jul 27 2013

La solución final: La maquinaria de la muerte

En la conocida como Conferencia de Wannsee, un grupo de personas decidió que el futuro de millones de personas sería pasar sus últimos días metidas en un vagón de carga, en un campo de exterminio pasando grandes calamidades y/o asesinados en una cámara de gas. Así de sencillo. Esa reunión estuvo presidida por Reinhard Heydrich (conocido, entre otros, por el alias de carnicero de Praga) y organizada por el Teniente Coronel de las SS alemanas Adolf Eichmann (uno de los máximos responsables del exterminio del pueblo judío en los campos de concentración diseminados por Europa). Asistieron otros militares, burócratas, cargos políticos y abogados. Es posible que sea la reunión conocida con más asesinos despiadados presentes de la humanidad. La reunión se alargó unas dos horas y se sabe de ella por la transcripción que se encontró en el despacho de uno de los asistentes y que debería haber destruido. Lógicamente, no lo hizo.
La solución final (nombre que se dio a las matanzas masivas de hombres, mujeres, ancianos y niños de raza judía) es una producción de HBO Films para la televisión. Fue dirigida con mimo por Frank Pierson sin hacer experimentos ni alardes al rodar. Austero, solvente y preciso. Salvo algunas escenas (pocas y elegidas para que la película no pareciese una obra de teatro) la acción se concentra en el salón de reuniones. La sensación de teatralidad, no obstante, es patente. En cualquier caso, la cámara está colocada donde toca y no se cometen errores. La fotografía de Stephen Goldblatt es, también, sencilla y efectiva. No parece que se usen filtros en ningún caso ni lentes especiales. No era necesario para contar esto y de esta forma. El efecto que se busca es ese, el de la sencillez, cuando la decisión que se va a tomar es extravagante en todos los sentidos. El vestuario está cuidadísimo hasta el último detalle.
Con todo ello, lo importante lo encontramos en el guión. Pegado a la realidad de lo que ocurrió (al menos a lo que se sabe de esa conferencia) Loring Mandel construye una trama simple, pero repleta de frases atroces que se repiten sin cesar (no por falta de ideas sino para que los matices de cada personaje aparezcan al decir esto o aquello y el espectador quede estupefacto). Porque lo que resulta insólito y brutal es que esa reunión fuera un trámite más para los nazis; lo que resulta miedoso es que la aniquilación de millones de personas se tratase como un problema jurídico, militar, legal o laboral. Nunca como un problema humano.
El personaje de Adolf Eichmann lo defiende Stanley Tucci. Está creíble y muy contenido. Por su parte, Kenneth Branagh encarna a Reinhard Heydrich. La sensación es otra. Algo excesico en su interpretación aunque, a decir verdad, el personaje tiene unas particularidades que hacen difícil escapar de la sobreactuación. Entre el reparto, destaca Colin Firth con un trabajo sencillo y correcto.
Uno de los asistentes a la reunión dice que el pueblo judío es el escogido, pero para el gas. Un terrible resumen de la película y, por supuesto, de lo que ocurrió en Wannsee.
© Del Texto: Nirek Sabal


