abr 26 2011

Equilibrium: La nulidad del pensamiento

Inicios del siglo XXI, acontece la Tercera Guerra Mundial, dejando al ser humano en la más absoluta miseria. Como solución para una paz duradera, se establece un sistema de gobierno con el objetivo de suprimir todo tipo de sentimientos, esto es: celos, ira, amor, odio, alegría, tristeza, pasión, y un largo etc. Todos aquellos defectos humanos que lleven a una guerra. Como consecuencia de ello, es también denegado todo acceso a la cultura anterior a la última gran guerra, arte, literatura o música son prohibidos a favor de la construcción de un Estado fuerte y soberano, donde todos los ciudadanos son iguales, solo existe una mentalidad y una ley: no sentir. Para ello el Gobierno establece la normativa de un medicamento que se tiene que ingerir cada X horas, llamado Prozium, para anular todo comportamiento emocional. Todo bajo la figura de un líder (llamado Padre) que constantemente aparece en pantallas y hologramas, con discursos sobre el porqué es mejor no-sentir. Obviamente, fuera de los muros de la gran ciudad (Libria), existen grupos de resistencia a este nuevo orden autoritario con el fin de conservar todo tipo de obra artística, y son perseguidos sin remisión, comandados por la élite de Libria, una serie de pseudo-monjes armados hasta los dientes con una extraordinaria capacidad para las artes marciales: Los clérigos de Gammatron. Y he aquí que surge nuestro héroe, Preston. Un clérigo más, que aparentemente no tiene sentimientos, viudo y con dos hijos, que a partir de la muerte de su socio (supuesto traidor a la patria por guardar en secreto obras artísticas) empezará un viaje donde irremediablemente se encontrará consigo mismo, y con todo aquello que el ser humano ha perdido por construir una utopía minimalista y autoritaria, aquello que pocas veces apreciamos y puede que el día de mañana no vuelva a existir: escuchar a Beethoven en un tocadiscos, apreciar el tacto suave y la simpatía de un perro, el amor por una mujer, ver caer la lluvia a través de la ventana de tu cuarto y sentirla, el olor de un perfume, y un largo etcétera de sensaciones y percepciones.

Es destacable cómo se critica de una forma simbólica a todo tipo de religión y autoritarismo, pues ambas cosas son una anulación de la personalidad a favor de un ideal abstracto o intangible, e incluso hipócrita. Y Kurt Wimmer (el director) lo hace presentando a los Clérigos de Gammatron como unos super-inquisidores que prohíben y destruyen todo a su paso, todo lo que no sea agradable ni conveniente al líder. Unos iconoclastas en potencia (impresionante el principio, quemando la Mona Lisa sin compasión alguna…), el nihilismo llevado al extremo. Preston (un fabuloso Christian Bale, me encanta este actor, lo borda en todas sus películas) utilizará todos sus conocimientos adquiridos como clérigo para ir contra el sistema y destruirlo, como ya haría nuestro querido Winston en la homónima obra 1984 del escritor George Orwell, con la cual comparte estética y mensaje casi al cien por cien. Y de referencias vamos a hablar, porque el detonante de todo se inicia con un libro de poemas del escritor William Butler Yeats, pues este hombre fue importante para la poesía irlandesa al librarse de los arquetipos establecidos por los británicos, utilizando el simbolismo constantemente, rozando el surrealismo y lo onírico. Porque esto último es la base para todo el film, el ser humano es un ser imaginativo, irracional (y toca recordar la definición aristotélica de que el hombre es un animal racional, es una dicotomización un tanto errónea), pasional, libre, rebelde por naturaleza, un ser que es incapaz de no-sentir.

