may 6 2012

La pesca del salmón en Yemen: Quedarse corto

Empezaré con los datos técnicos de esta producción para aquellos que van al cine en función de quien dirige una película o de quién la protagoniza. En este caso, La pesca del salmón en Yemen, está dirigida por Lasse Hallström y protagonizada por Ewan McGregor, Emily Blunt, Kristin Scott Thomas y Amr Waked. Este tipo de elección suele ser un fiasco, pero en fin.
Sin embargo, los que esperen encontrar una película del nivel de Las normas de la casa de la sidra del mismo director, pueden ir preparándose para encontrar algo completamente distinto, algo con bastante flojera aunque no por ello debe  dejar de reconocerse que tiene algunas cosas buenas. La primera la fotografía; la segunda, la fotografía y la tercera, pues también, la fotografía.
El argumento: Un jeque de Yemen, con residencia habitual en Escocia, aficionado a la pesca del salmón por los principios personales y morales que esa actividad encierra (¿?) pretende llevar hasta el Yemen esa actividad. Para ello contará con una asesora legal, con un funcionario gris del Ministerio y con una inversión multimillonaria que contará, inicialmente, con el visto bueno del Gobierno británico en un intento, de este último, de mejorar las relaciones árabe-británicas. Sin embargo, pese al enorme empeño del Jeque y la asesora, en algo tan estrambótico como intentar llegar peces de agua fría, que nadan contracorriente, a un país seco, sin agua y más bien inhóspito; las dificultades serán mayúsculas. En el interín, la vida del funcionario gris, descreído inicialmente del proyecto, con un matrimonio desastroso dentro de lo convencional; la vida de la asesora pendiente de una relación con un soldado destinado en Afganistán y desaparecido en combate; se desmoronará para convertir a dos seres absolutamente antagónicos en dos puntos de apoyo cruciales en sus vidas. Mientras tanto, desastres fluviales, alegrías, etc.
Hace falta rascar un poco para que, tras esa apariencia de película estúpida, se encuentre algo más. Porque el absurdo proyecto que tienen entre manos, es lo de menos. La esencia de la película radica en la necesidad de ir contracorriente para poder seguir viviendo, para no conformarse y tener fe, creer en la capacidad de uno mismo, en la de los demás.
Sin embargo, como digo, aunque el tema que pretende afrontar la película, que mezcla grandes dosis de humor con contenida emoción y tristeza, es ese y puede parecer un buen reto para una propuesta en el cine (como lo podría ser para cualquier otra cosa), se queda corta y lo mejor termina siendo la fotografía.
Una recomendación, si piensan verla, háganlo en versión original. Les parecerá un poquito mejor, seguro.
© Del Texto: Anita Noire


