feb 7 2012

Con amor, Liza (Love, Liza)

Antes de empezar a escribir nada sobre Con amor, Liza (Love, Liza), he mirado la pantalla durante bastante más tiempo del habitual. He buscado, entre la música de la que dispongo, algo de  Jim O’Rourke. La elección no es casual, la estupendísima banda sonora de esta película dirigida por Todd Louiso, con guión de Gordy Hoffman, es precisamente de este músico.
La sinopsis de la película es sencilla. Wilson Joel (Philip Seymour Hoffman), vive en una ciudad del centro de los Estados Unidos. Su vida de mediano éxito profesional y aparente vida plácida, se viene abajo con el suicido de su esposa Liza (Ann Morgan). Al impacto de un acto incomprensible, desolador para los que quedan tras la desaparición de Liza se une la necesidad de escapar de su realidad. Nada explica la decisión de Liza, una mujer apenas apuntada en su presencia por algo tan exiguo como un nombre y la ensoñación de su presencia a través de la inhalación de los vapores de gasolina. Una manera de evadir una realidad que necesita una explicación, un motivo, una razón para poder comprender y poder seguir caminando. Y esa explicación puede aparecen en la última nota que Liza escribió a Wilson antes de morir. Pero enfrentarse a la realidad no es sencillo, a los fracasos de uno mismo, al fracaso de los que se ama; por eso Wilson demora la apertura de una carta que le acompaña en cada uno de los segundos en una vida que ya no es la suya. Y junto a él, Mary Ann Bankhead (Kathy Bates), la madre de una mujer que se quitó la vida aparentemente sin motivo. Sosteniendo lo insostenible, pese al dolor, a la amargura del que no comprende nada, a pesar de la pesada losa de una culpa absurda. Y mientras, la necesidad de alienarse, en este caso, a base de inhalaciones de los gases que emanan de un bidón de gasolina. Empezar a perderlo todo, hasta perderse uno mismo. No es suficiente recordar, no es suficiente no pensar, ni buscar ocupaciones tan absurdas como hacer volar aviones teledirigidos; el dolor tiene las piernas más largas y las manos más grandes. Frente a esta muerte en vida sólo cabe la posibilidad de volver de ese lugar al que la incertidumbre vital le ha colocado, enfrentarse a una carta que le permita, si es posible, no volver a comenzar, pero sí a seguir caminando.
La desesperación puede ser filmada y una buena prueba de ello es esta película. Grandiosa la interpretación de Philip Seymour Hoffman quien consigue que nos quedemos pegados a él con una mezcla de sentimientos encontrados. Grandiosa, como siempre, Kathy Bates. Porque la desesperación, en ocasiones, es terriblemente cómica, es terriblemente devastadora. Bajar a los infiernos es sencillo y aquí podemos palparlo. Perderlo todo, absolutamente todo y saber que sólo cabe una mínima recuperación cuando alguien te habla con amor, desde allí. Porque ese es el mensaje. Un mensaje que llega desde la nada.

Esta película clasificada dentro del cine independiente; llamado indie; es un claro ejemplo, uno más, de que las pequeñas producciones son capaces de hacer un cine brutal, especial y distinto. Es una película que consiguió que la pena me atrapara y que creyera en la virtualidad de una cerilla para devolverle la vida  a alguien que estando vivo se muere de desesperación.
Una película que deben tener en cuenta si quieren explorarse un poco, si quieren arrimarse al lado oscuro de la vida aunque sea a través de la ficción. Un premio en Sundance en el año 2002 que, desde luego, no fue porque sí.
© Del Texto: Anita Noire