También se critica la hipocresía inherente a toda forma de gobierno, a la promulgación de unos ideales que ni siquiera los mismos líderes se creen, y esto es tan aplicable a estados absolutistas como a las supuestas democracias que conocemos y en las que vivimos. Y cómo la gente se deja llevar por lo que dice un tío a través de una pantalla cuadrada, de cómo se dejan influir por los medios de comunicación, generando una legión de autómatas sin pensamiento ni juicio crítico (¿de qué me suena esto? ¿Estaré hablando de nuestra realidad nacional sin pretenderlo?), es decir, la ceguera y el conformismo de la gente, y de cómo incluso pueden engañarse a sí mismos. La nulidad del pensamiento como forma de vida. Destacable su propuesta existencialista, su ambición estética, heredada del álbum The wall de los grandes Pink Floyd, su cuidada factura, sus escenas de acción emulando a Matrix, pero a la enésima potencia y con más estilo, así como un guión que no decae, y una dirección más que notable, hacen de esta película una pequeña obra de culto entre cinéfilos, que nunca llegó a nuestros lares por problemas con las distribuidoras (allá por 2002).
Una lástima.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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oct 31 2010

Resident Evil AfterLife 3D: Los zombies son lo de menos

Nueva película de esta saga basada en la famosa franquicia de videojuegos creada por CAPCOM, que dicho sea de paso, se asemejan ambas cosas lo que una manzana a un cacahuete.
El argumento: Alice (Milla Jovovich) vuelve a ser la protagonista de esta cuarta entrega en su lucha por destruir a la temible Corporación Umbrella, que todavía sobrevive al apocalipsis zombi (de la segunda y tercera parte si no las han visto) y sigue experimentando con seres humanos. En su periplo alrededor del mundo se encontrará con su mayor enemigo, Albert Wesker (Shawn Roberts), el cual le quitará los poderes que la hacían super-humana. Meses después de tal suceso, Alice irá en busca de Arcadia, lo que se cree que es el último refugio para la humanidad. O no. Nuevos personajes la acompañarán a lo largo de la hora y media que dura la película para desgracia de nosotros, meros mortales.
Un tostón épico que no tiene ningún sentido, incluso para los fans de los videojuegos que vemos como se cargan una saga con una fuerte complejidad argumental y la resumen con escenas de acción mal rodadas, personajes sin ninguna profundidad, con diálogos que dan más pena que gloria, y lo peor de todo es que no se ve el terror por ningún lado. Y la cinta en cuestión nos llega con el reclamo de la 3D, bastante cutre por cierto, ya que donde se nota más su uso son en las partes de tiros, explosiones y posturitas de la Jovovich. Todo en efecto Bullet-time, es decir, ralentizado para ver al máximo detalle los movimientos de los personajes y sorprender al espectador. Bueno, intentarlo, porque un efecto ya tan manido como éste no lo trago. Qué mal ha hecho Matrix.
Del maldito guión mejor ni hablemos porque no lo vi por ningún lado aunque se basa ligeramente en las entregas 4 y 5 de la saga de videojuegos (pero tan ligeramente que no merece la pena ni comentar diferencias), la fotografía es de pena, y lo peor es la notoriedad del maldito chroma con el que se ha hecho casi toda la película para el uso del maldito efecto 3D. Maldita moda iniciada por James Cameron y viciada por la industria. Maldito sea el efecto ralentizado y el 3D. Malditos productores. Y qué tontos son algunos directores. ¿Algún día Paul W. S Anderson se dignará a rodar una cinta de terror como hizo con Horizonte final?
¡¡¡Maldición!!!
Por lo demás, ¿queda algo que criticar?
Ah sí, la música. Mejor escucharla aparte, sin pensar que es del film.
En definitiva, lo único que recuerdo de la cinta es que todo iba a cámara lenta. Eso y las posturitas de la protagonista. Y hablando de zombies…¿había zombies?
© Del texto: Gwynplaine Thor

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ago 8 2010

Inception: Recuerdos encerrados

Por fin tenemos en nuestras salas una de las películas más prometedoras del año, Inception (Origen), prometedora por la expectación que ha creado debido a su director Christopher Nolan, autor de obras como Memento, Insomnia, el renacimiento de Batman o en mi opinión, su obra cumbre, El caballero oscuro; y prometedora porque en ella se han volcado una ingente cantidad de medios técnicos sofisticados a la orden de una historia más que interesante.