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nov 15 2011

La llave de Sarah: Francia ante el holocausto judío

Francia, en los años 1940, no era ajena a la barbarie que por aquellos días asolaba el mundo, ni a la persecución de los judíos. La cacería, humillación y asesinatos sistemáticos de sus propios ciudadanos de origen judío, fue un hecho tan vergonzante que en muy pocas ocasiones, en Francia, se habla de ello. Y es que, pese a todo, no toda Francia fue la resistencia. Hubo muchos colaboracionistas con el régimen nazi, tanto por acción como por omisión.
En el año 1995, Jacques Chirac en un discurso a la nación, habló sobre las trágica jornada del 16 de julio de 1942 en la que más de trece mil judíos franceses, fueron detenidos y trasladados al famoso Vel d’Hiv (Velódromo de invierno), donde permanecieron en las más deplorables y degradantes condiciones humanas hasta que fueron deportados a distintos campos de concentración. Casi todos aquellos, muchos de ellos niños, murieron. Por primera vez, Francia, a través del discurso de su Presidente, reconocía su participación directa en la deportación y muerte de sus propios ciudadanos.
Actualmente el velódromo de invierno no existe, por ironías de la vida , en aquel lugar está el Ministerio del Interior francés.
Esta vergonzosa historia es la que nos cuenta La llave de Sarah, la película que en el año 2010, dirigió Gilles Paquet-Brenner, basada en la novela Elle s´appelait Sarah de Tatiana de Rosnay.
Paquet-Brenner, con dos historias que discurren paralelas, se desplaza en el tiempo, entre el momento actual y aquellos días del año 1942. Julia Jarmond (interpretada por la siempre contenida Kristin Scott Thomas), americana de origen y afincada en Francia desde hace más de veinte años, está preparando la mudanza a un apartamento que perteneció a los abuelos de su marido. A Julia, periodista, le encargan escribir sobre las deportaciones que se sucedieron en Francia en el año 1942.
Durante su investigación, Julia descubrirá que en su apartamento vivió la familia Starzynski y que el 16 de julio fueron trasladados al velódromo de invierno. Cuando los gendarme franceses llegaron buscando a la familia, Sarah (Mélusine Mayance),una niña de no más de nueve años, escondió a su hermano Michel, apenas un bebe, dentro del armario del dormitorio y lo encerró dejándole una pequeña botella de agua, haciéndole prometer que no saldría hasta que fuera a buscarlo. La familia junto con otros miles de personas, ante la impasible mirada de sus vecinos, es llevada, al velódromo. El viacrucis de Sarah, separada de su padre y de su madre, continuará al ser ingresada en un campo de concentración con los niños, que al igual que ella, fueron apartadas de sus padres. El objetivo vital de Sarah, a partir de ese momento, será escapar para volver a Paris a rescatar a su hermano escondido en el armario. Conseguirá llegar a Paris, ayudada por una familia de campesinos (Niels Arestrup) y, una vez allí, descubrirá que en su casa ha sido ocupada por una familia, y encontrará los restos de su hermano en un armario que, pese al hedor de la casa, nadie abrió por no romper la puerta.
Julia, tras este descubrimiento, investigará sobre que fue de aquellos niños, sobre si Sarah sobrevivió y sobre qué fue de su vida. La revelación del pasado que se ha mantenido oculto, secreto para todo el mundo, la pasividad y la negación discurrirán a lo largo de toda la película. Como no puede ser de otro modo, los cimientos de las familias que se vieron envueltas en todos aquellos hechos, de los que se impregna la vida actual de sus miembros, se tambalearán. Julia, seguirá los pasos de Sarah, conocerá a su hijo (Aidan Quinn) que lo ignora absolutamente todo. Sin embargo, a medida que Julia va entrando en la vida de la familia Strarzynski, la suya se irá diluyendo.
Como puede verse la película mezcla continuamente estos dos momentos historicos, y mientras la historia de Julia se sucede en un corto periodo de tiempo, unos meses tal vez, la de Sarah, los años de su vida, corren hasta la actualidad. Nos muestra su infancia, su juventud y su vida de adulta. Una vida que lógicamente no puede ser inmune a lo vivido. La vida de todo el mundo se tambaleará a medida que irá descubriéndose la verdadera historia de Sarah. Nadie saldrá indemne de la verdad que unos y otros ocultaron durante años.
La película, que contienen una temática increible, consigue mantenernos expectantes a lo largo de todo el metraje. Sin embargo, ante las dos historias, la de Julia de la de Sarah, podemos afirmar que la película es ciertamente irregular, mientras la historia de Sarah está perfectamente hilvanada y soberbiamente relatada; la de Julia cogea por el tratamiento un tanto empalagoso que de la misma hace su director. La credibilidad de la historia de Sarah, contada sin ninguna ñoñería, se pierde cuando Julia da con la familia de Sarah. Puede que este ñoñerismo (un nuevo bebe al que se bautiza con el nombre de Sarah, un hijo que descubre tarde y mal una realidad compleja e incómoda, etc.) sea una cesión al mercado del cine sensiblón. Por eso creo que la película cojea y no debería ser así porque lo que es cierto es que mantiene un buen ritmo, en algunos aspectos es sorprendente y nada previsible. Una pena esta concesión que era totalmente innecesaria. No aporta nada, sino todo lo contrario.
Sin embargo, es de destacar la franqueza de la película que no esconde ni disimula, siendo francesa, una realidad, cual es que el holocausto no fue sólo cosa de los Alemanes sino que Francia, a través del régimen de Vichy, tuvo mucho que ver con todo aquello y eso, pese a quien le pese, no conviene olvidarlo.
© Del Texto: Anita Noire


