dic 25 2011

Love actually: Todo tipo de amor en navidad

Es navidad y hay algunas películas que, aunque pueden verse en cualquier época del año, no hay nada como echarles un vistazo estos días para que las disfrutemos más allá de lo normal, de lo que lo haríamos en pleno mes de agosto. Nada puede sustraerse al influjo navideño, de esas corrientes dulzonas que nos arrastran a lugares que una vez creimos conocer y que, a los que hemos cumplido algunos años, nos parecen que dejaron de existir allá por el pleistoceno. Así que si deciden sumergirse en alguna de estas películas que les digo, no intente alejarse de la melaza con la que vienen impregnadas.
Siguiendo la anterior consigna, me he rendido y, un año más, caigo en la redes de la encantadora Love actually, una historia de historias de amor. Sí, de esas maravillosas historias de amor que, durante unas horas, nos transpotan hasta una felicidad e ilusión ajena.Y es que Love actually, como la propia banda sonosra nos indica con el Love is all arround de Bill Nighy, anuncia que el amor está en todas partes, en una película que, podría parecer un tueste romanticón y se convierte en una de las mejores cintas sobre la navidad. Partiendo del disparate que son algunas de las historias, las tramas que en ellas se suceden son historias de amor, de felicidad enlatada que encuentra su contrapunto en dos historias que nos muestran el punto amargo del desamor. Pero es navidad y por tanto la felicidad debe prevalecer e incluso lo más dramático debe quedar eclipasado por los seres tan absolutamente maravillosos en los que nos transformamos cuando nos acompaña el amor.
Dicho lo anterior y por centrar un poco, decir que corría el año 2003 cuando Richard Curtis y Ben Elton, guionistas de la televisión británica escribieron esta película que, a modo coral, fue interpretada, entre otros, por Hugh Grant, Liam Neeson, Colin Firth, Rowan Atkinson, Claudia SchifferKeira Knightely. Un buen plantel de actores que podemos encontrarlos trabajando juntos en otras producciones. Un plantel de actores en una ambientación totalmente británica que nos subyuga y nos deja sentaditos esperando que la pantalla nos engulla y pasemos a formar parte de esa gente maravillosa que dentro de sus vidas corrientes y vulgares reencuentran, descubren, buscan el amor. Historias cruzadas de amor, de toda clase de amor, del amor de hermano que renuncia a todo por hacerse cargo del que lo necesita, del amor del amigo que renuncia a él precisamente para que no ceje la amistad, por ese amor al infiel que atormenta pero no cede a nada; el primer amor, ese inocente que se descubre en la infancia; el amor de los amigos, de la compañía querida. Porque el amor duele, pero casi siempre nos hace explotar el corazón de alegria.
Hay muchas opciones para comerse los polvorones y los turrones, una puede ser viendo cine y, si deciden que esta última es una buena opción, no descarten Love actually, porque es navidad, porque hay personas maravillosas y porque, aunque a veces cueste creerlo, si tienen dudas y se preguntan si aquello que desean es posible, no duden en contestarse “¿Por qué no? Es casi navidad.
Sean felices.
© Del Texto: Anita Noire


