dic 18 2011

El método: Terror profesional

El terror llega cuando los límites no se encuentran. No saber dónde puedes llegar, qué es lo que te espera, desconocer lo que podrías llegar a hacer; son las cosas que más miedo provocan en las personas. Aunque es mucho peor conocer algunos de esos límites.
Eso es lo que intenta explicar Marcelo Piñeyro en su película El método. Nos coloca ante siete candidatos a ocupar un puesto de trabajo a los que reúnen en una misma sala. Entre ellos hay una persona que pertenece a la organización que debe contratar a la persona más idónea. Y entre ellos, entre los siete, deberán elegir quién es esa persona.
La película se desarrolla, casi en su totalidad, dentro de una sala de reuniones en la que se disputan el futuro. O en el baño de las instalaciones. Sólo unas pocas secuencias en exteriores, al principio y al final. Los personajes van sufriendo el desarrollo preciso (al menos el que precisa el director de la película) a medida que van pasando pruebas eliminatorias aunque, desde el principio, el carácter de todos ellos intenta fijarse con un par de rasgos característicos e importantes. Ayuda mucho que la elección de los actores fuera más que buena. Eduardo Noriega tiene pinta de pijo insoportable y su personaje también; Najwa Nimri tiene pinta de sosa con punto zen y su personaje resulta igual de soso y de perdido entre deleites intelectuales; Ernesto Alterio podría pasar por ser una persona frágil por su aspecto y su personaje es el arquetipo de lo pusilánime; Eduard Fernández muestra un aspecto duro y de posiciones claras ante cualquier asunto igual que su personaje; Carmelo Gómez y Adriana Ozores son la normalidad del problema diario de supervivencia en un mundo de lobos jóvenes; en fin, todos están bien elegidos para sus papeles. Incluso a Natalia Verbeke le encontraron un perfil de secretaria estúpida que hace las cosas de forma dudosa. Como ella hace su trabajo delante de la cámara. Sin duda el casting es de lo mejor de la película.
El diálogo es lo que hace que la acción avance con bastante fluidez. La pena es que el guionista tiende a repetir más de la cuenta algunas cosas como queriendo remarcar el carácter de los personajes. Alguien le debería haber advertido que lo había conseguido muy pronto y que tanta reiteración era innecesaria. La película pierde mucho en su conjunto debido a esto. Además, carga la importancia de los diálogos sobre los dos personajes peor interpretados y que más lejos llegan en el metraje. El de Noriega y el de Nimri. Una pena, sí, porque algunas intervenciones aparecen excesivamente forzadas y traídas por los pelos (por ejemplo, cuando el personaje de Noriega recuerda al de Adriana Ozores su edad y la desventaja que supone) y una buena interpretación podría limar el problema. Aquí no, aquí se agrava. El guión es mejorable aunque, hay que decirlo, no está nada mal.
Ya digo que las interpretaciones son desiguales. Eduard Fernández está estupendo, muy contenido y utilizando el lenguaje corporal como muy pocos actores europeos son capaces; Alterio se presenta creíble y solvente. Pero Noriega y Nimri se mueven en la pantalla aburridos y desganados. Tal vez no hay más cera de la que arde. El resto, salvo la señorita Verbeke que está horrenda, se desenvuelven con corrección.
El montaje es correcto aunque algo tramposo. Chirrían algunas cosas que aparecen al final de la película y que deberían haber aparecido mucho antes. Más que nada porque ya las sabemos a los cinco minutos.
En cualquier caso, la película es entretenida. Me interesa mucho ese miedo, ese terror profesional, al que miles de personas se enfrentan diariamente. Hay escenas que son tremendas y con ellas llegan las preguntas lógicas: ¿Sería yo capaz de algo así? ¿Hasta dónde estoy dispuesto a llegar? Porque estamos acostumbrados a pensar que lo violento tiene que ver con las armas y nada más, a que lo sucio de la vida es cosa de países lejanos y gentes extrañas. Y si nos dicen que no, que podemos ser nosotros mismos los que construimos un mundo salvaje, nos entra un terror difícil de controlar y asumir.
Una buena opción para pasar una tarde en casa frente a la pantalla. Con palomitas y todo. En casa no se molesta a nadie.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jul 1 2010

Las viudas de los jueves: Perdidos y quebrados

Si conocen la novela de Claudia Piñeiro, Las viudas de los jueves, seguro que se sentirán intrigados por saber como Marcelo Piñeyro ha traspasado a la pantalla la historia del fracaso que nos relataba. Debo confesar que me gusto. Mucho. Pero ya saben a mi lo argentino es que me tira mucho.
Pero no les voy a hablar de la novela, sino de la película. De una buena película coral en la que diez personajes principales se enredan una y otra para llegar a un trágico final. Los altos de la Cascada es un barrio de la ciudad de Buenos Aires. Una burbuja de lujo y bienestar dentro de una ciudad que empieza a sudar sangre. La vida es ideal, todos son estupendos, todos parecen grandes triunfadores. Una vida idílica de alto standing. Una urbanización separada de la realidad por altos muros y controlada por cámaras que lo ven absolutamente todo, como si fuera el gran hermano. Martín (Ernesto Alterio) es un abogado al que han despedido de su trabajo y no se atreve a confesárselo a su mujer. Gustavo (Juan Diego Botto), es una joven y triunfador empresario que tiene un gran secreto que esconde a todo el mundo. Plata quemada (Pablo Echarri), es el vecino más popular de la urbanización; y Ronnie (Leonardo Sbaraglia), un tipo desocupado que se ha convertido en un peligroso observador. El elenco femenino está compuesto por actrices que, en su mayoría, encaran su primer papel importante. En la piscina de la fashion urbanización aparecerán muertos tres de sus habitantes. La tranquilidad se tambalea, la burbuja se desmorona. El drama está servido.
Es una película estupenda, inteligente que ha sabido mostrarnos la cara de aquella parte de la sociedad argentina (que bien podría ser la de cualquier lugar del mundo), que creyendose segura en su mundo ideal se quiebra (como todas) cuando el país explota, como ocurrió en el año 2001, en Argentina, con el famoso “corralito”.
Esta película es un magnífico thriller, que puede llegar a poner los pelos de punta (así me los puso a mí), cuando vemos a una sociedad retratada y que es la nuestra, donde las clases pudientes, pese a la nefasta actuación de los políticos corruptos e ineptos, la aplaude hasta que a ellos les toca. Una sociedad enferma en la que lo material prima por encima de cualquier otra cosa. Nos estamos perdiendo y eso lo refleja muy bien esta película.
El director inicia la película por el trágico desenlace final y a partir de ahí, a través de la composición de un preciso engarce entre los personajes, montará un auténtico rompecabezas de sentimientos, intimidades y temores permanentemente ocultados en una sociedad donde todo pende de la irrealidad de lo aparente.
Una magnífica película que bien vale la pena ver. Para no perderse la banda sonora. Véanla y recuerden aquello de “Cuando las barbas de su vecino vea pelar…”, y ¡ojo! con las piscinas.
© Del texto: Anita Noire


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