jul 14 2011

Saló o los 120 días de Sodoma: Un sueño salvaje

Esta película no es más que la transposición cinematográfica de la novela de Sade Los 120 días de Sodoma. Con ello quiero decir que he sido absolutamente fiel a la psicología de los personajes y sus acciones, y que no he añadido nada de mí. Incluso la arquitectura de la narración es la misma: obviamente muy sintetizada. Para realizar esta síntesis recurrí a una idea que Sade tenía en mente: el modelo de Dante. Tuve la oportunidad de reducir, de modo dantesco, en algunas partes, el amplio abanico de días que Sade compuso. Hay una especie de anti-infierno (vestíbulo del infierno), seguido de tres círculos infernales: El círculo de las pasiones, el círculo de la mierda y el círculo de la sangre. En consecuencia, los historiadores que, en la novela de Sade, son cuatro, son tres en la película. El cuarto se convirtió en un virtuoso que acompaña al piano el relato de los otros tres.
En mi fidelidad absoluta al texto de
Sade, sin embargo, añadí una novedad absoluta: La acción en lugar de suceder en Francia durante el siglo XVIII, transcurre precisamente en Saló, alrededor del año 1.944.
Esto significa que toda la película, con sus atrocidades increíbles, casi irrepetibles, demuestran una metáfora de gran sadismo sobre lo que fue la separación nazi-fascista y sus crímenes contra la humanidad.
Blangis, Curval, Durcet y el Obispo, es decir, los personajes de Sade, se comportan exactamente con sus víctimas, como los nazi-fascistas con las suyas: considerándolas como objetos en sus manos, destruyendo a priori cualquier posibilidad de relación humana con ellas.
Esto no quiere decir que muestre todo ello explícitamente en la película. No, repito, no he añadido ninguna palabra a los personajes originales de Sade o cualquier detalle extraño a las acciones cometidas. La única referencia a la actualidad es la forma de vestir, comportarse, su entorno: en resumen, el mundo material de 1.944.
Naturalmente hay una desproporción entre los cuatro protagonistas de Sade con los nazi-fascistas del filme: Diferencias en la psicología y la ideología. Diferencias y también algunas incoherencias. Sin embargo, la función es la de acentuar el clima visionario de pesadilla surrealista de la película. Esta obra es un sueño salvaje, inexplicable, sobre lo que sucedió en el mundo durante los años 40.
Hasta el sueño más lógico en su totalidad es el más incoherente en sus detalles (
Pier Paolo Pasolini, 1.974).
Dicen los expertos que una práctica erótica se convierte en parafilia cuando deja de ser saludable y controlable por el individuo. La teoría del psicoanálisis considera que cualquier trauma infantil puede producir un impacto en el inconsciente que, posteriormente, se traduciría en una práctica neurótica o perversa. El sadismo sexual solo será inofensivo cuando todos los involucrados que participen lo consientan y lo practiquen con todas las medidas de seguridad. Con este reglamento se entendería que la atracción por estrangular a la pareja durante la relación sexual sin llegar a matarla estaría permitida siempre que fuese consentida. Que la excitación producida por el uso de agujas, choques eléctricos, hormigas y gusanos sobre el sexo, cadáveres, ropa sucia, menores de edad, orina, excrementos, etcétera, serían aprobados como saludables igualmente, con el consentimiento de todos los involucrados.
El marqués de Sade aprovechó 37 noches de encierro en la prisión de Bastilla para redactar con detalle, con letra microscópica y en un rollo de papel de más de dos metros de largo, las prácticas sexuales más sádicas de cuatro poderosos libertinos con la ayuda de unas cuantas fosilizadas prostitutas durante 120 jornadas en el castillo de Silling.
Casi doscientos años más tarde, Pasolini aprovecha esta terrorífica novela para desarrollar, de modo cinematográfico, su brutal discurso sobre la corrupción a la que lleva el abuso de poder, haciendo un riguroso paralelismo entre las prácticas sexuales y las nazi-fascistas, ambas aniquiladoras de individuos y con una única misión: lograr la unidad y la subordinación, voluntaria o no, de la población.
Este discurso cinematográfico de Pasolini, que muchos vimos desde el sofá con la esperanza de ponernos atómicos y que nos dejó en la cama aterrorizados, no sólo es brutal por la crueldad de sus imágenes, sino por el tono inhumano de tratar nuestra sensibilidad, por todas esas imágenes que no se ven, las impensables de Sade y las impensables que intuimos de 1.944. No era lo mismo, por ejemplo, aquella película, La vida es bella, de Roberto Benigni, dónde la misma premisa anti-fascista se desarrollaba con el tono de comedia o cuento infantil. Muy meritorio Benigni, pero ni es mi humor el suyo, ni sus fábulas las mías.
El sueño salvaje y surrealista, el anti-erotismo, por desgracia, la libertad ilimitada y el valor de adaptar a cine una denuncia tan rotunda y tan lamentable, la discutible reflexión sobre dónde están los limites en el cine, en la literatura, en el sexo, en la historia de la humanidad, en el cosmos infinito, y la patada en el estómago que todavía padecemos. Apta para todas las sensibilidades.
Mis películas no son eróticas, por desgracia (Pier Paolo Pasolini).
© Del Texto: Sonia Hirsch


