may 3 2011

Thor: La osadía del hijo de Odín

El Universo Marvel, poco a poco, se va expandiendo, adquiriendo cada vez una más que notable presencia en la gran pantalla; no es de extrañar que, tras fracasos como los intentos de Ang Lee con Hulk, la meada fuera de tiesto que fue la trilogía de Spiderman (con Sam Raimi y los estudios de Sony a la cabeza), o una idiotez como The Punisher; la compañía del tío Stan Lee se haya decidido a producir en gran medida las películas venideras de sus superhéroes más emblemáticos, así como decidirse a hacer reboots (Hulk hecha por Louis Leterrier,  interpretado por Edward Norton en vez del Eric Bana de Ang Lee; y la nueva de Spiderman para el año que viene, que no tiene nada que ver con las anteriores, son una buena muestra de ello). Todo ha sido mediante la adquisición de la Marvel por Disney, y una compañía como la Paramount. De este modo, hemos asistido a productos que no buscan un sesudo tratado de filosofía, sino la esencia más pura del cómic, que no es más que entretener. Como Iron Man 1 y 2, Hulk, ahora Thor, dentro de unos meses El Capitán América, el año que viene Spiderman, y de esta forma, reunir poco a poco a todos Los vengadores en un solo film.

El argumento nos sitúa en el reino de Asgaard, la morada del dios Odín, y sus hijos Thor y Loki, los que velan por la seguridad y la paz en el Universo. Cuando Odín ceremonia el traspaso de la corona a su hijo Thor, se sucede lo inesperado. Antiguos enemigos como los Gigantes de Hielo han invadido la cámara de los trofeos para obtener una reliquia de gran poder que les pertenecía. Thor, en su soberbia, no se explica cómo han llegado hasta allí, sobretodo sabiendo que el dios Heimdall, el guardián que conecta Asgaard con el resto de mundos, que todo lo ve y todo lo escucha, no se ha percatado de la presencia de tales sujetos en la cámara acorazada. Asi que nuestro querido Dios del Trueno, junto con su hermano y hechicero Loki, y otros compañeros de armas, deciden desobedecer a su sabio padre, e ir a dar una lección por tal osadía al mundo de los Gigantes. Cuando llegan, arman lo esperado, haciendo peligrar sus mismas vidas, y obligando a que intervenga Odín, que en su ira por tal desobediencia e imprudencia, destierra a Thor a la Tierra, despojándole de sus poderes y su martillo, Mjolnir. Aquí, entre mortales, tendrá que aprender a diferenciar qué es importante y qué no, saber comportarse, y en definitiva, a dar su ayuda por aquellos que la necesitan, sin ningún afán egoísta por medio. Todo empeora en Asgaard cuando su hermano Loki, empieza adquirir ciertos poderes….

Lo que más sorprende de todo esto es el director elegido para llevar a cabo las peripecias de uno de los superhéroes con más renombre en el Universo Marvel, Kenneth Branagh, al que todos conocemos por sus películas como Frankestein de Mary Shelley o Hamlet, y todo hacía suponer dos cosas: o bien se iba a cometer un desastre debido a la falta de experiencia en temas de acción; o bien, una gloriosa y entretenida historia. Ni lo uno ni lo otro, Kenneth ha dirigido con pulso firme un producto destinado al mero entretenimiento, sin ansias de trascender ni ir más allá de lo establecido, un producto correcto. Con un estilo visual rozando los kitsch, donde sobresale artísticamente todo lo ambientado en el mundo de Asgaard, visualmente impactante, bello y hermoso logrando que nos adentremos en ese mundo ilusorio y lejano; y unos personajes que, a pesar de ser meros estereotipos, con unas líneas de diálogos demasiado sencillas, logran empatizar con el espectador, metiéndolo de lleno en la acción, destacando Anthony Hopkins como el poderoso Odín, Chris Hemsworth como Thor, Tom Hiddleston haciendo de Loki, o Idris Elba como Heimdall (el más extraño de todos los personajes y el más carismático). Sin embargo, el resto del elenco no pasa de la mera mueca, como Natalie Portman o Stellan Skargard, que acaban relegados en un segundo plano. El guión es una constante montaña rusa: momentos dramáticos, aventura, comedia y acción se dan de la mano y el resultado acaba siendo un tanto irregular, sin embargo, como ya he dicho, la cinta es un muy buen entretenimiento para evadirse un rato de la realidad y dejarse fascinar por lo imposible. En cuanto a la música compuesta por Patrick Doyle, no es nada nuevo, y cumple su función de adecuarse a cada momento, engrandeciendo Asgaard cuando lo requiere, o los momentos cumbres donde Thor demuestra su valía como héroe, de hecho, escribo estas palabras mientras la escucho, recomendándola para todo aquel megalómano de las bandas sonoras.