mar 17 2012

Celebrity: El pesimismo desde la ironía

El mundo del famoseo, para los que son ajenos a él, es tan brutal e inhóspito como fascinante. Todo resplandece en la lejanía, todo atrae de manera que se hace irresistible, pero todo palidece cuando el que se acerca descubre que el revestimiento precioso es, sólo, una fina capa que divide la mugre del sueño de muchos.
Woody Allen sabe todo esto. Lo sabe y lo ha criticado más de una vez. Desde la idiotez absoluta de los que se apoyan en una intelectualidad pomposa y más ficticia que real, hasta el montaje cultural que convierte en mierda todo lo que toca; desde un sitio a otro, Woody Allen ha ido recorriendo un ámbito enorme intentando dejar las cosas en el lugar adecuado. Lógicamente, el resultado se queda en protesta testimonial. Todo sigue siendo lo misma cosa y así seguirá por siempre jamás.
Celebrity es una comedia exquisita en su concepto y en su factura. Salpicada con un reparto de lujo. Algo más extensa en su metraje de lo que acostumbra a presentar este director porque había mucho que contar. Por supuesto, la relación entre adultos  (en pareja) tiene gran protagonismo en el guión. Y los asuntos que obsesionan a Allen terminan apareciendo (Dios, el psicoanálisis, etc.) Aunque, esta vez, el arte, los artistas, la cultura, los intelectuales y todo lo que les rodea pasan a estar en primera línea.
La elección del blanco y negro por parte del director para presentar su propuesta está más que justificada desde un punto de vista artístico. Como el mismo diría, todo lo que vemos apesta a blanco y negro. Esa ciudad, esos decorados, esos personajes, en color serían muy distintos. No se puede pintar un mundo entero de gris. Así que la opción es el blanco y negro. No hace falta decir que la puesta en escena es magnífica. Es uno de los valores indiscutibles del cine de Woddy Allen.
El guión es ágil, chispeante e inteligente. Disparate tras disparate se indaga en zonas profunda que aclaran las ideas al espectador. No las propias (eso es cosa de cada uno y Allen es siempre respetuoso en ese sentido) sino las del autor. No es lo mejor que ha escrito, pero es notable. Ya he dicho más veces que lo peor de este director sería lo mejor de muchos otros.
Las interpretaciones son algo desiguales. Este director suele realizar un trabajo de dirección actoral muy bueno. Trabaja muy bien con el elenco y se nota que es así. Pero, en este caso, son los propios actores los que ponen o quitan mucho. Algunos de ellos estaban sin construir al hacer la película, otros no dan para más y algunos otros son magníficos con director o sin él. Kenneth Branagh más que interpretar su personaje intenta parecer Woddy Allen. Los ademanes, la tartamudez que llega de la rapidez en el pensamiento y de la duda. No es que esté mal aunque se pierde en intentos (que sobran) para parecer ser otro. Judy Davis se presenta espléndida y hace que la evolución del personaje se plasme en la pantalla con gran fuerza. Leonardo DiCaprio hace de famoso joven e imbécil. Borda el papel porque, entre otras cosas, en el momento del rodaje era un famoso joven e imbécil. Charlize Theron se pasea por la pantalla mostrando belleza. Poco más. Joe Mantegna y Melanie Griffith están muy bien. Y Winona Ryder aparece espléndida en un papel que arrasa con casi todo y articula la acción de principio a fin aunque sus apariciones son escasas.
La película comienza con una palabra escrita en la pantalla. Help. Termina del mismo modo. El mensaje, en su conjunto, es desalentador. Aunque las situaciones sean cómicas a más no poder el fondo es pesimista. Escritores perdidos en su propio mundo; actores y actrices frívolos y superficiales; relaciones imposibles del creador con la realidad; robo de ideas; estupidez a espuertas. No hay solución, no hay salida.
Una buena comedia. Una película divertida. Una película que invita a la reflexión. Una película de Woddy Allen que es lo mismo que decir que es una pelicula de buen cine.
© Del Texto: Nirek Sabal