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dic 12 2011

Venganza: Papá es un crack

Hacer una película de acción; llenarla de eso, de acción; y nada más, convierte la propuesta en un rato de entretenimiento (para los que quieren acción porque hay gente de lo más tranquila en este mundo de Dios). Y el cine es algo más que espectáculo o una ayuda para poder pasar los tiempos muertos. Eso (el entretenimiento) es lo que intenta solucionar el mal cine. Si, además, esa propuesta es un refrito de cosas ya conocidas y contadas un millón de veces, la cosa se hace insoportable.
Venganza es una película firmada por Pierre Morel. Su nombre original es Taken. Tiene tres cosas buenas. Es corta, el personaje principal lo interpreta Liam Neeson y no trata de vender lo que no es.
Que la duración de la película no exceda los noventa minutos es muy de agradecer. Llega un momento en que tanto muerto, tanta explosión, tanta valentía y tanta maldad (y todo pasando muy rápido por delante) se hace fatigoso.
Liam Neeson es un excelente actor. Y no lo deja de ser nunca. Ni siquiera al rodar una película como esta. Es sin duda lo mejor que vemos en pantalla. Su personaje se perfila mínimamente y, luego, no se desarrolla en absoluto. Pero, es verdad, comienza siendo una cosa muy distinta a lo que se ve diez minutos después. Del amor de padre pasamos a una especie de Rambo suelto en París. Y eso, para que sea creíble, requiere cierto esfuerzo interpretativo.
Venganza es una película honesta. No tiene otro objetivo que no sea pegar al espectador a la butaca a base de explosiones, carreras y villanos que se vienen abajo frente al héroe. Y ese objetivo (el de mantener la atención de espectador) es muy meritorio después de cien muertos a manos de un solo hombre. Es muy meritorio cuando el guión es predecible a más no poder, cuando los diálogos son completamente prescindibles. Si no dijeran ni una palabra los personajes el resultado sería el mismo.
El resto se puede resumir en que Famke Janssen hace muecas y pone cara de estar muy enfadada y Maggie Grace está, como de costumbre, bastante gris. No me pareció creíble ni cuando parecía querer decirnos que su padre es un crack (es un viejo agente secreto que viaja a París para encontrar a su hija secuestrada por un ejército de personas malísimas. Se convierte en una especie de apisonadora que no deja títere con cabeza). Y en que los efectos especiales están bien.
Después de ver la película, uno no puede dejar de preguntarse sobre la policía francesa. Cuando escuchan un tiroteo de diez minutos ¿no van a ver qué pasa? ¿Cómo sale de un país el tipo que se ha cargado a todos los albaneses malos de una ciudad? ¿Alguien ha sobrevivido a una lluvia de balas, varios accidentes de tráfico y cosas así? En fin, un pequeño desastre entretenido.
© Del Texto: Nirek Sabal


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may 31 2011

Sin Identidad: Mil veces contada aunque parece nueva

Esta historia ya está contada. Más de una vez. Y no aporta nada nuevo salvo una habilidad narrativa muy interesante. Sin identidad parece que se fuera a vaciar de sentido en tres o cuatro momentos del metraje (la justificación de lo que sucede parece frágil en exceso), pero el guionista logra dar un giro que salva los muebles y lanza el relato un poco más allá. Quizás esto pudiera parecer una chapuza narrativa aunque no lo es. Cada registro utilizado es el adecuado y el uso que se hace de ellos es preciso. Otra cosa es que todo siga siendo previsible porque ya es conocido. Incluso los tópicos son repetidos. Pero eso es harina de otro costal.
Jaume Collet-Serra llamó la atención con sus cortos y se ha fabricado un hueco en el mundo del cine gracias a su buen hacer. No le han regalado nada a este realizador. Su cine rebosa conocimiento por los cuatro costados. No es que Sin identidad sea un peliculón, pero Collet-Serra saca petróleo de un pozo casi agotado. Con un guión de primera este hombre logrará dar la campanada. No le faltan cualidades para conseguirlo.
Sin identidad cuenta la historia de un hombre que llega a Berlín con su esposa para participar en un congreso científico. Su maletín se extravía en el aeropuerto y debe regresar desde su hotel. Por el camino sufre un accidente de tráfico y pierde la memoria. A partir de ese momento todo se complica de una forma casi delirante. El ritmo narrativo eleva su intensidad y no hay un solo minuto de tregua para los personajes. Por supuesto, los espectadores corren la misma suerte. Ese es uno de los grandes logros de la película puesto que se trata se una historia más que narrada. Pero el director mezcla unos efectos especiales y visuales notables, con una dosificación de la información muy correcta (no hace trampas en ningún momento y eso es de agradecer), apoyado en una dirección de actores correcta y una banda sonora que, sin ser nada del otro mundo, matiza mucho y bien cada secuencia.
Los actores defienden sus papeles con dignidad. Liam Neeson en su línea. O sea, bien. January Jones en la suya. O sea, más sosa imposible. Diane Kruger con sus limitaciones. Y Bruno Ganz estupendo como siempre. Ese actor es una garantía para cualquier director. El resto interpretan papeles menores.
Sin identidad es una película que aguantará más que bien los formatos caseros. Y será una opción estupenda para pasar la tarde de un domingo cualquiera frente al televisor. Es divertida y puede verse en familia. En las salas de cine tendrá una vida más corta que larga.
Cine enfocado al entretenimiento, sin grandes profundidades y bien hecho. Habrá que seguir la pista del director para saber de lo que es realmente capaz cuando pueda hacer lo que tenga en la cabeza.
© Del Texto: Nirek Sabal

