qué valores y principios les concedemos, qué mundo les traspasamos, cómo nuestras acciones repercutirán más tarde en los jóvenes, causas y consecuencias entre personas de distinta edad, sexo y raza. Desde 12 hombres sin piedad a ésta Valor de ley, hay un sinfín de títulos como El padrino, La caída de los dioses, Taxi driver, El imperio contraataca, Jóvenes ocultos, Un dia de furia, Magnolia, Los Tenenbaums, Pozos de ambición, The road, No es país para viejos o Un tipo serio, e incluso propuestas tan singulares como Tron Legacy tratan de lo que hablo. Estamos en unos tiempos agitados de muchos cambios, con crisis incluida y los hermanos Coen, como hacen últimamente con su cine, no iban a faltar  cada año para aportar su granito de arena y su particular visión del mundo que nos rodea, y de lo que nos espera, no a nosotros sino a los que vienen después. Y esta vez, de la fuente de la que bebían en sus anteriores producciones pero cuyo género no han abordado hasta hoy: el Western.

No voy a hablar aquí de la novela de Charles Portis, ni tampoco de la anterior versión cinematográfica romántica e idealizada protagonizada por John Wayne (cuyo film le dio un Oscar), una versión completamente desfasada en cuanto a la época, 1969, en pleno auge del spaguetti western. No voy a comparar nada de lo anterior con la visión de los hermanos Coen, porque ya ellos solos se diferencian del resto en cuanto a su mensaje.
El argumento nos sitúa en los ojos de una niña de catorce años llamada Mattie Ross que acude a ver el cadáver de su padre listo para enterramiento. Un padre asesinado por un desconocido llamado Tom Cheaney; un padre al que no vemos morir y que tan sólo vemos en el suelo, en la oscuridad de la noche, un cadáver como primer plano del relato y una voz en off narradora de los hechos como si de un recuerdo lejano se tratara. De este modo, una niña motivada por un temprano deseo de venganza, asistirá durante todo el relato a la consecución de un cadáver tras otro, como un eco irrepetible que le marcará de por vida hasta el final de sus días. Con la ayuda de un viejo alguacil y cazarrecompensas despiadado, tozudo y borracho como Rooster Cogburn, y un joven parlanchín y amanerado ranger de Texas llamado LaBeouf, la niña se embarcará en toda una aventura donde atravesará la frontera entre el mundo civilizado y el salvaje, entre la inocencia y la madurez. Un film que retrata tres generaciones distintas a través de sus tres personajes principales y cómo sus relaciones interpersonales afectan más de lo que ellos mismos creen, para madurar o no, para fracaso de unos y éxito de otros. Para ser, y no sólo existir.

Un western crepuscular tocado por obra y gracia de estos dos hermanos cineastas que últimamente nos están regalando maravillas, con su toque de humor negro, y esa sutil intervención de personajes extraños en un momento dado del film (como ocurre aquí con un hombre forrado con la piel de oso, de voz grave y tonos guturales que usa los cadáveres para hacer negocio con ellos, un hombre que representa la naturaleza, un ente que se lleva lo que dejamos atrás), así como la representación de una violencia sin concesiones de ningún tipo, vista como algo humano, atroz, pero sin caer en efectismos. Técnicamente envidiable, con una fotografía del archiconocido Roger Deakins (en su carrera artística están películas como Cadena Perpetua, Kundun, El Bosque o prácticamente todas las de los Coen, por poner ejemplos) que usa tonos fríos y grises, donde priman  los paisajes dramáticos, nevados, secos y nocturnos, sustentado por lo que se cuenta en todo momento en pantalla: el proceso de madurez de una niña inocente ante un mundo cruel. Una música compuesta, cómo no, por el indiscutible de los hermanos, Carter Burwell, cuya melodía evoca a un cuento, una fantasía donde los héroes son borrachuzos pistoleros y los malos son gente con ciertos principios, aparentemente. Y unas interpretaciones magníficas, sobretodo de la niña, la actriz Hailee Steinfeld , apoyada por tres grandes de ahora: Jeff Bridges, Matt Damon y Josh Brolin. Recomendada verla en V.O.S., más que nada por el tono de las voces roncas y alcohólicas de los personajes, que vienen a dar aún más esa impresión de que todo ha sido medido hasta el último milímetro, esto es, una representación histórica sublime, a nivel de decorados, vestuario y caracterización, así como el modo de hablar. No es de extrañar que los directores se hayan documentado a través de fotografías de la época, tal y como demuestran en la escena donde vemos a Rooster Cogburn por primera vez, en un juicio, la manera de estar, los gestos y posturas del público y el jurado evocan lo que acabo de decir.

