sep 10 2010

Capitalismo, una historia de amor: La gran estafa

Capitalismo: Una historia de amor es el documental con el que Michael Moore quiso hacer patente que el sistema económico de Estados Unidos y, por tanto, del resto del mundo, es una cloaca. Algo que ya sabíamos hace mucho tiempo. Pero lo hace con ironía, presentando un montaje muy inteligente aunque algo tramposo. Cuando la cosa se pone lacrimógena todo se desliza hacía un territorio blandengue que no le va bien al conjunto y, a la vez, Moore olvida que, siendo una catástrofe absoluta todo este lío económico, no todo es tan repugnante como lo pinta. Alguna cosa buena tiene el capitalismo. Pequeña y escondida, pero está y en su documental debería aparecer.
El repaso a la economía norteamericana, a las injusticias que se cometen con los más pobres, a un sistema financiero dominado por unos sinvergüenzas descomunales, se presenta con el contrapunto de la percepción de las víctimas, con la opinión de los sacerdotes cristianos (en Estados Unidos, Dios y Cristo aparecen siempre que la cosa se pone fea para poder hacer lo que sea en su nombre). Y es un repaso que termina siendo más superficial de lo esperado (al menos para el que escribe). En favor de esa fina ironía que gasta Moore no aparecen cosas fundamentales. En un momento del documental, Moore entrevista a un tipo que explica qué es eso de los productos derivados en el mundo de las finanzas, eso por lo que el mundo se ha puesto patas arriba. Él no se entera de nada, el espectador no se entera de nada, el que lo va explicando se lía y no sabe ni lo que dice, pero nos quedamos con ganas de saber. Esta bien caricaturizar a una serie de elementos que han arruinado al resto del mundo (ellos son más millonarios que nunca) aunque estaría muy bien, de paso, conocer el problema en profundidad. Eso es lo que trata de hacer Moore sin alcanzar el éxito que buscaba.

En cualquier caso, no está mal que todo el mundo eche un vistazo a este documental. Se encontrarán con imágenes viejas que sirven para explicar cómo comenzó a gestarse este enorme disparate que vivimos, sabrán que la muerte de un empleado para algunas de las más importantes empresas de ese país es un negocio importantísimo, verán cómo una familia a la que echan de su casa por no pagar la hipoteca recibe 1.000 dólares el día que abandonan la propiedad porque la financiera les paga una última limpieza (la familia acepta hacer ese trabajo para conseguir algo de dinero), comprobarán que hay zonas completamente deprimidas en los Estados Unidos. Resumiendo, constatarán que este mundo es una pocilga.
© Del Texto: Nirek Sabal

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ago 3 2010

En tierra de nadie: Desasosiego

Hay que ser muy inteligente y tener un agudísimo sentido del humor para, a los pocos años de vivir una de las experiencias más demoledoras que puede vivir un ser humano (una guerra), rodar una película donde se denuncie a todos los que se comportaron como una panda de tontos en aquel conflicto, en este caso el de los Balcanes, ser capaz de reírse de ello y colocar esta película dentro del abanico de las mejores películas de principios del siglo XXI.
Supongo que Danis Tanovic, el director de la película, sabía muy bien lo que quería hacer. Creo intuir que quería hablar de la guerra sin explicarla, poniendo de manifiesto una realidad muy concreta: los ejércitos se componen de un montón de hombres, divididos en bandos, que tienen más en común que cosas que le diferencien; que la mayoría de los conflictos bélicos se fundamentan en grandilocuentes gilipolleces, que sostienen cuatro, y empujan a sus ciudadanos a morir como si fueran animales; que la prensa se forra a fuerza de noticias que relaman el sabor de las historias dramáticas que sufren las gentes; que las organizaciones (como, por ejemplo, las Naciones Unidas con sus renombrados Cascos Azules) son de patio de colegio y que la industria armamentista se forra a base de sembrar la muerte con cientos de miles de minas antipersona.
Decir todas esas cosas y no caer en los típicos tópicos es muy difícil. Creo poder afirmar estar antes una de las mejores películas bélicas (a mí no me apasionan) de los últimos tiempos. Una coproducción entre Bosnia-Herzegovina-Francia-Italia-Bélgica-GB-Eslovenia que utiliza muy pocos recursos (pocos escenarios, sin efectos especiales, poquísimos personajes), alejado totalmente de las típicas producciones de Hollywood. Pueden hacerse trabajos realmente estupendos con la inteligencia y un par de aparatos para filmar.

Dos soldados de dos bandos diferentes, Ciki (Branko Djuric) y Nino (Rene Bitorajac), uno bosnio y el otro serbio, se encuentran atrapados entre las líneas enemigas, en tierra de nadie, durante la guerra de Bosnia de 1993. Mientras Ciki y Nino tratan de encontrar una solución a su complicado problema, un sargento de los cascos azules de las Naciones Unidas se prepara para ayudarles contraviniendo las órdenes de sus superiores. Los medios de comunicación son los encargados de transformar una simple anécdota en un show mediático de carácter internacional. Mientras la tensión entre las diferentes partes va en aumento, y la prensa espera pacientemente nuevas noticias, Nino y Ciki tratan por todos los medios de negociar el precio de su propia vida en medio de la locura de la guerra.

Debo decir que ganó el Oscar a la mejor película extranjera, desbancando a la famosa Amelie. Muchos no lo entendieron en aquel momento, pero lo cierto es que pese a que soy una fan incondicional de Amelie, no se pueden comparar una y otra. En Tierra de Nadie mereció ganar el galardón (ya sé que cada vez es menos indicativo de nada que una película gane el Oscar). Es una de las críticas más mordaces que he visto sobre la guerra, el sensacionalismo de los medios de comunicación y sobre la arrogancia de los que manejan nuestros designios desde las altas esferas.
Un auténtico peliculón, con un final desasosegador, pero la vida es así, un chiste de mal gusto aderezado por auténtica gilipollez humana.
© Del Texto: Anita Noire


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