En conclusión, podríamos afirmar que estamos ante un producto que no desmerece en nada el espíritu de los cómics (aún habiendo cambios sustanciales), que mantiene sus guiños constantes a los fans (se empieza a dilucidar SHIELD, Tony Stark/Iron Man, y alguna sorpresa que otra), y que no hace ningún daño a una cartelera que deja más bien que desear, con propuestas llenas de dramas sociales y sesudas historias que vienen a contarnos la misma realidad una y otra vez. Y ya para finalizar, un último dato para todo aquel que la vea, esperad hasta que pasen los créditos finales, como ya he dicho, hay una interesante sorpresa de cara a la película de Los vengadores.

¡¡¡LARGA VIDA AL HIJO DE ODÍN, THOR, DIOS DEL TRUENO!!!
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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abr 21 2010

Los amigos de Peter: Ladera abajo está la nostalgia


The Pretenders – Don�t get me Wrong

Que el tiempo no pasa en balde es algo que todos sabemos. Que lo que somos hoy, posiblemente nada tendrá que ver con lo que seamos dentro de 10, 15 ó 20 años, esa es una realidad.
Cumplir años e ir acumulando experiencias, gustos y disgustos en nuestra mochila, no hace más que acrecentar la nostalgia, ese sentimiento que difícilmente se tienen a los 18, a los 20 ó incluso a los 30.
Siempre comparo la vida con una montaña. Empiezas subiendo, intentando ascender a la cumbre, sin medir las fuerzas, dejándolo todo a cada paso. Con el tiempo, mientras vas ascendiendo, y empiezas a notar el cansancio, el paso se hace más mesurado, calculas las fuerzas, se resienten los pies, las piernas y te planteas incluso quien te mandaba embarcarte en subir por ahí, pero sigues subiendo y en un momento dado, cuando menos lo esperas, llegas a la cumbre, te paras, respiras, miras a tu alrededor, la senda por la que ha ascendido y empieza el descenso. Ahí es cuando debes controlarlo todo para no quedar definitivamente desfondado y recuerdas cuando y como iniciaste el camino, que esperabas encontrar, y piensas en todo lo que estaba por ver, por sentir. La vida no es otra cosa que la escalada a una montaña, una vertiente de subida y otra de bajada.
“Los amigos de Peter”, una película de Kenneth Branagh que nos sitúa frente a la montaña.
Esta película, que bien podría ser una obra de teatro, porque los escenarios que nos muestra son prácticamente todos lugares cerrados, un salón, unos dormitorios, se encuentra más próximo a una representación teatral donde lo que importa son los personajes y no los ambientes exteriores.
Tengo la sensación que Branagh quería mostrarnos a las personas, su evolución, el cambio de las relaciones personales, y para ello no necesitaba más que colocarlas en lugares cerrados, donde no hay escapatoria, donde los personajes tienen que enfrentarse con ellos mismo, con su pasado y con su posición frente a un futuro incierto.
La sinopsis: Los padres Peter (Stephen Fry) han fallecido, no tiene pareja, no tiene hijos. Está sólo. Hereda una inmensa casa y decide invitar a sus mejores amigos a celebrar el fin de año en la gran mansión familiar. Invita a sus amigos de la universidad, unas personas a las que ya no ve, pero que formaron parte de su vida organizando obras de teatro y revistas musicales cuando eran estudiantes. Han transcurrido más de diez años desde la última vez que se vieron, ya no son los mismos, sí en apariencia, pero no en el fondo. La convivencia, inicialmente feliz por la alegría del reencuentro, les pone frente a sus vidas, sus matrimonios de conveniencias, sus relaciones fracasadas, sus sueños aparcados. Intentan ser los mismos durante dos días. Pero nada es lo mismo, ellos lo ven y Peter mediante una noticia final, lo hará más evidente todavía.
La película, nos habla de la nostalgia, pero no transmite un solo mensaje negativo, intenta mostrarnos que la tristeza, la melancolía en muchas ocasiones se emulsiona con la alegría de poder continuar, de poder encontrar por el camino cosas tan estupendas de las que difícilmente seríamos consciente si no conociéramos el lado amargo de la vida. Siempre encuentro un mensaje positivo en este film.
Puede que a algunos le parezca una película llena de tópicos, de una estética nada agraciada, más cercana al teatro que al cine, con unos diálogos un tanto faltos de chispa. Algunos creerán que no pasa nada, que es lenta, pero eso es mirar la película sin ver lo que realmente ocurre en la pantalla y en nuestra propia vida. A mí siempre me ha parecido una película que vale la pena.
El elenco de actores, un lujazo: Emma Thompson, Imelda Staunton, Hug Laurie, Alphonsia Emmanuel ,Phillida Law, Stephen Fry y Carol Rundner. Muy british, pero excelente, inigualable para una película como ésta. Una película coral, donde todos junto a todos, forman un conjunto insuperable. Todos excéntricos, todos maniáticos, todos excelentes.
Por último, no podemos dejar de hablar de la banda sonora, los amantes de la música de los años 80 no deberían perdérsela, entre otras los Pretenders con su “Don´t get me wrong” acompañarán distintos momentos de esta película que para mí sigue siendo el fiel reflejo de lo que todos pensamos cuando cruzamos al otro lado de la ladera de la montaña. Pero eso lo sé hoy, no lo sabía a principio de los 90.
© Del Texto: Anita Noire