may 16 2011

Star Wars: El imperio contraataca

Tras la destrucción de la Estrella de la Muerte, Luke y sus amigos se ven obligados a huir incansablemente de la persecución por parte de las hordas imperiales; en su periplo se encontrará con muchísimos problemas; empezará su entrenamiento Jedi a manos de Yoda; y será testigo de una gran verdad que se le tenía oculta hasta ahora. No hace falta decir que todo lo que diga aquí, ya estará escrito en miles de sitios web, libros, conferencias y más, hasta la saciedad.
Lo más importante es saber por qué es la más importante de toda la saga. Dicho de otro modo, el viaje iniciático de Luke que tanto éxito tuvo en su principio empieza a naufragar en esta secuela, una época oscura de la que muchos podríamos hablar y haber vivido, esa época en la que todo es pura inestabilidad. Por eso, no es de extrañar que se usen elementos para enfatizar esa inconsistencia, ese vacío que todos los personajes del film viven. Un planeta que es un desierto helado (Hoth), un campo de meteoritos que va y viene, un planeta (Dagobah) que es una ciénaga gigantesca con una espesa niebla y con monstruos de variada índole, una ciudad en las nubes sustentada por una columna fínisima, el Halcón Milenario falla, los personajes están irascibles, todo se estropea y sale mal, y así un largo etcétera de elementos fríos, un vaivén de claros-oscuros donde Luke y el resto de personajes se encontrarán a sí mismos.

Nuestro aprendiz de Jedi, como cualquier otro joven será instruido en el arte de la espada y el poder de la Fuerza por un nuevo maestro, Yoda. Allí descubrirá en compañía de este nuevo amigo que no todo es lo que parece ni cómo se lo han contado, empezará a ver el mundo de otra forma, a sembrar una cierta madurez, a entender qué es lo importante: si él y su egoísmo, o su amistad con Han, Leia, RD-D2, C-3PO y Chewbacca. Y también descubrirá, que todo hijo no es más que un reflejo de su padre, como se detalla en la magnífica e importante paradoja que es la escena donde Luke se enfrenta al espejismo de Vader, el chico le corta la cabeza y descubre que es él mismo. Todo para sembrarnos esa gran verdad que traspasó las pantallas de medio mundo allá por el año 1980, donde Darth Vader le revelaba a Luke: Yo soy tu padre.
Es una historia donde lo que prima es esa desilusión y desencanto cuando te enfrentas con la realidad, cuando descubres que la verdad que a uno le habían contado no era la verdad, o era la verdad, pero a medias. ¿Quién no puede haberse sentido traicionado cuando lo que uno tenía idealizado descubre que no es tal?
En otro orden de cosas, el equipo técnico del film es totalmente modificado y George Lucas queda relegado a labores producción y supervisión, eso sí, a día de hoy, y sin que me tiemble el pulso, voy a decir que gracias a la dirección de Irvin Keshner, y el guión del buen Lawrence Kasdan se llevó a buen puerto esta space ópera. Solo hay que ver las películas que ha dirigido/escrito en solitario el tio Lucas para darse cuenta de ello (sí, las últimas tres de esta saga, donde su ego masturbatorio ha llegado a cotas altísimas, y poco más). Técnicamente, ahora para muchos no será gran cosa, pero un servidor se sigue maravillando con todos los elementos en pantalla; sabes que los personajes están ahí, que hay decorados reales y construidos por expertos en escenografía, y no todo se reduce a meterlos en un chroma a hacer piruetas. Hay una historia, y los efectos se ponen a su disposición (no al contrario, como pasa mucho ahora), la música de John Williams es una jodida maravilla de principio a fin.
En definitiva, hay muchísimo por hablar de esta película, pero siempre nos quedarán grandes escenas como la de Yoda levantando con su poder el X-Wing hundido de Luke; la pelea final entre Darth Vader y Luke al borde del abismo; los sarcasmos de Han y Leia; la congelación en carbonita de Han Solo; el gusano del meteorito; los AT-AT invadiendo Hoth…
Es un maldito clásico (muchos de esos que van de intelectuales ya quisieran haber hecho lo mismo), guste o no, las aventuras, como la ciencia ficción o el terror, siempre hablan de nuestra realidad, no todo se reduce a un mero pasillo de esperpentos y situaciones variadas sin ton ni son. Es un prejuicio tan estúpido y tan tópico como que los Western son solo películas de indios y vaqueros o que la animación es tan sólo cosas de niños. Todo depende de nuestra capacidad de percepción para ver más allá de lo que se nos pone en una pantalla plana.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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feb 21 2011

Fuego en el cuerpo: La asfixia del calor humano


Bajo los efectos de una inolvidable melodía de John Barry, Lawrence Kasdan nos cuenta la intensa historia de deseo entre Ned Racine, un abogado vividor y mujeriego de un pequeño pueblo de la costa y Matty Walker, una misteriosa y atractiva mujer casada con un rico empresario al que deciden asesinar para poder disfrutar libremente de su relación, y, de camino, quedarse con la suculenta herencia.
Una calculadora y ambiciosa Matty Walker logra embaucar al abogado Racine, al que arrastra hasta el asesinato, sin contar con que ella también acabaría loca por él. Aún así, Matty no renuncia a sus ambiciones y sigue adelante con su plan, dejando a su amante entre rejas y largándose ella con la fortuna a un país exótico como tenía planeado.
Si bien la trama no se diferencia mucho de otras historias del cine clásico negro, sí me gustaría destacar la agobiante atmósfera  que se recalca constantemente de ese verano tan anormal de exageradas temperaturas, dónde desde el principio aparece el fuego como protagonista cuando, en la primera escena, Racine contempla por la ventana como se quema su pasado, hasta el final, cuando es testigo de la explosión dónde supuestamente muere Matty. Este fuego que rodea a los personajes y que está presente en toda la historia, destacando la escena en que Racine y Matty se conocen durante un caluroso concierto de abanicos junto al mar, es lo que yo creo más significativo de este thriller. Este fuego es el verdadero protagonista de la película. Las distintas formas internas que toma un mismo calor físico, el motor que mueve a cada uno, ya sea sexual o económico. La fuerza de la codicia, de los sueños por cumplir, de las obsesiones.
Herencia, cigarrillos, falsa identidad, pasado oculto, sombrero, John Barry, despacho atestado de humo, descapotable, pueblo en la costa, sudor, campanillas en la terraza, ventiladores en el techo, bañera con hielo y una mujer que sueña con ser rica y vivir en un país exótico. Bonita película y bonito sueño.
© Del Texto: Sonia Hirsch

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