Una película que en sí es todo un pony, término apropiado en la jerga de guionistas para introducir un flashback que evoca traumas de un pasado o de la misma infancia, y que los Coen utilizan como un recurso irónico durante todo el relato (como se deja ver en un momento dado, cuando la niña va al establo a recoger su pony recién comprado, llamado Negrito). Sin duda es una obra oscura, difícil de digerir para muchos y que para otros será incomprendida (como la mayoría de la carrera de los Coen), sutil y extraña, con una estructura narrativa fuera de lo que llamamos normal que logra desconcertar, pero que tiene su propio porqué; pero a la vez recupera en parte ese tono clásico de los western hollywoodienses, con unos diálogos maravillosos, y una perfecta construcción de personajes que logran dotar de vida a un relato que bien podría haberse condenado al fracaso. Sin más, me despido de vosotros con una palabras del predicador Harry Powell, de La noche del cazador y que resume lo que vamos dejando a las generaciones venideras:

‘’ La Biblia está llena de asesinatos’’


© Del Texto: Gwynplaine Thor

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mar 7 2010

Regalos envenenados. Salvar al soldado Ryan.


Cuando se estrenó esta película en el año 1998 yo estaba trabajando en Warner. Se trataba de una mega producción de la que se esperaba una recaudación más que millonaria, y nos invitaron a un pre-estreno en un pase privado al que solo asistimos unas 40 personas.
La Sra. Ryan va a recibir en un mismo día tres telegramas comunicándole la muerte en combate de tres de sus cuatro hijos. El cuarto se encuentra en algún lugar de Normandía, por lo que el General Marshall ordena que lo encuentren inmediatamente y lo envíen de vuelta a casa.
Tengo muy nítidas en mi retina las primeras imágenes de la película. Cientos de enormes barcazas grises aproximándose a la playa de Omaha el día del desembarco. Un cielo gris sobre un mar gris. En cada barcaza, un buen puñado de hombres en silencio. Un hombre joven con uniforme de combate gris vomita en el mar, y una vez se abren las compuertas de las lanchas y saltan a la orilla, la escena de guerra más larga y verosímil jamás filmada. No nos ahorraron nada. Piernas y brazos amputados, hombres muriendo en soledad en medio del frío, del caos y de un terrible dolor físico.
La escena de la playa, de 22 minutos de duración marcó un antes y un después en la historia del cine bélico. Ya nada volverá a ser en Technicolor. En Salvar al soldado Ryan, una técnica de cámaras al hombro y velocidad de obturación muy elevada, dotan a las escenas de un subjetivismo tan real, que lo convierten en un referente dentro del género. La guerra se muestra por primera vez tal y como todos intuimos que debe ser en la realidad: atroz, inexplicable y carnicera, porque en la playa de Omaha de Salvar al soldado Ryan, los hombres no mueren en paz recostados sobre el regazo de su mejor amigo y compañero que les sujeta la cabeza mientras les jura que irá al fin del mundo si hace falta para entregar a su novia el relicario que llevan sobre el pecho. En la Omaha de Ryan, los hombres mueren solos mientras otros les pasan por encima, aullando de dolor, temblando de miedo, y sin saber por qué mueren ni qué les ha llevado hasta allí.


El hecho de que se no se tratara de una sala de cine al uso, con luces de emergencia que indicaran la salida, y la vergüenza de levantarme ante un puñado de desconocidos y mostrar mi debilidad me impidió salir de aquélla segunda fila y me obligó a quedarme durante las casi tres horas que dura la película. Hubo un cocktail después, pero yo me fui de allí sin probar una almendra. Llegué a casa, reuní a mis dos hijos pequeños de diez y trece años en mi cuarto, y les dije que tenía algo importante que decirles. Recuerdo que me miraron con los ojos muy abiertos y yo supe entonces que no me entenderían, pero aún así les supliqué que disfrutaran mientras pudieran, que apreciaran lo que tenían alrededor, que se sintieran seguros en casa, que dejaran de pelearse y que yo lucharía para fabricarles recuerdos en los que pudieran refugiarse si alguna vez en la vida pasaban por una situación de miedo y desamparo. Una cama limpia, una casa caliente, el abrazo de una madre, luces encendidas. Creo que fue a partir Ryan cuando empecé a malcriar a mis hijos. Todo me parecía insignificante: los suspensos, los retrasos, el desorden. Sólo quería que fueran felices.
Poco me importa el argumento de la película, en el que cada uno de los hombres que conforman el pelotón que ha de encontrar a Ryan se cuestiona las órdenes que recibe. Puede ordenarse arriesgar la vida de 8 hombres para salvar la de uno sólo? No lo sé. La vida es un regalo del universo que con demasiada frecuencia se convierte en un caramelo envenenado que nos coloca ante lo inhumano, lo injusto, lo atroz, el infierno, la guerra.
Y nosotros, como muñecos de trapo.
© Del Texto: pyyk