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oct 19 2010

El paciente inglés: amargo disfrute

Siento un profundo placer cuando escucho las composiciones de Gabriel Yared. Son todas tan estupendas que no sería la primera vez que, antes incluso de ver la película, compro el CD de la banda sonora de una película si sé que ésta la ha compuesto este genio de origen libanés. En el caso de El Paciente Inglés, mi aproximación a ella fue precisamente así.  Nadie que tenga un mínimo de sensibilidad o de oído, aunque no lo tenga desarrollado en sentido musical (yo no lo tengo), puede quedar indiferente ante la música que Yared compuso para esta película. No por repetida, por infinitamente escuchada, me cansa. No deja de emocionarme.
Y si la música es envolvente, no lo es menos el resto de los elementos que configuran la filmación. Una fotografía impresionante (John Seale),  estupendas localizaciones (del desierto de África a la Toscana italiana), la soberbia interpretación de sus dos actrices principales (Juliette Binoche y Kristin Scott Thomas); la trama, todo, absolutamente todo. Anthony Minghella, supo adaptar de una manera espectacular la novela que en el año 1992 publicó el escritor cingalés Michael Ondaatje (Premio Booker). Si la novela fue premiada en su momento, la película recibió, en el año 1996, todos los premios habidos y por haber: 9 Oscar, incluyendo mejor película, director, actriz reparto y 12 Nominaciones;  2 Globos de Oro: Mejor película: Drama, 7 nominaciones; 6 premios BAFTA, incluyendo película, fotografía, montaje. 13 nominaciones; Nominada al César: Mejor película extranjera; Nominada al Goya: Mejor película europea; 2 premios National Board of Review a sus actrices de reparto (Juliette Binoche y Kristin Scott Thomas).
Si alguna película consigue transmitir el desconcertante impacto y crueldad del destino es sin lugar a dudas El Paciente Inglés. La tristeza hecha imagen, música, poesía. Una historia de amores imposibles, de traiciones, una grandiosa interpretación enmarcada en los escenarios de la Segunda Guerra Mundial. La historia del conde húngaro Lazlo Almásy (Ralph Fiennes) y la inglesa Katharine Clifton (Kristin Scott Thomas), mezclada con la historia de la enfermera canadiense Hanna (Juliette Binoche), los flashback al pasado penoso y pesado de todos los que intervienen. Una historia de devastación personal en el entorno de un mundo que se muere y la búsqueda incesante de la supervivencia. La historia de un amor enfermizo, obsesivo, del amor prohibido.
Una de las películas más bellas en cuanto a gestos, miradas y silencios. Disfruten de todos y cada uno de los minutos de esta película que se adapta, en cada momento, a los ritmos pausados que la historia requiere. Perderse en la multitud de detalles que nos enseña, ver y escuchar con atención todo lo que nos muestra. Una deliciosa y amarga opción para revivir uno de los momentos  más poéticos del cine que,  a pesar de los múltiples premios obtenidos, no ha trascendido más allá.
Sin lugar a duda, otra de mis filias.
© Del Texto: Anita Noire

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oct 6 2010

Il y a longtemps que je t’aime

La sensibilidad es una característica difícil de esconder aunque uno trate de hablar de temas escabrosos, difíciles o tuertos. Con Philippe Claudel ocurre precisamente eso. Sus novelas, su película (esta es su opera prima), destilan siempre una suerte de sensibilidad que no se desprende, al menos en el caso del cine, de los argumentos que plantea, sino del trabajo que realiza con sus personajes y , en este caso, la manera como dirige a sus actores. Un argumento mediocre resulta sublime al dotarle de cara, vida, movimientos a través del comportamiento de sus personajes cuando hablamos de cine.
Il y a longtemps que je t’aime, Claudel, se sostiene sobre dos mimbres. El primero, un argumento pobre, muy pobre y manido: una mujer que pasa los últimos quince años de prisión por haber matado a su hijo, que al salir de ahí debe volver a emprender su vida y reincorporarse a una sociedad que no sabe o no quiere tratar con alguien de quien sólo conocen los hechos objetivos, la muerte provocada de su hijo. El segundo de los mimbres, la conjunción de dos actrices excepcionales en sus papeles, Kristin Scott Thomas (Juliette Fontaine) y Elsa Zylberstein (Léa Fontaine), dos hermanas distanciadas por la edad, por el destino y por vidas que nada tienen que ver la una con la de la otra.
No me sorprende el papelón de Kristin Scott Thomas. Alejada de los estereotipos hollywoodianos, nos muestra en esta ocasión, a una mujer corriente, desgarrada, solitaria, huidiza y hundida en el pesar de la decisión tomada. Siempre me ha parecido una actriz terriblemente camaleónica, creíble y estupenda. Si unos ojos pueden decir algo, son los de esta mujer.
Hueca de efectos especiales, de grandes aspavientos técnicos, nos centra en la historia. Un debate entre la recuperación personal, la muerte como opción de un tercero, el silencio como modo de vida y la toma de decisiones dolorosas que marcan para siempre.
Una película que comienza con el deslizar de dos gotas de agua y finaliza de la misma manera. No se la pierdan si quieren disfrutar de la intensidad personificada en la naturalidad de una mujer que encierra su vida en un silencio que nadie, salvo su otra mitad (Léa), logra arrancarle.
Véanla, centrando su atención en la actuación de las actrices, en el entorno en el que se mueven, en el pesar en el que viven y olvídense del argumento. Ese es pura anécdota.
© Del texto: Anita Noire

