sep 30 2010

Atormentada: Cine del bueno

Para los que nos gusta el cine siempre es un alivio y un gusto volver a los clásicos. Si uno quiere jugar sobre seguro, no hay nada como arrimarse a las películas de Alfred Hitchcock.
Atormentada, rodada en el año 1949, protagonizada por algunos de los monstruos que el cine a dado (Ingrid Bergman, Joseph Cotten, Cecil Parker, etc.), es una película de intriga que, incluso, llega a rozar el terror, lo cual no es una novedad, pues esta combinación caracteriza el cine de este genio. Su título original es Under Capricorn. No termino de comprender demasiado bien a los que deciden unos cambios tan brutales en los títulos de las películas.
Ignoro cuales es el motivo por el que esta película es una de las menos reconocidas de Hitchcock, quizá porque está ambientada en a finales del siglo XIX en Australia, porque quizá tiene importantes diferencias con otras obras de este director, aunque lo que es cierto es que si uno la ve tranquilamente, fijándose en los detalles, encontrará que la componen una constante en el cine de Hitchcock: Señora y ama de llaves eternamente enfrentadas, la primera de un aparente carácter débil y la segunda con una mala leche que no se la acaba. Paisajes y escenarios un tanto tenebrosos. Tomas larguísimas que nos muestran de manera minuciosa los escenarios.
No puedo evitar en ver muchos paralelismos entre esta película y Rebecca, no por la historia en sí, pero sí en lo casi clónicos que me parecen los principales personajes femeninos de ambas películas y por la existencia del misterio que se arrastra durante toda la filmaciuón. En este caso gravita un secreto, un misterio, que el director muy hábilmente no nos desvelará hasta el final, típico del Maestro.
En esta película Alfred Hitchcock nos sitúa en la Australia de finales del siglo XIX . Hasta allí llega, proveniente de Gran Bretaña, el sobrino del gobernador, Charles Adare (Michael Widding). Una vez allí, contactará con su prima Lady Henrietta (Ingrid Bergman), casada con Sam Flusky (Joseph Cotten), un tipo tosco que en su juventud fue el mozo de cuadras de la mansión de la familia de su esposa, con la que se fugo. Ambos son perseguidos por el hermano de Henrietta y Flusky terminará matándole, por ello será condenado y desterrado a Australia. Hasta allí se fugará y seguirá esta mujer en espera de que su amado cumpla condena viviendo en la miseria. Con los años Flusky hará fortuna. Adare descubrirá que su prima vive alcoholizada y aterrorizada por la ama de llaves Milly (Margaret Leighton). Frente a esta situación Adare se implicará con la familia, inicialmente con el consentimiento del esposo, para rescatar a Henrietta del infierno en el que vive y terminará enamorándose de su prima. Una discusión llevará a Flusky a disparar contra el primo de su esposa, lo que le puede suponer la pena de muerte al ser el segundo delito de sangre que comete pero Henrietta confesará al Gobernador que fue ella quien mató a su hermano y no su marido que fue injustamente condenado.
La interpretación de Ingrid Bergman lo llena todo, está soberbia, es tan real que uno juraría que cuando se rodó la película estaba alcoholizada, lo cual no es cierto. Sin embargo tuvo malas críticas, no por su actuación, sino porque en aquella época se descubrió que mantenía un romance con Roberto Rosellini que se había fraguado mientras rodaba bajo sus ordenes la película Stromboli. De hecho con motivo de esta historia de amor (estaba casada) fue declarada persona non grata en los EEUU y fijó su residencia en Italia. La puritana sociedad americana del momento, no perdonaba estos comportamientos.

Josep Cotten está genial pese a lo recortada que el director deja su intervención. El director que hizo que este actor brillara por su talento interpretativo no fue Hitchcock sino Orson Wells.
Una película soberbia, buena de verdad, con una historia impecable, unos personajes redondos y una estética, que pese a lo antiguo, y al inicio del tecnicolor, hace que nos tengamos que quitar el sombrero.
Es una maravilla de película, se lo puedo asegurar. Cine del bueno.
© Del Texto: Anita Noire

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