nov 21 2011

La fiera de mi niña

Debe ser que me hago mayor. Últimamente no paro de repetir aquello de que determinadas cosas ya no son como antes.  Así que lo mejor va a ser no resistirse y asegurar, sin rubor, que hay determinadas películas, por ejemplo las comedias americanas, que ya no son como antes. Por eso vuelvo a estas películas que, hoy en día, podemos encontrar en  estupendas colecciones de DVD a precios más que asequibles.
Descubrí el cine de Howard Hawks en las sesiones de televisor de los domingos por la tarde y, junto a ese cine, descubrí que existen mujeres espectaculares y liantas como Katharine Hepburn, tipos pardos como Cary Grand,  y películas que son intemporales. Y todo eso se recoge en  Bringing up baby o lo que es lo mismo La fiera de mi niña.
Una comedia, en blanco y negro, que hoy puede ser considerada inocentona, pero que es, en su género,  simplemente perfecta. Y no porque lo diga yo, que lo digo, sino porque las criticas de entonces y de ahora así lo dicen también. Es  cierto que a los críticos de cine sólo hay que creerles de refilón, pero es que, en este caso, acertaron de pleno y aquella película, rodada en el año 1937, sigue manteniendo la frescura y el ritmo que, a buen seguro, tuvo en su momento.
La fiera de mi niña es una comedia de enredo, en la que los personajes interpretados por los increíbles Cary Grant, Katherine Hepburn, Charles Ruggles, y Leona Roberts entre otros, mantienen al espectador con una sonrisa permanente y en estado de alerta a la espera de una próxima calamidad.
El argumento de esta historia: dos personas se encuentran por un casual y a partir de ahí sus vidas se entrecruzan por la insistencia de una de ellas y el dejarse llevar de la otra. Todo se sucede en el corto espacio de tres días aunque al espectador no se lo parezca por lo intenso de la acción, su rápido desarrollo y la cantidad de embrollos que se suceden.
David Huxley (Cary Grant), paleontólogo de profesión está a punto de casarse con su secretaria, la Srta. Alicia Swallow (Virginia Walker).  Con motivo de su trabajo y mientras busca fondos para atender a sus investigaciones,  conoce a la excéntrica multimillonaria Susan Vance (Katharine Hepburn), mujer de armas tomar, guapa, impulsiva y absolutamente caprichosa, que  hará de su objetivo, tras conocer a Huxley, impedir que el profesor contraiga matrimonio. Para ello no dudará en desarrollar todo tipo de estrategias y líos que los pondrá a todos en una serie de situaciones absolutamente cómicas y ridículas. Entre las muchas artimañas que Susan utilizará tenemos un leopardo domesticado de nombre Baby, un hueso de brontosaurio desaparecido a manos de un perro terrier, vaporosas batas vestidas por el despistado Grant, tropiezos monumentales, roturas de smokings, caídas espectaculares, chapuzones en la piscina.
Una película tan absolutamente divertida que nadie debería dejar de ver y que es una verdadera muestra de la complicidad que en pantalla pueden mostrar actores de la talla de Grant y de Hepburn, dos artistas colosales. El absurdo por el absurdo interpretado con verdadera maestría. Una sarta de calamidades tan bien tramada e hilvanada que se ha convertido en una auténtica joya del cine clásico de Hollywood .
Muy recomendable para las frías tardes de invierno que se aproximan.
© Del Texto: Anita Noire



nov 2 2010

Adivina quién viene esta noche: Padres atrapados en sí mismos

Un día. Un solo día en la casa de San Francisco de los Drayton en la América de 1967. Adivina quién viene a cenar (Guess Who’s Coming to Dinner) o la enajenación de unos padres al comprobar, que a la hora de la verdad no son capaces de aceptar con facilidad que su hija lleve a cabo las ideas de libertad e igualdad que ellos mismos le han inculcado.
Adivina quién viene a cenar o qué hemos hecho mal, (o qué he hecho yo para merecer esto, lo mismo da). Es fácil ser progresista cuando se vive en una burbuja que pueda parecer intocable, en un chalé estupendo con césped y una valla blanca, hasta que la burbuja, o sea tu casa, es invadida por un negro, -ahora diríamos afroamericano-, que viene a pedir la mano de tu hija, o mejor dicho, cuando tu hija viene a casa para darle su mano a un negro a la hora de cenar. ¿Y ahora qué cara ponemos?
Pues eso es exactamente lo que les pasa a los Drayton. Spencer TraceyKatharine Hepburn en su última actuación juntos en la gran pantalla. (Él moriría 17 días después del finalizar el rodaje). Una actuación soberbia por sí misma y por ser la última cuando Spencer estaba enfermo con enfisema, diabetes, y un corazón en las últimas. Dicen que las lágrimas de Hepburn eran reales cuando Spencer Tracey, en su discurso final le hace una increíble declaración de amor.
Una película valiente que pone el dedo en la llaga de una sociedad americana en una época en la que todavía había estados donde blancos y negros bebían agua en lavabos diferentes. Una película que pone de manifiesto que los negros también eran racistas, y es que a los padres del afroamericano Dr. Prentice tampoco les hace ninguna gracia que su hijo se case con una blanca, y mucho menos a la criada negra de los Drayton, a quien el flamante y encantador Dr. Prentice, interpretado por Sidney Poitier le parece poco menos que un sinvergüenza y un jeta, casarse con una niña bien, blanca de toda la vida, dónde se ha visto esto.
La coherencia es una actitud en la vida que traza una línea definitiva entre las personas que la practican y las que no. Se puede creer casi en cualquier cosa siempre y cuando se viva en cohesión a esas convicciones, con respeto por las de los demás y sin aspavientos, sin presunciones. Para mí, el quid de la película, el monumental cabreo del Sr. Drayton consigo mismo cuando comprende que cuando le tocan a su niña, no es capaz de ser coherente con toda una línea pensamiento que estimaba bien enraizada e inamovible.
Por suerte, el cabreo sólo le dura hasta la hora de cenar. Entonces los reúne a todos: su mujer, los novios, los consuegros afroamericanos, la criada negra, el Padre Ryan, y les impone un discurso incontestable, cuyo clímax se alcanza en el momento en que clavando sus ojos en los de Hepburn afirma: Lo único que importa es lo que sienten, y cuánto sienten el uno por el otro. Y si es la mitad de lo que sentíamos nosotros, será suficiente. En cuanto a vosotros (y ahora ya el discurso se relaja porque lo más importante ya está dicho), los problemas que vais a tener que enfrentar son casi incontables, pero no tendréis un problema conmigo.
Y después, se sirve la cena. El amor ha triunfado, la coherencia también.
© Del Texto: pyyk

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