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sep 27 2010

Elle S’appelait Sarah: Recarga de sensibilidad para todos

ELLE S´APPELAIT SARAH – GILLES PAQUET-BRENNER – FRANCIA – SECCIÓN OFICIAL A CONCURSO

Elle s´appelait Sarah, Se Llamaba Sara, me ha parecido una buena película. El planteamiento no es una novedad, pero el guión es sólido y sostiene la ficción, que mezcla dos momentos históricos paralelos. Uno en la actualidad, en París, donde una periodista americana, afincada en la ciudad desde hace veinte años, inicia una investigación que le lleva a un momento del pasado. Ambas historias se mezclan y se cruzan implicando emocionalmente a la protagonista –y al espectador- y relatándonos sucesos ocurridos en el tiempo de la Guerra Mundial.
Hay un par de giros de guión algo forzados y la ambientación de época no es notable, pero ninguna de las dos cosas impide que permanezcamos en la butaca conteniendo la respiración, mientras se resuelve un argumento interesante que no decae en ningún momento y que nos lleva de París, con Julia Jarmond (Kristin Scott Thomas), la protagonista, a Nueva York y a Florencia, donde se completan los retazos de unas vidas rotas más de medio siglo atrás.
Y es que la participación emotiva del espectador con Julia, con su momento personal y sus circunstancias vitales, es un primer peldaño que nos permite implicarnos por completo en el foco de su investigación.
Kristin Scott Thomas es una actriz que me gusta mucho, es guapa, elegante y tiene un aire enigmático capaz de resolver cualquier papel complicado. Aquí defiende un personaje con técnica y cercanía, e incluso ese punto de frialdad que le caracteriza, juega a favor de la interpretación que se ve arropada por un grupo de actores eficientes.
El filme está basado en una novela de Tatiana de Rosnay.
Todo esto está muy bien, sí. Les animo a que la vean si tienen esa oportunidad.
Pero lo que importa es lo que hay detrás.
A lo largo de 1942, setenta y cuatro trenes especiales salieron de Francia con destino al campo de concentración de  Auschwitz, cargados de judíos. Más de setenta y seis mil personas, once mil niños. La mayor parte de ellos no regresaron nunca. Personas. Como ustedes y como yo, niños como sus hijos. Esta película cuenta la biografía posible de una de ellas y de su familia. Una niña arrojada en el pozo del horror. Los que han hecho posible esta película, lo cuentan para recordarnos que no fueron los nazis malditos los que participaron en ese crimen masivo, sino ciudadanos franceses, en un clima viciado de prejuicios y de oprobio, los que activamente o por omisión permitieron que sucediera. Hace algo más de una decena de años, Jacques Chirac, el Presidente de la República, limpiaba en parte la vergüenza de Francia, reconociendo y pidiendo perdón por esos hechos, que este filme traslada a la sociedad por medio de una ficción que posiblemente tenga mucho de cierto.
Es una película notable, por lo que dice y por cómo lo dice. Está hecha con sensibilidad y tiene tensión dramática. Cualquier premio que reciba será un premio para la Humanidad que no debe olvidar nunca un solo minuto de aquel drama.
Recibió en mi opinión menos aplausos de los que se merecía en el pase para la prensa. Seguramente recibirá un caluroso saludo mañana, en la gala de clausura en la que se proyectará.
A mí me mantuvo atento y me emocionó.
© Del Texto: Ivor Quelch

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