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mar 1 2012

Mi semana con Marilyn: La emoción de lo inesperado

La emoción de lo inesperado forma parte de cualquier manifestación artística. Entrar en una sala de proyección sin saber nada más que la ubicación que vas a tener allí dentro tiene su encanto, ese encanto. En casa, frente al televisor, ocurre lo mismo. En las galerías de arte. En los museos.
Luces apagadas, atenuadas. Y la magia llega en forma de emoción. No creo que exista nada más excitante que la sorpresa de un mundo nuevo en el que te integras y del que no puedes escapar jamás.
Mi semana con Marilyn es de esas películas que el que escribe no tenía ganas de ver. Un personaje manoseado es una de las cosas que más me repelen. Aunque sea un mito. Pero la magia narrativa de esta película no llega de la zona que ocupan los personajes. Sorprendente que, con nombres famosos de por medio, la tensión llegue desde otro lugar distinto. Este es el gran acierto de la película. Marirlyn está. Sir Laurence Olivier está. Están y se hacen presentes. Pero, sobre todo, encontramos el universo de un narrador extraordinario, Colin Clark. Un narrador que interpreta, más que bien, el joven Eddie Redmayne. Su forma de narrar, tan pegada a ese sueño colectivo que todos quisiéramos alcanzar alguna vez, hace deliciosa la historia. Un sueño que es, ni más ni menos, alcanzar el amor verdadero, poderlo rozar mínimamente. Intentar enfrentar esta película desde la búsqueda del mito es un error. Al fin y al cabo, los mitos lo son porque son inexcrutables y nadie los puede interpretar. Y esto no quiere decir que la interpretación de Michelle Williams sea floja. Al contrario. Está estupenda en su papel. Pero, aunque parezca mentira, la importancia del personaje no llega de esa interpretación sino de la luz que desprende el resto, de la mirada exclusiva de un narrador muy bien dibujado.
Acompaña la trama una banda sonora cuidadosamente elegida. Y el conjunto llega apoyado en una fotografía delicada y muy trabajada. La actriz principal queda retratada de forma que tendrá pocas oportunidades de verse así en el futuro. Vestuario, maquillaje y peluquería, excelentes.
Marilyn viaja a Londres para filmar El principe y la corista junto con Olivier (muy bien interpretado por Kenneth Branagh). Durante su estancia conoce a Colin y es este el que cuenta su experiencia con la actriz durante ese tiempo. Una de las semanas se hace especialmente intensa y buena parte de la película se centra en ella. Vemos como la relación entre los dos protagonistas se hace más intensa, cómo la actriz se refugia en eso que tanto echa de menos (el amor puro, sin pliegues de ningún tipo), cómo la fragilidad del mito la hace ir y venir sin un rumbo concreto, cómo el mundo es ajeno para una mujer atormentada. Al mismo tiempo, el mundo muestra su otra cara desde el ángulo que ocupa Colin. Marilyn quisiera vivir en él, escapar de lo que representa su pasado, su presente y del terror que le genera el futuro. Colin está fascinado con el cosmos de la actriz. Y ambos pertenecen a su entorno, están condenados a vivirlo. El mismo Colin ya ha tenido una pequeña relación con una muchacha que trabaja en la misma productora que él (Emma Watson está muy bien en su papel), una muchacha de clase social distinta a la del muchacho, y sale despedido de su mundo a la primera. Cada cual ocupa el puesto que le corresponde de manera irremediable. Ese es el gran mensaje de la película.
Mi semana con Marilyn es una película muy amable con el espectador. Mi semana con Marilyn es una película sorprendente por su cuidadísima puesta en escena, por lo británico de sus interpretaciones, por ese entusiasmo que se detecta cuando alguien hace las cosas queriendo hacerlas bien. Merece la pena.
© Del Texto: Nirek Sabal


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may 3 2011

Thor: La osadía del hijo de Odín

El Universo Marvel, poco a poco, se va expandiendo, adquiriendo cada vez una más que notable presencia en la gran pantalla; no es de extrañar que, tras fracasos como los intentos de Ang Lee con Hulk, la meada fuera de tiesto que fue la trilogía de Spiderman (con Sam Raimi y los estudios de Sony a la cabeza), o una idiotez como The Punisher; la compañía del tío Stan Lee se haya decidido a producir en gran medida las películas venideras de sus superhéroes más emblemáticos, así como decidirse a hacer reboots (Hulk hecha por Louis Leterrier,  interpretado por Edward Norton en vez del Eric Bana de Ang Lee; y la nueva de Spiderman para el año que viene, que no tiene nada que ver con las anteriores, son una buena muestra de ello). Todo ha sido mediante la adquisición de la Marvel por Disney, y una compañía como la Paramount. De este modo, hemos asistido a productos que no buscan un sesudo tratado de filosofía, sino la esencia más pura del cómic, que no es más que entretener. Como Iron Man 1 y 2, Hulk, ahora Thor, dentro de unos meses El Capitán América, el año que viene Spiderman, y de esta forma, reunir poco a poco a todos Los vengadores en un solo film.

