abr 3 2012

La guerra de los Rose: El formidable futuro de las cosas pequeñas

“Si un hombre que gana 450 dólares la hora quiere contarle una historia gratis, debe usted escucharla”. Así es como Danny deVito, en su papel de abogado y amigo de Oliver y Barbara Rose detiene el reloj que mide sus honorarios ante su último cliente para contarle la historia de estos infelices cuyo divorcio nunca pudo llevarse a cabo porque acabaron matándose al caer descolgados de una inmensa araña de cristal en su fastuosa residencia.

Michael Douglas y Kathleen Turner convertidos en Oliver y Barbara Rose. Una pareja como otra cualquiera compuesta por un prometedor abogado y una gimnasta que al empezar su relación durante una subasta de arte en una tarde de lluvia en la isla de Nantucket, ignora por completo que no tiene ninguna posibilidad de llevar a buen puerto un proyecto de vida en común. Todo un futuro por delante truncado de antemano.
En la historia que Danny deVito le cuenta a su cliente en su magnífico despacho pintado de verde botella durante una noche de tormenta en la que el viento agita un almendro blanco frente a la ventana no hay reproches ni te lo dijes, no hay grandes argumentaciones ni melodramas. Por el contrario, hay que estar muy atento para percibir, en pasajes que representan simples cuestiones cotidianas, pequeños indicios de lo que se avecina. Un leve temblor de la barbilla, una cesión sin aparente molestia, una mirada penetrante, un silencio oportuno.


La guerra de los Rose llama mi atención porque pone de manifiesto que no hace falta un adulterio, ni malos tratos, ni diferencias irreconciliables, ni infelicidad, ni siquiera desamor, para recorrer el camino que va desde la primera noche de amor hasta no poder soportar el ruido que hace el contrario sobre el plato al cortar el filete con el cuchillo y el tenedor. Una simple historia de la vida normal de una pareja que aunque aparentemente feliz, está salpicada de minúsculas diferencias, detalles insignificantes, diminutos desencuentros que parecen no tener importancia pero que un día cualquiera desembocan en una afirmación sencilla pero inequívoca, tajante, y desde luego inesperada: Esta tarde, cuando supe que te habían llevado al hospital por un posible infarto, tuve una sensación muy fuerte de que habías muerto. Y de pronto supe cómo me sentiría si estuviera sola en esta casa, si no estuvieras a mi lado. Y tuve tanto miedo que quedé paralizada, bloqueada, no podía respirar. Tuve miedo porque me sentí feliz.
Lo de menos, después de esta declaración de guerra, son las carreras por la casa, las cien porcelanas rotas, el secuestro en la sauna, orinar sobre un pescado al horno frente a los invitados o matarse en caída libre desde una lámpara de techo, algo que por otra parte no está nada mal como punto final a un matrimonio. Lo deslumbrante es percibir que lo diminuto, lo inapreciable, lo imperceptible, separa. En ocasiones, hasta decir: quiero una vida sin ti.

© Del Texto: pyyk


feb 21 2011

Fuego en el cuerpo: La asfixia del calor humano


Bajo los efectos de una inolvidable melodía de John Barry, Lawrence Kasdan nos cuenta la intensa historia de deseo entre Ned Racine, un abogado vividor y mujeriego de un pequeño pueblo de la costa y Matty Walker, una misteriosa y atractiva mujer casada con un rico empresario al que deciden asesinar para poder disfrutar libremente de su relación, y, de camino, quedarse con la suculenta herencia.
Una calculadora y ambiciosa Matty Walker logra embaucar al abogado Racine, al que arrastra hasta el asesinato, sin contar con que ella también acabaría loca por él. Aún así, Matty no renuncia a sus ambiciones y sigue adelante con su plan, dejando a su amante entre rejas y largándose ella con la fortuna a un país exótico como tenía planeado.
Si bien la trama no se diferencia mucho de otras historias del cine clásico negro, sí me gustaría destacar la agobiante atmósfera  que se recalca constantemente de ese verano tan anormal de exageradas temperaturas, dónde desde el principio aparece el fuego como protagonista cuando, en la primera escena, Racine contempla por la ventana como se quema su pasado, hasta el final, cuando es testigo de la explosión dónde supuestamente muere Matty. Este fuego que rodea a los personajes y que está presente en toda la historia, destacando la escena en que Racine y Matty se conocen durante un caluroso concierto de abanicos junto al mar, es lo que yo creo más significativo de este thriller. Este fuego es el verdadero protagonista de la película. Las distintas formas internas que toma un mismo calor físico, el motor que mueve a cada uno, ya sea sexual o económico. La fuerza de la codicia, de los sueños por cumplir, de las obsesiones.
Herencia, cigarrillos, falsa identidad, pasado oculto, sombrero, John Barry, despacho atestado de humo, descapotable, pueblo en la costa, sudor, campanillas en la terraza, ventiladores en el techo, bañera con hielo y una mujer que sueña con ser rica y vivir en un país exótico. Bonita película y bonito sueño.
© Del Texto: Sonia Hirsch