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jul 19 2010

The other man: Benditas palomitas

No hay nada nuevo bajo el sol. Las temáticas en el cine están todas quemadas, todas usadas. Filmadas por activa y por pasiva. Lo novedoso radica, única y exclusivamente, en la manera en que, eso tan manido, se va a contar y en cómo finalmente se cuenta.
Crónica de un engaño no es más que una historia de cuernos. No busquen más, no lo hay. Esta película basada en el relato The other man de Bernhard Schlink (escritor, juez en la Corte Constitucional del Estado Federal de Renania del Norte-Westfalia, es el autor, entre otras de la novela espectacular El lector), se queda en película para pasar un ratito. Sin pena ni gloria. No busquen sumergirse en la psicología de los personajes, en el porqué de una infidelidad escondida durante años, en el porqué de la aparente felicidad. Nada nuevo ¿verdad? Pues eso, nada nuevo. La novela, como suele ocurrir, supera con creces a la película que nació con muchas pretensiones, pero se queda en poquita cosa. Y es que su director Richard Eyre generó muchas expectativas con sus anteriores trabajos (Diario de un escándalo, Iris y Belleza prohibida) pero, entiendo, no siempre se puede estar a la altura y eso es precisamente lo que ocurre con Crónica de una engaño.
En síntesis, el argumento de la película, la antesala de una castaña que prometía y no nos dio nada.
Peter (Liam Neeson), empresario de éxito casado con Lisa (Laura Linney), se entera de que su esposa, le ha sido infiel durante año. Tras perder a su esposa, que es cuando se entera del marrón, empieza a intentar destripar la verdad de la relación de ella con Ralph, un playboy español afincado en Milán (Antonio Banderas). Peter le buscará, lo encontrara y establecerá un poco o nada creíble relación de “amistad” con el amante, todo por conocer esa “verdad”.

La película pretendía estar a medio camino entre el un thriller psicológico y un drama y sinceramente no llega ni a uno ni a otro. Se hace lentísima, inconexa, grandilocuente hasta lo triste. Ni siquiera las escenas de bonitos paisajes (en el Lago Como) y ciudades que van a apareciendo, consiguen que olvidemos que estamos ante una nueva estafa cinematográfica. Los actores se muestran fríos y poco creíbles. Liam Nesson estático hasta el paroxismo. Antonio Banderas sobreactuado. Sólo podríamos salvar de la quema a la esposa (Laura Finney). Sin embargo, los diálogos son previsibles y sin ingenio, la música no viene a cuento de nada y todo parece tan mal hilvanado que da hasta grima. Y es, por todo el conjunto, que Eyre nos deja muy mal enfocados, ante el desolador paisaje, triste y fatalmente retratado, de un matrimonio afincado en la mentira.
En definitiva, una película soporífera. Lo mejor, las palomitas que me comí mientras la veía.

© Del Texto: Anita Noire


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