Dominic Cobb (Leonardo Di Caprio) es un ladrón de secretos. Para ello utiliza una máquina llamada Origen, la cual transporta a los sujetos que la utilizan al mismo subconsciente de la persona. Cobb actúa para grandes corporaciones en la lucha por el poder, y es un fugitivo en muchos países. Su objetivo es ganarse el derecho a volver a casa, de la que fue exiliado por un grave incidente que le dejó con un fuerte sentimiento de culpabilidad y que marca todos sus trabajos: su mujer fallecida y el abandono de sus hijos. Para ello le ofrecerán un último trabajo, el más difícil de todos, en vez de robar una idea de una mente, introducirla, y en su periplo se rodeará de un equipo de personas a cada cual más variopinto. Cobb y sus chicos crearán un plan para introducir una idea en el hijo de un magnate fallecido, el cual está siguiendo los pasos ambiciosos y arrogantes de su padre, para que cambie su percepción de la realidad y sus sentimientos.

Al contrario de otras películas como Matrix o Nivel 13, donde los personajes iban subiendo poco a poco a la auténtica realidad con la base del mito de la caverna de Platón, aquí nos encontramos con un auténtico descenso al ‘’Infierno de Dante’’ (La Divina Comedia, léanlo si tienen lo que hay que tener), pues los sueños se dividen en capas o niveles y el objetivo será crear un sueño dentro de un sueño de otro sueño, y cuanto más profundidad hay, si se muere, queda el sujeto en un estado de coma o durmiendo literalmente durante décadas hasta encontrar la salida, a dicho nivel se le llama Limbo (‘’Purgatorio’’ para la obra literaria de la que hablo). El ‘’Paraíso’’ vendría a ser la catarsis y redención de Cobb. Porque de eso trata toda la película, es la redención de un personaje atormentado por sus recuerdos, es un film sobre lo que no podemos dejar escapar de nuestra mente, de esa persona que quisimos una vez y se fue pero se quedó atrapada en nuestro pensamiento, y de esta manera se distorsiona en nuestro subconsciente viciándonos, y en este caso, aportándonos simplemente un sentimiento de culpabilidad. Decir que Marion Cotillard está espléndida como ‘’Mal’’, la mujer de Cobb, o Ellen Paige como ‘’Ariadne’’, la persona que hará que Cobb esté lo más posible con la cabeza en la tierra y no sucumba ante sus propios recuerdos. También cabe destacar Gordon Levitt como ‘’Arthur’’, mano derecha de Cobb y una de las revelaciones de la cinta que nos ocupa. Y como ya viene siendo habitual en las últimas producciones, Christopher Nolan se rodea de un actor de lujo como es Michael Caine, y que aunque aquí es un simple secundario, su carisma y su sonrisa llenan la pantalla en los pocos minutos que sale.

Ritmo y acción trepidante que no decae ni un minuto de los 150 que dura el film, con grandes escenas que a más de dos y de tres se le quedará grabada en la retina por la espectacularidad visual y sonora que compone el conjunto, mención especial a la música de Hans Zimmer, que auto-plagiándose ya por inercia, logra que nos metamos en la película de lleno, haciendo una banda sonora bastante notable. También destacar la fotografía y el vestuario, bastante sobrio, con esos tonos grises y fríos, propios de un auténtico descenso a la oscuridad de la mente. La idea en sí de la película es bastante compleja, aunque su guión dialogado no es para echar cohetes, uno de los miedos que tenía un servidor era que fuese una paja mental véase el arquitecto de Matrix Reloaded, y películas del estilo donde no hay quien entienda lo que dicen los personajes. Pero no es así, y aprueba con nota.

En definitiva, estamos ante un film sobresaliente en todos sus apartados, que cumple con su cometido que no es más que entretener y que viene a dar una bocanada de aire a una cartelera que de solo mirarla da grima; con una propuesta inteligente, una película que utiliza el pretexto del subconsciente para hablarnos de los recuerdos reprimidos de cualquiera de nosotros, del pasado que no dejamos escapar, de la herencia de una propia personalidad, de la redención que a veces uno necesita para poder ver con claridad… Nolan construye una de sus películas más redondas. Y no hay más.

5, 2, 8, 4, 9, 1…

© Del Texto: Gwynplaine Thor


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