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sep 17 2010

Las vírgenes suicidas: Una historia sobre la devastación

Dicen que Sofia Coppola es una pésima actriz  (se le reprocha su intervención en El Padrino  III). No digo que no, puede ser. Sin embargo, pese a los antecedentes que la preceden en ese campo, la verdad es que es indiscutible que como guionista y directora de cine, algunas cosas tiene que decir.
En el año 1999, Sofia Coppola adaptó para el cine la novela The virgins suicides, escrita por Jeffrey Eugenides unos años antes. Era su primera película. Las expectativas sobre la misma eran mayúsculas sobre todo porque se la esperaba a mata degüella por ser hija de quien es, Francis Ford Coppola.  Las críticas que recibió no se mantuvieron en un punto intermedio sino que oscilaron entre las que la elogiaron hasta el vómito y las que querían enviarla al paredón. Como digo, sin término medio. A mí, en particular, no me produjo ninguna sensación en especial. Quiero decir que podía haber quedado en una película de viernes noche, sin mayor trascendencia, pero debo reconocer que me gustó.
El argumento de la película es el impacto brutal que tendrá en la vida de unos muchachos de un pueblo llamado Grosse Pont,  el suicidio de las cinco hermanas Lisbon (Therese, Mary, Bonnie, Lux y Cecilia), las hermanas más admiradas de toda la localidad, por guapas y porque sus padres las tenían sometidas a una férrea vigilancia lo que las convirtió en el objeto oscuro del deseo de un grupo de adolescentes.
Los actores, muchos y variados, Kristen Dunst, James Wood, Kathleen Turner y Danny de Vito entre otros, no voy a mentarlos todos, para mí estuvieron soberbios, sobre todo Kathleen Turner, actriz desaprovechada donde las haya y que ha podido lucirse en algunas películas como Fuego en el cuerpo y esta misma.
He vuelto a ver la película apenas hace unos días. La he visto por fases. Me he dormido en distintos momentos y no porque la película sea aburrida, mala o cualquier otra cosa que me provocara caer en los brazos de Morfeo, no ha sido eso. Pero, en esta ocasión, quiza por verla en hora tardías, no he podido sustraerme a esa atmosfera oníricamente envolvente de la película que me empujaba a verla en un perfecto duermevela.
Existen diferentes cosas que me llamaron la atención desde la primera vez que la vi. Una de ellas la utilización como narrador de uno de los chavales que fue testigo directo de los sucesos que tan brutalmente golpearon, no sólo a la familia Lisbon, sino a toda la burguesía de una ciudad. Me resulto sorprendente. Quizá en este aspecto la película flojea un poco pues creo que optar por escoger a este personaje como hilo conductor de la historia hace que ésta se diluya terriblemente. Pensando en esta película, y en las posteriores direcciones llevadas a cabo por Sofia Coppola, creo que esta opción puede obedecer a la intención de la directora de distanciarse al máximo de los personajes femeninos de la historia. Por otro lado, creo que el contraste entre la candidez inicial de las jovencitas, divertidas, amigables, bellas y seductoras contrasta con la absoluta rigidez física y mental de la madre, personaje que borda Kathleen Turner, ha sido muy bien manejado. Observen como el físico de la madre no es más que la transformacion del angelical de las jovencitas, igual rubio, igual melena, iguales vestidos.
La fotografía y la banda sonora son aboslutamente deliciosas, una combinación de música de los setenta con la música de finales de los noventa. Incluye el tema Playground Love que los franceses Air grabaron expresamente para esta película. Una película a tener en cuenta como relato de una adolescencia que pasa de lo inocente a lo turbio en un abrir y cerrar de ojos.
En definitiva, un buen inicio para la carrera de Sofía Coppola pese a las críticas mordaces de algunos. Lo siento, es otra debilidad. Como conclusión decir que los sucesos devastadores ocurridos a nuestro alrededor, no dejan indiferente a nadie, si estos ocurren durante la adolescencia menos todavía, aquí tienen un ejemplo.
© Del Texto: Anita Noire

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