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may 19 2011

Historia de O: Inundación erótico-velada

Material inadecuado para algunos usuarios, dice youtube de esta película cuando intento buscar algún pedazo de ella. Parece que la violencia y el mal gusto están mejor vistos que la naturalidad sexual en 1.975. Yo confieso que Internet no me interesa especialmente, y que, por suerte, cuento con una videoteca y biblioteca que me basta hasta, algunas noches, desbordarme.
Historia de O es una de esas noches de inundación erótico-velada, explosivo-fija, mágico-circunstancial. Un cataclismo sentimental que recomiendo en todos los casos y todas las tendencias sexuales sean las circunstancias que sean.
O no es más que la inicial de una mujer que decide adiestrarse en las prácticas sadomasoquistas guiada por su amante René, aparentemente por amor, pero que a mí me suenan a excusas del 75. Sometida a todos los caprichos y mandatos de su amante, O experimenta todos los ejercicios del Marqués de Sade, desde ser amordazada, golpeada violentamente y denigrada dentro de un alo de misterio y depravación que va in crescendo cuando, por órdenes de su amante, comienza una relación de dominación-sumisión con Sir Stephen, que la instruye en el lesbianismo y el sometimiento a otras mujeres, intercambiándose los roles entre ellas mismas.
O, que acaba rindiéndose definitivamente al BDSM, y despreciando a su primer amante, René, acaba seduciendo a su propietario, Sir Stephen, hasta conseguir someterlo apagando su cigarrillo en la mano de éste.
En este tipo de relaciones sexuales, eliminadas del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, dónde el estar arriba o abajo no tiene importancia porque, durante un buen rato, no se sabe muy bien dónde se está, es importante, desde mi punto de vista, delimitar muy bien la línea de lo personalmente nocivo. Con personalmente nocivo, que marco claramente en cursiva, quiero decir que cada uno de nosotros tiene una frontera personal, sentimental, y, en este caso, sexual, que no debería de violar nunca.
Seguramente, mi vecina C, con sólo la mitad de las prácticas sexuales de O hubiese acabado de enferma crónica en cualquier pabellón psiquiátrico. Pero si mi vecina C se inyecta una noche una buena ración de alucinógenos y disfruta practicando el BDSM durante esa madrugada, puede que lo que a mi vecina C le ocurra es que esté infectada de ese microbio fastidioso vulgarmente llamado Prejuicio que brota siempre al amanecer, a la hora de la ducha, cuando ya es tarde para flagelaciones y sólo queda un listín telefónico para buscar el psicoanalista más cercano.
Todo es saludable y conveniente cuando uno disfruta de ello sin alucinógenos, freudismos ni entaponamientos.
En lo aberrante encontramos deleite y placer en lo más detestable. Cada día descendemos un paso al infierno, sin horror, entre tinieblas que apestan (Charles Baudelaire).
© Del Texto: Sonia Hirsch