jun 12 2012

Un método peligroso: Lo soso del psicoanálisis

Una impecable puesta en escena y una ambientación casi exacta ayuda mucho a que una película sea agradable. Pero lo importante llega desde otro lugar; desde una zona más literaria que otra cosa, esto es, desde el guión. Esto puede gustar, más o menos, a muchos; o disgustar completamente a casi todos (los mediocres sobre todo); pero es una realidad patente.
Un método peligroso no es una mala película. Es elegante, impecable en su factura, rebosante de música delicada y sólida, incluso de interpretaciones correctas aunque planitas. Además, maneja una idea más que atractiva para el espectador: ¿Hasta dónde el que más sabe de la psicología humana es capaz de controlar la suya propia? Porque ninguno de los personajes logra alejarse de lo que percibe como peligroso o una lacra en su propia existencia. Tal vez sea esta idea lo más atractivo de la película.
No es una mala película aunque deja a medio camino casi todo. Es verdad que el director David Cronenberg arriesga hasta cierto punto, que incluso roza caminos que le podrían echar abajo todo el trabajo, pero retrocede cuando más falta hace en su propuesta. Es lo malo de saber que te van a mirar con lupa. Y a este hombre, algunos, le tienen crucificado. Y aquí tenemos el problema del guión. Se acerca aunque no llega. Arriesga aunque se vuelve prudente en el momento justo. Se llena de asuntos profundos que no llevan a ningún sitio lo que produce una ruptura en el ritmo general. La cosa queda sosa. Sosa a la par que elegante y fina. Qué cosas.
Viggo Mortensen está apático. Michael Fassbender es soso. Keira Knightley roza el histrionismo aunque corre hasta la sosería más inmaculada jamás vista. Pero quiero ser justo y, esto dicho así, podría parecer un auténtico desastre. No están mal. Están sositos. Como toda la película. Hacer juego sí que hacen.
El vestuario está muy bien. La peluquería también. El montaje algo excesivo en sus elipsis. Nos quedamos con las ganas de conocer algunos detalles de la trama que como espectadores no podemos rellenar. La dirección actoral se centra en la señora Knightley puesto que defiende el papel más difícil con diferencia. Y el resultado es irregular. Cuando más peligro corre es cuando mejor queda la interpretación. Cuando la cosa se calma todo se desliza hacia una tranquilidad que descompone el papel.
Quizás el problema sea intentar contar con rigor un asunto que cabe más en un ensayo o en una biografía. En las películas, si dices mucho malo, si dices poco malo, también. No se va al cine a recibir un curso de nada, ni se va al cine a que te cuenten las cosas a medias. Al final, la tendencia es quedarse en tierra de nadie, en un lugar frío que deja destemplado al espectador. En medio de un desierto soso.
Una película más que no pasará a la historia del cine como gran cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


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sep 16 2010

Piratas del Caribe: Sobre la utilidad de una película de cine

Un adulto llega a su casa. Abre la puerta y quiere dejar atrás una vida de mierda. Se encuentra a su mujer en la cocina. Guisando. Ella está en paro desde un par de años atrás. En la habitación del fondo, los niños estudian o juegan. Han llegado poco antes. Después de un madrugón, un montón de horas de clase y un par de actividades de propina para que se hagan más listos. Y el padre, que quiere dejar una vida de mierda al cerrar la puerta de casa, les plantea que pueden ver una película. Que harán una excepción, pedirán una pizza por teléfono y comerán palomitas caseras que son las mejores. La madre deja las sartenes a un lado. Los niños sus juguetes o sus libros. El padre su vida de mierda. Miran la estantería. Tienen que elegir.
Por allí ven algo de Federico Fellini, algo de François Truffaut, Stanley Kubrick. Y tres películas juntas que sobresalen sobre las demás. Piratas del Caribe. Y es que quieren olvidarse de algunas cosas. No lo dudan.
Posiblemente, ese hombre tiene el resto de películas en su estantería porque le gusta el buen cine. Posiblemente, su mujer las ha visto con él porque le gusta el buen cine. Posiblemente, los hijos mayores ya han visto alguna de ellas. Pero todos eligen Piratas del Caribe. Cada cosa en su momento, deben pensar. Y es que el buen aficionado al cine sabe que hay películas que sirven para pensar, otras para perder el tiempo y otras para dejar la vida de mierda detrás de la puerta. Incluso que las hay que reúnen dos o más características. No es esta trilogía una castaña que se deja ver. Es verdad que la tercera entrega se pierde un poco entre efectos especiales y desdibuja a los personajes con tanto chiste encadenado, pero, en conjunto, la trilogía es muy divertida. Puestos a sacar faltas podríamos hablar de las limitaciones de un Orlando Bloom frío y aburridillo, de una Keira Knightley que parece estar más para vender revistas a los adolescentes que para hacer su papel o el pequeño disparate en lo que se convierte la trilogía a partir del final de la segunda parte. Pero no me da la gana. También hay que saber sentarse para divertirse. Esas posiciones tan rígidas en las que el espectador cinéfilo se quiere arrancar un brazo antes de ver algo que no le haga pensar me parecen una idiotez colosal. Se puede entender de cine, pero no se puede disfrutar de él si no se sabe discriminar cuando toca.
Johnny Deep es el capitán Jack Sparrow. Divertido, eficaz y creíble. Orlando Bloom es Will Turner. Un personaje que trata de evolucionar y no lo logra del todo. Aunque su historia de amor con Elizabeth Swann (Keira Knightley) mantiene buena parte de la tensión narrativa (a pesar de lo previsible que es desde casi el principio). Hector Barbossa es un pirata malo que no veas. Lo interpreta Geoffrey Rush. Todo un lujo. Y Chow Yun-Fat es el que hace de Sao Feng (otro pirata para echar de comer aparte). Más lustre si cabe.
Pues bien, todos estos actores (hay muchos más, claro, pero no se trata de redactar la nómina completa) interpretan una historia de piratas ambiciosa y muy espectacular. Va de más a menos. O de mucho a poco. Como quieran. Una historia llena de batallas, de amores, de traición, de efectos especiales, de hombres pez, de barcos fantasmas, de buques de guerra, de uñas llenas de mierda, de ron. Lo que venimos reconociendo como una película de piratas, de aventuras. Nada de pensar en nuestra sesuda mente, ni en nuestros trabajos tan importantes. Una de aventuras.
Me niego a decir nada en contra de esta trilogía. No me da la gana. ¿Lo tiene? Pues claro. Pero también lo tienen nuestras vidas y no nos tiramos por el balcón. Cada cosa cuando toca.
Pues eso.
© Del Texto: Nirek Sabal

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