El argumento nos sitúa en el reino de Asgaard, la morada del dios Odín, y sus hijos Thor y Loki, los que velan por la seguridad y la paz en el Universo. Cuando Odín ceremonia el traspaso de la corona a su hijo Thor, se sucede lo inesperado. Antiguos enemigos como los Gigantes de Hielo han invadido la cámara de los trofeos para obtener una reliquia de gran poder que les pertenecía. Thor, en su soberbia, no se explica cómo han llegado hasta allí, sobretodo sabiendo que el dios Heimdall, el guardián que conecta Asgaard con el resto de mundos, que todo lo ve y todo lo escucha, no se ha percatado de la presencia de tales sujetos en la cámara acorazada. Asi que nuestro querido Dios del Trueno, junto con su hermano y hechicero Loki, y otros compañeros de armas, deciden desobedecer a su sabio padre, e ir a dar una lección por tal osadía al mundo de los Gigantes. Cuando llegan, arman lo esperado, haciendo peligrar sus mismas vidas, y obligando a que intervenga Odín, que en su ira por tal desobediencia e imprudencia, destierra a Thor a la Tierra, despojándole de sus poderes y su martillo, Mjolnir. Aquí, entre mortales, tendrá que aprender a diferenciar qué es importante y qué no, saber comportarse, y en definitiva, a dar su ayuda por aquellos que la necesitan, sin ningún afán egoísta por medio. Todo empeora en Asgaard cuando su hermano Loki, empieza adquirir ciertos poderes….

Lo que más sorprende de todo esto es el director elegido para llevar a cabo las peripecias de uno de los superhéroes con más renombre en el Universo Marvel, Kenneth Branagh, al que todos conocemos por sus películas como Frankestein de Mary Shelley o Hamlet, y todo hacía suponer dos cosas: o bien se iba a cometer un desastre debido a la falta de experiencia en temas de acción; o bien, una gloriosa y entretenida historia. Ni lo uno ni lo otro, Kenneth ha dirigido con pulso firme un producto destinado al mero entretenimiento, sin ansias de trascender ni ir más allá de lo establecido, un producto correcto. Con un estilo visual rozando los kitsch, donde sobresale artísticamente todo lo ambientado en el mundo de Asgaard, visualmente impactante, bello y hermoso logrando que nos adentremos en ese mundo ilusorio y lejano; y unos personajes que, a pesar de ser meros estereotipos, con unas líneas de diálogos demasiado sencillas, logran empatizar con el espectador, metiéndolo de lleno en la acción, destacando Anthony Hopkins como el poderoso Odín, Chris Hemsworth como Thor, Tom Hiddleston haciendo de Loki, o Idris Elba como Heimdall (el más extraño de todos los personajes y el más carismático). Sin embargo, el resto del elenco no pasa de la mera mueca, como Natalie Portman o Stellan Skargard, que acaban relegados en un segundo plano. El guión es una constante montaña rusa: momentos dramáticos, aventura, comedia y acción se dan de la mano y el resultado acaba siendo un tanto irregular, sin embargo, como ya he dicho, la cinta es un muy buen entretenimiento para evadirse un rato de la realidad y dejarse fascinar por lo imposible. En cuanto a la música compuesta por Patrick Doyle, no es nada nuevo, y cumple su función de adecuarse a cada momento, engrandeciendo Asgaard cuando lo requiere, o los momentos cumbres donde Thor demuestra su valía como héroe, de hecho, escribo estas palabras mientras la escucho, recomendándola para todo aquel megalómano de las bandas sonoras.

En conclusión, podríamos afirmar que estamos ante un producto que no desmerece en nada el espíritu de los cómics (aún habiendo cambios sustanciales), que mantiene sus guiños constantes a los fans (se empieza a dilucidar SHIELD, Tony Stark/Iron Man, y alguna sorpresa que otra), y que no hace ningún daño a una cartelera que deja más bien que desear, con propuestas llenas de dramas sociales y sesudas historias que vienen a contarnos la misma realidad una y otra vez. Y ya para finalizar, un último dato para todo aquel que la vea, esperad hasta que pasen los créditos finales, como ya he dicho, hay una interesante sorpresa de cara a la película de Los vengadores.

