sep 28 2010

The Limits of control: Los límites de mi contradicción

Para que quede claro y antes de empezar, The limits of control es infumable y no se la recomiendo a nadie a no ser que tenga un poco de curiosidad. Ni siquiera esto pretende ser una crítica propiamente dicha. A lo que voy, no me gusta el cine vestido de falsa trascendencia y snobismo que algunos autores se dan, sobretodo en estos tiempos. Y Jim Jarmusch es uno de esos directores/guionistas que odio desde lo más profundo de mi ser. Todos sus guiones me parecen pedantes, cosa que no puedo decir de la realización; pero lo último sin lo primero, como todo, se queda cojo. Sus películas se quedan en una especie de limbo, existen, pero ya está, no se salva ni una. Quizás vi un atisbo de cine en Ghost Dog o Bajo el peso de la ley, pero solo eso. Sin embargo, al contrario de lo que me pasó con sus anteriores filmes, The limits of control es uno de mis bodrios favoritos. Realmente es una película sin argumento, un tipo llega a España y se va encontrando cada 20 minutos con un personaje diferente, le suelta un rollo vestido de falsa trascendencia y una caja de cerillas con el siguiente objetivo y así hasta que llega a un final donde el malo es Bill Murray, se suelta el discurso pedante escrito por Jarmusch en el que no sé muy bien si se critica a sí mismo, si critica a los snobs que tanto odio o si critica a los españoles, vaya usted a saber. Ah si, se me olvidaba, el protagonista (Isaach De Bankolé) no habla durante toda la película, sus página de diálogo se reduce a tres líneas como mucho, poner cara de palo con envoltura de meditación antes de cometer su ¿venganza? ¿encargo?, tomar cafés de dos en dos, y poco más. Lo sé, os he destripado las dos horas que dura la película, pero eso poco me importa porque no la vais a ver.
Pues eso, que tal cual empecé a ver este despropósito la terminé. Como el protagonista, mi cara era de palo, más que la de Keanu Reeves(si, tengo una fijación fetichista con este actor, pero no hemos venido hablar de sus peliculas). Film pausado donde los haya, anodino es quedarse corto, eso sí, envidio ese minimalismo impreso a fuego en toda la película, desde el vestuario a la decoración de los lugares elegidos, pasando por la caracterización de cada uno de los secundarios, todos muy diferentes entre sí, Tilda Swinton es la que más me llama la atención. La música también es bastante destacable, incluso para escucharla aparte. La fotografía me parece sublime.
En definitiva, es una gran lacra que la película sea técnicamente perfecta para tan farragoso, estúpido y pedante guión. Y lo peor de todo, es que los españoles somos gilipollas (en la película y detrás de ella), me imagino yo a los cuatro idiotas de turno…’’Oh, viene Jarmusch a rodar aquí, vamos a ponerle en bandeja todo, las localizaciones y todo lo que haga falta, que pagan muy bien estos americanitos’’, luego ves por ahí un chaval que quiere hacer un corto en un metro y tiene que pedir ochocientos mil permisos y encima pagar dos riñones y parte de un pulmón. Un chaval español. Sí de aquí, aunque tenga una idea cojonuda le ponemos mil peros y obstáculos. Manda huevos. Así va nuestro cine, sin ayudar a nuestros jóvenes. Lo mismo pasó cuando vino Woody Allen e hizo un bodrio de película de la que ni me quiero acordar.
The Limits of control es infumable, pero me gustó. Tiene su encanto, es un buen somnífero. Cuantas contradicciones se hallan en mi cabeza ahora…

© Del Texto: Gwynplaine Thor

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sep 7 2010

El libro de Eli: Yo soy el Alfa y el Omega

“Es The Road con doble de argumento, cuatro veces más munición y la mitad de cerebro: y probablemente recaudará diez veces más’’. Estas palabras las dijo un tal Ty Burr del Boston Globe. Razón no le falta, semejante tostón se lo enviaría a mi peor enemigo a ver si se convierte en buena persona…
Eli (Denzel Washington haciendo el papel de siempre) es un tipo duro que recorre el desierto de Estados Unidos, su objetivo es llegar al oeste pues porta la única copia que queda de un libro muy antiguo: La Biblia. En su periplo se encontrará con todo tipo de personajes, caníbales, mercenarios, malos muy malosos como Gary Oldman y todo tipo de analfabetos. Ah sí, se me olvidaba, nos situamos en un mundo post-apocalíptico, destruido por la mano del hombre. ¿Original, verdad?
Un pastiche kitsch que incluye western con género de acción mezclado con drama e intenciones moralistas cristianas, todo envuelto en una casposidad de guión que dan arcadas tras finalizar la película. Un mero panfleto sobre el bien y el mal, y en el que se da a entender que si uno sigue el camino cristiano será buena persona. Vaya por Dios, nunca mejor dicho.
En cuanto a las actuaciones… ¿las hay? Es decir, la película dura dos horas y prácticamente el único que actúa es Gary Oldman, porque Denzel Washington es como Keanu Reeves, para que se le mueva una ceja tiene que hacer demasiado sobreesfuerzo. Por no hablar de Mila Kunis, que da bastante penita para lo guapa que es. El resto… en fin…
Vale, con esta crítica estoy espeso. Igual que la película. Espesa… muy lenta para lo que cuenta(que no es nada nuevo), vacía en contenido, superficial hasta decir basta. Claro que habrá gente que mire profundidad en el conjunto cuando el héroe solitario va por la carretera y suena esa música anodina, pero yo no trago semejante mamarrachada. No. Que no lo trago.
Al principio hablaba de The Road, una película muchísimo más humilde, perfectamente llevada, con una fotografía espléndida, con mucha más chicha y menos florituras. Incluso era más realista. The Road y El Libro de Eli salieron prácticamente al mismo tiempo en nuestras salas. Para ser precisos, la segunda es el hermano feo. No hay más, lo único que se salva es la música para escucharla aparte, porque la fotografía de Don Burgess es penosa y tengo la sensación de que toda la película se ha trabajado en un maldito croma y luego se ha retocado mil veces en postproducción ya que ni los personajes parecen estar en el entorno, de hecho, lo único potable de la filmografía de este hombre son algunos trabajos con Robert Zemeckis. Del guión mejor ni hablemos. Y lo más irónico de la cinta, es que la salvación (ojo que va spoiler del final) se encuentra en San Francisco, y aún mejor…en la prisión de Alcatraz, donde se empieza a crear un museo y una especie de ciudad fortaleza, con suerte de imprenta y demás parafernalia. Increíble.
En definitiva, la salvación la tenemos al alcance de un libro donde se nos dice que el principio de la humanidad fue un hombre y una mujer puestos ahí porque una mano divina lo dispuso. Luego ya sabéis todo lo que vino, y aburre hasta a un santo.
Una cosa. ¿Por qué en toda suerte de película con rollo cristiano nos sueltan siempre los mismos pasajes una y otra vez? ¿Es que no hay más? ¿La Biblia es tan pequeña que solo contiene las mismas cuatro frases de siempre?
Vaya tostón épico. Adivinen cuál de las dos cosas.
Amén.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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