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oct 2 2011

Misery: Prefiero no tener fans

Creo que no hay una sola persona sobre la faz de la tierra que esté dispuesta a ser mi fan número uno. Ni el dos. Aunque, después de ver Misery, no me importa en absoluto ser un tipo anónimo y más pobre que las ratas pardas.
Misery es una película que nace como adaptación de la novela de Stephen King que lleva el mismo nombre. Esa adaptación se le encargó a William Goldman. Un maestro de la novela de terror y un mago del guión. La dirigió Rob Reiner. Otro de los grandes cuando se toma el trabajo en serio. Y el reparto lo encabezaban James Caan y Kathy Bates acompañados por Lauren Bacall y Richard Farnworth. En fin, es una película a la que no le falta un buen ingrediente. Si añadimos el trabajo excepcional del director de fotografía, Barry Sonnenfeld, que saca petróleo de un escenario mínimo en el que los tonos siniestros aparecen en cada encuadre, tenemos una de las mejores películas del género de terror que podemos encontrar.
James Caan defiende su papel con un trabajo gestual admirable. Apenas se mueve del sitio y su rostro será el que irá dibujando sus estados de ánimo, sus miedos, sus esperanzas, su ira. El espectador sufre con él, con su dolor físico, con la asombrosa tortura sicológica a la que es sometido. Kathy Bates logra una interpretación muy difícil de olvidar. El espectador mira la pantalla y siente lo que Paul Sheldon, el escritor que se ve secuestrado por su fan número uno (una loca llamada Annie Wilkes). Cuando Annie se enfada todos nos arrugamos sabiendo que lo que llega es cruel y violento. Lauren Bacall tiene un papel muy corto e irrelevante. Richard Farnsworth, sin embargo, interpreta un papel que dota a la película de un ritmo mucho más llevadero. Lo opresivo del escenario (por su pequeñez, por lo que representa) se agranda cuando la cámara sigue los pasos de este viejo sheriff de Colorado.
Un par de escenas se quedan grabadas en la mente del espectador para siempre. La última pelea entre el escritor y su fan hace pasar un mal rato eterno. Ver como Annie se acerca con un mazo de obra a la cama de Paul es espeluznante. Sabemos que ambas escenas terminarán en tragedia, en un dolor infinito. Todo ello contemplando primeros planos que nos encogen en la butaca. Los del escritor aguantando un dolor físico inimaginable. Los de la mujer representando la zona más oscura y terrible del ser humano. Aunque lo interesante es el poso que deja la película. Inolvidable y miedoso.
El argumento es muy sencillo, pero Goldman lo estira (como ya hizo el novelista en el original) de forma prodigiosa. Un escritor famoso por sus obras románticas (la protagonista se llama Misery) se refugia en Colorado para escribir algo distinto. Cuando termina, intenta llegar a su casa, pero una tormenta muy fuerte hace que tenga un accidente. Le rescata una mujer que le sigue por ser fan absoluta de su obra. Es enfermera. Le lleva a casa para que se recupere. Y se queda con el trofeo en propiedad. De allí hay que salir como sea. Así de sencillo. Aunque con un personaje como el de Annie todo es posible. Violencia, fanatismo de todo tipo, mentiras, amores no correspondidos, obsesiones.
En el montaje definitivo quedaron fuera algunas escenas. Una de ellas, protagonizada por Kathy Bates, es en la que su personaje mata al ayudante del sheriff pasando por encima de él con una máquina cortacésped. Por lo visto, eso fue motivo de enfado descomunal por parte de la actriz puesto que pensaba que esa era la mejor de todas las escenas. ¿Cómo sería eso? No lo quiero ni pensar. Otras escenas fueron motivo de discusión entre director, guionista y productores. La de Annie rompiendo los tobillos a Paul es una adaptación del original en la que la enfermera corta un pie al escritor con un hacha. Francamente, no sé cuál de las dos hubiera sido más tremenda. Pero, aunque algunas escenas importantes quedaron fuera, el montaje de Misery es espléndido. Todas las elipsis están colocadas con acierto, se puede seguir la trama sin dificultad alguna, el ritmo de la película es asombrosamente rápido aunque algunas escenas se hagan eternas por su crueldad.
Misery es un película que hay que ver. Es extraordinaria. La interpretación de Kathy Bates excelente. La de Caan lo mismo. Se pasa un rato en vilo, pero merece la pena echar un vistazo. No se la pierdan.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jun 7 2010

Tomates verdes fritos: Poder compartir

El tema del racismo no es nada novedoso. El tema de la amistad más allá de lo convencional tampoco lo es. Hay cientos de películas que tratan sobre ello. Tomates verdes fritos, por tanto, pertenecería a esa serie de films nada novedosos en cuanto a su trama. Sin embargo, lo cierto es que algo tiene que la hace distinta. Quizás, la forma en que las protagonistas de esta película se alían, cada una a su manera, para no cejar contra las injustitas y prejuicios que el tema racial imponía en el sur de los EEUU, y cómo unas junto a las otras se convierten en refugios para sus propias vidas.

La película nos sitúa en un pequeño pueblo de Alabama, donde vive Evelyn Couch (Kathy Bates) una mujer tímida, acomplejada por su gordura, que, ante la insatisfacción vital que siente se refugia en la comida. Evelyn, conocerá a Ninny Threadgoode (Jessica Tandy), una anciana que vive en un asilo. Gracias a la relación que se establece entre las dos mujeres, Evelyn evolucionará hasta convertirse en una mujer completamente distinta. Paralelamente a la historia de estas mujeres, correrá, como un flashbacks, la vida de otras dos mujeres, Idgie y Ruth, que mantienen una relación de amistad desde que eran dos niñas y a lo largo de toda su vida. Para aderezar esta historia de amistad y compromiso, una trama de intriga que, entiendo, es lo de menos.

Y es que lo que importa en esta película es el tema de la amistad, de esas relaciones que establecemos con otras personas con las que somos capaces de compartir las amarguras y las alegrías que la vida nos depara a la vuelta de cada esquina. Porque no hay nada como compartir los disgustos y las penas para sobrellevarlos mejor y, tampoco no hay nada mejor que compartir esos momentos que tanto nos alegran. La complicidad  no tiene precio. Y ese es, precisamente, el nudo gordiano de la película.

“¿El secreto de la vida? El secreto está en la salsa”. Eso es lo que son los amigos,  los buenos amigos (los de verdad), son la salsa de nuestras vidas. De eso estoy completamente segura.

Tomates verdes fritos, es una historia entrañable, cálida, dirigida por Jon Avnet (productor de auténticos bodrios cinematográficos), que aprovechó una muy buena historia escrita por la novelista Fannie Flagg (Fried Green Tomatoes at the Whistle Stop Café); una fantástica ambientación sureña y un reparto de actrices de verdadera impresión, empezando por la grandísima Jessica Tandy, la inigualable Kathy Bates, y las encantadoras Mary Stuart Materson y Mary Louise Parker.

Este film tuvo dos nominaciones a los Oscar, a la mejor actriz de reparto para Jessica Tandy y a mejor guión adaptado. No obtuvo ninguno de los dos, pero merecía ambos, sin lugar a dudas. Obtuvo también diversas nominaciones a los premiso Bafta y a los Globos de Oro, sin obtener ninguno de ellos.

Como ven, les traigo otra película de relaciones humanas, de amistad, de amor y esperanza en el cambio, pero es que es lo que me apetece. No puedo decirles más que lo que aquí les dejo. Ahora tengo que reunirme con las que forman mi salsa, las que me alegran la vida, vamos a darnos unas risas y unos cuantos llantos si hace falta.

Disfrútenla.

© Del Texto: Anita Noire

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