¡¡¡LARGA VIDA AL HIJO DE ODÍN, THOR, DIOS DEL TRUENO!!!
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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abr 21 2010

Los amigos de Peter: Ladera abajo está la nostalgia


The Pretenders – Don�t get me Wrong

Que el tiempo no pasa en balde es algo que todos sabemos. Que lo que somos hoy, posiblemente nada tendrá que ver con lo que seamos dentro de 10, 15 ó 20 años, esa es una realidad.
Cumplir años e ir acumulando experiencias, gustos y disgustos en nuestra mochila, no hace más que acrecentar la nostalgia, ese sentimiento que difícilmente se tienen a los 18, a los 20 ó incluso a los 30.
Siempre comparo la vida con una montaña. Empiezas subiendo, intentando ascender a la cumbre, sin medir las fuerzas, dejándolo todo a cada paso. Con el tiempo, mientras vas ascendiendo, y empiezas a notar el cansancio, el paso se hace más mesurado, calculas las fuerzas, se resienten los pies, las piernas y te planteas incluso quien te mandaba embarcarte en subir por ahí, pero sigues subiendo y en un momento dado, cuando menos lo esperas, llegas a la cumbre, te paras, respiras, miras a tu alrededor, la senda por la que ha ascendido y empieza el descenso. Ahí es cuando debes controlarlo todo para no quedar definitivamente desfondado y recuerdas cuando y como iniciaste el camino, que esperabas encontrar, y piensas en todo lo que estaba por ver, por sentir. La vida no es otra cosa que la escalada a una montaña, una vertiente de subida y otra de bajada.
“Los amigos de Peter”, una película de Kenneth Branagh que nos sitúa frente a la montaña.
Esta película, que bien podría ser una obra de teatro, porque los escenarios que nos muestra son prácticamente todos lugares cerrados, un salón, unos dormitorios, se encuentra más próximo a una representación teatral donde lo que importa son los personajes y no los ambientes exteriores.
Tengo la sensación que Branagh quería mostrarnos a las personas, su evolución, el cambio de las relaciones personales, y para ello no necesitaba más que colocarlas en lugares cerrados, donde no hay escapatoria, donde los personajes tienen que enfrentarse con ellos mismo, con su pasado y con su posición frente a un futuro incierto.
La sinopsis: Los padres Peter (Stephen Fry) han fallecido, no tiene pareja, no tiene hijos. Está sólo. Hereda una inmensa casa y decide invitar a sus mejores amigos a celebrar el fin de año en la gran mansión familiar. Invita a sus amigos de la universidad, unas personas a las que ya no ve, pero que formaron parte de su vida organizando obras de teatro y revistas musicales cuando eran estudiantes. Han transcurrido más de diez años desde la última vez que se vieron, ya no son los mismos, sí en apariencia, pero no en el fondo. La convivencia, inicialmente feliz por la alegría del reencuentro, les pone frente a sus vidas, sus matrimonios de conveniencias, sus relaciones fracasadas, sus sueños aparcados. Intentan ser los mismos durante dos días. Pero nada es lo mismo, ellos lo ven y Peter mediante una noticia final, lo hará más evidente todavía.
La película, nos habla de la nostalgia, pero no transmite un solo mensaje negativo, intenta mostrarnos que la tristeza, la melancolía en muchas ocasiones se emulsiona con la alegría de poder continuar, de poder encontrar por el camino cosas tan estupendas de las que difícilmente seríamos consciente si no conociéramos el lado amargo de la vida. Siempre encuentro un mensaje positivo en este film.
Puede que a algunos le parezca una película llena de tópicos, de una estética nada agraciada, más cercana al teatro que al cine, con unos diálogos un tanto faltos de chispa. Algunos creerán que no pasa nada, que es lenta, pero eso es mirar la película sin ver lo que realmente ocurre en la pantalla y en nuestra propia vida. A mí siempre me ha parecido una película que vale la pena.
El elenco de actores, un lujazo: Emma Thompson, Imelda Staunton, Hug Laurie, Alphonsia Emmanuel ,Phillida Law, Stephen Fry y Carol Rundner. Muy british, pero excelente, inigualable para una película como ésta. Una película coral, donde todos junto a todos, forman un conjunto insuperable. Todos excéntricos, todos maniáticos, todos excelentes.
Por último, no podemos dejar de hablar de la banda sonora, los amantes de la música de los años 80 no deberían perdérsela, entre otras los Pretenders con su “Don´t get me wrong” acompañarán distintos momentos de esta película que para mí sigue siendo el fiel reflejo de lo que todos pensamos cuando cruzamos al otro lado de la ladera de la montaña. Pero eso lo sé hoy, no lo sabía a principio de los 90.
© Del Texto: Anita Noire